Dos Sombras y Un Sol -Fanfic SasuNaru - Capítulo 6
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6: Capítulo 5 6: Capítulo 5 En el camino, por más que corrieron por encima de los tejados de las casas, no pudieron evitar encontrarse con Rock Lee, Tenten, Ino y… ¿Gaara?, quienes estaban degustando unos deliciosos dumplings justo encima del nuevo rostro tallado de Kakashi en el muro de piedra de la aldea, junto con los demás Hokages.
—¡Naruto, Sasuke!
—les gritó Rock Lee con euforia, agitando la mano donde sostenía los dumplings.
—¡No podemos en este momento, cejotas, después!
—le gritó Naruto, saludándolo con la mano y sintió como Sasuke tiraba de él sutilmente con su nuevo brazo para que no se distrajera más de la cuenta.
A Naruto le pareció extraño ver a Gaara conviviendo con sus amigos, pero no pudo evitar sentirse feliz por ello, puesto que era una buena señal de que todos ya habían limado las asperezas como para sentarse a comer dulces sin problema.
—¿Cuándo se largará ese idiota del desierto?
—le escuchó preguntar a Sasuke al momento de entrar al edificio del Hokage.
—No tengo idea, pero ¿por qué preguntas, Sasuke?
—aguijoneó, divertido—.
Es como si no te agradara en lo absoluto.
Gaara es brillante y un buen amigo.
Sasuke no respondió y en su lugar, se apresuró a llegar primero a la oficina de Kakashi sin mirarlo.
Para cuando Naruto lo alcanzó, su amigo yacía recargado en la pared, esperándolo y Kakashi hojeaba unos pergaminos con aire cansado.
—Ah, ya estás aquí—dijo el Hokage, suspirando.
—La abuela Tsunade nos comentó que iban a adelantarnos la misión, Kakashi-sensei, ¿eso es verdad?
—Naruto fue al grano.
—Sí.
La prótesis de Sasuke fue compatible con su cuerpo y no se necesitó más tiempo para prepararla, así que mañana a primera hora saldrán en dirección a La Aldea de la Sombra de la Luna—explicó Kakashi con seriedad.
Abrió uno de los cajones del escritorio y sacó un pergamino enrollado—.
Sasuke, este es el mapa para que no se pierdan, ¿de acuerdo?
Se lo lanzó al Uchiha y en un ágil movimiento, lo alcanzó con su nuevo brazo, que estaba vendado por completo al igual que el de Naruto.
—¿Hay alguna otra cosa que debamos saber antes de partir?
—preguntó Sasuke, mirando de reojo a su compañero que miraba con el ceño fruncido al Hokage.
—Por más cómico y embarazoso que parezca, lo de fingir absolutamente amor entre ustedes dos es importante—sentenció Kakashi y tanto Naruto y Sasuke no percibieron diversión en su voz, sino todo lo contrario—.
Si ustedes llegan a flaquear, esas personas se darán cuenta y comenzarán a sospechar.
—Quiere que vayamos a esa aldea extraña y pasar desapercibidos, pero no nos ha dicho la razón en específico, Kakashi-sensei—acotó Naruto, preocupado.
El Hokage se llevó la palma de la mano a la frente y resopló.
—Naruto—dijo con sequedad—, quiero que reúnan información.
Cualquier cosa sospechosa, extraña o anormal, me sea notificada de inmediato—.
Y miró a Sasuke—.
Quiero que seas meticuloso al momento de enviarme la información, por favor.
Ninguno de ellos debe darse cuenta.
—Cuente con ello—respondió Sasuke.
Pero Naruto seguía con expresión preocupada.
—A ver, Naruto, dime ¿qué te preocupa ahora?
¿no te sientes capaz de esta misión?
—inquirió Kakashi.
—Es que… ¡Ay, no sé!
—titubeó Naruto, poniéndose rojo de vergüenza y moviendo los brazos a los costados de manera dramática—.
¿Sasuke y yo, tenemos qué besarnos frente a esas personas?
Porque nos hemos besado accidentalmente dos veces, pero… —¡Cállate!
¿Qué te pasa?
—vociferó Sasuke, encolerizado y con las mejillas, orejas y cuello sonrojados —.
¡Maldito… Usuratonkachi!
—Vaya, no esperaba que ustedes dos tuvieran ese secreto, ahora comprendo mejor las cosas—bromeó el Hokage, riéndose.
—¡No!
¡No es lo que piensas, de veras!
—se cubrió el rostro con las manos y escuchó a Sasuke resoplar detrás de él.
—Me largo.
A primera hora te veo en la entrada de la aldea—masculló Sasuke, abochornado—.
No llegues tarde, Naruto.
Y a los pocos segundos, abandonó la oficina, dejando a Naruto con Kakashi.
—¿En serio se besaron?
¿Cómo fue y por qué nunca me entere de eso?
—¡Kakashi-sensei!
No me hagas recordarlo—suplicó Naruto—.
Fueron dos accidentes distintos.
El Hokage sonrió y alzó las palmas de sus manos en muestra de rendición.
—Tranquilo, no necesito detalles; pero quiero que de verdad parezcan una pareja y nadie sospeche de ustedes, ¿de acuerdo?
—¡Lo haremos muy bien, de veras!
—alzó el pulgar, un poco más animado, aunque seguía ruborizado de las mejillas.
Kakashi observó a Naruto marcharse de ahí y se dio cuenta de un detalle: El rubio de ojos azules había dejado de decir su típica frase “De veras” poco después de que terminó la cuarta guerra ninja y curiosamente había vuelto a decirlo cuando recordó esos momentos del pasado con Sasuke.
—Interesante.
Ojalá tengan éxito en esa misión—dijo para sí mismo y volvió a sentarse detrás del escritorio para terminar de leer los pergaminos e intentar salir temprano de ahí.
Afuera del edificio del Hokage, Naruto saltó hacia los tejados en dirección a su casa, pero se detuvo abruptamente cuando escuchó la voz de Rock Lee detrás de él.
Sus amigos continuaban sobre la cabeza tallada de Kakashi-sensei en el muro de piedra, esperándolo, pero no solamente eran Rock Lee, Tenten, Ino y Gaara, sino que también Chouji, Shikamaru, Shino, Kiba y Hinata.
Solamente faltaba Sakura, pero ella había salido con Lady Tsunade y Shizune a una misión hacía un rato y Sasuke seguramente estaba en su casa.
—¡Naruto, acércate!
El recién mencionado esbozó una radiante sonrisa y cambió de rumbo.
Usó la técnica de clones de sombra para impulsarse lo suficiente y llegar hasta la cima.
Aterrizó a los pies de Gaara y este le brindó la mano para ayudarlo a levantarse.
Naruto se aferró a la fuerte mano del pelirrojo de la arena y se irguió.
—¿Qué hacen todos aquí, chicos?
—preguntó el rubio, emocionado.
—¡Escuchamos que vas a irte a tu primera misión y pensamos en ir a cenar para que tengas las fuerzas suficientes para pelear con todo el espíritu de la juventud!
—exclamó Rock Lee, con euforia.
—¿En serio?
¡Gracias, cejotas!
—agradeció Naruto.
—¿Qué te apetece comer, Naruto-kun?
—susurró Hinata, ruborizada.
—A mí me encanta el ramen de Ichiraku, de veras.
—No, Naruto, necesitas comer algo más fuerte, como chuletas de cerdo—replicó Chouji, saboreando el platillo imaginario.
—Sí, Naruto, no seas modesto.
Entre todos vamos a cooperar para la cena—añadió sabiamente Shikamaru.
—¿Y por qué no compramos la cena y comemos en casa de Naruto?
—propuso Shino.
—Sí, es una buena idea.
Podemos comprar de todo un poco—convino Kiba y Akamaru ladró con felicidad.
—Muy bien, entonces Shino, Kiba, Shikamaru y Chouji, vayan por la comida, mientras que nosotros—dijo Ino, señalando a Rock Lee, Tenten, Hinata y Gaara—vamos con Naruto a su casa para preparar la mesa, ¿les parece?
—Por supuesto—dijo Gaara—.
No tengo ningún problema en poner la mesa.
Rápidamente se dispersaron y el grupo de Naruto lo siguió en los tejados, para llegar más rápido.
El chico rubio jamás se había sentido tan feliz como en ese momento.
Si desde niño hubiera tenido amigos, tal vez todo habría sido menos doloroso y miserable en su corazón.
Aunque faltaba Sakura y Sasuke, sabía que nunca podría reemplazarlos porque fueron sus primeros mejores amigos.
Sin embargo, al que echaba de menos era a Neji.
Neji Hyuga resultó ser un héroe al dar su vida por él y sabía que nunca le alcanzaría la vida para agradecerle.
Cuando llegaron a su casa, a Naruto le dio vergüenza porque estaba desordenada.
—Eh, yo… —balbuceó, avergonzado ante el escrutinio de las chicas y especialmente de Gaara.
—Un poco de limpieza no caería mal en este lugar—observó Tenten.
—No te preocupes, Naruto-kun, te ayudaremos a limpiar antes de que vengan los demás—aventuró a decir Hinata con voz suave.
Rock Lee y Gaara se hicieron cargo de lavar los trastes, mientras que Ino, Tenten y Hinata se pusieron manos a la obra con las cosas que estaban tiradas por doquier.
Naruto se apresuró a levantar la ropa de su cama y a meterla en un cajón.
Arregló las sábanas y abrió las ventanas para ventilar la casa.
Las chicas mantuvieron la puerta principal de la casa abierta para que el polvo no se quedase oscilando en el interior mientras limpiaban.
—¿Comiste ramen dos veces en la mañana, Naruto?
—le preguntó Rock Lee cuando vio los dos tazones sucios.
—Ah, no.
Es que Sasuke vino a desayunar conmigo—le respondió Naruto, distraído.
Gaara se tensó y dejó caer un vaso de cristal que se hizo añicos.
—Lo siento, se me resbaló—se disculpó y se inclinó a recoger los trozos, pero Naruto ya estaba a su lado y lo agarró de la mano con suavidad.
—Tranquilo, yo lo hago—le sonrió.
—No, déjame hacerlo… —No te preocupes, Gaara, de veras—insistió y el Kazekage sintió como su corazón comenzaba a latir erráticamente ante su cercanía, ya que Naruto continuaba agarrándolo de la mano.
—¿Por qué Sasuke sí acepta comer contigo a solas y no con todos nosotros?
—se quejó Ino, de pésimo humor.
Naruto soltó a Gaara y recogió los pedazos del vaso para depositarlos en la basura.
—Vino a buscarme al mediodía porque me enseñó su nuevo brazo, similar al mío—respondió Naruto, restándole importancia—.
Y también porque Kakashi-sensei quería hablar con nosotros.
—¿Qué?
¿Lady Tsunade le colocó la prótesis antes de marcharse?
—Ino se sorprendió.
—Sí.
Le quedó muy bien, de veras—sonrió.
—Bien, ¿y cómo explicas que aceptó comer ramen contigo?
—aguijoneó la rubia.
—Simplemente le ofrecí ramen, se negó y como lo conozco, comencé a preparar para los dos y terminamos comiendo—se encogió de hombros, mirando a Tenten que luchaba contra la pila de basura—.
¡Déjame ayudarte!
Cuarenta minutos después, la casa quedó presentable y el comedor preparado para la cena.
—¡Ya estamos aquí!
—canturreó Chouji, saboreando una bolsa de frituras.
—Espero hayan preparado un lugar para alguien más—.
Inquirió Shikamaru, rascándose el cuello.
—¿De quién hablas, Shikamaru?
—preguntó Ino, ansiosa.
Kiba rodó los ojos al hacerse a un lado y Shino gruñó cuando no tuvo más opción que moverse del campo visual de todos para que vieran al otro integrante de la cena.
Sasuke Uchiha se mantuvo bajo el umbral de la puerta con expresión severa y huraña, buscando con la mirada a Naruto.
—¡Sasuke!
—exclamó el chico rubio, entusiasmado.
—Solo aceptó cuando le dijimos que era una cena en tu casa—le informó Shino a Naruto con desdén.
—Exactamente.
Nos había dejado parados como idiotas, pero se me ocurrió mencionarle que era una cena con Naruto y aceptó—rio Chouji, masticando alegremente una papa.
Shikamaru resopló y tanto él, Kiba y Shino depositaron las enormes bolsas de comida en medio del comedor.
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