Dos Sombras y Un Sol -Fanfic SasuNaru - Capítulo 23
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23: Capítulo 22 23: Capítulo 22 —¡Amaterasu!
—Sasuke lanzó el ataque visual hacia los arbustos que ocultaban a esa persona que acababa de hablar, que, por lo visto, era una fémina.
Las llamas negras comenzaron a consumir gran parte de los árboles a una velocidad excesiva, provocando un incendio infernal que nadie iba a poder apagar.
—¡Sasuke!
—vociferó Naruto—.
¿Qué crees que estás haciendo?
¡Ahora el bosque va a quemarse por completo y con nosotros incluidos!
Pero Sasuke no respondió, tomó a Naruto de la mano y activó el Susanoo, haciendo que los lengüetazos de las llamas negras no fueran capaces de tocarlos.
—Espera, ¿lanzaste el Amaterasu hacia la chica que habló hace unos momentos?
—preguntó Naruto en el instante que Sasuke tiró de él para resguardarlo en el aire, dentro del Susanoo.
—Yo no confío en nadie que no seas tú, Naruto.
Y aunque estemos aquí en una misión, voy a priorizar nuestras vidas ante cualquiera—respondió Sasuke, tajante—.
Además, no me interesa saber lo que esa mujer dijo hace un momento y es probable que sea una enemiga de esa aldea que solo quiere causar más conflicto usándonos a nosotros como carnada.
Naruto se estremeció.
A veces le irritaba no ser muy listo como Sasuke, ya que, no se había puesto a pensar esa posibilidad de que la mujer que se había acercado sin dar cara, quería utilizarlos como peones en su juego.
No te sientas inferior al Uchiha.
No lo eres, solamente que él es muy perspicaz y tú eres listo, pero de manera lenta.
Naruto casi se rio por el comentario de Kurama dándole ánimos.
—¿Cómo vas a apagar las llamas negras?
—quiso saber Naruto cuando Sasuke frunció el ceño, mirando a través de su Rinnegan el punto donde había estado esa mujer, que debía estar carbonizada en las llamas.
No obstante, de la misma manera en la que Sasuke hizo aparecerlas, se extinguieron sin dejar rastro y ni siquiera la naturaleza fue lastimada.
—Eso fue impresionante, Sasuke, gracias… —No fui yo—carraspeó el pelinegro—.
Fue esa mujer.
Señaló con la barbilla a la dueña de aquella voz que les había hablado.
Naruto siguió la dirección de su rostro y encontró a una fémina, de pie, debajo de ellos, mirándolos con la cabeza ladeada y una sonrisa torcida.
La mujer no parecía afectada en lo absoluto por lo que acababa de ocurrir.
Ni el Amaterasu, ni el chakra abrumador de Sasuke, ni siquiera la presencia del Susanoo parecían inquietarla.
A simple vista, no debía tener más de veinte años, pero había algo en su mirada que no coincidía con su juventud.
La mujer estaba ahí… y era un error dentro de ese mundo.
No había en ella ni una sola pizca de luna como el resto de los aldeanos.
Mientras todo a su alrededor parecía apagado, frío y contenido, ella era intensidad pura.
No reflejaba la luz… la desafiaba.
Su piel tenía un tono cálido, vivo, como si hubiese sido besada por el sol demasiadas veces.
No era la palidez silenciosa de los aldeanos, sino algo que respiraba, que ardía.
Incluso bajo la tenue claridad del lugar, parecía emitir su propio resplandor, tenue pero constante… incómodo para ese entorno.
Su cabello caía en una melena indomable, oscura con destellos rojizos y dorados, como brasas escondidas entre sombras.
No era liso ni ordenado: era salvaje.
Se movía con el viento como si tuviera voluntad propia, negándose a seguir la calma antinatural de este sitio.
Pero eran sus ojos los que rompían todo.
Ámbar.
No un ámbar suave… sino encendido.
Como fuego contenido, como si dentro de ellos hubiera algo que jamás se apaga.
No eran profundos ni etéreos como los de la aldea lunar.
Eran directos.
Crudos.
Demasiado vivos.
Y cuando se posaron sobre Naruto… se suavizaron apenas un segundo.
Pero al deslizarse hacia Sasuke, se afilaron.
No hizo falta activar ningún dōjutsu para que el mensaje fuera claro.
Lo estaba midiendo.
Evaluando.
Como si decidiera, en ese mismo instante, si él era una amenaza… o algo que debía eliminar.
Y lo más perturbador de todo era que su chakra no estaba.
Es decir, Naruto, incluso en modo sabio, no sentía absolutamente nada.
Era como mirar a alguien que no debería existir, y ni siquiera podía ser una reanimada del Edo Tensei porque era imposible.
Y eso… era peor que cualquier presencia abrumadora.
Vestía un kimono, sí, pero parecía casi una burla.
La tela, de tonos cálidos —rojizos, anaranjados, con bordes dorados— contrastaba violentamente con los colores apagados de la aldea.
