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Dos Sombras y Un Sol -Fanfic SasuNaru - Capítulo 24

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24: Capítulo 23 24: Capítulo 23 Aunque ya habían decidido ir tras ella, había solo un pequeño gran detalle: ¿Cómo la encontrarían si no percibían su chakra?

—No me agrada en absoluto esa mujer, pero tampoco pienso quedarme de brazos cruzados sin saber a qué se refería con “cosas que ni siquiera yo puedo destruir”, ¿acaso no sabe que gracias a nosotros no fue el fin del mundo?

—Algo me dice que ella sabe más de lo que parece, Sasuke.

Y eso es un enorme peligro para todos, incluyendo a la aldea lunar.

—Si ella representa un peligro para los aldeanos lunares es porque proviene de un sitio más grande y poderoso que el suyo—acotó Sasuke—.

Y dadas las circunstancias, no tenemos información de que exista otra aldea más que no ha sido explorada por los shinobi.

Naruto saltó a tierra firme y Sasuke lo siguió.

Ambos desactivaron sus poderes para recuperarse mentalmente de lo que había ocurrido.

¿Por qué no podían tener un momento de paz?

Habían sucedido tantas cosas en tan pocas horas.

—Voy a mandar un mensaje a Konoha sobre los acontecimientos—.

Anunció Sasuke e invocó a un ave mensajera mientras escribía rápidamente en un trozo de pergamino que tenía dentro del kimono y tinta con una pluma de la propia ave.

Tras cinco minutos, la lanzó al aire y el ave desplegó las alas en dirección a la aldea de Konoha con el mensaje de Sasuke.

—¿Qué pusiste en el mensaje?

—Que es probable que haya una aldea opuesta a la lunar, que usa el poder del sol para su chakra y que vamos en búsqueda de una chica procedente de ese lugar inexplorado que nos atacó—respondió Sasuke—.

También pedí refuerzos si en caso no tienen noticias de nosotros en tres días.

—Muy bien, Sasuke, entonces vamos detrás de ella… —No sabemos qué camino tomar—dijo el pelinegro—, pero creo saber hacia dónde se dirige.

—¿A dónde?

—Naruto frunció el ceño.

—Si el sol la llena de energía, entonces su aldea o donde ella vive debe estar muy cerca del horizonte—.

Explicó, señalando las montañas por donde salía el sol, que estaba en dirección opuesta a la aldea lunar.

—¡Excelente, Sasuke!

—sonrió Naruto con emoción genuina, pero pronto dejó de sonreír—.

Oye, ¿y qué pasará con Tsukiya y los ancianos de esa aldea?

—Volveremos después, primero debemos descubrir si esa mujer en serio pertenece a una aldea opuesta a la lunar o solamente ejecutó algún truco para neutralizar mis ataques porque ni siquiera Madara Uchiha fue capaz de hacer algo así.

—El mundo parece que resintió demasiado la sobrecarga de Kaguya y su nivel de poder—comentó Naruto, sulfurado—.

No me sorprendería que de pronto aparezcan más aldeas donde sus habitantes tengan influencias con las estrellas o los meteoritos, de veras.

—No te preocupes, de eso se encargarán los Kages, vámonos—.

Dijo Sasuke y sin esperar a que Naruto lo siguiera, lo tomó de la mano con la misma confianza—.

Ahora que estás conmigo de verdad, no voy a permitir que te toquen.

Naruto tragó saliva.

Naruto, es mejor que pienses en como vas a defenderte si en caso esa mocosa del sol intenta robarte tu chakra como los de la aldea lunar.

El tema de Sasuke es inferior en comparación a lo que te vas a enfrentar.

Ten cuidado y no te separes del Uchiha porque él es el único que podrá protegerte si en caso yo soy neutralizado.

El rubio no protestó y dejó que Sasuke lo guiara tomados de la mano a través del bosque en dirección a las montañas donde salía el sol cada día.

Poco a poco se fueron acercando a ese sitio y lo miraban relativamente más lejos a medida que avanzaban.

A pesar de la incertidumbre, Naruto no pudo evitar sentirse seguro mientras sostenía la mano de Sasuke y lo mejor de todo es que él era el que tomaba la iniciativa.

¿Y si se daba la oportunidad de salir con él?

¿Qué pasaría?

¿Qué dirían sus amigos de Konoha?

O peor aún, ¿qué haría Sakura-chan si se enteraba que Sasuke nunca le iba a corresponder sus sentimientos?

Y de pronto se puso lívido… ¿Y Gaara?

¡¿Qué iba a pensar Gaara?!

Si gracias a él aprendió a besar con lengua de por medio.

La mano de Sasuke se tensó y aminoró el ritmo, señal de que algo andaba mal o había visto a Akane.

Naruto miró al frente y en efecto, estaba esa chica esperándolos sobre la rama de un árbol, justo en una posición donde los rayos del sol le llegaban en todo el cuerpo, haciendo que el vapor continuara saliendo de su piel de una manera extraña.

Ella abrió un ojo y esbozó una sonrisa para después saltar a la rama que estaba frente a ellos.

