El Alfa Que Odiaba A las Omegas - Capítulo 26
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Capítulo 26: Capítulo 26: El Susurro
(POV Lola )
La oscuridad era total.
Dormía profundamente, arropada por el calor de Damián a mi lado, cuando una voz rompió el silencio de mi mente.
Ragnar.
No era un sonido. No era algo que llegara de fuera. Era un susurro interno, como si alguien hubiera hablado directamente en mi cerebro.
Ragnar.
Abrí los ojos de golpe.
La habitación estaba en penumbra. Las cortinas filtradas por la luz lejana de la luna. Damián seguía dormido a mi lado, su brazo aún rodeando mi cintura, su respiración lenta y acompasada.
No había nadie más.
Pero la voz… la voz había sido real.
Me quedé muy quieta, escuchando. Esperando. Pero no volvió a repetirse.
Ragnar.
¿Qué significaba? ¿Quién lo había dicho? ¿Había sido un sueño?
El corazón me latía con fuerza. Apoyé la mano en el pecho, donde a veces sentía a mi loba. Allí seguía, ese calor tenue que ya me resultaba familiar. Pero no había movimiento. No había respuesta.
Solo fue un sueño, pensé. Un sueño raro.
Pero en el fondo, algo me decía que no.
(POV Lola )
Cuando desperté, el sol ya entraba con fuerza.
Damián estaba despierto, apoyado en un codo, mirándome. Sus ojos dorados me recorrían con una intensidad que ya no me asustaba.
—Buenos días —dijo.
—Buenos días.
—Dormiste bien?
Hice una pausa. Demasiado larga.
—¿Qué pasa? —preguntó, alerta al instante.
—Nada. Bueno… no lo sé.
—Lola.
—Anoche… creo que soñé algo raro.
—¿Qué clase de sueño?
—No fue un sueño exactamente. Fue una voz. Un susurro. Dentro de mi cabeza.
Damián se incorporó un poco más.
—¿Qué decía?
—Decía… Ragnar.
El cambio en su expresión fue inmediato. Sus ojos se abrieron ligeramente, y algo brilló en ellos. ¿Reconocimiento? ¿Asombro?
—Ragnar —repitió.
—Sí. ¿Significa algo para ti?
Se quedó en silencio un momento.
—Ragnar —dijo lentamente— es el nombre de mi lobo.
Ahora fui yo la que se incorporó.
—¿Tu lobo tiene nombre?
—Todos los lobos tienen nombre.
—¿Y cómo…?
—Exacto. ¿Cómo sabía tu loba el nombre de mi lobo?
El aire se congeló en mis pulmones.
—¿Mi loba? ¿Era ella?
—Tiene que serlo. Nadie más podría saberlo. Ni siquiera tú sabías que mi lobo tiene nombre.
—Pero… ¿ya puede hablar?
—Parece que sí. Aunque sea solo un susurro.
Damián sonrió. Una sonrisa pequeña, pero llena de algo que no había visto antes.
Orgullo.
—Te dije que eras especial —murmuró.
—No fui yo. Fue ella.
—Ella eres tú. Y tú eres ella. No hay diferencia.
Apoyó su frente contra la mía.
—Ragnar —susurré yo ahora.
El cuerpo de Damián tembló ligeramente. A través del vínculo, sentí algo enorme. Algo que no supe nombrar.
— Cuando dices su nombre, le gusta.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque lo siento. Mi lobo… se estira. Como un perro cuando le acaricias.
Sonreí.
—¿Tu lobo es como un perro?
—No se lo digas nunca.
Reímos. Suave. En la intimidad de la mañana.
—Damián.
—¿Qué?
—¿Esto es normal? ¿Que los lobos hablen?
—No. Es raro. Muy raro. Pero todo en ti es raro.
—¿Eso es bueno?
—Es perfecto.
Y me besó.
Suave. Lento. Como si tuviéramos toda la vida por delante.
Porque quizá era cierto.
(POV Lola)
Bajamos al comedor con las manos entrelazadas.
