Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Dos Sombras y Un Sol -Fanfic SasuNaru - Capítulo 28

  1. Inicio
  2. Dos Sombras y Un Sol -Fanfic SasuNaru
  3. Capítulo 28 - 28 Capítulo 27
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

28: Capítulo 27 28: Capítulo 27 —¡Apártate, Naruto!

—gritó Sasuke cuando Naruto aun lo tenía sobre sus piernas.

El rubio en su desesperación, no se dio cuenta que el Rinnegan se había activado junto con su Sharingan y el Susanoo se había formado de manera irregular sobre el pelinegro, dispuesto a atacar a Naruto con su espada colosal, y casi a punto de destruir la habitación.

Y antes de que Naruto lograra conseguir moverse, Sasuke lo alejó con ayuda del Rinnegan, enviándolo hasta el otro lado de la recámara.

—¡Sasuke!

¡Espera…!

Pero el joven Uchiha se levantó dando traspiés en dirección a la ventana para no hacerle daño a nadie, especialmente a Naruto.

La puerta se abrió bruscamente y entraron Akane y su padre con el rostro pálido y la mirada desconcertada.

Pero para alivio de Naruto, Akane saltó por encima de la cama y alcanzó a Sasuke, y a pesar de que el Susanoo no había alcanzado su tamaño original, podía herir de muerte a cualquiera, no obstante, la chica no pareció temerle y con solo estirar la mano hacia el pelinegro, suprimió el enorme poder del Susanoo como cuando disolvió el Amaterasu sin problemas.

Sasuke se tambaleó cuando quedó sin su poder y estuvo apunto de caer de bruces hacia el primer piso, pero Naruto corrió a sujetarlo y Akane le colocó rápidamente el pañuelo alrededor de sus ojos.

El pelinegro perdió el conocimiento y comenzó a tener fiebre que lo hizo jadear en medio de la inconsciencia.

Naruto lo cargó hasta colocarlo sobre la cama y miró a Akane y a su padre.

—¿Qué ocurrió?

¿Por qué no tenía el pañuelo con el sello?

—gruño Enma con desdén.

—Sasuke se lo quitó un rato mientras comíamos y todo estaba bien, pero de repente volvió a sucumbir a la oscuridad.

El líder de la aldea apretó la mandíbula y se llevó la palma de su mano a la frente.

—Aunque él diga que siente que todo está bien, no debe quitársela, ¿de acuerdo?

No hasta que el sol se haya ocultado—.

Ordenó Enma—.

Y mucho menos si no ha empezado a entrenar para controlar su oscuridad.

Naruto observó a Sasuke que hacía muecas de incomodidad incluso teniendo el sello en su cabeza.

—¿Él va a mejorar?

—preguntó Naruto.

—Depende de él—.

Respondió Akane.

Los ojos azules del joven se volvieron a postrar en Sasuke.

¿En qué momento habían llegado hasta ese punto?

Habían logrado derrotar a una diosa y ahora tenían que competir contra el sol y la luna y evitar que les robara el chakra hasta la muerte.

—¿Puedo ayudarlo para que no le cueste tanto controlar su oscuridad?

—quiso saber el rubio, cada vez más angustiado.

Enma Taiyō dio un paso adelante, haciendo vibrar el suelo, pero a Naruto nada le podía asustar más que ver empeorar a Sasuke.

—Has ayudado demasiado a ese joven, Naruto Uzumaki, incluso te has enfrentado a todas las naciones para que no fuese cazado y asesinado, pero en este momento, ni tus suplicas ni tu amor por él puede salvarlo contra lo que aun lleva en su interior.

Puede que haya desistido de ser un criminal, pero el odio sigue dentro de él y si no lo saca de su organismo, morirá más rápido de lo que te imaginas.

Naruto apretó los puños, incapaz de replicar.

Él siempre tenía algo que decir, pero en esa ocasión se quedó en silencio.

Ese líder sabía demasiado y comprendía la razón por la cual guiaba a esa aldea con su sabiduría.

—Déjalo descansar y ven conmigo, Naruto—.

Akane extendió la mano hacia él con seriedad—.

No puedes hacer nada ahora, solo esperar a que se recupere del exceso de chakra que sufrió.

A regañadientes, se vio obligado a hacerle caso a la hija del líder.

Le aceptó la mano sin apartarle la mirada a Sasuke que yacía recostado en la cama, sufriendo en la inconsciencia.

Enma se quedó un rato más en la habitación con el pelinegro para observarlo detenidamente e intentando comprender la complejidad de su persona.

No percibía maldad absoluta en su interior, pero tampoco había bondad.

Era una mezcla de oscuridad y luz, en la que, dependiendo sus emociones y sentimientos, predominaba más una de las dos partes, y tal parecía que la única persona que podía manipular esa oscuridad y luz, era Naruto Uzumaki, nadie más.

Y lo sabía porque parte de su poder natural era poder ver a través de las personas que tenían oscuridad en su alma y Naruto Uzumaki irradiaba demasiada luz que no era necesario intentar indagar en su interior.

Por otra parte, Akane condujo a Naruto fuera de esa casa.

Miró de reojo como el rubio admiraba a su alrededor sin tener la menor intención de soltar su mano y ella se sintió feliz por primera vez en bastante tiempo.

Él era luz, era cálido, era alegría y bondad, y aunque era un poco tonto, pero muy guapo.

—Ya casi oscurece, ¿me van a enseñar el método de protección?

—preguntó Naruto, emocionado, aunque un poco preocupado.

—Claro, en cuanto venga mi padre, comenzaremos, de hecho, los aldeanos van a comenzar a prepararse, ven—.

Respondió Akane, tirando de su mano para que la siguiera.

El sol poco a poco iba muriendo detrás de las montañas.

Naruto Uzumaki entrecerró los ojos mientras el último rayo naranja desaparecía, como si alguien lo hubiese apagado a la fuerza.

No era un atardecer normal… era demasiado rápido.

Demasiado limpio.

—Oye… —murmuró, rascándose la nuca al soltar a Akane de la mano—.

¿Siempre anochece así aquí?

Akane no respondió de inmediato.

El viento se detuvo.

Literalmente.

Ni hojas.

Ni polvo.

Ni sonido.

Entonces lo vio.

En el centro de la aldea… el suelo comenzó a arder.

No fuego común.

No calor.

Era luz.

Roja.

Dorada.

Viva.

Un símbolo gigantesco se encendió como si siempre hubiera estado esperando ese momento.

—¿Qué… es eso?

—Naruto dio un paso al frente, instintivamente.

—No mires directamente mucho tiempo—dijo Akane en voz baja—.

No todos lo soportan.

Y… ocurrió algo increíble.

Los pilares alrededor del símbolo vibraron.

Un sonido grave, antiguo… como si la tierra misma respirara.

Y en medio de todo… apareció él.

Enma Taiyō No caminó.

Simplemente… estaba ahí.

De pie sobre el símbolo ardiente, con el pecho expuesto… y aquel tatuaje comenzando a brillar como un sol contenido bajo la piel.

Naruto sintió cómo su cuerpo reaccionaba antes que su mente.

Presión.

Instinto.

Peligro.

—Ese tipo… —susurró— …no es normal.

El chakra que posee ese hombre es totalmente radiante y cálido… Naruto se estremeció al escuchar a Kurama susurrar, como si estuviera en algún tipo de limbo o completamente anestesiado.

—Es parte del poder de mi padre—.

Akane bajó la mirada.

Silencio.

El cielo, que ya debía ser negro… no lo era.

Se estaba tiñendo de rojo.

Como si el atardecer se negara a morir.

Y de repente, la luna apareció.

Grande.

Fría y temeraria, observando en la lejanía.

Y en el momento en que su luz tocó el borde de la aldea… El símbolo explotó en brillo.

Enma alzó la mano.

Y el mundo… se detuvo.

El tatuaje en su pecho ardió con violencia, como si quisiera escapar de su cuerpo.

Sus venas se marcaron con luz dorada, subiendo por su cuello, extendiéndose como grietas en algo que estaba a punto de romperse.

—Está… conteniéndola—.

Naruto apretó los dientes.

La luz de la luna descendió… pero al tocar el límite del símbolo… se deformó.

Se quebró.

Como si chocara contra algo invisible.

El aire vibró.

