Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Ecos en un Mundo Caido - Capítulo 69

  1. Inicio
  2. Ecos en un Mundo Caido
  3. Capítulo 69 - Capítulo 69: CAPÍTULO 68 (T2):
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 69: CAPÍTULO 68 (T2):

La sala estaba en calma. Afuera, el cielo gris comenzaba a abrirse, dejando pasar una luz tenue que se filtraba por las ventanas. El murmullo de otras habitaciones apenas llegaba, lejano, casi inexistente.

Arika y Reize estaban sentadas frente a frente, con vasos de agua entre las manos. Max dormía en algún rincón de la casa, y desde el cuarto contiguo se colaban risas infantiles mezcladas con la voz de Koen.

—Ahora que estamos tranquilas —comenzó Reize, rompiendo el silencio con suavidad—, tal vez podamos hablar con calma de lo que pasó esa tarde… cuando te encontré bajo la lluvia.

Arika bajó la mirada, apretando un poco el vaso.

—Te vi rodeada de esas criaturas —continuó Reize, su voz era suave pero firme—. Había cuerpos por todas partes. Sé que eres fuerte, pero estabas herida y aun así lograste vencerlos sola… ¿qué pasó exactamente?

—Cuando te fuiste… —empezó Arika, con un hilo de voz—, apareció uno. Lo maté, pero después vinieron más. No sé cuántos… solo recuerdo pelear. Uno me hizo caer y me lastimé la pierna, pero seguí… no sé por cuánto tiempo. Supongo que fue la adrenalina.

—¿No tuviste… otro dolor de cabeza? —preguntó Reize, estudiándola con atención—. Como esa vez cuando estabas confundida.

Arika negó con la cabeza lentamente.

—No… no pasó nada más.

Reize la observó un instante. Luego entornó los ojos.

—¿Estás segura, Arika? ¿No me estás ocultando algo?

El corazón de Arika dio un vuelco. Apretó los dedos alrededor del vaso y forzó una sonrisa.

—¿Ocultarte algo? ¿Yo? Jamás podría hacer eso contigo.

La mentira salió.

Y esta vez… no pasó desapercibida para ella. Algo dentro de su pecho se apretó con fuerza, como si esa simple frase hubiera quebrado algo frágil. No era solo culpa. Era más intenso, más crudo. Una punzada que le recorrió el cuerpo, acompañada de una sensación inquietante… como si se estuviera alejando, poco a poco, de sí misma.

Nunca le había mentido a Reize. Nunca había tenido que hacerlo. Y ahora… lo había hecho sin detenerse lo suficiente. Eso fue lo que más le dolió. La facilidad. Como si en algún punto, sin darse cuenta, hubiera cruzado un límite invisible. El silencio que siguió pesó más que cualquier palabra.

Arika bajó la mirada, incapaz de sostenerle los ojos. Sentía que, si lo hacía, Reize podría verlo todo: la herida, la fuerza, ese vacío extraño en su memoria… y esa presencia que aún no sabía cómo nombrar. Todo lo que intentaba ocultar parecía latir bajo su piel, esperando salir.

No podía decirlo. Porque ni siquiera ella lo entendía. Porque le aterraba ponerlo en palabras. Y, sobre todo… porque tenía miedo.

Miedo de perderla.

Miedo de que la mirara con desconfianza.

Miedo de que dejara de verla como hasta ahora.

Antes de que el silencio se rompiera, unos pasos se acercaron al salón. Stella apareció con una manta doblada entre los brazos, el cabello recogido con cuidado. Al verlas, sonrió con suavidad.

—¿Interrumpo? —preguntó, aunque ya se estaba sentando en el sofá de al lado.

Reize apartó la mirada de Arika, relajando un poco la expresión.

—Para nada. Solo hablábamos un poco de lo que pasó… nada importante.

Luego se giró hacia Arika, como si se diera cuenta de que no las había presentado.

—Ah, cierto. Stella… te presento oficialmente a Arika. —hizo un gesto leve—. Arika, ella es Stella. Ayer compartimos habitación y… nos ayudó mucho.

Arika alzó la vista y forzó una pequeña sonrisa.

—En serio… gracias.

Stella asintió con elegancia.

—Ya había oído hablar de ti, Arika. Ethan te menciona seguido —comentó con una sonrisa amable—. Parece que te has ganado el respeto de varios aquí.

—Ojalá pudiera decir que lo merezco… —murmuró Arika, sin pensar.

—Lo mereces —dijo Reize de inmediato, con convicción.

Sus palabras llegaron rápidas. Seguras. Sin rastro de duda.

Y eso… hizo que el nudo en el pecho de Arika se apretara aún más.

El silencio que siguió fue distinto. No incómodo, pero sí denso, como si algo invisible se hubiera instalado entre ellas. Ninguna habló.

Las tres bajaron la mirada casi al mismo tiempo, enfocándose en el centro de mesa, como si en ese pequeño punto pudieran esconder todo lo que no se estaban diciendo.

Desde las habitaciones cercanas, el sonido de pasos interrumpió la quietud. Hael y Althea corrían por el pasillo, sus risas ligeras llenando el aire por un instante. Más atrás, la risa suave de Koen se escuchó, lejana… despreocupada.

Un contraste demasiado marcado.

Arika inhaló despacio, como si necesitara aferrarse a algo más simple, más seguro.

—¿Siempre ha sido así de tranquila esta casa? —preguntó al fin, intentando cambiar el tema.

—No siempre —respondió Stella, cruzando las piernas con gracia—. Hubo días peores, antes de llegar a este escondite. Pero con el tiempo… aprendimos a sobrevivir. Y a disfrutar momentos como este.

Reize asintió con una sonrisa cálida.

—Nos lo merecemos.

Dejó que su cuerpo se hundiera un poco en el sillón, relajándose.

Por otro lado, la situación con el grupo que habían salido era diferente.

La estación de bomberos no estaba lejos, pero el trayecto aún tenía sus riesgos. Afortunadamente, los tres llegaron sin problemas. Delma fue la primera en acercarse al portón oxidado, que estaba entreabierto. El chirrido que hizo al empujarlo resonó en la calle silenciosa como una alarma.

—Entren con cuidado —murmuró, desenvainando su cuchillo.

Ethan y Elion asintieron. Los tres cruzaron la entrada y comenzaron a recorrer el lugar con paso firme pero silencioso. Dentro, el aire olía a humedad, ceniza y algo más… algo rancio. Un par de infectados merodeaban cerca de la zona de los casilleros. Se lanzaron con gruñidos al verlos, pero no fue difícil neutralizarlos. Delma se movía como una sombra, precisa y rápida. Ethan usó su pistola solo cuando fue necesario. Elion, por su parte, aseguraba las puertas detrás de ellos.

—Limpio —dijo Delma, tras revisar la última habitación.

—Entonces empecemos —respondió Ethan, dirigiéndose hacia una vieja sala de mapas.

En cuestión de minutos, Ethan encontró un par de planos colgados en la pared y algunos enrollados en un estante empolvado. Los examinó, seleccionó los que parecían más útiles y los guardó con cuidado. Mientras tanto, Elion y Delma revisaban una sala de comunicaciones. Allí encontraron dos radios antiguos, aún funcionales.

—Podrían servirnos para comunicarnos si alguien se separa —comentó Elion, metiéndolos en su mochila.

—Si es que no se cortan como la vez pasada —murmuró Ethan, desconfiado.

Con todo lo necesario en su poder, decidieron marcharse. Pero apenas salieron del edificio, el sonido de pasos y gruñidos los alertó: un grupo numeroso de infectados bloqueaba el camino de regreso.

—Maldición —susurró Ethan, agachándose tras una pila de escombros.

Delma analizó rápidamente la zona.

—Déjenmelo a mí. Iré por la derecha, desde allí podré ver una mejor ruta y avisarles por radio cuál es el mejor camino. Esperen mi señal.

—¿Estás segura? —preguntó Elion.

—Claro. Confíen en mí.

Se desvaneció entre las sombras antes de que pudieran decir algo más. Ethan y Elion esperaron tensos. Pasaron unos minutos hasta que escucharon la voz de Delma por la radio.

