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El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 Piedra de sangre
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15: Piedra de sangre 15: Piedra de sangre Me subí al lomo de Uuk y emprendimos la marcha.

El viaje fue largo; tardamos casi dos horas a pie.

Nos dirigimos hacia las montañas, una zona de picos elevados donde el aire se volvía seco y el frío empezaba a calar en los huesos.

Al llegar a la entrada de la cueva, me bajé, pero Uuk se detuvo en seco.

—Hasta aquí te acompaño, pequeño Samuel —sentenció.

—¿Por qué?

—le pregunté, mirando la enorme boca de piedra.

—Esta cueva es demasiado estrecha para mí.

No me gusta sentir la roca apretando mis escamas.

—Tiene sentido.

Vuelvo enseguida.

—Aquí te espero.

Uuk se echó a descansar sobre la hierba rala de la montaña.

Entré en la cueva; las paredes eran de una roca negra con vetas marrones y pequeños cristales incrustados.

Saqué una pequeña antorcha de mi bolsa abdominal y la encendí -olvidé mencionar que, durante estos tres años de entrenamiento, logré encontrar pedernal para hacer fuego-.

Con la luz abriéndome paso, me adentré en las profundidades hasta llegar a una cámara mucho más amplia.

El alumbrado de la antorcha no era demasiado, así que tenía poca visión.

Cómo pude revisé cada rincón de esta cámara y no había rastro de rocas verdes o rojas; en eso me encontré con otro pasillo, seguí por allí.

Tras caminar unos minutos las paredes estaban cambiando, se podían ver pequeñas grietas de un color rojizo.

“Esto podría ser” pensé.

Me apresuré y corrí hacia el fondo, llegué hasta un espacio más amplio y a lo lejos se veía un brillo carmesí.

Me acerqué y un montón de animales alados parecidos a los murciélagos comenzaron a volar y huir; eso me dio un buen susto.

Ya más tranquilo, seguí el brillo; cada vez se hacía más intenso y todo se teñía de rojo.

Cuando estaba a unos metros, me di cuenta de la razón: había un cristal gigante incrustado en el suelo.

Lo toqué con curiosidad y, de repente, sentí un chispazo que me recorrió todo el brazo.

—¿Esto tiene electricidad?

—dije al aire.

Lo miré mejor y no sé parecía a nada que conociera, no era una batería, mucho menos un aparato electrónico.

¿Qué era esto en realidad?

¿Algo mágico?

¿Existe la magia aquí?

No me sorprendería ya que he visto bestias colosales y algo parecido a dioses.

Eso explicaría mis resurrecciones.

—¿Cómo podría usar esto?

—pregunté al vacío.

Saqué mi cuchillo, alcé los brazos y le dí un buen golpe.

En mi mente era una buena idea, pero al instante me di cuenta que era lo más tonto que se me había ocurrido.

Apenas mi herramienta chocó con el cristal una explosión me sacó volando hacia atrás y me golpeé contra la pared, sentí mi espalda crujir.

—¡Carajo!

—exclamé mientras intentaba levantarme, no pude hacerlo.

Por un momento no sentí mis piernas, tuve que quedarme un ratito allí sentado.

—Esto me pasa por impulsivo.

Al menos no tengo al Sistema haciendo burlas —miré hacia el suelo, preocupado al darme cuenta de algo: el Sistema llevaba tres años sin decir una sola palabra.

¿Qué habrá pasado?

—Mejor para mí, así no tengo una voz molesta hablando a cada rato —con esfuerzo me puse de pie, observé bien mi alrededor y me encontré con que había piedras rojas que no brillaban.

Tal vez es hierro mineral.

Me aproximé y metí las que estaban sueltas en mi abdomen.

Al final, decidí que lo mejor era llevarme esto y no ese cristal.

No tengo idea de que es, y menos de como usarlo; más adelante vendré a estudiarlo mejor.

Con esto dicho, salí de la cueva cojeando del dolor.

—¿Encontraste la roca de sangre, pequeño Samuel?

—me preguntó al verme salir.

—Algo parecido, mira —le mostré mi hallazgo.

Uuk se quedó mirando.

—Pero esto no brilla, ¿Seguro que es esto lo que buscabas?

Así que a lo que se refería mi compañero era a esa cosa que me mandó a volar.

—Creo que con esto estoy bien de momento, dentro sí había algo que brillaba.

—¿Por qué te ves como si sintieras dolor?

—Quise tocar eso que brillaba y me sacó volando.

—No sabía que hacía eso —dijo Uuk extrañado.

—Supongo que como soy pequeño no pude aguantar la energía —respondí agarrando mi espalda.

—Los de mi raza comemos de esas cuando nos quedamos sin fuerza.

No sabía que una criatura inferior quedaría así.

—¡Tu puedes porque eres grande!

¡Yo estoy chiquito!

—dije un poco frustrado.

—Jajajajaja.

Calma pequeño Samuel, solo te quería molestar un poco.

Vamos —se levantó y me ofreció su espalda—.

Sube.

—Tomaré tu propuesta pero me indigna mucho.

Después de esa pequeña charla, me subí de nuevo a su lomo.

Nos pusimos en marcha y regresamos a su hogar para pasar la noche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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