Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 35
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Capítulo 35: Sorpresa
Las puertas del piso 21 se abrieron con un sonido suave
El grupo de Áugust avanzó sin tomar ninguna poción.
Estaban agotados.
La ropa aún húmeda por el vapor del lago evaporado.
La piel marcada por golpes recientes.
El aura desgastada al límite.
Pero cuando cruzaron el umbral, algo cambió.
Una luz cálida bañó sus rostros.
No era la iluminación fría de las cavernas.
Era luz natural.
Ante ellos se extendía una isla, arena que la unía en la entrada y salida de piso.
Una aldea central, construcciones de madera clara y techos inclinados, calles de arena compactada, pequeñas lámparas colgantes que brillaban suavemente aunque aún fuera de día. Alrededor, una playa extensa abrazaba todo el perímetro del piso, y más allá… mar.
Un mar calmo.
— ¿Cómo…? —murmuró Valerian, incapaz de terminar la frase.
Era imposible.
Estaban dentro de un laberinto subterráneo.
Y, sin embargo, el aire olía a sal.
El sonido de las olas era real.
—En Urano este piso también es similar —explicó Marcus con voz débil, aunque incluso él no pudo ocultar el asombro—. Es una zona de descanso mayor.
Sofía dejó escapar una risa casi desesperada.
—Genial… porque muero por descansar.
Arnold, sin decir nada, cargaba a Misa en brazos. La maga apenas podía mantener los ojos abiertos.
—Oye… no soy tan ligera como una pluma… —bromeó ella con voz débil.
—Claro que sí lo eres —respondió Arnold con serenidad.
Ella sonrió.
Apenas dar unos pasos más pudieron distinguir en el centro de la aldea una edificación notoria, más sólida que las demás. El emblema del gremio destacaba en su fachada.
—Seguramente sea la residencia que el gremio nos tiene preparada —dijo Áugust.
Nadie discutió. Nadie quería caminar más de lo necesario.
Al acercarse, fueron recibidos de manera similar a como había ocurrido en el piso once: cortesía formal, sonrisas entrenadas y una felicitación sincera por haber alcanzado el piso.
—Es un logro considerable —les dijeron—. Descansen bien.
Les asignaron dos habitaciones.
Una para los tres jóvenes aventureros.
Otra para las cuatro chicas.
Cuando ingresaron, el cambio fue evidente.
No era lujo.
Pero sí comodidad.
Más espacio. Camas más amplias. Muebles de madera pulida. Ventanas abiertas hacia el falso horizonte marino. Cortinas claras que se movían con la brisa artificial.
Yui dejó su estuche y el Magno a un lado.
Sofía se dejó caer sobre una silla unos segundos, respirando profundo.
Valerian dejó su bastón apoyado con cuidado.
Misa apenas tocó el borde de la cama y sonrió.
—Es enorme… comparado con el piso once.
—Se nota el avance —dijo Yui en voz baja.
Tras dejar sus pertenencias, ninguno dudó.
Baños termales.
El vapor los recibió como un abrazo invisible.
Las chicas fueron las primeras en entrar.
El agua caliente envolvió sus cuerpos cansados.
Fue inmediato.
Los hombros tensos descendieron.
Las respiraciones se hicieron profundas.
Los músculos, que durante horas habían estado preparados para reaccionar, por fin se soltaron.
Sofía apoyó la cabeza contra el borde de piedra.
—Esto… es vida.
Valerian flotaba ligeramente, moviendo apenas los dedos en el agua.
Misa cerró los ojos.
—Duele menos aquí.
Yui permaneció unos segundos en silencio.
Miró el vapor elevarse.
Escuchó el agua.
Sintió el calor real.
—Fue duro —dijo finalmente.
Las demás asintieron.
—Pero estando aquí… —continuó— es más fácil hablarlo.
La tensión del piso veinte parecía lejana.
Como si perteneciera a otro día.
—Quiero agradecerles —añadió Yui con sinceridad inusual—. Aprendí muchas cosas con ustedes. Especialmente… lo importante que es un grupo.
Valerian abrió un ojo.
—No lo digas como si fuera una despedida.
Yui negó suavemente.
—Claramente me uniré cuando me necesiten. Sin dudarlo.
Sofía sonrió.
—Eso ya lo sabemos, además no te dejaremos tan fácilmente.
El vapor siguió ascendiendo.
El cansancio ya no pesaba, estaban tan relajadas que parecían flotar.