Un sonido agudo cruzó la aldea… y por un segundo, sombras que no pertenecían a nadie se movieron.

Naruto lo vio.

Y supo que no debía verlo.

—¿Qué fue eso?

Akane no respondió.

Porque ella también estaba cambiando.

Sus ojos reflejaban la misma luz que su padre.

Su chakra… se estaba sincronizando.

Enma bajó lentamente la mano… pero su cuerpo tembló apenas.

Apenas.

Lo suficiente para que Naruto lo notara.

—No lo hace solo… —dijo, más para sí mismo que para alguien más.

Akane cerró los ojos.

Y el símbolo respondió.

El brillo se estabilizó.

La luna… retrocedió.

No físicamente.

Pero su presencia… se debilitó.

Como si hubiera perdido autoridad.

El cielo quedó atrapado en un eterno crepúsculo.

Rojo.

Silencioso.

Inquietante.

Naruto soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Ustedes no le temen a la luna —dijo finalmente, anonadado—.

Es más que eso, puedo sentirlo, de veras.

—No—.

Akane lo miró de reojo e hizo una pausa—.

La contenemos para que su luz no nos afecte porque ella es celosa, a comparación de nuestro cálido sol, que no intenta afectar a la aldea la luna cuando está en lo alto del cielo.

Naruto volvió a mirar al centro.

A Enma.

De pie.

Inmóvil.

Como una estatua… sosteniendo algo que nadie más podía ver.

Y por primera vez desde que llegó… Naruto Uzumaki sintió algo que no le gustaba admitir.

No miedo.

No exactamente.

Pero sí la certeza de que… si ese hombre fallaba, la noche no sería solo oscuridad, sino un caos imposible de detener.

El crepúsculo artificial titiló.

Apenas un segundo.

Pero fue suficiente.

—Eh… esto no debería pasar, ¿verdad?

—Naruto Uzumaki frunció el ceño de inmediato.

Akane no respondió.

Porque el símbolo… volvió a fallar.

La luz dorada se fragmentó como vidrio agrietado, dejando pasar un hilo delgado… pálido… de luz lunar.

Enma se tensó.No fue visible para cualquiera.

Pero Naruto lo vio.

Ese microsegundo en el que el líder… perdió el control.

—¿Qué… está pasando?

—la voz de Naruto bajó, instintiva.

Akane dio un paso atrás.

Sus ojos se abrieron apenas.

—No… no puede ser… Y sin previo aviso… lo sintió.

Naruto también.

Ese chakra.

Frío.

Silencioso.

Cortante como acero.

No venía del cielo.

Venía de la aldea.

Una figura emergió desde la sombra de un techo, como si siempre hubiera estado ahí, observando.

Sin prisa.

Sin ocultarse ya.

Sasuke Uchiha Sus ojos… reflejaban la luna.

No la luz.

La presencia.

—¡¿Sasuke?!

—Naruto giró de golpe.

Pero no hubo respuesta inmediata.

Sasuke levantó apenas la mirada hacia el cielo… y luego hacia Emma.Y en ese instante el símbolo colapsó un poco más.

El rojo se debilitó.

El dorado… parpadeó.

Como si algo lo estuviera anulando desde dentro.

—…entiendo —murmuró Naruto, apretando los dientes—.

Tú eres el problema.

Akane retrocedió otro paso.

—No… no es posible… —su voz tembló apenas—.

Él está interfiriendo con la resonancia… no debe ser así, le pusimos el sello en la venda sobre sus ojos… —.

Balbuceó Enma y bajó lentamente la mano.

No porque quisiera.

Porque ya no estaba funcionando igual.

La luz de su pecho… comenzó a descontrolarse.

Más intensa.

Más inestable.

Como un sol a punto de estallar.

—Te advertí… —la voz de Enma fue baja, profunda… pero ahora tenía filo—.

Que no te quitaras ese pañuelo de la cabeza.

Sasuke no se movió, pero sus ojos sí.

Se postraron en los de Naruto.

—No me lo quité por ti ni por nadie, fue por la luna.

Y como si hubiera lanzado algún tipo de Genjutsu con el Sharingan que había comenzado a girar, el cielo respondió.

La luna brilló más.

Más fría.

Más presente.

Como si reconociera a uno de los suyos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo