Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. El Alma que la Muerte Rechazó
  3. Capítulo 22 - 22 La Voluntad del Liva
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: La Voluntad del Liva 22: La Voluntad del Liva Sé que me avalentoné en el capítulo anterior pero, ahora que estoy a solas, tengo mucho miedo; ese mastodonte me va a hacer trizas.

¿Qué hago?

Podría correr con todas mis fuerzas e intentar escapar, pero ¿y si eso lo molesta más?

¡Me cago en todo!

Comencé a hiperventilar por la espera angustiante.

Es muy fácil decir que puedes pelear contra un tipo así cuando tienes la adrenalina a tope, pero en la práctica va a ser un suicidio.

Me miré las manos, todavía temblorosas.

—Espera…

se me había olvidado algo.

Tengo una nueva habilidad.

Esa de “Golpe Crítico” o como se llame —salté de alegría en medio de la penumbra de la celda.

Se me dibujó una sonrisa nerviosa en el rostro.

Aunque fuera una posibilidad así de pequeña, era algo.

No iba a entrar ahí totalmente desarmado.

—Oye sistema —nadie respondió—.

Sé que me estás observando, hazte presente.

—Como siempre el estúpido de Samuel habla solo como un demente.

—Creo que te estás pasando un poco con los insultos, ¿eh?

—¿Qué demonios quieres?

Estoy deseoso por ver tu batalla —respondió el sistema con un tono cargado de cinismo.

¿Desde cuándo el sistema se ha expresado de esa manera?

¿No se suponía que era algo así como un robot?

Cada día salen con algo nuevo.

—Necesito ver lo de mi habilidad, el “Golpe Crítico” —pregunté al viento.

De pronto salió una interfaz con las letras azules de siempre.

[Nombre del usuario: Samuel] [Especie: Liva, piedra y Liva demoníaco] [Estadísticas: Fuerza: 5 | Salto: 3 | Velocidad: 6 | Visión: 3 | Olfato: 3 | Maná: 0 | Control de espíritus: 0 | Control de armas: 0 | Control de herramientas: 7] [Nota: Las estadísticas del usuario son bastante pobres] [Habilidades] [1.

Golpe de gracia: da un golpe crítico cuando él enemigo está debilitado o para rematarlo] [2.

Traducción universal] [3.

Reencarnación] No sabía que tenía tantas cosas; nunca me habían mostrado este panel.

Me llama la atención eso de “Traducción Universal”.

¿Así que por eso puedo hablar como si nada con otras especies?

Además, la tercera habilidad es bastante curiosa; supongo que si muero voy a volver como un bebé de la misma especie, tal como pasó la última vez.

Bueno, las estadísticas más altas que tengo son: Control de Herramientas 7, Velocidad 6 y Fuerza 5.

¿Cómo podría sacar provecho de ellas?

¿Y a qué se refiere exactamente con herramientas?

[El usuario subió de nivel esa estadística por el uso continuo de su cuchillo de obsidiana] Eso tiene sentido; tantas horas cazando y picando cosas sirvieron de algo.

Si consigo un cuchillo podría tener algo de ventaja, pero aquí no hay nada.

No hay ni una sola arma; parece que quieren mandarme a pelear solo con mis puños.

¿Será que puedo pedir una?

—¡Señorita Janeth!

—grité con todas mis fuerzas.

Al principio nadie acudió a mi llamado.

Salí de la pequeña habitación con cautela y, de manera casi inmediata, un tentáculo de cabellos me agarró por el pie.

—¿Pretendes escapar, pequeño imbécil?

—Janeth se hizo presente, surgiendo de las sombras.

—Solo quería llamar la atención de una chica tan linda —dije, tratando de sonar coqueto para ocultar mis nervios.

—Ya estoy aquí.

¿Qué quieres?

—soltó ella, ignorando mi comentario.

—No seas tan amargada…

Pero bueno, está bien.

¿De casualidad no me podrían prestar un cuchillo para el duelo?

—pregunté.

—¿No te han dado un arma?

—preguntó ella, frunciendo el ceño con una preocupación genuina—.

¿Quién se atreve a dejar en ridículo el honor de su majestad de esta forma?

Tranquilo, vuelve a tu habitación.

Pronto tendrás tu cuchillo.

[El usuario ha adquirido una nueva estadística] [Charlatán 1] Me lanzó al piso con brusquedad y se marchó a paso rápido, visiblemente enojada.

Volví al cuarto.

Al rato llegó uno de ellos, un demonio de bajo rango; dejó algo en el suelo y se marchó sin decir palabra.

—Supongo que esta es mi arma…

—murmuré.

El paquete que habían dejado estaba envuelto en mantas ásperas.

Cuando le quité el envoltorio, se dejó ver un cuchillo de color negro mate, oscuro como el abismo.

Era bastante grande, casi del tamaño de mi brazo, con un filo que parecía capaz de cortar el aire.

—Tal vez con esto tenga alguna posibilidad —dije sopesando el arma.

Se sentía equilibrada, perfecta para alguien con mis habilidades.

De repente, todo en la arena empezó a alborotarse.

—¡Muy buenas a todos, demonios y demonias!

¡Les habla su anfitrión el día de hoy, Aquiles!

—resonó una voz masculina cargada de energía.

—¡Hoy les vengo a presentar cómo un pequeño saco de mierda se atrevió a retar a nuestro soberano a un duelo!

—Los abucheos estallaron por doquier.

Yo seguía en aquella habitación, apretando el mango de mi nuevo cuchillo negro.