—Hay un callejón estrecho a su izquierda. Rodeen el edificio de la farmacia. Con cuidado, están dispersos, pero no los han visto aún.

Siguieron las instrucciones de inmediato, moviéndose con rapidez. Durante varios minutos lograron avanzar sin ser detectados. Pero de pronto, la comunicación se cortó.

—¿Delma? —Elion presionó el botón del radio—. ¿Delma, me copias?

Nada.

Frunció el ceño.

—Avancemos. Tal vez fue una interferencia.

Siguieron caminando, pero no tardaron en ser descubiertos por otro grupo. En cuestión de segundos, los gruñidos y pasos acelerados los forzaron a separarse para sobrevivir.

Elion corrió hacia un edificio semiderruido, y se escondió entre los escombros. Desde allí intentó comunicarse con los otros, sin éxito. El pulso le retumbaba en los oídos.

—¿Ethan? ¿Delma? ¿Me escuchan?

El silencio era más pesado que el aire.

Entonces, desde un callejón oscuro, emergió una figura. Elion apuntó de inmediato con su arma, hasta que reconoció el rostro. Era Ethan.

—¡Por fin! —dijo Elion, aliviado—. ¿Estás bien?

Ethan asintió con una sonrisa agotada. Tenía una herida en el rostro, un corte que cruzaba su mejilla izquierda.

—Solo un rasguño… —murmuró, limpiándose la sangre con la manga—. Me tope con un grupo grande quedándome sin balas. Tuve que usar el cuchillo. Uno de esos malditos me empujó contra una pared… y terminé cortándome yo mismo. Pero logré acabar con él.

Elion lo miró de arriba abajo y rió.

—Con esa cicatriz, pareces un matón de película.

Ethan soltó una carcajada, cansado.

—Estoy exhausto. No sé cómo esa chica, Arika, pudo derribar a tantos usando solo un tubo de fierro…

—Debe tener una buena condición física —dijo Elion, aún sonriendo—. No veo otra explicación.

—Cuando volvamos, le preguntaré dónde entrena. A ver si me da el secreto para esa fuerza sobrehumana.

—Buena idea. Eso nos vendría bien a todos.

Ethan asintió, luego preguntó, con la voz más seria:

—¿Y Delma? ¿Sabes algo?

Elion negó.

—No. Desde que hubo la interferencia no la he podido contactar.

Antes de que pudiera decir algo más, una voz familiar los sorprendió desde lo alto.

—Vaya, así que aquí estaban —dijo Delma, apoyada en el borde de un tejado—. ¿Los dos jugando a perderse?

Ethan alzó la vista, aliviado.

—¿Dónde estabas? ¡Estábamos preocupados!

—Divirtiéndome por ahí —respondió con una sonrisa burlona—. Vi a unos cuantos y no pude evitar entretenerme un poco.

Elion la regañó entre risas.

—¿Y no nos invitaste? Qué mala amiga.

Los tres rieron. El tono tenso de hace un momento se desvaneció. Delma bajó con agilidad por una escalera lateral, se reunió con ellos y, sin más palabras, retomaron el camino de regreso.

Debían darse prisa. El sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de naranja. Pronto anochecería, y todos sabían que las noches no perdonaban.

El grupo avanzó por las calles cubiertas de hojas secas y charcos viejos. Las sombras seguían creciendo entre los edificios abandonados, y con ellas, el peligro latente.

—Casi no llegamos antes del anochecer —murmuró Ethan, llevando una mano a su costado adolorido.

—Tranquilo, ya falta poco —le respondió Elion, guiándolo por una calle secundaria—. Ya puedo ver la casa.

Delma iba detrás, atenta, con los ojos fijos en los tejados. Aunque sonreía, su mano no se apartaba del mango de su cuchillo. El camino de regreso no había estado libre de sobresaltos. Aunque habían esquivado lo peor, sabían que un solo descuido podía cambiar todo.

Cuando por fin doblaron la esquina y entraron al callejón, vieron la puerta trasera de la casa, todos soltaron el aliento contenido.

—Ahí está —dijo Delma.

Ethan tocó la puerta trasera con los nudillos, un ritmo acordado, esperando a que su hermano le abriera la puerta como siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo