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El Alfa Que Odiaba A las Omegas - Capítulo 32

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Capítulo 32: Capítulo 32: La Verdad de la Madre

—Hola, hija.

El mundo se detuvo. Las palabras no tenían sentido. Mi madre había desaparecido cuando yo era una niña. Había pasado años buscándola, años imaginando su regreso, años soñando con este momento.

Pero no así. No en una jaula. No con ese hombre a su lado.

Kael.

Ahora reconocía su rostro. Esas facciones que había visto en fotografías que Damián me había mostrado. El Alfa rival. El que me había estado acechando durante meses.

—¿Qué está pasando? —pregunté, y mi voz sonó más fuerte de lo que esperaba—. ¿Qué haces con él? ¿Dónde estoy?

Mi madre no respondió. Solo me miró con esos ojos que alguna vez habían sido cálidos y ahora eran dos pozos oscuros.

Kael dio un paso adelante.

—Estás en mi territorio, Lola. En una cueva que perteneció a mi padre. Y ahora te pertenece a ti, de alguna manera.

—Suéltame.

—Todo a su tiempo. Primero, creo que tu madre tiene algo que contarte. Algo que debiste saber hace años.

Miré a mi madre. Ella sostuvo mi mirada sin pestañear.

—Tienes derecho a saber la verdad —dijo—. La verdad de por qué te dejé. De por qué tu loba fue encerrada. De por qué estás aquí.

—No quiero saber nada de ti.

—Vas a querer. Porque todo lo que creías saber es mentira.

Se sentó en una roca frente a mi jaula. Kael se quedó atrás, observando, con los brazos cruzados.

—Tu padre —comenzó— era un hombre poderoso. No cualquier Alfa. Tenía un poder antiguo, heredado de generaciones. Un poder que lo hacía especial. Deseado.

—Lo sé. Selene me lo contó.

—¿Selene? —Mi madre arqueó una ceja—. Esa vieja no sabe ni la mitad. Ella no sabe que ese poder fue la causa de su muerte.

Sentí un escalofrío.

—Mi padre murió en un accidente.

—No. Tu padre murió asesinado. Por el padre de Kael.

El aire se congeló en mis pulmones.

—Mientes.

—No miento. Esa noche, hace tantos años, el padre de Kael fue a buscar a tu padre. Quería su poder. No por justicia, no por venganza. Por ambición. Porque un poder como ese no debería estar en manos de un solo hombre.

—Y tú… ¿tú qué hacías ahí?

Mi madre sonrió. Esa sonrisa me heló la sangre.

—Yo estaba con él. Con el padre de Kael.

—No.

—Sí. Lo ayudé a encontrar a tu padre. Lo ayudé a entrar en su propia casa. Lo ayudé a enfrentarlo.

—¡Eres una mentirosa!

—Ojalá lo fuera. —Su voz se endureció—. Tu padre tenía lo que yo quería. Poder. Pero no quería compartirlo. No quería usarlo para lo que yo soñaba. Así que busqué a alguien que sí quisiera.

—Mataste a mi padre.

—Yo no lo maté. Ellos pelearon. Tu padre era más fuerte de lo que creíamos. Pero el padre de Kael también. Se mataron el uno al otro. Los dos cayeron esa noche.

Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. No quería llorar. No delante de ella. Pero no podía evitarlo.

—Y entonces —continuó mi madre—, cuando todo terminó, cuando los dos yacían muertos, sentí algo. Una energía. Un poder. Tu padre, antes de morir, te lo había transferido. A ti. A su hija pequeña, que dormía en su habitación sin saber nada.

—Yo no sentí nada.

—Porque eras una niña. Porque tu cuerpo no estaba preparado. El poder se alojó en ti, esperando. Esperando a que tu loba creciera, a que pudiera usarlo.

—¿Mi loba?

—Lumina. Ella es la llave. Ella es la que puede usar ese poder. Por eso la encerramos.

El mundo dio vueltas.

—¿Ustedes la encerraron?

—Yo. Con la ayuda de la abuela de Kael. Una curandera poderosa, de las antiguas. Ella preparó una poción. Una que no te haría daño a ti, pero que mantendría a tu loba dormida. Encerrada. Incapaz de despertar y reclamar lo que era tuyo.

—¿Por qué?

—Porque si Lumina despertaba, el poder se activaría. Y entonces, cualquiera que quisiera tomarlo tendría que enfrentarse a ti. A una loba recién despierta, sin control, sin entrenamiento. Sería fácil.

—¿Fácil para qué?

Kael intervino desde atrás.

—Para tomar el poder, Lola. Para arrancártelo. Para que sea mío.

Lo miré con odio.

—¿Por qué? ¿No tienes suficiente poder?

—Nunca es suficiente. Y ese poder… ese poder debería haber sido de mi padre. Si tu padre no lo hubiera tenido, si no lo hubiera heredado, mi padre estaría vivo. Yo tendría lo que merezco.

—Tu padre murió por ambicioso. Como tú.

Kael sonrió. Esa sonrisa fría que me erizaba la piel.

—Puede ser. Pero ahora estás aquí. Tu loba ha despertado. El poder está activo. Y en unas horas, cuando los rituales estén listos, lo tomaré.

—No te dejaré.

—No tienes elección. Estás en una jaula. Débil. Sola.

—Damián vendrá por mí.

—¿Damián? —Kael soltó una risa—. Tu precioso Alfa está perdido en el bosque. Siguiendo un rastro falso. Para cuando encuentre esta cueva, ya será demasiado tarde.

Mi madre se levantó. Se acercó a la jaula. Sus dedos tocaron los barrotes.

—Lo siento, hija. En serio. Pero el poder es más importante que tú. Más importante que yo. Más importante que todos.

—No eres mi madre. Mi madre murió el día que me abandonó.

Ella sostuvo mi mirada. No hubo dolor en sus ojos. Solo aceptación.

—Tal vez tengas razón.

Y entonces, un sonido lejano llegó hasta mis oídos.

Un aullido.

Profundo. Poderoso. Familiar.

Ragnar.

Kael también lo escuchó. Su sonrisa se congeló.

—Parece que llegaron más rápido de lo que esperaba.

Mi madre se tensó.

—No pueden entrar. No sin preparación.

—Pues vamos a recibirlos —dijo Kael, y sus ojos brillaron con malicia—. Después de todo, quiero ver la cara de Damián cuando sepa la verdad.

Se volvió hacia mí.

—Tú te quedas aquí. Tu madre se quedará contigo. Si todo sale bien, en unas horas esto habrá terminado.

—¿Y si no sale bien?

Kael sonrió.

—Saldrá bien.

Y se alejó hacia la entrada de la cueva.

Mi madre se quedó frente a mi jaula, mirándome. Ya no había rastro de la mujer que recordaba. Solo una extraña con sus ojos.

—¿Por qué? —pregunté, con la voz rota—. ¿Por qué hiciste todo esto?

—Porque el poder es lo único que importa, hija. Tú lo entenderás algún día.

—Nunca lo entenderé. Nunca.

Ella no respondió. Solo se sentó en la roca, a esperar.

Y yo me quedé en mi jaula, escuchando los aullidos cada vez más cerca.

Damián estaba llegando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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