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Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 64

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Capítulo 64: CÁPITULO 63 (T2):

Todo iba bien… hasta que un año después, la tragedia volvió a tocar la puerta.

Haru enfermó gravemente.

El diagnóstico, que había guardado en silencio durante meses, ya no pudo ocultarse más: cáncer.

Su cuerpo, debilitado por los años y el desgaste, comenzó a rendirse.

Cayó en cama.

Los días se volvieron lentos. Pesados.

Arika permanecía a su lado casi todo el tiempo. Cambiaba las sábanas, le daba agua, se aseguraba de que respirara con calma. Sus movimientos eran precisos, constantes.

Rain e Iris no se separaban de la habitación.

Rane lo visitaba con frecuencia. Probaban tratamientos, ajustaban medicinas… pero nada cambiaba realmente.

Solo estaban… esperando.

Hasta aquella noche.

El aire era distinto.

Más frío.

Más quieto.

Rane terminó de revisarlo. Su expresión lo decía todo.

Se quedó en silencio unos segundos.

Luego miró a Arika.

—Su corazón, está muy mal… no resistirá otra noche —dijo en voz baja—. Probablemente… se irá hoy.

Soleia cubrió su boca, incapaz de contener el llanto. Sus hombros temblaban mientras se acercaba a la cama. Tomó la mano de Haru con cuidado, como si temiera romperlo.

—No… —susurró—. Haru…

Haru abrió los ojos con dificultad.

La miró.

—No llores, Soleia… —murmuró con una leve sonrisa cansada—. A todos nos llega… en algún momento.

Soleia negó una y otra vez, sin poder aceptarlo.

—No… no digas eso… aún no…

Haru movió apenas la mano, como intentando tranquilizarla.

Luego alzó la mirada hacia Rane.

—Rane…

Rane se tensó al oír su nombre.

—Aquí estoy.

Haru lo observó en silencio unos segundos, como si reuniera fuerzas para hablar.

—Gracias… —dijo finalmente—. Por quedarte… todo este tiempo.

Rane apretó los dientes.

—No empieces con eso —respondió, con la voz quebrándose a pesar de su intento por mantenerla firme—. No tienes que agradecer nada.

Haru negó suavemente.

—Si no fuera por ti… —continuó— muchas cosas… habrían terminado antes.

Hizo una breve pausa para tomar aire.

—Fuiste… más que un amigo… como un hermano.

Rane bajó la cabeza.

Sus manos se tensaron lentamente hasta cerrarse en puños.

—Y tú fuiste un problema desde el primer día —respondió, intentando sostener una sonrisa—. Terco… imprudente…

Su voz se quebró apenas.

—Pero… no cambiaría nada.

Haru dejó escapar una leve risa, débil, casi inaudible.

Soleia apretó su mano con fuerza, temblando.

—No te vayas… —susurró—. Por favor… quédate un poco más…

Haru la miró.

Había algo suave en sus ojos. Algo definitivo.

—Lo siento… —murmuró—. Ya no puedo más.

El silencio cayó sobre ellos.

—Pero… me voy tranquilo.

Su mirada pasó de uno a otro.

—Porque sé que se cuidaran entre ustedes.

Rane frunció el ceño.

Haru movió ligeramente la mirada hacia Arika.

Rane lo entendió.

Y guardó silencio.

Soleia bajó la cabeza, incapaz de hablar.

Rane apoyó una mano firme sobre el hombro de Haru.

—Nos encargaremos de todo —dijo en voz baja—. No tienes que preocuparte.

Haru asintió apenas.

Sus ojos comenzaron a cerrarse… pero volvió a abrirlos una vez más.

—Gracias… —susurró—. A los dos.

El silencio cayó suavemente.

Rane retiró la mano con cuidado.

Luego colocó la suya sobre el hombro de Soleia.

—Debemos dejarlo descansar…

Soleia no se movió al principio.

Pero finalmente asintió, aun temblando.

Se inclinó un poco y apoyó la frente contra la mano de Haru por un instante.

Luego se separó.

Antes de salir, Rane se detuvo junto a la puerta.

Miró a Arika.

—Quédate con él.

