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Dinastía del Fútbol - Capítulo 136

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  3. Capítulo 136 - 136 Cómo hacer que se callen primero
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136: Cómo hacer que se callen (primero) 136: Cómo hacer que se callen (primero) La CBF se había convertido en una gran distracción para el trío brasileño, mientras que The Sun seguía entorpeciendo el buen momento del equipo con rumores innecesarios; sobre todo, los que rodeaban el reciente colapso de Ronaldo.

El club necesitaba gestionar la situación con cuidado antes de que escalara hasta la FA o incluso el Parlamento.

Y el objetivo que Richard marcó estaba claro.

—Una semana —dijo Richard con firmeza a las tres personas que tenía delante—.

Solo les pido a cada uno que completen sus tareas en el plazo de una semana.

La exigencia pilló a todos por sorpresa, pero nadie se atrevió a cuestionarlo; no mientras estuviera en ese estado de furia.

Asintieron con seriedad, sobre todo Gordon Barry, que había sido quien había propuesto la idea en primer lugar.

Estaba encantado de que Richard por fin le hubiera dado luz verde.

El siguiente partido era contra el Darlington.

Como de costumbre, O’Neill llegó temprano a la sala de prensa de Maine Road.

Tomó asiento en primera fila, mientras sus ojos recorrían el modesto grupo de periodistas esparcidos por la sala.

Pero esta vez, se notaba algo distinto en el aire.

Un importante periódico nacional había aparecido de repente, cargando el ambiente de tensión.

Los flashes de las cámaras iluminaban el telón de fondo mientras los periodistas se inclinaban hacia delante, a la espera de una declaración.

O’Neill ajustó el micrófono y se aclaró la garganta.

—Buenas tardes.

Antes de pasar a las preguntas habituales previas al partido, me gustaría abordar las recientes especulaciones en torno a nuestros jugadores y al club.

La sala guardó silencio de inmediato.

—Somos plenamente conscientes de la situación actual —continuó—.

Pero nuestro objetivo sigue siendo el mismo.

Nos preparamos, jugamos y ganamos.

Y mañana, contra el Darlington, eso es exactamente lo que pensamos hacer.

Parecía una declaración inicial típica: tranquilizadora, serena.

Un periodista levantó la mano.

—¿Cómo se encuentra la plantilla de cara al partido de mañana?

¿Hay alguna baja por lesión o algún jugador no disponible?

O’Neill asintió, comprendiendo la pregunta oculta tras la pregunta: se refería al estado de Ronaldo.

—La plantilla está en plena forma —dijo asintiendo con seguridad—.

Todos están en condiciones y listos para jugar.

Así que sí, todos están preparados para el partido.

Otro periodista preguntó rápidamente a continuación.

—¿Qué importancia tiene este partido para llegar a los playoffs y…?

O’Neill negó con la cabeza, interrumpiéndolo bruscamente.

—No, no y no —dijo con voz firme—.

Todavía tenemos una oportunidad.

Nos quedan catorce partidos para alcanzar al Birmingham City.

Puede que los medios digan que nuestra opción de ascenso directo se ha esfumado, pero yo creo que podemos obrar un milagro.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire y captaron la atención de todos en la sala, sobre todo la del periodista de The Sun.

A este se le iluminaron los ojos.

El redactor jefe había dado luz verde para ir a por el Manchester City, y el periodista estaba ansioso por aprovechar la oportunidad.

Cuando la sesión se acercaba a su fin y el habitual ir y venir de preguntas comenzaba a apagarse, una mano se alzó de golpe al fondo de la sala.

«Otra vez The Sun», pensó O’Neill, respirando hondo y preparándose para el impacto.

Era el periodista de The Sun, que se puso en pie lentamente, con un bloc de notas en una mano y el titular de la portada de ese día en la otra.

—¿Cuánta confianza tiene en la capacidad de su equipo para lograr el ascenso?

—Por supuesto, siempre creo en mi equipo —respondió O’Neill con seguridad, sin perder la compostura.

El periodista asintió y garabateó algo en su bloc antes de aclararse la garganta.

—Señor O’Neill, una pregunta más, si no le importa.

Teniendo en cuenta el reciente colapso de su jugador —y el hecho de que su club ni siquiera tiene un fisioterapeuta adecuado a tiempo completo—, ¿no debería alguien rendir cuentas?

¿O se supone que debemos creer que fue simplemente otro accidente?

Al fondo de la sala, donde había menos gente, Ronaldo apretó el puño con fuerza.

Richard, al notar su malestar, le dio una suave palmada en el hombro.

—Tú solo escucha.

No te preocupes —murmuró para tranquilizarlo.

Era una pregunta que ya esperaban.

O’Neill, Richard y el equipo jurídico del club ya la habían analizado a fondo, preparándose para ese momento.

Respiró hondo antes de responder, en un tono comedido pero firme.

—Permítame abordar eso directamente —empezó—.

Estamos trabajando en colaboración con el Hospital Wythenshawe, uno de los mejores centros de Manchester.

Es un hospital de renombre, fundado por la propia Princesa Margarita.

Sugerir que nuestro equipo médico o la atención del hospital no son de primer nivel es, francamente, un insulto, y no voy a tolerar esa acusación.

…

Los ojos del periodista de The Sun se abrieron como platos.

Efectivamente, incluso antes del colapso de Ronaldo, el City ya se había asociado con el Hospital Wythenshawe.

Fundado por la Princesa Margarita en 1993 como un centro especializado en trasplantes, en 1994 llegó a obtener el estatus de fundación autogestionada (self-governing trust) bajo las reformas del NHS del gobierno.

«Maldita sea», pensó el periodista, dándose cuenta de que su ataque había caído en saco roto.

O’Neill no titubeó.

—Tenemos un equipo de profesionales médicos que supervisa a nuestros jugadores al más alto nivel.

Es cierto, no contamos con un fisioterapeuta tradicional a tiempo completo, pero hemos tomado la decisión deliberada de garantizar que nuestros jugadores reciban atención de los mejores especialistas externos.

Sugerir lo contrario no solo es injusto para un hospital nacional, sino que roza la difamación.

Hizo una pausa, dejando que el peso de sus palabras calara en la sala.

La prensa permaneció en silencio, e incluso el periodista de The Sun pareció vacilar.

Era de sobra conocido que The Sun era propiedad de un americano, así que O’Neill había redirigido el foco del interrogatorio hacia el propio hospital.

Era como si ahora estuvieran cuestionando un hospital respaldado por la Familia Real.

Eso no solo era de mal gusto, era un error de juicio garrafal.

El periodista sintió cómo una sensación de malestar se apoderaba de él y maldijo a O’Neill con virulencia en su fuero interno.

Al echar un vistazo por la sala y ver a los otros periodistas tomar notas, una comisura de sus labios se crispó.

Ya se lo imaginaba: en lugar del City, el titular sería para The Sun.

La mirada de O’Neill se desvió brevemente hacia Richard y Ronaldo, al fondo.

Al ver a Richard asentir, sintió que su determinación se afianzaba: su trabajo estaba hecho.

—Lo he dicho antes y lo volveré a decir: aunque no tengamos un fisioterapeuta en plantilla, nuestra organización médica es insuperable.

Quien cuestione nuestro método debería fijarse en los hechos.

Y si aun así tienen dudas, quizá deberían cuestionar los estándares del Hospital Wythenshawe.

…

«¡Pero si yo no me refería a eso!», quiso gritar el periodista.

¿De verdad se iba a poner a cuestionar un hospital respaldado por la Familia Real?

Claro que no; solo intentaba ganar dinero fácil, tal y como le había instado el redactor jefe al poner al City en el punto de mira.

Pero de lo que no se había percatado era de que ya había caído en su trampa.

«Listo», se dijo Richard para sus adentros antes de darse la vuelta.

Primero, ¿cómo hacer que The Sun se callara?

Usar a la Familia Real como escudo.

Desviar sus acusaciones del City y dirigirlas hacia el Hospital Wythenshawe; cambiar el foco de atención hacia allí.

Al fin y al cabo, el hospital funciona bajo patrocinio real.

A ver cómo se las arregla Murdoch en un choque contra ellos.

Ronaldo, todavía aturdido, vaciló un instante antes de seguirlo a toda prisa.

Richard se tomó un momento para explicárselo todo a Ronaldo.

El delantero no estaba muy versado en esos asuntos, por lo que la mayor parte seguía siendo confusa para él.

Pero una vez que Richard se lo desglosó, Ronaldo comprendió hasta qué punto llegaban las maquinaciones de aquel hombre.

—Y esto no es todo —dijo Richard, deteniéndose y dándose la vuelta para encararlo.

—Como te dije, más te vale centrarte en el fútbol y dejar que yo me encargue del resto.

—Hizo una pausa y luego sonrió—.

Incluida la federación.

No tardaré mucho.

Mientras sigas rindiendo a este nivel, no se atreverán a tocar tu puesto en la selección.

Lo que significaba que…

lo siguiente era cómo se iba a encargar de la CBF.

Ronaldo dudó de las palabras de Richard, pero asintió de todos modos, a la espera de que cumpliera su promesa.

Para él, como para los demás brasileños, jugar en la selección y representar a su país lo era todo.

Un honor que atesoraban.

Con la Liga y la Copa FA ya en el pasado, el City tenía que volver a centrarse en la Segunda División.

Seguían en el quinto puesto y, gracias a la promesa de Richard tras la reunión del día anterior, O’Neill se sintió de repente increíblemente motivado.

—Martin, ¿crees en los milagros?

—le había preguntado Richard el día anterior—.

Lo sé, y siento lo de McAllister y Redknapp; ambos rechazaron nuestra oferta.

McAllister había decidido quedarse en el Leeds para cumplir su contrato, mientras que Redknapp optó por permanecer en el Liverpool, a la espera de una oportunidad tras su lesión.

—¡Pero!

—había dicho Richard de repente, alzando la voz con énfasis—.

El ascenso directo.

Si logras alcanzar al Birmingham City, te lo prometo: la próxima temporada, a cada jugador que quieras, te lo traeré.

Aunque suponga quemar todo el dinero del City.

Los ojos de O’Neill se abrieron como platos ante semejante promesa.

Una diferencia de quince puntos separaba al City de la cima de la tabla.

Si el objetivo cambiaba de asegurar un puesto en los playoffs a perseguir el ascenso directo, solo significaba una cosa: el City tendría que ganar todos los partidos que quedaban.

O’Neill hizo una pausa para sopesarlo y, a continuación, asintió con un gesto firme y serio.

Pronto llegó el partido contra el Darlington.

Cuando el último jugador entró trotando en el vestuario, O’Neill empezó a dar sus instrucciones.

—Delantero, como siempre, Solskjær.

Y de mediapunta, Ronaldo.

—Se detuvo y miró al delantero—.

¿Seguro que puedes jugar?

Ronaldo asintió.

—Bien.

Siguiente…

Tras dar las últimas instrucciones, no tardó en empezar la primera parte del partido contra el Darlington.

Desde el palco de directivos, Richard veía que O’Neill estaba furioso.

—¡Corre!

¡Oye, corre!

—¡Quédense atrás, no suban tanto!

—¡Ahí!

¡Por ahí, ayúdale!

¡Está todo libre, muévete hacia allí!

La intensidad de las órdenes de O’Neill resonaba por todo el campo, y su frustración crecía al ver las dificultades de sus jugadores.

Richard, que observaba la tensión, sabía que la paciencia de O’Neill se estaba agotando.

Al final de la primera parte, el marcador era Darlington 1-0 Manchester City.

Pero O’Neill no estaba preocupado.

Dio una palmada para llamar la atención del equipo.

—Muy bien, escuchen —dijo O’Neill en el vestuario, con voz calmada pero firme—.

Vamos a hacer algunos cambios.

Al principio, pensó que la plantilla todavía estaba resentida por la derrota contra el Manchester United, y por eso se había ceñido a la estrategia del contraataque.

Pero ahora se daba cuenta de que se había equivocado.

Entrecerró los ojos mientras recorría con la mirada a todos los jugadores del vestuario, deteniéndose un poco más en los centrocampistas: Jamie Pollock, Keith Gillespie y Graham Fenton.

Algunos jugadores intercambiaron miradas de incertidumbre, percibiendo un cambio en su tono de voz.

—Olvidémonos de las bandas y del contraataque por ahora.

A partir de ya, presionaremos por el centro.

—Hizo una pausa, recorriendo a todos con la mirada antes de continuar con unas palabras que los dejaron a todos atónitos.

—Volvemos al 4-4-2.

William, a partir de ahora, jugarás de mediocentro defensivo.

Ian Uno, Ian Dos y Tony, saldrán en la segunda parte en lugar de Jamie, Keith y Graham.

Los ojos de Gallas se abrieron como platos.

¿Jugar de mediocentro defensivo?

Los tres jugadores —Ian Ferguson, Ian Taylor y Tony Grant— se quedaron de piedra.

Apenas el día anterior les habían dicho que estarían en el banquillo, ¿y ahora iban a ser titulares en la segunda parte?

En un principio, O’Neill había planeado reincorporarlos a la acción poco a poco; al fin y al cabo, los tres cedidos acababan de recuperarse de sus lesiones.

Pero tras la audaz promesa de Richard el día anterior, decidió arriesgarse.

Por supuesto, los veteranos Jamie Pollock y Graham Fenton no estaban contentos con la decisión, y Keith Gillespie, descontento, se unió a ellos.

Cambio de formación de 5-4-1 a 4-4-2:
Portero: Shay Given
Defensas: Cafu, Sol Campbell, Rio Ferdinand, Roberto Carlos
Centrocampistas: William Gallas, Ian Ferguson, Ian Taylor y Tony Grant
Delanteros: Ronaldo, Solskjær
La primera parte fue un desastre, pero la segunda fue otra historia.

La formación 4-4-2 con presión alta permitió al City jugar con más fluidez.

La presión en el centro del campo era incesante, y Gallas demostró ser el jugador más polivalente, trabajando al unísono con sus compañeros para recuperar rápidamente la posesión.

Los jugadores del City no estaban acostumbrados a replegarse y defender; preferían atacar, aunque eso significara arriesgarlo todo.

No se sentían cómodos bajo la presión del rival.

O’Neill se recriminó duramente a sí mismo por haber elegido una estrategia de contraataque contra el Crystal Palace y el Manchester United.

Si se hubiera arriesgado y hubiera optado por un ataque total, quizá el resultado habría sido diferente.

—Los defensas del Darlington se habían acostumbrado a un City que se replegó en la primera parte.

Jamás previeron que esta vez el rival adoptaría de repente un estilo de presión —analizó el comentarista, mientras observaba las dificultades que tenían ante el incesante dúo de Ronaldo y Solskjær en la delantera, con Roberto Carlos y Cafu desdoblándose constantemente por las bandas.

Finalmente, en el minuto 60, se abrió la veda, y cuando el árbitro pitó el final del partido:
Darlington 1-3 Manchester City.

—¡Otro triplete para Ronaldo!

¡Se redime tras el tropiezo en Old Trafford con esta increíble actuación!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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