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Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 33

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Capítulo 33: El poder que perdieron

El aire del piso 19 era distinto.

Más pesado.

Más húmedo.

Al cruzar el umbral, la piedra volvió a cambiar de tonalidad. El azul oscuro de los niveles anteriores se transformaba ahora en vetas profundas, casi negras, recorridas por grietas donde el agua corría con mayor fuerza. El sonido era constante. Corrientes ocultas bajo el suelo, pequeños arroyos laterales, humedad en cada rincón.

Áugust levantó la mano.

—Formación igual que antes.

Arnold al frente, Sofía y yo por detrás

Yui la siguiente.

Misa y Valerian en retaguardia.

El líder miró a Marcus.

—Te sumas a la línea de Yui. Movilidad intermedia. Si el frente se rompe, respondes.

Marcus asintió y dio un paso al lado de la elfa.

—Explícanos exactamente qué puedes hacer —pidió Áugust.

Marcus respiró hondo.

—Mi habilidad con la espada es bastante buena. Conozco hechizos simples elementales y soportes básicos de ataque y defensa.

Su mirada se volvió más firme.

—Pero desde que desperté mi elemento eléctrico… mis ataques con espada son mucho más eficaces. Y como ya tenía base mágica, mi poder creció. Puedo usar magia avanzada de rayo.

Misa alzó la voz sin ocultar su impresión.

—Eso es increíble.

Sofía asintió.

—Si todo eso es cierto, este piso podría ser más leve de lo que pensamos.

Áugust no sonrió.

—No bajen la guardia.

Su voz se volvió más grave.

—Piso diecinueve. Serpientes marinas y terrestres. Son rápidas. Si te muerden, envenenan. No permitan que los rodeen: en cuerpo a cuerpo son fuertes. Y escupen un aguijón que puede paralizar.

Una pausa.

—Defensivos. Pacientes. No se separen.

Avanzaron.

El primer silbido fue casi imperceptible.

Yui lo sintió antes de verlo.

—A la izquierda —advirtió.

Desde una grieta en la pared, una serpiente emergió como un latigazo oscuro. Su cuerpo era largo, musculoso, con escamas brillantes y ojos amarillos.

Arnold levantó el escudo justo cuando la criatura se lanzó. Impacto metálico que hizo retroceder.

Otra cayó desde una corriente lateral.

Y una tercera se deslizó bajo el agua, apenas visible.

—Contacto múltiple —dijo Áugust con calma.

Las serpientes no rugían.

Silbaban.

La primera intentó rodear el escudo de Arnold por debajo. Yui lanzó una esfera de aura que explotó en el suelo, obligándola a retroceder.

Pero otra serpiente escupió.

El aguijón cruzó el aire como una flecha oscura.

Marcus reaccionó.

Extendió la mano y un muro eléctrico se levantó frente al grupo. El proyectil impactó y quedó vibrando, atrapado en la corriente.

La descarga lo desintegró.

—Mantengan distancia —dijo Marcus.

Una serpiente terrestre cargó directo hacia Yui.

Ella levantó una de las dagas. La hoja se movió con más precisión de la que esperaba. El filo cortó, pero no fue suficiente para frenar el envión.

La criatura logró rozarle el brazo.

Un ardor inmediato.

—Veneno leve —advirtió Misa, ya canalizando símbolos en su brazo para curarlo.

Un pulso acuoso limpió la herida antes de que avanzara.

Las serpientes no atacaban al azar.

Se movían en patrones cruzados.

Una marina emergió desde el lateral derecho y atrapó la pierna de Arnold con su cuerpo.

El escudo ardió en llamas cuando él liberó fuego desde el núcleo del arma. La serpiente chilló, pero no soltó de inmediato.

Marcus dio un paso adelante.

—Ahora.

Su espada brilló azul.

Un rayo descendió con violencia sobre el cuerpo enrollado. La descarga atravesó escamas y agua por igual. La criatura se contrajo y cayó inerte.