Arika asintió.

Rane permaneció un segundo más.

Inmóvil.

Luego salió.

Soleia lo siguió.

La puerta se cerró suavemente.

El silencio llenó la habitación.

Haru respiró con dificultad.

—Arika… —dijo.

Ella se acercó un poco más.

—Estoy aquí.

Haru la miró.

Sus ojos estaban cansados, pero aún claros.

—Perdóname… —murmuró—. Ahora… te dejaré sola.

Arika negó levemente.

—No tengo nada de que perdonarlo.

Su voz fue tranquila. Sin quiebres.

—Gracias a usted… tuve un hogar. Aunque… para usted pudo haber sido difícil… estar con alguien como yo.

Haru dejó escapar una débil risa.

—Difícil… —repitió apenas.

Negó con suavidad.

—Antes de conocerte… mi vida era solo vacío.

Sus dedos buscaron los de ella.

—Contigo… volvió a tener sentido.

Tomó su mano con lo poco que le quedaba de fuerza.

—No eres extraña, Arika… —susurró—. Eres… alguien muy especial.

Una pausa.

—Nunca lo olvides.

Sus ojos se desviaron lentamente hacia los lados.

Rain estaba echado junto a la cama, inmóvil, como si comprendiera.

Iris permanecía de pie, sin apartarse ni un instante.

Haru alzó la mano con esfuerzo.

El movimiento fue débil… pero suficiente.

Sus dedos alcanzaron sus cabezas, acariciándolos con una ternura cansada, familiar.

—Gracias… —murmuró—. Mis viejos amigos…

Su voz tembló apenas.

—Fueron… la mejor compañía que pude haber tenido…

Rain dejó escapar un gemido bajo, arrastrándose un poco más cerca.

Iris inclinó la cabeza, rozando la mano de Haru, como si no quisiera que ese contacto terminara.

Los dedos de Haru se movieron una última vez entre su pelaje.

—Nunca me dejaron… —susurró—. Ni siquiera ahora…

Su mano comenzó a perder fuerza.

Pero no la apartó.

La dejó descansar sobre ellos.

Como si aún quisiera seguir sintiéndolos ahí.

Los perros gimieron suavemente.

Sin separarse.

Como si entendieran… que ese momento no volvería.

Haru tomó aire con dificultad.

Y entonces… volvió a mirar a Arika.

Su respiración era irregular, cada vez más débil.

—Si alguna vez te sientes perdida… —murmuró— recuerda la flor morada…

Sus ojos se entrecerraron.

—Es única… porque no es como las demás…

Sus dedos se aferraron levemente a la mano de Arika.

—Y aun así… es valiosa…

El aire se volvió más pesado en la habitación.

—Tú también… lo eres…

Arika no se movió.

—Y cuando llegue el momento en que veas eso en ti… —continuó con esfuerzo— no tengas miedo…

Una leve pausa.

—No estarás sola…

Su mirada vaciló por un instante, como si observara algo más allá de la habitación.

—Yo… ya no estaré aquí… pero encontrarás a alguien que se quede a tu lado… a pesar de todo…

Otra respiración, más débil.

—Tal como yo lo hice…

Un leve silencio.

—Ahora… podré encontrarlos…

Sus labios se curvaron apenas.

—Eleonora…

El nombre salió como un suspiro.

—Y Kwan…

El silencio se alargó.

Sus ojos, cada vez más pesados, comenzaron a cerrarse.

Y en ese último instante, mientras su conciencia se desvanecía, un pensamiento se formó con suavidad:

“Espérame un poco más… Eleonora… ya voy en camino.”

Su mano se relajó.

Su pecho dejó de moverse.

El silencio lo llenó todo.

Haru se había ido.

Rain dejó escapar un gemido bajo.

Iris se acercó más, apoyando la cabeza cerca de la cama.

El viento susurró contra la ventana.

Arika permaneció inmóvil.

Observándolo.

Sin emoción visible.

Sin moverse.

Como si el tiempo no avanzara para ella.

Hasta que una única lágrima descendió lentamente por su mejilla.

Sin alterar su expresión.

—Adiós… señor Haru.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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