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Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 38

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Capítulo 38: Confrontación

El bar aún vibraba con la euforia del concurso.

Valerian seguía siendo el centro de atención. Algunos locales se acercaban a felicitarla. El cantinero contaba, exagerando detalles, cómo había derrotado a competidores el doble de grandes que ella “con la serenidad de una reina”.

Áugust, apoyado con naturalidad en la mesa roja, relataba entre risas cómo habían llegado hasta el piso 21 de forma exagerada algo ebrio.

—No fue un paseo precisamente —decía—. Tuvimos serpientes, una reina con probabilidad del uno por ciento, explosiones, monstruos gigantes, un lago evaporado por un rayo… y un integrante que aún no llega, pero fue clave para que estemos aquí.

Recalcó esa parte más de una vez.

El cantinero asentía, impresionado.

Fue entonces cuando desde una mesa cercana se escuchó una voz seca.

—No es justo.

El grupo Nova se había levantado. Sus miradas eran filosas.

—Ganaron porque eran seis integrantes —añadió uno de ellos con tono despectivo.

El cantinero se giró con una sonrisa asertiva a la hora de hablar.

—El máximo permitido eran seis. Y en la mazmorra, si algo malo pasa, tampoco pueden quejarse de cuántos deberían ser.

Algunos en el bar rieron.

El líder de Nova dio un paso adelante.

—El laberinto de Akron no es para tanto. Cualquiera puede llegar al piso veintiuno.

Su tono estaba cargado de superioridad.

—Hemos estado en lugares mucho peores. Esto fue sencillo.

Áugust no perdió la sonrisa.

—Vaya, pues felicidades —respondió con un tono perfectamente neutral—. Aun así, nosotros también llegamos. Y cualquiera que esté aquí lo logró.

No hubo agresividad en sus palabras. Solo una afirmación clara.

La taberna volvía a reír con sus palabras, incluso añadían bocados a la discusión.

Eso pareció molestar más.

Áugust se volvió hacia el cantinero.

—Lo siento, creo que no tendremos espacio para el concurso de tragos. Pero nos quedaremos a beber.

El líder de Nova dio un golpe con la palma en la mesa.

—No ignoren nuestra presencia.

El ambiente se tensó.

Yui, que aún estaba golpeada por el exceso de comida, levantó la mirada.

Su voz salió clara.

—Tú ignoraste algo más grave.

El líder gira su mirada hacia la elfa.

Yui se puso de pie.

—Ignoraste los gritos de un compañero que confiaba en ti. Lo dejaste para que muriera mientras tú y este grupo se reían sin piedad. Fue la decisión de un cobarde.

El silencio cayó como un telón pesado.

Las risas del bar desaparecieron.

Las miradas se dirigieron hacia Nova.

En ese instante, la puerta de la taberna se abrió.

Marcus entró.

Su paso se detuvo al ver la escena.

Al verlos.

El grupo Nova lo vio casi al mismo tiempo.

Uno retrocedió medio paso.

Otro abrió los ojos con incredulidad.

—Es imposible… —murmuró alguien.

Marcus avanzó lentamente.

Su rostro no era solo furia.

Era frustración comprimida. Dolor convertido en acero.

El impacto de volver a verlo era evidente. En sus ojos había algo que Nova no esperaba ver jamás

El líder intentó recomponerse.

—Así que… sobreviviste.

Marcus no respondió.

Solo lo miró.

El líder soltó una risa breve.

—Bueno, si estás aquí… quizá podamos explicar—

—No —lo interrumpió Áugust.

Su voz ya no era amable.

—No hay explicación que limpie dejar morir a un compañero. Ninguna. Lo que hicieron no tiene justificación. Es basura.

La palabra quedó suspendida en el aire.

El líder de Nova apretó la mandíbula.

Durante un segundo pareció dudar.

Luego sonrió.

—Es verdad.

Su grupo lo miraron con una sonrisa tenue estando de acuerdo con él.

—Hace rato queríamos deshacernos de la carga. Pero no queríamos perder a una de las mejores magas que tenemos. Así que el plan era simple: que muriera en la mazmorra. Así eliminábamos el peso… y le dábamos a ella una motivación extra para seguir adelante.

Lo dijo con satisfacción.

Con alivio.

Como si confesara algo brillante.

Marcus sintió un golpe en el pecho muy fuerte pero era algo que el necesitaba, escuchar lo que ya sabía.

No gritó.

No tembló.

Caminó hasta quedar frente a él.

—No dejaré a Karin en tus manos —dijo con voz baja pero firme—. Volveré. Y nos iremos juntos.

El líder soltó una carcajada.

—No te dejaré hacer eso de ninguna manera.

Entonces Yui dio un paso al frente.

Su voz atravesó el murmullo que comenzaba a crecer en el bar.

—Un uno contra uno.

Todos la miraron.

—El ganador decide qué hacer.

El líder de Nova rió.

—No hace falta. Tenemos lo necesario para evitar jugar con ustedes.

Yui sostuvo su mirada.

No parpadeó.

—Se creen superiores. Pero evitan enfrentarse porque tienen miedo de que el resultado no sea el que esperan.

El aire se volvió pesado.

—No hay problema —continuó—. Puede venir usted mismo, aunque podríamos esperar en este piso acogedor a que llegue su líder y enfrentarnos el mismo. Porque al verlos… no veo a nadie con el valor suficiente para llamarse líder en ese grupo de cuatro.

Cada palabra era un golpe.

Yui sin exaltarse, sin gritar ni hablar enfurecida había golpeado en el orgullo.

Eso lo hacía peor.

El cantinero, que había permanecido atento, habló entonces.

—Me parece perfecto. Un uno contra uno. En el campo de entrenamiento del gremio. Que venga la gente del piso. Que sea un espectáculo.

Los murmullos se transformaron en entusiasmo, el bar solo corría comentarios sobre la lucha.

—Comenzaremos a correr la noticia—Dijo un pueblerino

El líder de Nova miró a Yui de arriba abajo.

—Te arrepentirás de haber provocado esto.

Se acercó lo suficiente para que solo ella y su grupo lo escucharan con claridad.

—Mi nombre es Arche Saller. Recuérdalo. Porque te haré sufrir cuando nos enfrentemos.

Luego miró a Marcus.

—No importa qué información les des. Somos mucho más fuertes que este grupo débil con el que andas ahora.

Marcus dio un paso adelante.

—Este grupo no es débil.

Su voz vibraba.

—Y tú perderás más de lo que imaginas. No solo perderás el combate. Perderás a quien intentaste usar como herramienta. Y lo harás delante de todo el piso.

Arche sostuvo la mirada unos segundos.

Luego sonrió con desprecio.

Él y su grupo comenzaron a marcharse.

Mientras salían, sus risas resonaron en la taberna.

Pero ya no sonaban seguras.

El cantinero apoyó los codos sobre la barra y soltó un silbido bajo.

—Vaya noche… primero un concurso de comida legendario… y ahora esto.

Las miradas comenzaron a dirigirse lentamente hacia una sola persona.

Yui.

La pequeña elfa estaba sentada en su silla, todavía algo inflada por la brutal competencia de comida, con una mano sobre su estómago y una expresión cansada… como si no entendiera por qué todos la estaban mirando.

Entonces alguien cerca de la barra soltó una carcajada.

—¡Esa elfa tiene más valor que medio piso junto!

Varias personas comenzaron a reír.

Otro aventurero levantó su vaso.

—¡Provocar así al líder de Nova… frente a todo el bar!

—¡Eso fue increíble!

—¡Ni siquiera titubeó!

El murmullo comenzó a crecer.

Los aventureros hablaban entre ellos señalándola con admiración.

—¿Viste esa mirada?

—Le habló como si fuera un novato.

—Ni un guerrero veterano le hablaría así a un líder de ese calibre.

El cantinero golpeó la barra con la palma abierta.

—¡Silencio un segundo!

Todos se giraron hacia él.

El hombre miró a Yui con una sonrisa enorme.

—Muchacha… llevo años sirviendo tragos en este piso.

Apoyó ambos brazos sobre la barra.

—Y te digo algo con total seguridad.

La señaló con un gesto firme.

—Nunca vi a alguien mirar a ese tipo sin una pizca de miedo.

Algunos clientes asintieron inmediatamente.

—¡Es verdad!

—¡Ese bastardo intimida a cualquiera!

—¡Pero ella ni pestañeó!

El cantinero continuó.

—Pero tú… no solo no retrocediste.

Sonrió con respeto.

—Lo provocaste… lo empujaste… y lo hiciste delante de todo el bar.

Varias personas levantaron sus vasos.

—¡Salud por la elfa!

—¡Por la pequeña valiente!

—¡Que gane mañana!

Un hombre grande cerca de una mesa gritó:

—¡Si peleas como hablas, ese idiota está muerto!

Las risas llenaron el lugar.

Yui parpadeó varias veces.

No parecía acostumbrada a recibir tantos elogios de golpe.

August se inclinó hacia ella con una sonrisa divertida.

—Vaya… parece que acabas de ganar un club de fans.

Sofía rió suavemente.

—Creo que acabas de convertirte en la favorita del piso.

Arnold cruzó los brazos, orgulloso.

—Lo dije desde el principio… esta pequeña está llena de sorpresas.

Valerian simplemente asintió con tranquilidad.

—Es normal.

Yui comenzó a ponerse como un tomate.

—Pero solo dije la verdad.

Eso provocó aún más risas en el bar.

El cantinero levantó un vaso desde la barra.

—¡Escuchen todos!

El ruido bajó nuevamente.

—Mañana tendremos un duelo en el campo de entrenamiento del gremio.

Señaló a Yui.

—Y esta elfa valiente será quien represente el orgullo de este piso.

Un fuerte grito recorrió la taberna.

—¡OOOOH!

—¡Que le rompa la cara!

—¡Queremos verlo!

Los vasos chocaron por todo el lugar.

Y mientras el bar celebraba…

Yui solo suspiró suavemente.

—Pero yo no… espero que mañana también haya pizza.

El comentario fue tan inesperado que todo el bar estalló nuevamente en carcajadas.

August se dejó caer nuevamente en su silla y suspiró.

—Bueno… creo que se nos fue un poco de las manos.

Arnold cruzó los brazos.

—¿Un poco?

Sofía se llevó una mano a la frente.

—Espero estés preparada para mañana…

Marcus sentado junto al grupo.

Miraba la puerta por la que Nova había salido.

Su respiración aún estaba cargada.

Había demasiadas emociones golpeándole al mismo tiempo.

Ira. Frustración. Vergüenza.

Pero sobre todo querer salvar a Karin del grupo Nova.

August le dio una palmada en el hombro.

—Eh.

Marcus giró la cabeza.

—Respira.

Marcus bajó la mirada unos segundos.

—Lo siento… esto es por mi culpa.

—No —respondió Arnold inmediatamente.

Su voz fue firme.

—Esto es culpa de ellos.

Yui levantó la mirada hacia Marcus.

Sus ojos esmeraldas estaban serios.

—¿Karin… es la maga que mencionó?

Marcus asintió lentamente.

—Sí.

El bar parecía escuchar incluso sin querer hacerlo.

Marcus respiró hondo antes de continuar.

—Ella… fue quien me enseñó magia cuando entré al grupo. Siempre fue fuerte… pero también amable. Cuando Nova empezó a cambiar… ella fue la única que no se volvió como ellos.

Apretó el puño.

—Por eso no me echaron directamente. Sabían que si lo hacían… Karin no lo aceptaría.

Sofía lo miró seriamente.

—Entonces planeaban que murieras en la mazmorra para que pareciera un accidente.

Marcus asintió.

—Exacto, fue una buena estrategia pero no contaron con que su grupo pasaría por allí a corta distancia de tiempo.

Marcus se recostó contra el respaldo del asiento, respirando con dificultad, mientras los últimos ecos del conflicto se desvanecían. Miró a todo el grupo, ellos estaban allí, silencioso, con miradas que mezclaban cansancio y curiosidad.

—Quiero… agradecerles —dijo, su voz ronca pero firme—. Especialmente a ti, Yui.

Ella levantó la vista, sorprendida por la intensidad contenida en su mirada.

—Me ayudaste a dar un paso que… dolía, pero que sabía que debía dar. No lo habría hecho sin ustedes. Sin ti.

Yui no respondió con palabras; simplemente asintió, con esa mezcla de comprensión y calma que siempre parecía transmitir. Marcus sintió un peso levantarse de sus hombros, permitió que un tenue alivio se filtrara entre el cansancio y la tensión.

El grupo permaneció en silencio un instante más, reconociendo, sin decirlo, que aquel pequeño acto de gratitud cerraba un ciclo y abría otro, uno donde Marcus ya no estaba solo con su dolor, sino acompañado.

Marcus finalmente rompió el silencio, su mirada fija y seria.

—De acuerdo… es hora de ponerse a trabajar.

—Arche… es un espadachín. Maneja dos espadas con elemento. No es un rival común. —Su voz era grave, cargada de precaución.

Todos en la taberna se inclinaron un poco hacia adelante, atentos. El murmullo que recorría las mesas se apagó casi por completo.

Yui levantó una mano, deteniendo a Marcus antes de que continuara.

—Lo que pasa es que todo es un gran malentendido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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