No fue un combate sencillo.

Más serpientes comenzaron a emerger.

Desde el techo.

Desde grietas.

Desde el agua.

El grupo cerró filas.

Marcus cambió de estrategia.

Clavó su espada en el suelo y extendió ambas manos.

Hilos eléctricos se dispararon hacia adelante, formando una red vibrante.

Las serpientes que intentaron atravesarla quedaron atrapadas en la malla chispeante. Sus cuerpos se sacudían al contacto.

Sofía no dudó.

Se lanzó con la lanza al frente y atravesó dos cuerpos paralizados con precisión quirúrgica.

Áugust se movía en diagonal, cortando cabezas y desviando ataques con economía de movimientos.

Pero los enemigos no eran débiles.

Una serpiente marina emergió desde el agua lateral y se lanzó sobre Valerian.

El impacto la derribó.

La criatura abrió la mandíbula.

Yui apareció desde arriba, apoyándose en una corriente de viento, y clavó la daga en el ojo del monstruo.

La serpiente se retorció y lanzó un coletazo que la envió contra la pared.

El golpe fue seco.

Dolor real.

Marcus reaccionó de inmediato.

Un rayo descendente atravesó la cabeza de la criatura, dejándola inmóvil.

— ¿Estás bien? —preguntó sin apartar la vista del frente.

Yui asintió, incorporándose.

—Estoy bien, gracias por la ayuda.

El combate se volvió una danza defensiva.

Misa ralentizaba con agua concentrada los movimientos de las serpientes más veloces.

Valerian reforzaba resistencia en los escudos de Arnold y Yui.

Marcus alternaba entre muros eléctricos y descargas precisas.

En un momento crítico, tres serpientes avanzaron coordinadas contra Arnold.

El escudo resistió la primera embestida, pero la segunda logró colarse y rozar su hombro.

La tercera se lanzó directo a su cuello.

Un rayo lateral la interceptó en el aire.

Marcus sonreía y mantenía el ritmo.

—Sofía.

Ella entendió.

Junto a Marcus y Áugust, avanzaron al unísono.

Marcus liberó una descarga en abanico que paralizó a cuatro serpientes.

Sofía concentró energía en la punta de su lanza y atravesó dos de un mismo movimiento.

Áugust apareció como sombra entre cuerpos eléctricos y completó los cortes con precisión absoluta.

El suelo comenzó a llenarse de núcleos.

Pero cerca del final del piso, el terreno se abrió.

Un espacio más amplio.

Y allí, como si aguardaran, un grupo nuevo emergió.

Más grandes y feroces.

—Última tanda —dijo Áugust.

Las serpientes atacaron sin titubeos a gran velocidad, atravesando el escudo de Arnold.

Una mordió el antebrazo de Sofía.

Ella no gritó.

Solo clavó la lanza hasta el fondo.

Misa reaccionó de inmediato con purificación.

—Resiste.

Áugust observó el campo.

—Me toca lucirme.

Avanzó solo.

Activó su habilidad múltiple.

Su figura pareció desdoblarse.

No eran copias completas, sino trayectorias superpuestas. Movimientos simultáneos.

Atacaba en tres direcciones al mismo tiempo.

Una serpiente intentó envolverlo.

La espada giró, multiplicada, cortando el cuerpo en secciones limpias.

Otra saltó desde atrás.

Una réplica interceptó el ataque.

El choque de aura resonó.

Áugust concentró energía en la hoja.

Un corte descendente.

Explosión.

El núcleo salió disparado.

Las serpientes comenzaron a caer una tras otra.

Los golpes eran medidos, exactos.

Aura comprimida en cada impacto.

Cada choque terminaba en detonación.

Cuando el último enemigo intentó huir hacia el agua, Áugust apareció frente a él.

La espada brilló.

Un único tajo horizontal.

Silencio.

El piso quedó quieto.

Respiraciones pesadas.

Heridas leves.

Pero nadie cayó.

Marcus bajó la espada lentamente.

El aire aún olía a electricidad y humedad.

Arnold apoyó el escudo en el suelo.

—Eso… fue intenso.

Sofía se limpió la sangre del brazo ya curado.

Yui observó a Marcus.

Había visto el miedo en sus ojos antes.

Ahora veía algo distinto.

Confianza.

Áugust miró al grupo completo.

—Piso diecinueve asegur…

Áugust no había terminado de decir que el piso estaba asegurado cuando el suelo vibró.

No fue una sacudida leve.

Fue un temblor profundo, como si algo gigantesco estuviera deslizándose bajo la roca.

El agua de las corrientes laterales comenzó a agitarse con violencia. Las grietas del suelo se ensancharon y una presión densa recorrió el ambiente.

Desde el fondo del corredor abierto, la piedra explotó hacia arriba.

Emergió una cabeza descomunal.

Escamas más oscuras. Ojos de un dorado encendido. Mandíbulas largas, colmillos curvos como lanzas.

El cuerpo continuó saliendo, segmento tras segmento, hasta que la caverna pareció demasiado pequeña para contenerla.

Valerian dio un paso atrás.

—Es… imposible… —su voz tembló—. Las probabilidades de que la serpiente reina aparezca son del 1%.

El silencio que siguió fue breve.

Áugust reaccionó primero.

— ¡Reagrúpense! ¡Ahora!

El grupo cerró filas mientras la criatura terminaba de incorporarse. Su tamaño duplicaba al de cualquier serpiente anterior. No era solo más grande. Su presencia imponía.

El aire se volvió pesado.

Áugust habló rápido, sin apartar la vista del monstruo.

—Esta batalla será difícil. Diría que es como las demás, pero mentiría. No la miren a los ojos. Paraliza con la mirada. Lanza fuego a larga distancia. Es más lenta… pero cada ataque es devastador.

La serpiente reina abrió la boca.

El interior brilló rojo.

— ¡Escudos! —ordenó Arnold.

El fuego salió disparado como un torrente comprimido.

Arnold plantó el escudo y lo expandió con aura. Yui reforzó el frente con una barrera de viento superpuesta y Marcus continúo con el suyo. El impacto sacudió todo el pasillo.

El calor fue brutal.

Misa canalizó agua sobre el escudo para amortiguar la temperatura.

El fuego cesó.

La reina avanzó.

Su desplazamiento era lento, pero cada movimiento desplazaba toneladas de masa. Cuando lanzó la primera embestida lateral, el golpe contra el escudo de Arnold lo arrastró varios metros.

El metal crujió.

—Resiste —murmuró Misa, manteniendo la curación constante sobre él.

Marcus se adelantó ligeramente.

—Necesitamos inmovilizarla.

Clavó su espada en el suelo.

Rayos ascendieron desde la roca, formando pilares eléctricos que intentaron encerrar el cuerpo de la serpiente. La electricidad recorrió las escamas, pero no logró paralizarla por completo.

La reina giró la cabeza hacia Marcus.

Y sus ojos brillaron.

Yui gritó.

— ¡No la miren!

Marcus cerró los ojos a tiempo, pero Sofía quedó un segundo atrapada por la luz dorada.

Su cuerpo se tensó.

—Sofía —Áugust la sostuvo antes de que cayera.

Parálisis momentánea.

Valerian lanzo un pequeño chispazo para estabilizar su sistema y que reaccionara.

La serpiente aprovechó la apertura.

Se lanzó hacia el flanco derecho.

Yui reaccionó creando una ráfaga de viento lateral que desvió la trayectoria apenas lo suficiente para que la mordida no alcanzara a Valerian.

Pero la cola descendió con violencia.

El impacto golpeó el suelo, lanzando fragmentos de roca que cortaron el brazo de Yui y la mejilla de Marcus.

No era un enemigo que pudiera ser derrotado con fuerza bruta inmediata.

Áugust lo entendió.

—Pequeños cortes. No se desgasten. Agótenla.