Alguien se acercó y abrió la puerta, escoltándome hacia la entrada del coliseo.

—¡Con ustedes…

Samuel!

—anunció la voz.

Salí a la arena saludando con una mano, tratando de mantener la compostura.

El silencio fue sepulcral por un segundo; ni siquiera se molestaron en abuchearme.

—¿De verdad ese enano desafió al Rey?

—gritó alguien desde el público.

De inmediato, las gradas estallaron en una carcajada colectiva.

“Si supieran que estoy aquí en contra de mi voluntad”, pensé mientras me posicionaba en el centro, sintiéndome minúsculo bajo la sombra de la estructura.

—¡Y del otro lado, tenemos a nuestro guapo, asombroso, poderoso e inigualable…

Zoran!

¡El primer Rey Demonio!

El público enloqueció.

El estruendo de los aplausos y los gritos era ensordecedor, pero el tipo no aparecía por ningún lado.

De pronto, un impacto brutal sacudió el centro del ring; algo había caído desde el cielo como un meteoro.

Cuando el polvo se disipó, allí estaba mi oponente, imponente y letal.

—¡Con todo eso dicho…

que empiece la pelea por el trono!

Carajo, ya estaba pasando.

Tenía que ser fuerte y mantener la compostura, aunque por dentro solo quería salir corriendo.

¿Cómo demonios me había metido en esto?

Respiré profundamente y me puse en guardia, adoptando una postura defensiva con el cuchillo.

Era algo que había aprendido en mis cortos días en el ejército, antes de que me echaran a los dos meses.

Zoran empuñó su hacha colosal y, con una velocidad que desafiaba su tamaño, arremetió contra mí.

En un parpadeo, ya lo tenía encima.

Como pude, esquivé el tajo saltando hacia un lado, pasando por debajo del radio de su arma.

—Eres bastante bueno.

Mi último oponente murió porque se cagó encima del puro susto —comentó el soberano con una sonrisa feroz.

—Es que eres bastante imponente —le respondí, tratando de recuperar el aliento.

Él arremetió de nuevo, esta vez soltando un golpe ascendente desde abajo.

También lo esquivé, pero esta vez el filo pasó tan cerca que me dejó un rasguño sangriento en la mejilla.

“Si sigo solo esquivando, voy a terminar muerto por cansancio.

Debo debilitarlo de alguna manera para usar mi habilidad…

¿Qué tal si le doy un golpe en los huevos?”.

Fue lo único que se me ocurrió en medio del pánico.

¿Pero cómo llego hasta ahí?

Este tipo tiene una defensa perfecta.

El gigante levantó su arma y me la lanzó con una fuerza bruta; apenas pude esquivarla de milagro.

Cuando volteé para buscarlo, ya no estaba.

Solo sentí cómo unas manos enormes estrujaron mis piernas y me estrellaron violentamente contra el suelo.

Repitió el proceso tres veces más, como si yo fuera un juguete, y luego me tiró al piso como basura.

—¿Ya te moriste tan rápido?

—preguntó el mastodonte, soltando una carcajada.

Apenas podía moverme y la vista se me nublaba; estaba a punto de perder el conocimiento.

—¡Al parecer ya tenemos un ganador!

—anunció Aquiles—.

¡O quizás no…

esperen!

En un arranque de pura voluntad, me puse de pie como pude, tambaleándome.

—¡No voy a perder!

—grité, escupiendo un chorro de sangre por la boca.

—¡Wow!

¡Es la primera criatura que le aguanta un castigo tan contundente a nuestro soberano!

—gritó el presentador, entusiasmado por la carnicería.

—Me gusta tu temple, chico, pero…

—Zoran apareció frente a mí en un parpadeo.

Antes de que pudiera reaccionar, su puño ya impactaba en mi nariz—.

No eres rival para mí.

El golpe me mandó volando por los aires.

Choqué de espalda contra la pared del coliseo con un estruendo metálico.

El mundo se fragmentó en mil luces blancas antes de que un silencio absoluto se tragara los gritos de la arena.

La oscuridad no vino suavemente; me golpeó como un telón de plomo.

—Samuel…

Samuel…

Despierta —una voz a lo lejos me llamaba—.

Despierta…

No mueras, por favor.

Un frío repentino me recorrió la columna y volví en sí con un jadeo violento, como si mis pulmones hubieran olvidado cómo dejar entrar el aire.

El techo no era el cielo del coliseo, sino una piedra oscura y húmeda.

Miré a mi alrededor y estaba en una…

¿cama?

¿Dónde carajos estaba?

Por un momento, pensé que había muerto otra vez.

El cuerpo me dolía como si todos mis huesos estuviesen triturados; bueno, siendo realistas, tal vez sí lo estaban.

Intenté sentarme, pero una voz femenina gritó desde el otro lado de la estancia.

—¡Ni se te ocurra moverte!

—No era una voz que conociera—.

Si te mueves ahora, te vas a morir de verdad.

Una anciana de piel verde, de unos dos metros de altura, con cuernos en su cabeza y pelo plateado entró adonde me encontraba.

Se veía imponente pero sus ojos mostraban cierta amabilidad.

—A veces Zoran es demasiado bruto —comentó la anciana mientras revisaba unos frascos.

—¿Dónde estoy?

¿Por qué…

por qué sigo con vida?

—pregunté angustiado, sintiendo cómo el mundo me daba vueltas.

—Tranquilo, yo te salvé.

Soy la curandera del Rey.

No pude preguntar nada más.

La oscuridad volvió a reclamarme y me desmayé de nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo