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El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 Bajo la Mirada del Rey
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23: Bajo la Mirada del Rey 23: Bajo la Mirada del Rey —Oye…

¿sigues con vida?

—Escuchaba esa voz a cada rato, repitiendo la misma pregunta.

Solo quería que se callara y me dejara dormir; estaba exhausto—.

¡Despierta, maldito vago!

Sentí un golpe seco en el estómago que me sacó del letargo al instante.

—¿Qué pasó?

¿Por qué tanta violencia?

—pregunté aturdido, sintiéndome como si tuviera la peor resaca de mi vida.

—¡Llevas un mes dormido!

—exclamó la anciana verde que me había rescatado.

—¿Qué?

¿Cómo que un mes?

—Me quedé atónito.

Eso no era dormir; literalmente había caído en coma.

—Pensé que habías estirado la pata de verdad.

Al menos, pasar tanto tiempo inconsciente ayudó a que tu cuerpo sanara de forma eficiente —dijo la señora con un tono burlón mientras acomodaba unos ungüentos.

—¡Muchas gracias por cuidarme, señorita!

—Me senté como pude, sintiendo un crujido en cada vértebra, y le agradecí de corazón.

—No me agradezcas a mí, agradécele al Rey.

Por alguna razón, él me pidió personalmente que te mantuviera con vida.

Por cierto, me llamo Mona.

—Oiga, Mona…

¿Sabe por qué el Rey no me ejecutó en la arena?

—¿Quién sabe?

A veces ese muchacho es muy imprudente —respondió con desdén mientras guardaba unas hierbas—.

Solo sé que tiene curiosidad por saber cómo un animal estúpido y salvaje como un Liva puede tener raciocinio y ser tan resistente.

—Supongo que tiene sentido —me levanté con cuidado, sintiendo un leve mareo, para luego hacerle una reverencia profunda—.

De verdad, muchas gracias por cuidarme y salvar mi vida.

—¡Ya te dije que no hagas eso!

¡Ay, estos jóvenes de hoy en día!

¡Levántate ya!

—me regañó con un gesto de la mano.

Me puse de pie, tratando de recuperar el equilibrio.

—Su majestad me ordenó que quería verte apenas despertaras, así que tengo que llevarte al palacio —pronunció Mona mientras abría la puerta de par en par, dejando entrar un torrente de luz que casi me deja ciego—.

¡Vamos, muévete!

Al salir, quedé asombrado.

Esto no se parecía en nada a lo que vi en aquel lugar adonde me llevaron cuando me secuestraron.

Frente a mí, se alzaba un edificio de dos pisos incrustado directamente en la piedra; estaba tallado en la misma montaña.

Miré a mi alrededor y todas las casas tenían ese estilo; estaban pintadas de diferentes colores y, aunque las decoraciones eran rudimentarias, se sentían acogedoras.

Había gente paseando y niños jugando como si nada.

Era un pueblo normal; además, estos demonios parecían razonar y convivir, no como los desquiciados que asesinaron a mis padres.

—¡Oye, muchachito, apúrate!

—gritó la vieja Mona desde unos metros más adelante.

Tenía más preguntas que respuestas, pero en ese momento, lo único que podía hacer era seguirla hacia el palacio.

Caminamos un rato hasta que salimos de aquella villa.

Desde allí pude apreciar que me encontraba en medio de dos acantilados, a una altura vertiginosa; mi destino se divisaba a lo lejos, tras pasar una colina.

Con el viento azotando mi piel, seguí el camino hasta los aposentos del Rey.

Al llegar a la gran puerta de la entrada, había dos guardias grandes y corpulentos custodiándola.

“Aquí fue donde tuve que hacerme el muerto…

qué humillante”, pensé mientras los pesados portones se abrían.

El palacio también estaba incrustado en una montaña de piedra caliza, pero era inmenso, nada que ver con aquellas casitas de colores.

Una vez dentro, me encontré frente al trono.

Zoran no estaba, pero sí la linda Janeth, tan imponente como recordaba.

—¡Hola, Janeth!

—La saludé con la mano, pero ella ni siquiera me dirigió la mirada—.

Tan amargada como siempre, no has cambiado nada en este mes.

—¡Cállate, maldita alimaña!

¡Estás vivo solo porque el destino es caprichoso!

—respondió furiosa, apretando los puños—.

Su majestad vendrá pronto a hablar contigo.

Siéntate por ahí…

o muérete, lo que prefieras.

—”Sigue intentando conquistarla, sé que nunca lo conseguirás” —la voz del Sistema se hizo presente en mi cabeza, riéndose de mí.

Me senté en uno de los sillones de la sala.

Me resultaba extraño que, aunque el reino se veía próspero a primera vista, todo fuera tan arcaico.

¿Quizás estaba en una época muy antigua de este mundo?

Esto me recordaba un poco a Babilonia o al antiguo Egipto, al menos tal como los libros los representaban.

Esperé durante una hora hasta que todos en la sala se pusieron firmes y tensos.

—¡Todos denle la bienvenida a su majestad!

—anunció la voz de Aquiles, el narrador del coliseo.

Se escuchaban pasos pesados a lo lejos.

El gigante entró con su hacha al hombro, sosteniendo el cadáver de un Shockpinfinder bajo el brazo.

Me quedé estupefacto.

¿Cómo se me ocurrió pelear contra este loco?

Era normal que hubiera perdido de la peor manera.

Acto seguido, el monarca clavó su arma en la pared con una facilidad pasmosa y lanzó la bestia al suelo.

—¡Quiero que el nuevo chef me prepare este animal que acabo de cazar!

—exclamó el Rey, viéndose genuinamente orgulloso.

—Enseguida, mi señor —Janeth ordenó a cuatro demonios pequeños que se llevaran el cadáver; apenas podían arrastrarlo entre todos.

—¡Aquí estás, Samuel!

—El gigante se acercó a mí con zancadas que hacían temblar el suelo—.

¿Cómo has estado?

—Creo que no he estado muy bien últimamente; alguien casi me mata —respondí con una arrogancia que ni yo mismo me creía..

—¡¿Cómo te atreves a hablarle así a su majestad?!

—gritó Janeth.

—Lo traje tal como me ordenó su majestad —intervino Mona, calmando el ambiente con su sola presencia.

—Muchas gracias.

Ya te puedes retirar, madre —respondió Zoran.

Me quedé de piedra.

¿Mona era la madre del Rey?

Eso explicaba muchas cosas, especialmente su falta de miedo ante el gigante.

La anciana se marchó con paso tranquilo y, seguidamente, el vikingo se acomodó en su trono de piedra.

—¿Sabes algo, Samuel?

Me gusta que, a pesar de la paliza que te di, estés aquí frente a mí como si nada hubiera pasado —dijo el Rey, apoyando el rostro sobre su puño cerrado.

—Tampoco es que me vaya a poner a llorar por eso.

Pero dígame…

¿por qué me dejó vivo?

—pregunté, yendo directo al grano.

—Quién sabe.

Quizás fue un simple capricho mío —respondió, restándole importancia con un gesto—.

Pero dime…

¿quién eres en verdad?

Zoran se hincó hacia delante, acortando la distancia entre nosotros y mirándome fijamente a los ojos.

Su presencia era abrumadora.

—Seré directo contigo.

No es normal que un Liva tenga tanta fuerza y voluntad, ni siquiera siendo uno de sangre demoníaca.

Tú ocultas algo.

“¡Mierda, ¿qué le digo?!

No le puedo confesar que reencarné como una piedra; podría meterme en muchos problemas.

Debo ser cauteloso”.

—Ya te lo dije antes: comí carne de un demonio que intentó matarme —lo miré desafiante, sosteniendo la mentira.

—Eso es verdad, pero no explica el porqué tenías consciencia desde antes —replicó el gigante, sin apartar la vista de mí.

—A ver, ¿cómo decirlo?

Desde que era un bebé, al parecer, soy el único de mi especie que razona —respondí, sintiendo un sudor frío por los nervios.

—¿Entonces dices que ni tú mismo sabes por qué eres así?

—Exactamente.

Un día me golpeó algo que se veía igual a mi madre y aparecí aquí, en su hogar —expliqué, tratando de unir los puntos.

—Es extraño…

los Moria no tienen esa habilidad —murmuró Zoran.

—¿Qué es un Moria?

—cuestioné con curiosidad.

—Son demonios de bajo rango que habitan la penumbra, en las afueras del reino.

Tengo a algunos esclavizados aquí en el palacio, pero el día que apareciste, tuvieron una revuelta y se colaron en el castillo —se llevó la mano a la barbilla, pensativo—.

Tal vez te vieron como comida mientras cazaban y te trajeron aquí como su cena.

Pero eso no explica lo del cambiaformas.

“Entonces, lo que me noqueó no fue un Moria”, pensé, cada vez más confundido.

—Eso fue lo que pasó.

No soy de estas tierras; estaba tranquilo viviendo mi vida y fui arrastrado a este lugar en contra de mi voluntad.

Además, mataron a mis padres y usted me dio una golpiza —respondí con una furia que me quemaba el pecho.

—Tranquilo.

Siento lo de tus padres.

Voy a investigar lo sucedido; mientras tanto, necesito que te quedes en el reino —respondió el vikingo, suavizando el tono para calmar el ambiente—.

Janeth, manda a preparar una habitación para nuestro nuevo invitado.

—¡Pero señor!

Ese bastardo tuvo la osadía de intentar quitarle el trono —replicó la chica, con los ojos echando chispas.

—Ya sabemos que eso fue un malentendido; no es una amenaza real por el momento —el monarca me miró fijamente, con una intensidad que me hizo tragar saliva—.

Espero que te portes bien, Samuel.

Ya sabes de lo que soy capaz si me provocas.

Luego de eso, Janeth me escoltó de mala gana hacia una habitación dentro del palacio.

Al cerrar la puerta tras de mí, me desplomé sobre la cama.

Todo esto era cada vez más confuso; me dolía la cabeza de tanto intentar encajar las piezas de este rompecabezas.

[Has subido una estadística] [Charlatán 1 › 2] ……………………………………………….

[Misión principal: mata al Leviatán] [Tiempo restante: 2 años, 10 meses y 25 días] [Misión secundaria: dale una lección al Rey Demonio] [Tiempo restante: ??]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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