No sé cuándo empezamos a hacerlo. Pero ahora era natural. Necesario.
Todos estaban allí.
Konstantin, con el periódico de siempre. Elena, con su sonrisa perpetua. Valeria, en su sitio, con una taza de café entre las manos. León, apoyado contra la pared. Elara, sentada, con una expresión de “dime qué pasó anoche”.
Y todos nos miraron.
No a nosotros. A nuestras manos.
—Buenos días —dijo León con una sonrisa de oreja a oreja—. Veo que la noche fue productiva.
—León —gruñó Damián.
—¿Qué? Es una observación.
Elara me lanzó una mirada cómplice.
—¿Algo que contar? —preguntó con falsa inocencia.
—No —respondí.
—Mentira.
—Bueno, un poco.
Konstantin levantó la vista del periódico.
—Me alegra verlos bien —dijo con una sonrisa genuina—. Después de todo lo que ha pasado, es bueno tener momentos de calma.
Elena asintió con su sonrisa.
—Sí, querido. Muy bonito.
Valeria no dijo nada. Pero me miró. Solo un instante. Y luego bajó la vista.
No sabía qué pensar de ella.
Pero al menos no nos atacaba.
El desayuno transcurrió tranquilo. León y Elara bromeaban. Konstantin hacía preguntas sobre mis estudios. Elena sonreía. Valeria callaba.
Y Damián, a mi lado, no soltó mi mano en ningún momento.
(POV Lola
Esa tarde, mientras descansaba en la habitación, volví a pensar en el susurro.
Ragnar.
—¿Sigues dándole vueltas? —preguntó Damián desde el sillón.
—Sí.
—Es normal. Es la primera vez que habla.
—¿Crees que volverá a hacerlo?
—Seguro. Cada vez más fuerte.
—¿Y qué crees que dirá?
—No lo sé. Pero sea lo que sea, lo descubriremos juntos.
Lo miré.
—Ragnar —dije de nuevo.
El cuerpo de Damián respondió. Un temblor *p*n*s perceptible. A través del vínculo, sentí algo cálido. Reconocimiento. Aceptación.
—Le gusta
—Entonces lo diré más.
Sonrió.
—Hazlo. A ver si así se porta bien.
—¿Tu lobo se porta mal?
—Todo el tiempo. Sobre todo cuando estás cerca.
—¿Por qué?
—Porque quiere reclamarte. Marcarte. Hacerte suya de todas las formas posibles.
El calor me subió a las mejillas.
—Damián…
—Es la verdad. No puedo controlarlo. Y la verdad… ya no quiero.
—¿Qué quieres?
Se levantó. Cruzó la habitación en dos zancadas. Se sentó en la cama, frente a mí.
—Quiero que esto sea real —dijo—. No el vínculo. No el destino. Tú. Yo. Nosotros.
—Ya lo es.
—¿Lo es?
—Sí.
Me miró. Largo. Intenso.
Sonrió.
Y yo también.
(POV Lola )
Esa noche, cuando me tumbé a su lado, apoyé la mano en el pecho.
¿Estás ahí?, pensé.
Un movimiento. Suave. Como un latido.
Ragnar, pensé.
Otra vez ese calor. Esa conexión. Como si algo dentro de mí sonriera.
—¿Lo sientes? —preguntó Damián.
—Sí.
—Ella está contenta.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque mi lobo también lo está.
Sonreí en la oscuridad.
—Ragnar —susurré.
—Lumina —respondió él.
—¿Qué?
—Lumina. Ese es el nombre de tu loba.
—¿Cómo lo sabes?
—Me lo dijo Ragnar.
—¿Y significa algo?
—Luz. Brillo. Por tus ojos.
El corazón me dio un vuelco.
—Lumina —repetí.
Y en algún lugar muy profundo, sentí una respuesta.
Un susurro leve, como un eco.
Aquí.
Sonreí.
—Bienvenida —susurré.
Y me dormí.
Soñando con lobos.
Y con nombres.
Y con un futuro que, por primera vez, parecía posible.
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