Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 31
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Capítulo 31: Segunda espada
El ingreso al piso dieciocho fue distinto a los anteriores desde el primer paso.
El entorno no ofrecía bifurcaciones ni espacios amplios. Era una caverna recta, de techo bajo y paredes húmedas, como si el propio laberinto hubiera decidido estrechar el margen de error. El aire era denso, con un leve vapor suspendido que hacía más pesada la respiración.
—Formación cerrada —indicó Áugust con tono neutral.
Arnold avanzó al frente, escudo en alto. Sofía y Áugust ligeramente detrás, preparados para abrir paso. Yui, Valerian y Misa mantenían la retaguardia compacta.
A lo lejos, casi imperceptibles al inicio, pequeñas luces rojas comenzaron a brillar en la oscuridad.
— ¿Ven eso? —murmuró Valerian.
Las luces se intensificaron. No parpadeaban; ardían.
A medida que el grupo avanzó, la respuesta se volvió evidente.
Salamandras de agua.
Sus cuerpos reptilianos, cubiertos por una piel húmeda y oscura, estaban alineados en el pasillo. Las gargantas comenzaban a expandirse, iluminadas desde dentro por una energía rojiza.
—Están cargando —dijo Áugust.
No hubo más advertencias.
Las salamandras lanzaron el fuego casi al unísono.
Arnold reaccionó sin vacilar. Clavó los pies, levantó el escudo justo antes del impacto. Al mismo tiempo, canalizó su propia aura ígnea desde el centro del escudo, proyectando una llamarada frontal para amortiguar la embestida y aguantar el ataque con todas sus fuerzas.
El choque fue brutal.
El espacio reducido amplificó la onda expansiva. El fuego no tuvo dónde dispersarse; explotó contra el metal y se expandió hacia atrás.
El grupo fue lanzado varios metros. La formación casi se desmorona. El suelo húmedo no ayudó; botas resbalaron, hombros chocaron contra roca.
Arnold cayó de rodillas, el escudo aún firme frente a él. El calor le atravesó el antebrazo.
—Segunda descarga probable —advirtió Áugust.
Arnold ya estaba incorporándose. Se forzó a ponerse de pie antes de que las salamandras volvieran a abrir sus fauces.
—Misa, soporte a Arnold —ordenó Áugust.
Pero la orden llegó medio segundo tarde.
Desde el techo de la caverna, una sombra se desprendió.
La salamandra cayó directamente sobre la retaguardia.
Misa apenas alcanzó a girar la cabeza cuando la cola del reptil descendió como un martillo.
Yui reaccionó instintivamente. Extendió ambas manos y levantó un escudo de viento frente a la hechicera.
El impacto atravesó la barrera.
El aire se quebró como cristal. El golpe no fue detenido; solo desviado lo suficiente para no ser mortal.
La cola golpeó el brazo de Misa con un crujido seco. La fuerza del impacto la lanzó contra Valerian. Ambas fueron arrastradas varios metros hasta chocar contra la pared lateral.
El sonido fue en seco.
— ¡Misa! —exclamó Sofía.
El brazo de la joven pendía en un ángulo antinatural. El dolor era visible en la rigidez de su mandíbula.
La salamandra no se detuvo.
Yui dio un paso al frente.
—Yo la tomo —dijo con voz firme—. Encárguense del frente.
No esperó respuesta.
La salamandra giró hacia las chicas caídas, preparándose para rematar.
Yui se interpuso.
El reptil amagó con la cola, pero cambió la trayectoria en el último instante. Las garras se lanzaron hacia el torso de Yui.
Ella levantó un escudo de viento, más débil que el anterior. La salamandra lo rompió con facilidad.
Pero esa era la intención.
Detrás de la barrera, oculta por la turbulencia, una esfera de aura ya estaba formada.
La criatura atravesó el escudo y chocó de lleno contra la detonación.
La explosión comprimida lanzó a la salamandra contra el costado izquierdo de la caverna. La roca se fracturó.
Yui no retrocedió.
Se posicionó frente a Misa y Valerian
Misa intentaba mantener la conciencia. Su brazo estaba prácticamente inutilizado.
—No… se preocupen… —susurró, conteniendo el dolor—. Puedo regenerar… pero necesito tiempo.
Valerian, aturdida por el impacto, forzó su postura y comenzó a recitar un hechizo de soporte. Una luz tenue envolvió a Yui.
La elfa sintió el incremento inmediato en su flujo elemental. La fatiga disminuyó, la concentración se afiló.
Del otro lado del pasillo, Arnold había decidido no esperar.
Cargó su escudo con una cantidad masiva de aura. Las vetas ígneas recorrieron el metal.
Con un paso firme hacia adelante, liberó un lanzallamas concentrado que recorrió el estrecho pasillo como una marea ardiente.
Las salamandras frontales, que intentaban cargar una segunda descarga, fueron alcanzadas antes de completar el proceso. Sus movimientos eran más lentos bajo presión directa.
El fuego de Arnold no solo impactó; dominó el espacio.
El pasillo se convirtió en un túnel de llamas.
Áugust y Sofía aprovecharon la apertura para ejecutar cortes precisos sobre los cuerpos debilitados.
La amenaza frontal fue eliminada.
Yui observó brevemente el frente despejado.
La salamandra que enfrentaba intentó reincorporarse, sacudiendo la cabeza para disipar el aturdimiento.
Yui tomó aire profundamente.
Formó una esfera de aura con ambas manos. No era una técnica pequeña ni refinada; era masa pura de energía concentrada.
La criatura lanzó un nuevo ataque de cola.
Yui lo esquiva prediciendo un ataque ya visto.
Se desplazó lateralmente, el látigo reptiliano pasó rozando su hombro. Aprovechó el impulso y, usando el propio lomo de la salamandra como apoyo, saltó sobre su espalda.
Desde esa posición, incrustó la esfera directamente en la base del cuello.
La detonación fue interna.
El cuerpo del reptil se sacudió violentamente antes de desaparecer.
El silencio regresó a la caverna, interrumpido solo por el vapor elevándose desde las paredes.
Yui descendió sin mirar atrás y volvió de inmediato hacia las chicas.
Misa respiraba con dificultad. El hueso comenzaba a alinearse lentamente bajo su propio hechizo regenerativo, pero el proceso era doloroso.
Áugust se acercó con una pócima en la mano.
—Esto acelerará—
—No es necesario —respondió Misa entre dientes.
Antes de que pudiera continuar, Yui tomó la botella.
Se arrodilló frente a ella.
—Abre la boca.
Misa intentó protestar, pero Yui ya había inclinado la poción.
El líquido descendió sin margen de discusión.
Hubo un segundo de silencio.
Luego, la tensión se rompió.
Arnold soltó una carcajada baja.
—Autoridad absoluta.
Sofía negó con la cabeza, pero sonrió.
—Al menos sabemos quién manda en retaguardia.
Incluso Áugust permitió una leve expresión de alivio.
El brazo de Misa comenzó a recuperar movilidad con mayor rapidez.
El silencio previo al campo abierto pesaba más que el vapor del piso.
Yui caminaba unos pasos detrás del grupo cuando finalmente habló.
—Lo siento.
Su tono fue directo, sincero y con angustia.
Todos giraron hacia ella.
—No detecté a las salamandras. Ni las del fondo… ni la del techo. Mi habilidad debió activarse. Mejoró después de los últimos combates, lo sentí. No entiendo por qué no reaccionó.
No tenía excusas en su voz, solo análisis y frustración.
—Nos tomaron por sorpresa a todos —respondió Sofía con neutralidad—. El pasillo era estrecho, la visibilidad baja.
Misa flexionó el brazo ya recuperado.
—Si no hubieras reaccionado cuando cayó sobre mí, el golpe habría sido peor. No exagero.
Valerian asintió.
—No hubo error de tu parte. Hubo una emboscada bien ejecutada.
Yui negó suavemente.
—No. Debí percibirlas antes.
—Al contrario, nosotros ya íbamos a estar aquí, esto podría haber resultado peor. Pero gracias a ti todo fue leve—afirmó Misa
Arnold se cruzó de brazos, pensativo.
—Desde mi punto de vista hay dos opciones. La primera: no estás acostumbrada a usar esa habilidad por períodos largos. La mejoraste hace poco, ¿En algún momento le diste descanso? Estoy seguro que no. Necesita práctica, prueba y error así mejorará.
Yui escuchó con atención.
— ¿Y la segunda?
Arnold la miró con media sonrisa.
—Que tu habilidad no consideró a esas salamandras una amenaza real para ti.
Valerian soltó una risa ligera.
—Me inclino por la segunda. Yui es demasiado fuerte para esas lagartijas.
Áugust negó suavemente.
—En pisos anteriores funcionó correctamente. Me inclino por la primera hipótesis.
Sofía asintió.
—Coincido.
Misa, acomodándose el guante, añadió con tono ligero:
—Para mí son ambas, ella no conoce el descanso y ya es muy fuerte.
Una leve sonrisa apareció en Yui, pero no desapareció del todo la inquietud en sus ojos.
—Aun así… lo siento.
Arnold dio un paso y le dio una palmada firme en el hombro.
—Aceptamos la disculpa que no necesitaba darse. Ahora relájate.
En ese momento, una luz más clara apareció al final del túnel.
Salieron con cautela.
Lo que vieron los detuvo.
El campo era inmenso. Abierto. Cubierto por una lámina de agua poco profunda que reflejaba el techo rocoso.
Y distribuidos por toda la superficie…
Humanoides de agua.
Decenas.
Cientos.
Inmóviles, como estatuas líquidas esperando una orden.
—La vez pasada no había nada de esto —murmuró Arnold.
—Ni cerca de esta cantidad —confirmó Sofía.
El grupo retrocedió a las sombras de la cueva.
—Plan igual —dijo Áugust—. Filo para los núcleos. Ataques precisos.
Yui, sin embargo, estaba observando el campo con una expresión distinta.
Una sonrisa calculadora.
—Tengo un plan.
Todos la miraron.
—Valerian, ¿puedes aplicar soporte directamente sobre un arma?
—Sí —respondió sin dudar—. Refuerzo estructural, correlación defensiva.
Yui juntó las manos con entusiasmo.
—Perfecto.
Miró a Misa.
—Necesito soporte de ataque. Todo lo que puedas.
Luego se giró hacia Arnold.
—Lo siento. La espada que me regalaste probablemente se haga cenizas.
Arnold abrió los ojos.
— ¿Qué estás preparando, pequeña monstruo?
Yui respondió con una sonrisa tranquila.
—Ya lo verás. Si sobra alguno, se los dejo.
Áugust y Sofía intercambiaron miradas.
No entendían el plan, pero la confianza en la elfa era evidente.
Valerian comenzó el hechizo. La espada corta de Yui fue envuelta en una luz dorada que reforzó su estructura. Las vetas del metal se tensaron, como si ganaran densidad.
—Aguantará más de lo normal —dijo Valerian, concentrada.
Misa elevó su báculo. Una corriente de energía se trasladó hacia Yui, incrementando su capacidad ofensiva.
El aire alrededor de la elfa comenzó a moverse.
—No salgan —les pidió—. Pase lo que pase.
Yui dio un paso fuera de la cueva recordando cuando utilizó esta técnica solo en una pequeña práctica.
El campo reaccionó.
Los humanoides comenzaron a girar, percibiendo la vibración.
La espada empezó a brillar en un verde intenso.
—Valerian —dijo Yui sin apartar la vista del frente—. Aguanta el hechizo con todo.
La espada se alargó.
No físicamente como metal sólido, sino como si el viento mismo prolongara su filo. Una extensión etérea envolvió la hoja.
El aura de Yui se hizo visible.
El viento dejó de ser invisible; comenzó a dibujar su silueta.
Un tornado empezó a formarse alrededor de la espada.
Los humanoides comenzaron a reunirse, avanzando como una marea líquida.
El viento en la entrada de la cueva se volvió violento. Las ropas del grupo ondeaban con fuerza.
La espada vibraba.
El resplandor verde comenzó a mostrar una grieta.
— ¡Yui! —Gritó Áugust—. ¡No aguantará!
Pero el tornado no disminuyó.
Creció.
Yui levantó su espada.
Se expandió hasta tocar el techo de la caverna. Las corrientes ascendían en espiral, levantando agua, polvo y fragmentos de roca.
El aura impregnada en la hoja era tan densa que el aire parecía comprimirse.
El campo entero comenzó a temblar.
Los humanoides más que avanzar parecían retroceder.
El tornado rugió.
El sonido fue ensordecedor.
El viento envolvió a Yui completamente, girando a una velocidad imposible.
Durante un segundo, todo pareció quedar suspendido.
Luego Yui descendió la espada con un grito claro y firme:
— ¡Tomen esto!
La hoja impactó el suelo.
No fue un corte.
Fue una catástrofe.
La onda se expandió en línea recta, pero el tornado la acompañó, arrastrando todo a su paso. El agua fue succionada, los humanoides desintegrados en el trayecto, sus núcleos arrancados del centro antes siquiera de reaccionar.
El ataque no solo avanzó.
Arrasó.
Las paredes se marcaron con surcos profundos. El techo vibró. El piso se fracturó en múltiples direcciones.
La corriente de viento arrastró a los humanoides restantes hacia el centro del impacto, triturándolos contra la presión concentrada.
El campo se convirtió en un torbellino devastador.
Y luego…
Silencio.
El tornado se disipó como si nunca hubiera existido.
En el campo solo quedaban núcleos cristalinos esparcidos por doquier.
Nada más.
Ni un solo cuerpo líquido en pie.
Áugust dio un paso al frente, incapaz de ocultar la impresión.
Arnold simplemente soltó una exhalación lenta.
Sofía bajó la lanza.
—Eso fue… —murmuró.
Valerian tenía la boca entreabierta.
Misa apenas logró decir:
—Increíble.
En el centro del campo, Yui cayó de rodillas.
La espada comenzó a resquebrajarse desde la base hasta la punta.
Se desintegró en partículas verdes que el viento se llevó.
Misa y Valerian corrieron hacia ella.
Misa colocó sus manos sobre la espalda de Yui, canalizando energía restauradora.
Valerian, aún impactada, abrió la boca de la elfa con suavidad y le administró una poción.
Yui sin fuerzas no oponía resistencia.
Detrás de ellas, los elogios comenzaron a surgir uno tras otro.
—Dominó el piso completo.
—Eso fue nivel jefe.
—Ni siquiera nos dejó participar.
Arnold rió con fuerza.
—Confirmado. Es un monstruo.
Yui alzó la vista, aún arrodillada, viendo el campo devastado.
El piso dieciocho… había sido domado.
Por completo.
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