Arnold volvió a la carga, esta vez no para bloquear sino para atacar.

Cargó fuego en el centro del escudo y lanzó una descarga directa al cuello del monstruo. Las escamas resistieron, pero el calor dejó marcas.

Sofía recuperó movilidad y atacó las extremidades laterales, buscando puntos blandos bajo las placas.

Marcus desplegó una nueva estrategia.

Tejió una red eléctrica no frontal, sino bajo el suelo, creando una zona cargada que obligaba a la reina a recibir descargas cada vez que avanzaba.

La serpiente respondió con inteligencia.

Dejó de embestir.

Retrocedió.

Y escupió.

No un aguijón.

Una lluvia de proyectiles envenenados.

Yui levantó un muro de viento circular. Arnold reforzó el centro. Algunos aguijones lograron atravesar el borde y uno rozó el hombro de Valerian.

Misa cambió prioridades.

Conjuró un hechizo avanzado de magia curativa gracias a su elemento agua, cascada fina, rodeo con aura azul a sus compañeros, el ritmo de curación se volvió constante. Sin pausa, también regenerando levemente sus energías y aura. Una habilidad que tenía guardada como as bajo la manga.

—No bajen la intensidad —dijo con voz firme, aunque su respiración se aceleraba.

El combate se volvió una guerra de desgaste.

Cada ataque del grupo arrancaba fragmentos de escamas.

Cada golpe de la reina dejaba grietas en el suelo.

Arnold recibió un impacto directo de la cola que lo hizo arrodillarse.

Yui intervino lanzando tres esferas consecutivas al mismo punto del cuello expuesto.

Marcus concentró un rayo vertical que descendió justo sobre la herida abierta.

La serpiente rugió.

Fuego otra vez.

Esta vez más amplio.

Áugust cortó la corriente de llamas con una técnica precisa, abriendo una brecha temporal.

—Ahora.

Era el momento.

Valerian reforzó el armas de todos

Arnold cargó todo su fuego restante en el escudo.

Yui creó una corriente ascendente que elevó levemente el cuerpo frontal de la serpiente, forzándola a exponer el vientre.

Marcus lanzó una red eléctrica sobre las escamas dañadas.

Sofía se lanzó al centro, clavando la lanza en la herida del cuello.

Áugust apareció por el lado opuesto.

Ambos cruzaron miradas un segundo.

Ataque sincronizado.

La espada de Áugust concentró aura en un punto preciso. Sofía canalizó energía en la lanza.

Arnold liberó bombas de fuego desde el centro de su escudo.

Marcus hizo descender un rayo concentrado.

Yui comprimió su aura en una gran esfera que lanzó al núcleo interno que ya comenzaba a vislumbrarse entre las escamas partidas.

El impacto combinado fue brutal.

El choque sacudió la caverna entera.

La reina intentó contraatacar.

Su cola alcanzó a golpear a Yui en el costado, lanzándola contra la pared.

Sofía cayó de rodillas.

Arnold retrocedió varios pasos.

Pero el núcleo estaba expuesto.

Áugust no dudó.

Concentró todo lo que le quedaba en un único corte descendente.

La espada atravesó el núcleo.

Silencio.

El cuerpo gigantesco se tensó.

Luego colapsó.

El suelo tembló una última vez cuando la serpiente reina cayó completamente inerte, de a poco el cuerpo de la reina se iba esfumando como cenizas.

Durante varios segundos nadie habló.

Misa cayó sentada, respirando con dificultad, pero sonriendo débilmente.

—Eso… fue demasiado.

Marcus observaba el resultado final con completa felicidad.

—Esto fue trabajo en equipo.

Valerian se apoyó en su grimorio.

Arnold dejó el escudo en el suelo, exhausto.

Yui, aún en el suelo, soltó una risa corta entre respiraciones agitadas.

Habían ganado.

Y esta vez no fue por un solo ataque.

Fue por todos.

Una combinación implacable.

Un grupo que, pese a todo, había resistido

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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