El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 14
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14: Leviatán 14: Leviatán Llegamos al nido y allí estaba mi padre, esperando con inquietud.
En cuanto pisamos las ramas, mi madre me soltó y empezó a regañarlo; solo eran gruñidos y siseos, pero para mí estaba claro que le estaba dando el sermón de su vida por habernos dejado solos, se lo merece por ser un cobarde.
Después del incidente con el Shockpinfinder, la zona se volvió extrañamente silenciosa; supongo que ese monstruo decidió buscar territorios menos problemáticos.
Al día siguiente, aproveché un descuido para escaparme.
Necesitaba ver a mi objetivo.
Me dijeron que por aquí cerca estaba el lago y allí encontraría al Leviatán.
No sé exactamente dónde está, así que voy a seguir mis instintos.
Di varias vueltas alrededor y escuché una corriente cerca, me acerqué al sonido y detrás de unos arbustos estaba.
Llegué a una playa hermosa, no sabía que los lagos podían tener eso.
La arena era casi blanca, cuando la agarré con mis manos se sentía demasiado suave.
Qué extraño, miré hacia el agua y era de un color azul tan oscuro que delataba una profundidad abismal.
Me senté en la orilla, quizás podría ver a mi presa.
Me quedé toda la mañana observando y disfrutando de la paz que se sentía en el ambiente.
El sol se puso bastante fuerte al medio día, así que estaba por irme; tal vez mañana lo vería.
Justo antes de levantarme vi a un ave posarse en el agua.
Era bastante grande, más que los perros demonio.
Su plumaje era rosa como los flamencos, tenía un pico alargado y una cresta como los gallos.
Todo estaba tan tranquilo hasta que, de repente, de las profundidades surgió la criatura.
Saltó fuera del agua y, de un mordisco limpio, devoró al ave antes de volver a sumergirse con un estruendo.
Me quedé petrificado.
Lo pude visualizar por un segundo: era muy grande, de unos cinco metros, y parecía una serpiente con escamas de color bronce.
Solo eso vi.
¿Y yo tengo que matar a esa cosa monstruosa?
Regresé rápidamente al nido tratando de que se me ocurriera algún plan, pero no tenía idea de cómo proceder.
Mi cuerpo todavía es pequeño, débil y le falta mucho por desarrollar.
Por suerte, aún me quedan seis años.
Seis años para dejar de ser una presa y convertirme en cazador.
Lo primero fue hacerme una rutina de ejercicio para al menos ponerme fuerte, era algo básico pero efectivo; no será tan extrema para no quedarme pelón como cierto personaje.
Flexiones y sentadillas, eso es todo.
El cardio lo haré cuando vaya a cazar, aún me queda mucho que aprender.
Así pasaron tres años.
Los Liva se desarrollan a una velocidad asombrosa; pasé de ser un bebé vulnerable a un adulto en plenitud.
Mi cuerpo se volvió increíblemente ágil y, para mi sorpresa, terminé siendo notablemente más grande que mis padres.
¿Sería una mutación natural, o el resultado de arduo entrenamiento?
Todos los días apenas me levantaba hacía 100 sentadillas y 100 flexiones, al principio era difícil pero con el tiempo parecía muy fácil.
Mis padres me miraban raro siempre, ¿Seré el hijo raro?
Bueno soy su único descendiente, supongo que es normal; además ellos está envejeciendo.
Durante este tiempo, mi padre me enseñó los fundamentos de la supervivencia.
Al principio, sus métodos eran puramente primitivos, basados en el instinto, pero gracias a mi inteligencia humana logré optimizar la cacería.
Una vez a la semana, sin falta, acudía al lago para estudiar los patrones del Leviatán.
Descubrí que prefiere alimentarse al amanecer y que pasa la mayor parte del día patrullando las profundidades.
Hice herramientas y enseñé a mi padre a usarlas; cuchillos de obsidiana, arcos para hacer fuego y lanzas de piedra.
También aprendió a hacer las trampas que yo realizaba.
Lazos, fosas y emboscadas.
Resultó ser más inteligente de lo que creía.
También pasé mucho tiempo con Uuk.
Es un ser de una sabiduría incalculable.
Gracias a él, supe que este planeta, según su raza, se llama Priya.
Un nombre extraño, casi delicado para un lugar tan hostil.
Me reveló que lleva cerca de mil años sin ver a otro de su especie; al parecer, los suyos son seres profundamente solitarios que ven pasar los siglos como si fueran días.
A pesar de que habían pasado tres años, todavía no tenía un plan definitivo.
¿Debería construir una balsa para enfrentarlo en su terreno, o intentar atraerlo a tierra firme para anular su ventaja acuática?
El problema principal no era solo la estrategia, sino el equipo.
Mis armas actuales eran obsoletas para ese trabajo, no iban a traspasar las escamas blindadas de esa serpiente.
Necesitaba dar el salto tecnológico.
Tenía que pasar de la piedra a la Edad de Hierro o cobre.
Pero, ¿cómo diablos se ve el hierro en estado natural?
Supuse que las rocas tendrían un tono rojizo por el óxido, o que el cobre se vería verdoso, pero no soy geólogo.
Traté de poner mis ideas en orden.
Lo primero era la balsa, pero para construir algo decente necesitaba madera, y mucha.
No podía pasarme semanas mordiendo troncos como un castor.
Necesitaba herramientas reales.
—¿Qué utilizaban los humanos prehistóricos para esto?
—me pregunté mientras examinaba mis garras.
Recordé mis clases de historia y documentales.
Piedras de río pesadas, afiladas por un solo lado, atadas a mangos de madera resistente mediante fibras vegetales o tendones de animales.
Hachas de mano.
Ese era el punto de partida.
Si quería matar a un monstruo de leyenda, primero tenía que aprender a domar la madera y, después, a dominar el fuego para fundir el metal.
El reloj del Sistema seguía corriendo.
Tres años pasan volando cuando tienes que cumplir una misión suicida.
Estuve toda una tarde buscando en las orillas del lago una piedra lo suficientemente densa para talar.
Finalmente, encontré una roca oscura y pesada.
¿Sería basalto?
¿Granito?
Qué sé yo, nunca fui un entusiasta de la geología, pero esta serviría.
Con una liana resistente, la amarré a una rama gruesa y comencé a golpear un árbol pequeño.
Incluso siendo un adulto, esta especie es frustrantemente débil en comparación con los depredadores del bosque.
Me costó una eternidad derribar ese tronco y, para cuando terminé, estaba exhausto.
Si quería construir una balsa y armas de metal, necesitaba ayuda.
Fui a visitar a Uuk; lo encontré sesteando, como de costumbre.
—Hola, Uuk —saludé amablemente.
—Hola, pequeño Samuel —respondió sin abrir del todo sus ojos carmesí.
—Oye, ¿sabes de algún lugar donde haya piedras de sangre o rocas verdes?
¿Quizás en alguna cueva?
—Quizás…
¿Por qué me lo preguntas?
—Tengo una misión importante y necesito fabricar armas.
—¿Armas?
¿Qué es eso?
Había olvidado que en Priya no existe el concepto de herramientas o tecnología.
Yo era una anomalía total en este ecosistema.
—¿Recuerdas cuando te hablé de las herramientas?
—le recordé—.
Son objetos que uso para que todo sea más fácil.
Las armas son herramientas para cazar o matar a otros animales.
Uuk se incorporó lentamente, y su expresión se volvió gélida.
—¿Quieres matar por diversión, pequeño Samuel?
—Su voz retumbó con una autoridad que me hizo encoger—.
Mi raza aborrece el asesinato si no es estrictamente para alimentarse.
Tragué saliva.
Era la primera vez que veía a Uuk realmente molesto, y su tamaño lo hacía aterrador.
—No es por diversión, es por supervivencia —mentí, tratando de mantener la voz firme—.
¿Has visto a la criatura que vive en el lago?
—¿El Leviatán?
—Exactamente.
Estuve observándolo y es muy peligroso para mí raza, no nos deja usar el lago.
Tuve que adornar la verdad.
Realmente no sé por qué esa entidad quiere la cabeza del Leviatán, pero necesitaba la cooperación del pseudo dragón.
Uuk me miró fijamente durante un largo minuto, como si tratara de leer mi alma.
—Nunca has hecho nada que carezca de lógica —sentenció finalmente—.
Supongo que puedo confiar en ti.
Te llevaré a una cueva donde abundan esas piedras de sangre que buscas.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES AlbertYart ¡Gracias por las 2.5 k de vistas!, el camino de Samuel será difícil pero sé que él va a superar todo.
Hasta luego
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