Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 39
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Capítulo 39: Nova vs Escudo y espada
Un grito resonó de golpe en todo el bar, un sonido que parecía partir la atmósfera misma. Cada mirada se amplió en sorpresa; las conversaciones se detuvieron y el tintinear de vasos quedó suspendido en el aire. La multitud no podía procesarlo aún, la incredulidad colgaba en sus rostros como un velo invisible.
Áugust alzó la voz, acercándose a Yui con un leve toque de cautela.
— ¿Estás segura de lo que estás diciendo?
Yui lo miró, firme, sin un ápice de duda en su postura.
—Muy segura. Este es el mejor camino posible.
Arnold, con esa sonrisa se acercó y le dijo a Yui:
—Siempre fuiste una caja llena de sorpresas pero esto sí que lo supera todo.
Luego levantando ligeramente la voz:
—No es ningún secreto, pero me gustaría que lo mantuvieran en silencio por ahora.
El cantinero, con un gesto comprensivo, sacudió la cabeza:
—No tienes por qué preocuparte. Haremos correr la voz de que Nova y… —se detuvo y miró a Áugust con curiosidad— ¿cómo se llama su grupo?
Yui y Marcus se miraron, intercambiando una breve conversación silenciosa, un pequeño acuerdo tácito. Hasta ese momento, nunca se lo habían revelado a nadie.
El cantinero, que seguía limpiando el mismo vaso desde hacía cinco minutos por la impresión, asintió vigorosamente. —No tienes de qué preocuparte, Arnold. Aquí sabemos cuidar a los nuestros. Haremos correr la voz de que Nova y… —se detuvo y rascándose la cabeza—. Un momento, ¿cómo es que se llaman ustedes oficialmente?
El hombre miró a Áugust esperando una respuesta. Yui y Marcus intercambiaron una mirada de sorpresa; un entendimiento mudo pasó entre ellos mientras una pequeña chispa de risa asomaba en los ojos de la elfa.
—Es verdad —murmuró Yui—. Llevamos todo este tiempo junto y nunca nos han dicho el nombre del grupo.
Áugust soltó un suspiro, algo avergonzado, mientras se rascaba la nuca. —Bueno, es una historia sencilla. Cuando empezamos, solo éramos Arnold y yo. Como él es la defensa y yo el ataque, decidimos llamarnos “Escudo y Espada”. Fue algo rápido, sin pensar mucho.
El líder del grupo miró a Sofía, Valerian y Misa con una sonrisa nostálgica. —Cuando las chicas se unieron, les propuse cambiarlo por algo más… imponente. Algo que representara a todos. Pero se negaron rotundamente. Dijeron que ya se habían acostumbrado y que el nombre tenía su encanto. Así que, así se quedó.
Áugust se volvió hacia Marcus, su expresión se volvió más cálida y seria a la vez. —Y ahora que estás con nosotros… ¿estás de acuerdo con esto, Marcus?
—Estoy totalmente de acuerdo —respondió con voz firme.
El piso 21 amaneció con una noticia que se propagó como el fuego entre hojas secas.
Desde las primeras horas de la mañana, los habitantes de la isla hablaban de lo mismo en cada rincón: en los puestos del mercado, en las tabernas, en los muelles, incluso entre los aventureros que regresaban del laberinto tras una noche de exploración.
— ¿Es cierto?
— ¿Nova contra Escudo y Espada?
—Dicen que la elfa fue quien los desafió.
—Al atardecer… en el campo del gremio.
El enfrentamiento se había convertido en el tema del día.
Al caer el sol, todo el piso 21 estaría mirando.
Tres caminos diferentes
El grupo se dividió temprano, cada uno con una intención distinta.
Por un lado estaban Marcus, Arnold y Áugust.
Nadie los vio discutir demasiado antes de marcharse. Simplemente intercambiaron unas pocas palabras y tomaron rumbo hacia uno de los caminos que se alejaban de la aldea principal.
Arnold caminaba con las manos detrás de la cabeza, como si estuviera de paseo.
—Entonces… ¿vamos a hacer eso?
Áugust sonrió apenas.
—Solo vamos a verificar algo.
Marcus caminaba unos pasos detrás de ellos, en silencio.
Sus ojos no observaban el paisaje, caminaba concentrado como si su cabeza solo tuviera un pensamiento y nada más.
—Arche pelea con dos espadas elementales —murmuró finalmente.
Áugust se detuvo un momento frente a un pequeño mirador natural que daba al mar.
El viento de la isla soplaba con suavidad.
—No necesitamos saber todo —dijo con calma—. Solo lo suficiente.
Marcus lo miró.
— ¿Suficiente para qué?
Áugust sonrió de lado.
—Para que esta noche todo salga exactamente como debe salir.
Nadie dijo nada más.
Pero el aire entre ellos quedó cargado de un extraño misterio.
Mientras tanto, Yui había tomado otro rumbo.
El camino hacia el campo del gremio se encontraba a las afueras de la aldea.
Al principio parecía simplemente un terreno amplio, rodeado por algunas estructuras de madera y piedra.
Pero cuando Yui llegó más cerca… lo entendió.
No era solo un campo de entrenamiento.
Era una arena.
Las gradas improvisadas rodeaban el terreno central, y varias plataformas permitían observar el combate desde distintos ángulos. Incluso había estructuras donde se podían instalar banderas o antorchas para iluminar el lugar por la noche.
Era un lugar pensado para mostrar combates.
Para que la gente viera.
Para que los aventureros demostraran su fuerza.
Yui caminó lentamente por el borde del campo.
—Así que aquí será…
Pero entonces notó algo más.
Un sonido.
El silbido del acero cortando el aire.
Giró la mirada.
A unos metros de distancia estaba Arche.
Su equipo dorado descansaba cerca de una banca, brillando bajo la luz del sol. Las placas metálicas reflejaban la mañana como si fueran parte de un trofeo.
Arche sostenía sus dos espadas.
Se movía con fluidez.
Un giro elegante.
Una estocada rápida.
Luego cruzó ambas espadas frente a él y realizó una secuencia de movimientos amplios, casi teatrales.
Cada corte parecía diseñado para lucirse.
El acero dejaba destellos en el aire.
El viento levantaba pequeñas nubes de polvo alrededor de sus pasos.
No estaba entrenando realmente.
Estaba actuando.
Mostrando su habilidad como si ya tuviera público.
Yui lo observó apenas un momento… y luego siguió caminando.
Intentó ignorarlo.
Pero Arche claramente no tenía esa intención.
Terminó su secuencia con un giro final exagerado y guardó una de las espadas sobre su hombro antes de acercarse.
—Vaya —dijo con una sonrisa confiada—. Pensé que vendrías a practicar.
Yui lo miró sin cambiar su expresión.
—Solo vine a ver el campo.
Arche apoyó una espada en el suelo.
— ¿Sabes? Podríamos terminar con todo este alboroto ahora mismo.
Yui giró apenas la cabeza.
— ¿Aquí?
—Claro. Nadie necesita espectadores.
La respuesta de Yui llegó tranquila.
Demasiado tranquila.
—No me gustaría humillarte sin que nadie lo vea.
El silencio que siguió fue pesado.
Arche entrecerró los ojos.
—Tu falta de respeto empieza a cansarme, elfa. Estás hablando con alguien de rango superior.
Yui se encogió de hombros.
—El rango no lo es todo.
Se cruzó de brazos.
—Soy rango F.
Hizo una pausa.
—Y aun así te vencería.
Arche soltó una risa corta.
—Primera vez que escucho a una elfa hablar así.
Luego levantó sus espadas.
—Pero tienes razón en algo.
Su mirada se volvió más fría.
—Será mejor hacer de esto un espectáculo cuando todos estén mirando.
Yui comenzó a caminar hacia la salida.
—Entonces sigue practicando —dijo sin siquiera mirarlo.
Se detuvo un segundo antes de irse.
—O no durarás ni cinco minutos.
Y continuó su camino.
En el camino de regreso hacia el recinto del gremio, Yui se cruzó con Misa, Sofía y Valerian.
— ¡Yui! —saludó Misa.
Valerian alzó una ceja.
—Qué raro… pensé que estarías entrenando desde el amanecer.
Yui negó con la cabeza.
—Solo fui a ver el campo.
— ¿Y?
—Es perfecto.
Las tres la observaron.
Demasiado relajada.
Demasiado tranquila.
—Entonces estás libre —dijo Valerian.
—Sí.
Las tres sonrieron al mismo tiempo.
Eso nunca era buena señal.
—Perfecto —dijo Sofía.
—Porque encontramos muchas tiendas interesantes —agregó Misa.
Yui no entendió.
— ¿Tiendas?
Unos minutos después…
Yui estaba rodeada de vestidos.
La aldea del piso 21 tenía una buena cantidad de tiendas.
Algunas vendían joyas simples hechas con conchas del mar cercano.
Otras tenían ropa ligera pensada para el clima de la isla.
Pero las chicas parecían especialmente interesadas en una tienda de vestidos.
— ¡Prueba este! —dijo Misa.
—No, este le quedará mejor —respondió Sofía.
—Creo que este color resaltará sus ojos —añadió Valerian.
Yui estaba completamente perdida.
— ¿Por qué estoy haciendo esto…?
Pero poco a poco algo cambió.
Primero fue la curiosidad.