Cuando salieron de las termas, sus movimientos eran más lentos, pero ya no por fatiga extrema… sino por relajación.
Al pasar por su bebida de frutas gratuita luego del baño.
Misa notó que era distinta, tomó un sorbo.
Se quedó congelada.
Yui también.
Ambas se miraron.
Otro sorbo.
Silencio.
Y entonces—
— ¿¡QUÉ ES ESTO!?
— ¡ES INCREÍBLE!
Sus voces resonaron en el salón.
La bebida era dulce pero fresca, con un equilibrio perfecto entre acidez y aroma. Mucho más intensa que la del piso once.
Tomaron más.
Demasiado rápido.
—Despacio —rió Sofía, llevándose una mano a la cara.
Valerian negó con la cabeza.
—Parecen niñas.
Pero ellas ya iban a pedir más.
Cuando finalmente regresaron a la habitación del gremio, el cansancio real regresó como una ola silenciosa.
La cama estaba ahí.
Amplia.
Suave.
Yui fue la primera en tocarla.
La tela era fresca, acolchada.
Se sentó.
Se dejó caer.
Sofía ni siquiera intentó resistirse.
Valerian apagó la lámpara lateral con un gesto mágico mínimo.
Misa, ya media dormida, murmuró algo inentendible antes de caer rendida.
En la habitación contigua, los chicos no estaban muy distintos.
Marcus apenas apoyó la espalda y ya estaba dormido.
Arnold se sentó en el borde de la cama unos segundos antes de desplomarse hacia atrás.
Áugust observó el techo un instante, respiró profundo… y cerró los ojos.
Luego de 9 pisos intensos el grupo de Áugust podía descansar sin pensar en nada más.
Áugust fue el último en cerrar los ojos.
Y, como tantas veces, fue el primero en abrirlos.
La luz que entraba por la ventana ya no era dorada. La tarde había dado paso a una noche templada, teñida de tonos anaranjados y violetas que simulaban un atardecer perfecto sobre el mar artificial del piso veintiuno.
Giró apenas la cabeza.
Arnold dormía profundamente, respiración pesada pero tranquila.
Marcus, agotado hasta los huesos, apenas se movía, su expresión era la de una persona rendida ante el cansancio.
Áugust se incorporó en silencio.
Notó algo sobre una silla cercana: una muda de ropa doblada con cuidado. Prendas ligeras, cómodas, de tela fresca. El gremio había previsto que los aventureros no querrían seguir vistiendo equipo de combate en una zona de descanso.
Una vez más, el mensaje era claro.
Este piso no era para pelear.
Era para recomponerse.
Se cambió con calma, ajustando la camisa ligera y dejando atrás el peso simbólico de la armadura. Antes de salir, observó una última vez a sus compañeros con una gran sonrisa.
Luego cerró la puerta suavemente
Áugust se dirigió a la sala de información del gremio.
La recepcionista lo reconoció enseguida.
— ¿Necesita algo?
—Solo información —respondió con su sonrisa medida—. ¿Somos los únicos hospedados actualmente?
Ella negó con amabilidad.
—No. Hace 2 días un grupo de cuatro personas. Y otro grupo de cinco se marchó antes que llegaran ustedes. Se dirigían al piso veintidós.
Áugust asintió lentamente.
—Ya veo. Entiendo. —Hizo una breve pausa—. ¿Conoce algún bar o restaurante elegante? Uno que frecuenten aventureros.
La recepcionista sonrió.
—El más concurrido está hacia el sector este. De hecho… es el mismo que le recomendé al grupo que aún se hospeda aquí.
Interesante.
Áugust inclinó levemente la cabeza.
—Agradezco su ayuda. Y debo decir… su vestimenta combina perfectamente con la iluminación de esta noche.
Ella se sonrojó visiblemente.
—G-gracias…
Él se despidió con elegancia y caminó hacia el sector indicado.
La aldea nocturna era distinta.
Las lámparas colgantes iluminaban las calles con un resplandor cálido. El sonido de las olas acompañaba la brisa constante. Algunas mesas exteriores estaban ocupadas por personas relajadas, risas bajas, conversaciones sin tensión.
El bar destacaba incluso desde lejos. Madera oscura pulida, ventanas amplias, música suave saliendo hacia la calle. Era más refinado que ruidoso.
Áugust entró sin prisa.
Visualizó el bar de reojo.
Se sentó en la barra.
—Un trago suave —pidió.
El cantinero lo atendió con cordialidad.
Áugust inició conversación como si nada tuviera importancia.
Comentó lo cómodo del piso. Lo agradable que era. Lo mucho que parecía un destino vacacional más que una etapa del laberinto. Lo fácil que sería imaginar una vida allí.
El cantinero respondió con entusiasmo genuino.
Hasta que Áugust dejó caer la frase cuidadosamente medida:
—Es una lástima que en estos tres días solo hayan llegado tres grupos… aunque tenemos suerte de haber llegado justo para disfrutar su elegante bar.
El cantinero rió.
—Tiene razón. Tendrán que hacerle competencia al grupo que justamente se está yendo, ellos vinieron cada día por nuestro famoso trago.
Áugust no giró la cabeza de inmediato.
Esperó.
El grupo de cuatro se levantó.
Saludaron al cantinero.
—Mañana volveremos para el concurso de tragos y comidas antes de partir a Akron.
Áugust los observó de arriba abajo.
Equipo refinado. Postura confiada. Miradas altivas.
No utilizaban la vestimenta del gremio, solo querían lucir su equipamiento en el pequeño pueblo.
Se levantó ligeramente para saludarlos.
Ellos respondieron con un gesto breve, sin cortesía real.
Y uno añadió, apenas audible mientras pasaban:
—Al parecer no es tan difícil el laberinto de Akron. Pareciera que llega cualquiera.
Áugust sostuvo la sonrisa.
Pero sus ojos se endurecieron apenas un segundo.
El grupo salió.
El cantinero carraspeó.
—No les haga caso. Llegar al piso veintiuno es un gran logro. Algunos, cuando no son de aquí, tienden a subestimar a los demás.
Áugust volvió a su expresión amable.
—Gracias por sus palabras.
Pagó.
—Mañana mi grupo asistirá al concurso.
El cantinero se iluminó.
— ¡Entonces será una noche espectacular!
Áugust salió del bar con la información necesaria.
Confirmado.
Había encontrado al grupo que abandonó de muerte a Marcus.
Y mañana… sería interesante.
Al regresar a la residencia, su mente aún procesaba estrategias posibles.
Se acercó a la encargada del gremio.
— ¿Existe algún lugar donde podamos comer aquí mismo?
Ella sonrió.
—Este piso cuenta con una cocina que actúa como restaurante para aventureros. Pueden comer una vez al día gratis, todo lo que deseen.
Áugust parpadeó.
— ¿Gratis?
—Así es.
Su expresión cambió drásticamente.
—Creo que es la mejor información que he recibido hoy. Iré a despertar a los demás.
Ella rió suavemente.
—Sus compañeros ya están cenando allí.
Silencio.
— ¿Dónde?
—Pasillo al fondo.
Áugust salió prácticamente corriendo.
Abrió la puerta del comedor…
Y se detuvo.
Mesa larga.
Iluminación cálida.
Y su grupo completamente entregado al banquete.
Sofía tenía un plato rebosante de carne asada y papas especiadas. Comía con energía, hablando entre bocados.
Arnold devoraba costillas con precisión metódica, como si aún estuviera en combate.
Marcus totalmente entregado al banquete, probaba distintos guisos con expresión asombrada, como si cada bocado fuera una revelación.
Valerian degustaba un plato de mariscos con refinamiento inesperado.
Misa tenía postres frente a ella… varios.
Yui quien ya había comido demasiado sostenía un vaso de bebida de frutas, sonriendo levemente.
Áugust gritó:
— ¡¿POR QUÉ NO ME AVISARON?!
Sofía, con la boca llena, respondió:
—Eso te pasa por hacerte el misterioso e irte sin avisar.
Yui extendió un plato hacia él.
—Siéntate.
Áugust se llevó una mano al pecho.
—Entre lágrimas agradezco tu nobleza, Yui. Sean más como ella, aprendan.
Valerian levantó la vista.
—Yui y Misa descubrieron este poder oculto del gremio. Fueron las primeras en empezar.
Misa levantó un pulgar con la boca llena de pastel.
Áugust comenzó a reír.
Una risa real.
Contagiosa.
Arnold sonrió.
Sofía también.
Marcus rió más fuerte de lo esperado.
Áugust se sentó finalmente.
Tomó un trozo de carne.
Probó.
Sus ojos se abrieron.
—Esto… esto sí es un logro de piso.
La mesa estalló en carcajadas entre comida, bromas y platos vacíos que se acumulaban.
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