Sasuke frenó de golpe, colocando a Naruto detrás de él.

—No pensé que fueran tan listos como para saber ubicarme sin tener un rastro el cual seguir—bromeó ella.

—Llévanos a tu aldea—.

Ordenó Sasuke.

Pero ella dejó de sonreír y miró al pelinegro con un profundo desprecio.

Naruto notó que esa misma mirada era la que Gaara le lanzaba a Sasuke cada que lo tenía enfrente.

Era la mirada que Naruto tanto conocía y repudiaba porque estaba cargada de desprecio y asco.

—Escucha, Akane, no queremos pelear, simplemente tenemos curiosidad porque no teníamos idea de que existían dos aldeas que se rigen por el sol y la luna—interpuso Naruto, soltando sutilmente la mano de Sasuke, pero el pelinegro volvió a agarrársela de manera territorial para que no se apartara de él—.

Es una misión que nos encomendó el Hokage.

—Comprendo.

Entonces, síganme, pero debo advertirle al Uchiha que no toleramos la arrogancia y la oscuridad que lleva dentro, así que será mejor que se calme y mida sus palabras.

Naruto volteó a ver a Sasuke y este hizo una mueca de fastidio y ruborizándose, asintió, estando de acuerdo en comportarse.

—No te preocupes.

Todo estará bien, de veras—le aseguró Naruto.

—En ese caso, vengan conmigo—.

Añadió la chica, emocionada y comenzó a saltar sobre las ramas en la misma dirección a las montañas.

El mundo cambió sin previo aviso después de unos diez minutos corriendo detrás de ella.

No hubo transición ni desplazamiento perceptible.

Un segundo estaba en el bosque marcado por la influencia de la luna… y al siguiente, el aire era distinto.

Más cálido.

Más denso.

Más vivo.

Naruto fue el primero en notarlo y alzó la mirada apenas cruzaron el umbral oculto entre las montañas, y lo primero que atrapó su atención no fue el calor extraño que le envolvía el cuerpo… sino aquel símbolo.

Estaba tallado en la roca, enorme, como si hubiera sido grabado por algo más antiguo que cualquier aldea que conociera.

Un círculo incompleto, abierto en la parte inferior, como un sol que se negaba a desaparecer del todo.

Naruto frunció ligeramente el ceño, inclinando la cabeza, porque no parecía un sol común… había algo raro en él.

En el centro, la figura ardía.

No literalmente… pero casi.

El disco solar estaba dividido, como si algo lo hubiera partido desde dentro.

La parte superior parecía viva, con bordes irregulares que se extendían como llamas en pleno rugido, mientras que la inferior se desvanecía, tenue, como si estuviera a punto de extinguirse… o de renacer.

Naruto entrecerró los ojos.

—Se siente… —murmuró para sí mismo.

No era solo un dibujo.

Era un símbolo o un emblema de la aldea.

Alrededor del sol, unas formas curvas giraban en espiral.

No eran rayos como los que él conocía, sino algo más fluido… más elegante.

Como fuego que danzaba con intención propia.

Como si ese símbolo no estuviera quieto, sino respirando.

Y entonces lo notó.

Una línea.

Fina.

Diagonal.

Atravesando todo el emblema como una cicatriz.

Naruto sintió un ligero cosquilleo en la piel, casi imperceptible, pero suficiente para hacerlo tensarse.

No sabía por qué… pero esa línea no estaba ahí por estética.

Era… un límite.

Una división.

Instintivamente, su mirada se endureció un poco.

Desde donde estaba, el símbolo parecía un sol.

Pero mientras más lo observaba… más le daba la sensación de que lo estaban observando a él.

Naruto tragó saliva suavemente, sin apartar la vista.

—No es solo un emblema… —pensó.

Era como si la aldea entera hablara a través de él.

Como si estuviera evaluando quién era digno de permanecer… y quién no.

Su pecho se expandió sin que pudiera evitarlo, como si por fin pudiera respirar con normalidad después de haber estado conteniéndose durante demasiado tiempo.

El chakra dentro de su cuerpo dejó de sentirse pesado, extraño o invasivo.

Ya no había esa sensación incómoda que lo arrastraba hacia algo desconocido.

Fluía.

Natural.

Armonioso.

Sus ojos azules se abrieron con sorpresa mientras miraba a su alrededor, procesando aquella sensación que no le resultaba ajena… sino todo lo contrario.

Era como volver a casa.

—Esto… —murmuró, casi para sí mismo.

No dolía.

No confundía.

No lo alteraba.

Era estabilidad pura.

Pero detrás de él, Sasuke se detuvo en seco.

El sonido fue bajo, pero suficiente para romper el momento.

Naruto giró de inmediato, y lo que vio le heló la sangre.

La respiración del Uchiha era irregular.

Había llevado una mano a su pecho, apretando la tela de su kimono con fuerza mientras su chakra comenzaba a agitarse de una forma completamente distinta a lo que había ocurrido antes.

No estaba siendo suprimido.

Se estaba desbordando.