El obi estaba flojo, mal ajustado, como si lo llevara solo por costumbre y no por respeto.
Las mangas recogidas dejaban ver sus brazos, marcados, firmes… no delicados.
Tenía joyas doradas en forma de sol y un peculiar tatuaje en el centro de su estómago de un sol ardiente.
Era alguien que peleaba.
Y ganaba.
Su postura era relajada, pero no descuidada.
Era la calma de alguien que sabe perfectamente lo que puede hacer… y no necesita demostrarlo.
Entonces sonrió todavía más.
Y no fue una sonrisa bonita.
Fue peligrosa.
Lenta.
Ladeada.
Cargada de intención.
—Así que tú eres Naruto Uzumaki… —murmuró, con una voz cálida pero afilada, como una caricia que podría cortarte—.
Pensé que serías más difícil de encontrar.
El agarre invisible de la tensión se cerró en el ambiente.
Porque no les estaba hablando a ambos.
Solo a él.
Sus ojos volvieron a Sasuke, esta vez sin disimulo alguno.
Y en ellos no había miedo.
Había advertencia.
—Y tú… —añadió, inclinando apenas la cabeza, como si lo analizara desde arriba aunque estuvieran a la misma altura—debes ser el problema y yo detesto los problemas.
No levantó la voz.
No se movió.
No hizo absolutamente nada.
Pero por primera vez desde que apareció… El aire se volvió hostil.
No como la luna.
Sino como el sol en su punto más alto: Abrumador.
Implacable.
Y peligrosamente vivo.
Sasuke no necesitó más.
No después de esa mirada.
No después de esa forma en la que ella se dirigió únicamente a Naruto… como si él no existiera.
El Sharingan giró con violencia y el Susanoo se esfumó para poder concentrarse en la mujer y en el próximo ataque.
—Apártate, Naruto.
No fue una sugerencia.
Fue una advertencia.
Pero Naruto no se movió.
—Espera, Sasuke, ella… —balbuceó el rubio, confundido.
—No —cortó, seco, sin apartar la vista de la mujer—.
No confío en ella.
La sonrisa de la chica se ensanchó apenas.
Como si eso… le divirtiera.
—Qué curioso —murmuró—.
Yo tampoco confío en ti.
El aire se tensó.
Y en el siguiente segundo, Sasuke hizo el primer movimiento.
—¡Amaterasu!
Las llamas negras aparecieron de la nada, devorando todo a su paso, lanzándose directamente hacia ella con esa voracidad imparable que había acabado con incontables enemigos.
—¡¿Sasuke?!, ¡¿qué haces?!
—Naruto entornó los ojos.
Pero la mujer… Ni siquiera se movió.
No esquivó.
No retrocedió.
No hizo sellos.
No invocó nada.
Solo alzó la mano.
Y chasqueó los dedos.
El sonido fue seco.
Claro.
Definitivo.
Y entonces… El Amaterasu se detuvo.
No se apagó de golpe.
No fue repelido.
Simplemente… dejó de existir.
Como si nunca hubiera sido invocado.
El bosque no se quemó.
El aire no ardió.
No quedó rastro alguno de las llamas negras.
Un silencio pesado cayó sobre el lugar.
Naruto sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
Eso no era normal.
Eso no era posible.
Ni siquiera Sasuke pudo ocultarlo.
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Qué hiciste?
Ella bajó la mano con calma, como si nada hubiera pasado.
—Te ahorré esfuerzo.
Entonces dio un paso al frente.
Y otro.
Y otro más.
Acercándose sin miedo.
Entrando directamente en el rango de ataque de Sasuke… como si lo desafiara a intentarlo otra vez.
—Mi nombre es Akane —dijo finalmente, deteniéndose a unos metros de ellos.
Naruto tragó saliva.
Akane.
Le quedaba demasiado bien.
—Y antes de que lo intentes otra vez —añadió, ladeando la cabeza—, déjame aclararte algo, Uchiha… —Sus ojos brillaron.
No con chakra.
No con un dōjutsu.
Sino con algo más primitivo.
Más… absoluto—.
La luna no tiene ningún poder sobre mí.
Sasuke frunció el ceño.
Activó el Rinnegan.
El Susanoo comenzó a formarse nuevamente y con más fuerza, envolviéndolos en su estructura colosal, mientras la presión del chakra aumentaba de forma brutal.
—Entonces muéstrame qué eres.
Akane suspiró.
Como si aquello ya le aburriera.
—Eres demasiado obstinado… —murmuró.
El Susanoo alzó la espada.
La intención asesina era clara.
Pero antes de que el golpe descendiera, Akane levantó la mirada.
—Y Demasiado lento—.
Sonrió la chica.
No hubo impacto.
No hubo ningún choque.
No hubo explosión.
El Susanoo… se deshizo.
Así.
Sin más.
Como arena desvaneciéndose en el aire.
Sasuke dio un paso atrás.
Por primera vez… Retrocedió.
El Rinnegan seguía activo.
El Sharingan también.
Pero su chakra… Naruto lo sintió.
O mejor dicho… Dejó de sentirlo correctamente.
Era como si algo lo estuviera “apagando”.
Como si la presencia de Akane… negara todo lo que él hacía.
—¿Qué demonios eres…?
—gruñó Sasuke, esta vez con una tensión real en la voz.
Akane lo observó en silencio unos segundos.
Luego desvió la mirada hacia Naruto.
Y su expresión cambió apenas.
Más suave.
Pero no menos intensa.
—Alguien que no pertenece a este lugar —respondió finalmente—.
Ni a su luna… ni a sus mentiras.
Volvió a mirar a Sasuke.
Y esta vez, no había burla.
Solo una advertencia clara.
—Y si vuelves a atacarme… —su voz bajó, peligrosa— no voy a limitarme a apagar tus técnicas.
El silencio volvió a caer.
Pesado.
Expectante.
Porque por primera vez desde que había comenzado todo… Sasuke Uchiha no tenía el control.
Y Naruto estaba justo en medio de algo mucho más grande de lo que había imaginado.
—¿De dónde eres y qué clase de poder usaste para suprimir el ataque y gran parte del chakra de Sasuke?
—preguntó Naruto, a la defensiva y frunció el ceño—.
¿Y cómo sabes quiénes somos?
La chica de ojos ámbar saltó de rama en rama hasta colocarse en la cima de uno de los árboles más altos y se situó muy cerca de Naruto sin dejar de sonreírle.
El rubio advirtió que de su piel salía ligeramente hilillos de humo, pero ella parecía estar tranquila.
—Tu piel está ardiendo… —murmuró Naruto, perplejo.
—Estoy recargando mi chakra—respondió ella con dulzura—.
Soy lo contrario a esos aldeanos lunares.
—¿El sol te da fuerzas?
—interrumpió Sasuke con aspereza.
A pesar de estar a solo unos pasos de Naruto, la fémina era imponente y él se debatió en acercarse más o quedarse a cierta distancia, ya que había tenido que sostenerse de la copa de un árbol en el momento que el Susanoo había desaparecido y Naruto había activado su modo sabio.
Ella volteó a verlo como si de un bicho repugnante se tratase.
—El sol es vida, Uchiha, pero creo que esa palabra no tiene ningún significado para ti, puesto que, te la has pasado arrebatándosela a las personas en los últimos años, ¿no?
El aire se volvió pesado.
Denso.
Como si las palabras de Akane hubieran caído con más peso de lo que deberían.
Sasuke entrecerró los ojos.
No respondió de inmediato… pero su chakra se agitó, inestable, como si esa simple frase hubiera tocado algo más profundo de lo que estaba dispuesto a mostrar.
Naruto lo sintió.
Y por primera vez desde que apareció aquella chica… No sabía de qué lado ponerse.
—No sabes nada de mí —murmuró Sasuke finalmente, con la voz baja, peligrosa.
Akane soltó una risa suave.
No burlona.
Peor.
Condescendiente.
—Sé lo suficiente.
El viento sopló entre los árboles, levantando mechones de su cabello ardiente.
Los finos hilos de calor que escapaban de su piel se hicieron más visibles por un segundo, como si su cuerpo estuviera conteniendo algo mucho más grande.
Naruto frunció el ceño.
—Entonces responde —insistió—.
¿Quién eres realmente?
Akane lo miró.
Y esa vez… no sonrió de inmediato.
Lo observó con una intensidad distinta.
Más profunda.
Más… personal.
—Alguien que no debería existir en este lugar —dijo al fin—.
Igual que tú.
—¿Qué significa eso?
—Naruto se tensó.
Pero ella ya no lo estaba mirando.
Sus ojos volvieron a Sasuke.
Y esta vez no había desprecio.
Había amenaza.
—Si sigues usando ese poder aquí… —su voz bajó apenas, volviéndose más seria— vas a llamar la atención de cosas que ni siquiera tú puedes destruir.
El silencio cayó otra vez.
Incluso el bosque parecía haber dejado de moverse.
—¿De qué estás hablando?
—gruñó Sasuke.
Akane sonrió de nuevo.
Pero esta vez… no era para él.
Era para Naruto.
—Si quieren respuestas… —dijo, retrocediendo un paso sobre la rama, como si el vacío no significara nada— tendrán que seguirme.
El calor a su alrededor se intensificó un instante.
Luego, simplemente desapareció.
No como un ninja.
No como un movimiento rápido.
Simplemente… dejó de estar.
—No la siento… —Naruto abrió mucho los ojos, consternado.
Ni un rastro de chakra.
Nada.
Como si jamás hubiera estado ahí.
Sasuke apretó los dientes.
No tenía forma de rastrear a alguien.
Naruto miró en la dirección en la que había desaparecido.
Su pulso se aceleró.
No por miedo.
Sino por algo que no lograba entender.
—Tenemos que seguirla —murmuró.
Sasuke no respondió.
Pero esta vez… No lo contradijo.
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