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Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 67

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Capítulo 67: CAPÍTULO 66 (T2):

El pasillo estaba en silencio, apenas roto por el eco suave de sus pasos al bajar. Arika se apoyaba ligeramente en Koen, fingiendo debilidad con cada escalón. Aunque su cuerpo ya no dolía, simulaba la molestia con precisión: una ligera cojera, una respiración más lenta, y un gesto contenido de incomodidad. Todo para mantener la fachada.

A medida que descendían, las voces provenientes de la sala comenzaron a volverse más nítidas. Conversaciones cruzadas, en tono amigable, flotaban en el aire cálido de la casa, y luego—una voz familiar.

—¡Arika! —gritó Reize al alzar la vista, y en un segundo ya estaba subiendo los peldaños hasta alcanzarlos—. ¿Qué demonios haces bajando? ¡Aún no estás bien!

La expresión de Reize era una mezcla de enojo y preocupación genuina. Arika abrió la boca para responder, pero Koen se adelantó.

—Escuché que debíamos bajar ambos, así que…

—¡Me refería a ti, no a ella! —lo interrumpió Reize, molesta.

—Reize, yo decidí bajar —intervino Arika, con voz tranquila—. Estaba aburrida allá arriba… y ya me siento mejor, de verdad.

Reize frunció el ceño al verla. Su mirada bajó a las vendas en su brazo, ligeramente teñidas de rojo.

—¿En serio? ¿”Mejor”? Apenas ha pasado un día desde que te lastimaste. Tus heridas ni siquiera han cerrado del todo, deben estar sangrando aún.

—Estoy bien —insistió ella, aunque su voz flaqueó un poco.

Reize bufó, resignado.

—Claro que lo estás… obstinada como siempre. Está bien, te ayudo a bajar el resto —le ofreció, poniéndose del otro lado.

Con ayuda de ambos, descendió con cuidado hasta la sala. Reize la condujo al sillón central, mientras Koen se aseguraba de que se sentara con suavidad. Los demás comenzaron a acercarse, rodeándola, algunos sentándose en los sillones cercanos y otros parados cerca.

—Nos alegra que estés aquí —dijo Stella, sentándose frente a ella.

—Sí, te ves mejor… dentro de lo posible —agregó Ethan.

Arika solo sonrió, aunque la culpa le carcomía por dentro. Cada rostro preocupado frente a ella solo acentuaba el peso de la mentira. Se sentía un fraude.

Koen, notando la sombra en su rostro, se acercó por detrás y puso una mano en su hombro. El simple contacto le dio calor, alivio. Ella cerró los ojos por un segundo y respiró hondo.

Entonces Elion, desde un sillón individual, carraspeó.

—¿Todos vieron el mensaje del gobierno?

Las cabezas asintieron.

—Perfecto. Entonces saben que tenemos una semana para salir de la ciudad. Hay que movernos… pero no hoy. Aún no sabemos adónde ir, y algunos no están en condiciones de viajar. Así que quiero ideas. ¿Qué propondrían?

Ethan alzó la mano mientras se ponía de pie.

—Un grupo debería ir a una estación de bomberos o de rescate. Esos lugares suelen tener mapas detallados.

—Conozco una estación a unas cuadras de aquí —agregó Stella, pensativa—. No es muy grande, pero podría servir.

—Y necesitamos una minivan o algo similar —dijo Delma, con los brazos cruzados—. Caminar no es opción. No con heridos y mochilas.

—Sí, eso ayudaría mucho —apoyó Reize, sentada al lado de Arika—. Estoy de acuerdo con ambos.

—Podríamos salir en dos días —añadió Koen—. Así ganamos tiempo para curar heridas y prepararnos mejor.

—Tiene sentido —asintió Elion—. Bien. ¿Voluntarios para ir por los mapas?

Ethan alzó la mano de inmediato.

—Yo iré —dijo, decidido.

—Yo también —añadió Elion sin pensarlo demasiado.

Koen se quedó en silencio. Miró a Ethan, luego a Arika. Dudó. Algo en él no quería dejarla sola.

Antes de que pudiera decidirse, Delma alzó la mano.

—Yo iré con ustedes —anunció, tajante.

Elion asintió.

—Tres es suficiente. Saldremos antes del mediodía, pero primero desayunemos.

La tensión se disolvió un poco. Stella y Elion se dirigieron a la cocina mientras los demás charlaban en voz baja.

Reize se giró hacia Koen, que seguía de pie junto al sillón, atento a cada movimiento de Arika.

—Oye, Koen —le llamó Reize, con una sonrisa medio burlona—. Ven, vamos a ayudar a Elion y Stella en la cocina. Si no, se van a tardar una eternidad.

Koen dudó apenas un segundo, mirando de reojo a Arika, como si no quisiera dejarla sola.

Arika le lanzó una mirada tranquila y una sonrisa suave, moviendo levemente la cabeza, como diciéndole sin palabras: “Ve, estaré bien.”

Él asintió, entendiendo el gesto.

—Está bien —respondió al fin, y fue tras Reize, aunque antes de dar el primer paso, le dirigió una última mirada a Arika.

Ella solo le sonrió con ternura, y Koen se relajó un poco antes de desaparecer por el pasillo, tras su amiga.

Justo entonces, la pequeña figura de Althea apareció al lado del sillón, como si hubiera estado esperando el momento perfecto para acercarse.

—¿Ya estás mejor? —preguntó, mirando a Arika con esos ojos grandes y expresivos.

La voz de la niña era suave, pero cargada de una preocupación genuina.

Arika se sorprendió por su presencia tan repentina, pero su corazón se ablandó de inmediato. Acarició con cuidado la cabeza de la niña, revolviéndole un poco el cabello.

—Sí, mucho mejor, gracias por preocuparte —dijo con sinceridad, sonriendo.

—Quiero presentarte a alguien —dijo Althea, con la emoción brillando en los ojos.

—¿A quién? —preguntó Arika, curiosa.

La niña salió corriendo y volvió tomada de la mano de Delma.

—Ella es Delma —dijo, mirando a Arika—. Es amiga de mi familia.

Luego miró a Delma y sonrió.

—Y ella es Arika. Es mi nueva amiga.

Arika extendió la mano con una sonrisa suave.

—Hola, es un gusto soy Arika.

Delma se quedó inmóvil por un segundo. Su expresión cambió. Sus ojos se entrecerraron apenas, como si algo en su mente se hubiera activado. Un recuerdo fugaz la atravesó: unas hojas de documentos, figurando el mismo nombre en los datos.

“Arika.”

No podía ser coincidencia.

—¿Delma? —preguntó Arika, al notar su silencio.

Delma parpadeó, volviendo al presente.

—Un gusto, Arika… —dijo finalmente, aunque su voz sonó extrañamente distante.

Arika notó la pausa, pero no dijo nada. En cambio, sonrió con suavidad y luego preguntó, curiosa:

—¿Desde cuándo conoces a Althea?

Delma bajó la mirada y posó una mano sobre el hombro de la niña, con un gesto que mezclaba cariño y nostalgia.

—Desde que era una bebé —respondió con una voz mucho más cálida.

—Seguro eras muy tierna en ese entonces, ¿eh? —dijo Arika en tono juguetón, mirando a Althea.

—¡Sí, lo era! —respondió Delma con una risa leve.

Althea soltó un bufido y se cruzó de brazos.

—No es necesario decir esas cosas… —protestó, sonrojada—. Ya no soy una bebé.

—Ya lo sé, ya lo sé —rió Delma—. Pero aún lo eres un poquito, ¿no?

—¡No lo soy! —replicó Althea, inflando las mejillas.

Delma sonrió con dulzura y luego miró a Arika con más atención. Había algo que le picaba en el fondo de la mente, como una pieza que no terminaba de encajar. Después de una pequeña pausa, preguntó con cierta cautela:

—¿Tienes familia, Arika?

El ambiente se hizo un poco más denso. Arika bajó la mirada, su sonrisa desvaneciéndose ligeramente.

—No… Soy huérfana.

Delma se quedó en silencio unos segundos, su mano inconscientemente apretando el hombro de Althea. Las dudas que llevaba dentro se intensificaron, como si algo muy importante estuviera justo fuera de su alcance, esperando a ser recordado.

Antes de que pudiera decir algo más, las voces de los demás interrumpieron el momento. Stella, Elion y Reize regresaban de la cocina, cargando bandejas con tazas humeantes, pan, frutas y algunos platos calientes. Detrás de ellos venía Koen con una jarra de jugo.

Delma desvió la vista rápidamente.

—Voy al baño un momento —dijo, con un tono repentino—. Quiero lavarme las manos antes de comer.

Sin esperar respuesta, se dio media vuelta y se alejó por el pasillo. Pero mientras lo hacía, su mente seguía atrapada en una imagen que no podía apartar: el nombre “Arika” escrito en una hoja oficial… una lista que nunca debió haber visto.

Aquel nombre, sin embargo, no estaba acompañado de ninguna foto, de ningún rostro que lo hiciera real.

Y con ese vacío como única respuesta, terminó por convencerse de que no era más que una coincidencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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