—¿Sasuke?

—preguntó Naruto, alarmado.

El Sharingan se activó por puro reflejo, girando con una inestabilidad casi imperceptible.

Sus pupilas temblaron apenas mientras fruncía el ceño con fuerza.

—Este lugar… —murmuró entre dientes, tensando la mandíbula— es molesto.

No era el calor.

No era el ambiente.

Era algo más profundo.

Como si su propio cuerpo no pudiera contener lo que estaba ocurriendo dentro de él.

Akane, que caminaba unos pasos por delante, no se detuvo.

—No es el lugar —dijo con calma—.

Eres tú.

Naruto alzó la vista.

Y entonces lo vio.

La aldea no estaba oculta en un valle, ni sumergida en sombras como la lunar.

Se elevaba entre montañas colosales que se abrían hacia el horizonte como si custodiaran algo sagrado.

Los picos formaban una barrera natural imposible de atravesar desde el exterior, y el aire mismo parecía distorsionarse en la entrada, como una ilusión térmica que ocultaba completamente su existencia.

Era un santuario.

Un lugar que no debía ser encontrado.

La luz del sol nacía justo frente a ellos, bañándolo todo sin resistencia.

No había sombras dominantes, ni reflejos fríos.

Todo estaba cubierto por tonos cálidos: dorados, rojizos, anaranjados que parecían vibrar con vida propia.

Las construcciones eran diferentes a cualquier otra aldea que Naruto hubiera visto.

No eran uniformes ni apagadas, sino orgánicas, hechas de materiales que parecían absorber y reflejar la luz al mismo tiempo.

Telas colgaban entre las estructuras, moviéndose con el viento, generando destellos suaves que daban la sensación de que todo el lugar respiraba.

Y no había silencio.

Había sonido.

Viento.

Movimiento.

Vida.

Naruto avanzó un paso sin darse cuenta, atraído por aquella energía que no lo repelía… sino que lo acogía.

Pero entonces los vislumbró.

Los aldeanos.

Se movían entre las construcciones con una presencia completamente distinta a la de los habitantes de la aldea lunar.

Sus pieles tenían tonos cálidos, vivos, bañados por el sol.

Sus ojos brillaban con intensidad en gamas ámbar, miel, rojizas… no vacíos, no distantes.

Presentes.

Demasiado presentes.

Cada movimiento que hacían parecía tener intención.

No eran etéreos ni desconectados.

Eran reales.

Y cuando algunos de ellos se detuvieron al notar su presencia, sus miradas no se centraron en Naruto.

Fueron directamente a Sasuke.

El ambiente cambió.

Sasuke dio un paso atrás casi imperceptible.

Su chakra seguía agitándose, descontrolado, expandiéndose más de lo que podía contener.

Intentó estabilizarlo.

Naruto lo sintió.

Falló.

—Esto es una molestia —gruñó, pero su voz ya no era completamente firme.

El Rinnegan parpadeó.

Inestable.

—¿Qué te está pasando…?

— Naruto frunció el ceño, acercándose un poco más.

—Nada —respondió Sasuke de inmediato, seco, cortante, aunque su respiración lo traicionaba.

Akane finalmente se giró hacia ellos.

Sus ojos ámbar se posaron en Sasuke, y en ellos no había ni rastro de empatía.

—El sol no te rechaza —dijo—.

Te expone—.

El silencio que siguió fue pesado—.

Tú controlas tu poder a través de la contención… la oscuridad… el enfoque —continuó, con una calma casi irritante—.

Aquí no puedes hacer eso.

—Cállate—.

Sasuke apretó los dientes.

—Aquí todo crece… incluso lo que no quieres mostrar—.

La sonrisa de Akane fue leve.

Naruto tragó saliva.

No entendía completamente sus palabras, pero podía sentir que había algo de verdad en ellas.

Porque mientras Sasuke luchaba por mantenerse firme… Él se sentía mejor que nunca.

Ligero.

Claro.

Tranquilo… Como en casa.

Su chakra fluía sin esfuerzo, expandiéndose de una manera natural, sin presión, sin interferencias.

No necesitaba forzarlo, no necesitaba concentrarse demasiado.

Era como si el entorno respondiera a él.

Como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar.

Akane lo observó entonces.

Y por un breve instante, su expresión cambió.

Algo más suave.

Más… curioso.

—Interesante… —murmuró.

El viento sopló entre las montañas, cálido, envolvente, levantando ligeramente su cabello oscuro con destellos dorados y rojizos.

Los finos hilos de calor que escapaban de su piel se hicieron visibles una vez más, como si su cuerpo estuviera en constante combustión contenida.

La luz del sol comenzó a elevarse lentamente en el horizonte.

Y por un instante, todo brilló.

Naruto entrecerró los ojos, sintiendo cómo esa luz no lo dañaba… sino que lo fortalecía.

Sasuke, en cambio, los cerró con fuerza.

Y Akane… Sonrió.

—Bienvenidos a La Aldea del Crepúsculo Ardiente… el lugar donde incluso el sol duda en marcharse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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