Luego la sorpresa.
Luego… algo más.
Cada vez que se probaba algo nuevo, las chicas reaccionaban con entusiasmo.
— ¡Te queda hermoso!
— ¡Ese color es perfecto!
— ¡Pareces una noble!
Yui se sonrojaba.
Pero… también empezó a mirar a las demás.
Cuando Misa se probó un vestido azul claro, Yui fue la primera en decir:
—Ese… te queda muy bien.
Cuando Sofía apareció con un vestido elegante verde oscuro, Yui incluso sonrió.
—Te hace ver muy… fuerte.
Las chicas comenzaron a reír.
— ¡Ya le está gustando! —dijo Valerian.
Yui cruzó los brazos, avergonzada.
—N-no es eso…
Pero sí lo era, era extraño. Pero agradable.
De repente…
¡PUM!
Misa golpeó suavemente la cabeza de Yui.
— ¡Prueba ESTE!
Era un vestido blanco.
Su tela era ligera, casi como seda. Tenía detalles delicados bordados cerca del pecho y mangas suaves que caían apenas sobre los hombros.
La falda fluía con elegancia hasta las rodillas.
Era simple.
Pero hermoso.
Cuando Yui salió del probador…
Las tres se quedaron en silencio.
—…
—…
—…
Misa fue la primera en reaccionar.
— ¡ES PERFECTO!
Sofía asintió.
—Te queda increíble.
Valerian coloca las manos en sus cachetes con una sonrisa sonrojada.
—Este hay que comprarlo.
Yui estaba completamente roja.
— ¿P-por qué…?
Misa sonrió.
—Para cuando tengas una cita.
Yui parpadeó.
— ¿Una… qué?
Las tres se miraron.
—Oh no… —dijo Valerian.
— ¿Nadie le explicó? —preguntó Sofía.
Misa se llevó la mano a la cara.
—Esto será divertido.
Sofía se acercó a Yui con calma.
—Una cita es cuando dos personas que se gustan pasan tiempo juntas.
Yui ya estaba roja.
— ¿C-como… amigos?
Sofía negó con la cabeza suavemente.
—No exactamente.
Le explicó con paciencia.
Hablar.
Caminar juntos.
Comer algo especial.
Tal vez tomarse de la mano.
Tal vez…
Algo más.
Cuando Sofía terminó de explicar…
Yui parecía un tomate viviente.
—¡¡E-eso es demasiado!!
Las chicas comenzaron a reír.
—Algún día lo entenderás —dijo Valerian.
Yui se tapa la cara con vergüenza.
— ¡No necesito eso!
La idea no le parecía tan incomprensible.
Y mientras el sol seguía avanzando lentamente hacia el atardecer…
Las cuatro continuaron recorriendo tiendas, riendo, probándose ropa y disfrutando del momento.
Como si la batalla de esa noche…
No fuera algo que preocupara en absoluto.
Yui fue la primera en notarlo.
No fue algo evidente al principio.
Ni siquiera algo que las demás hubieran percibido.
Pero su sensor de amenazas, ese instinto que había ido perfeccionando desde que entró al laberinto, reaccionaba de una forma leve… constante.
Mientras caminaban entre los puestos del mercado, Yui levantó la mirada apenas lo suficiente para confirmar su sospecha.
En una esquina, apoyado contra un poste de madera, uno de los miembros de Nova fingía observar unas frutas.
Más adelante, cerca de una tienda de telas, otro de ellos conversaba con un vendedor… pero sus ojos se movían en la misma dirección.
Yui entendió enseguida.
—Nos están siguiendo —pensó como si ya lo tuviera previsto.
No cambió su expresión.
Ni siquiera desaceleró el paso.
Simplemente caminó unos metros más y luego habló con un tono completamente natural.
—Chicas.
Las tres la miraron.
—Creo que quiero ir a probar postres.
Hubo un segundo de silencio.
Luego los ojos de Misa se iluminaron como si hubiera escuchado las palabras más hermosas del mundo.
— ¡¿POSTRES?!
—Sí —respondió Yui con calma.
Misa levantó ambos brazos al cielo.
— ¡ES LA MEJOR IDEA QUE HAS TENIDO EN TU VIDA!
Valerian soltó una risa baja.
—Nunca pensé que tú lo propondrías.
Sofía negó con la cabeza, divertida.
—Bueno… un descanso antes del combate no viene mal.
Pero Yui no estaba pensando en descansar.
Mientras caminaban hacia la zona de confiterías de la aldea, ella controlando ese viento mezclado de aura elemental podía detectar a esos tres individuos que seguían sus pasos.
Sí.
Los de Nova seguían ahí.
A distancia.
Sin acercarse demasiado.
Claramente estaban vigilando.
—Perfecto —pensó Yui.
Entonces comenzó a guiar el recorrido.
Entraron a una pequeña tienda donde vendían tartas de frutas.
Luego caminaron hacia otro local donde preparaban helados artesanales.
Misa probó tres sabores distintos antes de decidir cuál pedir.
— ¡Este es increíble!
Valerian se inclinó sobre el mostrador para observar una vitrina llena de pasteles delicados.
—Ese parece peligroso… demasiado dulce.
Sofía eligió algo más simple: una pequeña tarta con crema y miel.
Mientras tanto, Yui disfrutaba su día con las chicas pero atenta todo.
Cuando el sol ya comenzaba a descender lentamente hacia el horizonte…
Miró de reojo un reflejo en una ventana.
Nada.
Otro.
Nada.
Ni rastro.
—Se fueron —pensó.
Entonces habló con tranquilidad.
—Chicas.
Las tres levantaron la mirada.
—Creo que ya es hora de volver.
Misa suspiró dramáticamente mientras terminaba su último bocado.
—Justo cuando estaba por pedir otro pastel…
Valerian sonrió.
—Si sigues comiendo así, no podrás caminar hasta la arena.
— ¡Oye eso duele!
Sofía se levantó.
—Vamos. Falta poco para el combate.
Las cuatro regresaron al dormitorio del gremio.
Allí cambiaron su ropa ligera por sus vestimentas de aventureras.
Las telas suaves fueron reemplazadas por su equipo de siempre.
Cuando Yui terminó de ajustarse su equipo
Su expresión volvió a ser la de siempre.
Seria.
Calmada.
Lista.
—Vamos —dijo.
Salieron de la morada y comenzaron el camino hacia el campo del gremio.
La luz del atardecer pintaba el cielo con tonos dorados y naranjas.
Pero a medida que se acercaban… comenzaron a escuchar algo.
Primero fue un murmullo.
Luego voces.
Después…
Multitudes.
Doblaron una esquina del camino.
Y entonces lo vieron.
El campo estaba completamente lleno.
Pero antes de llegar, una figura conocida se acercó caminando hacia ellas.
El cantinero.
Su sonrisa era amplia como siempre.
— ¡Ah! Justo a tiempo.
Misa levantó una ceja.
— ¿Viniste a ver el espectáculo?
—Por supuesto —respondió él—. Y también a acompañarlas.
Valerian miró hacia la arena a lo lejos.
—Se escucha mucha gente.
El hombre soltó una pequeña risa.
— ¿Mucha? Eso es quedarse corto.
Se acomodó el chaleco.
—El campo está repleto. Diría que casi toda la isla está ahí.
Sofía lo miró sorprendida.
— ¿Organizaron todo esto en un solo día?
El hombre se encogió de hombros con una sonrisa orgullosa.
—No esperen menos de alguien asociado al gremio.
Las chicas se detuvieron.
— ¿Asociado al gremio? —repitió Sofía.
Misa lo señala sorprendida.
—Espera… ¿entonces trabajas para el gremio?
El cantinero soltó una pequeña risa.
—Algo así.
Yui lo observó con atención.
—Nunca dijiste tu nombre.
El hombre se llevó una mano al pecho con gesto teatral.
—Tienen razón.
Hizo una leve inclinación.
—Mi nombre es Norman.
Las chicas intercambiaron miradas.
—Pero pueden seguir llamándome cantinero —añadió con una sonrisa—. Nada de títulos.
Siguieron caminando juntos hacia la arena.
El ruido crecía con cada paso.
Aplausos.
Risas.
Gritos.
Cuando finalmente cruzaron el último sendero que daba al campo…
Las cuatro se quedaron quietas.
El lugar estaba repleto.
Las gradas improvisadas estaban llenas de aventureros, comerciantes, habitantes del piso 21 e incluso viajeros que habían decidido quedarse para presenciar el combate.
Antorchas encendidas rodeaban el campo, preparadas para iluminar la arena cuando el sol terminara de caer.
Banderas del gremio ondeaban con el viento marino.
La multitud estaba eufórica.
— ¡NOVA!
— ¡ELFA!
— ¡QUE COMIENCE!
Los gritos se mezclaban entre sí.
La energía del lugar era intensa.
Misa abrió la boca lentamente.
—Wow…
Valerian dejó escapar un silbido.
—Esto sí que se volvió grande.
Sofía negó con la cabeza con una pequeña sonrisa.
—Todo el piso está aquí.
Norman cruzó los brazos satisfecho.
—Se los dije.
Yui observó la arena.
En el centro del campo, el terreno estaba completamente despejado.
Era un círculo amplio de tierra compacta.
Perfecto para un combate.
El sol estaba cayendo lentamente detrás del mar.
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