El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 24
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
24: La Villa Vertical 24: La Villa Vertical Bueno, ahora estoy encerrado en esta habitación sin saber qué va a pasar.
Al menos ahora soy un poco más fuerte, así que tengo más posibilidades de cumplir la [Misión Principal].
El lugar donde estoy es bastante lindo; tiene una cama de madera con un colchón de paja que, al menos, es más cómodo que mi cama de hojas secas en el nido de mis padres.
También hay una ventana amplia por donde entra mucha luz y, al lado de la cama, una mesita.
Eso es básicamente todo.
Para ser un palacio lo veo bastante pobre, aunque supongo que es normal considerando lo primitivo que es este reino.
Esperaba al menos una alfombra o cortinas de lujo; tengo que dejar de ser tan exigente.
Me tiré a la cama y se sentía sumamente suave, algo que no esperaba.
¿Me dejarán ir al pueblo?
Quiero conocer la “civilización” de este lugar.
¿Tendrán escuelas o algún tipo de entretenimiento?
Decidí que saldría sigilosamente para que la amargada de Janeth no se ponga rara.
Abrí la ventana y el viento golpeó mi cara con fuerza.
Cuando miré hacia abajo, me quedé helado.
Eran al menos cuarenta metros de caída; sentí un vértigo que me recorrió toda la columna.
Bueno, se descarta salir por ahí.
Tendré que irme por la puerta como una persona normal.
Me dirigí a la salida y, apenas puse un pie fuera, escuché un grito.
—¿A dónde crees que vas?
—era Janeth.
—Oye, estoy empezando a pensar que te gusto o algo así.
Simplemente quiero pasear por el pueblo, no aguanto el aburrimiento —dije de manera tosca.
—Nunca me va a gustar una bestia inmunda, enana y que camina encorvada como un animal —respondió la chica.
—Un insulto directo duele menos.
¿Puedo salir o no?
—El Rey no prohibió tu salida; solo me dijo que te acompañara a todas partes y cuidara de ti.
“Así que me van a mantener vigilado”, pensé.
—Yo me voy a pasear.
Haz lo que quieras —emprendí el camino hacia la salida del palacio.
Luego de un rato llegué a la villa; allí pude observar mejor la entrada.
Era en su mayoría de piedra, con vigas de madera para que todo se mantuviera en pie.
El portón consistía en troncos amarrados uno al lado del otro.
Me adentré, y cada persona cerca se me quedaba mirando mientras murmuraba.
Era de esperarse; después de todo, soy el animal que le aguantó varios golpes al monarca de estas tierras.
Además, resulta extraño ver a una criatura normalmente salvaje andando por allí como si nada, hablando y razonando como un demonio común.
La arquitectura del lugar es curiosa, por decir lo menos.
Como mencioné, las casas están construidas dentro de los acantilados; los edificios se amontonan uno sobre otro, comunicados por escaleras y puentes colgantes de madera.
Es algo que nunca había visto, ni siquiera en la fantasía.
Caminé un rato más por las calles de tierra hasta toparme con una multitud.
Me acerqué para ver a qué se debía tanto alboroto y, al meterme en el caos, entendí lo que ocurría: dos personas se estaban moliendo a golpes.
No era una pelea normal; se notaba que cada impacto dolía.
Aquí todo el mundo mide alrededor de dos metros; hasta los niños son más grandes que yo.
Me sorprendió que nadie interviniera; se limitaban a observar y vitorear a los peleadores como si fuese una batalla de boxeo.
Las cosas son muy “divertidas” por aquí.
Momentos después hubo un ganador: un demonio robusto, lleno de cicatrices y con cara de viejo que delataba un pasado violento.
Al terminar, la multitud se dispersó, dejando al pobre desgraciado que fue noqueado tirado en el suelo como basura.
Con el sol potente y el clima árido de la zona, me acerqué al tipo y lo arrastré hacia la sombra.
Me alejé de allí y seguí recorriendo.
Poco después, llegué a lo que parecía ser el mercado: puestos por doquier, gente caminando con prisa y un montón de criaturas parecidas a camellos amarradas a la pared de una casa.
Esto me recuerda más al caos de la vida moderna.
—¡Fruta fresca!
¡Fruta fresca!
¡Lleve su fruta fresca!
—¡Pescado recién atrapado!
¡Lleve su pescado!
—¡Tenemos las mejores prendas de vestir!
¡Para demonios gigantes y pequeños!
Los gritos de los mercaderes ofreciendo productos y servicios no paraban.
Por alguna razón, me sentí feliz; hacía mucho tiempo que no notaba el calor de las multitudes.
Pasé tres años conviviendo únicamente con mis padres y con Uuk.
¿Qué estará haciendo mi amigo dragón?
Entre tanta cosa un olor me llamó la atención, era algo parecido al pastel; se me hizo agua la boca.
Corrí siguiendo el rastro y llegué a un puesto metido en un callejón.
Tenía sobre la mesa un montón de panes, me decepcionó un poco porque ya me preparaba para una deliciosa tarta.
—Oh, ¿Miren a quién tenemos aquí?
¡Es el Liva inteligente!
¿Qué te trae por aquí amiguito?
—el tendero preguntó.
—El olor de estos panes es increíble —le dije entusiasmado.
—¿A qué sí?
¿Quieres un poco?
—¡Claro que sí señor!
—el tipo sacó un trozo y me lo dió, apenas lo mordí casi salto de alegría—.
¡Esto está increíble!
Muchas gracias.
—No hay de qué.
El señor me regaló otro pedazo.
Salí del mercado y llegué a otro lugar, al parecer este era el final del pueblo.
A partir de allí no había más nada, ni siquiera una muralla.
¿Quizás es para ampliar luego?
Quien sabe, a veces los seres vivos somos raros.
Ya había explorado un poco y sin darme cuenta, pasé toda la tarde caminando; ya la noche caía.
—Supongo que debo volver al palacio —suspiré mientras me estiraba.
De repente, sentí una presencia detrás.
Me puse en guardia y me volteé: tenía a tres tipos rodeándome.
—¡Este es el bastardo que desafió al Rey!
—gritó uno.
—¿Cómo te atreves, infeliz?
—insultó otro.
—¡Te vamos a dar una paliza!
—Tranquilos, chicos, no quiero problemas —dije, tratando de calmar las aguas.
Fue en vano; los tipos se lanzaron de frente al ataque.
Pero, de la oscuridad, Janeth salió y lo detuvo todo en seco.
—¡Cálmense!
—ordenó la mujer.
—¡Aquí está la chupamedias del Rey!
—comentó uno de los rufianes.
—¿Quieren ver de lo que soy capaz?
—preguntó Janeth con un tono amenazador.
Los tipos se rindieron de inmediato y se largaron.
—Está bien, el rey se ha vuelto muy suave —susurró uno mientras se iba.
—Gracias por ayudarme, pero yo podía con todos —solté, tratando de no quedar mal.
—No lo hice por ti; fue por ellos.
“¿Así que reconoce que soy fuerte?
Interesante”, pensé.
—Bueno, igual ya me iba al castillo.
¿Me acompañas?
—pregunté.
—No tengo más opción.
Vamos.
Con eso dicho, emprendimos el regreso a los aposentos de su majestad.
Volvimos y me llevaron al cuarto.
Era de noche y el sueño me reclamaba; me lancé a la cama y caí profundamente dormido.
De pronto, me encontraba en aquel lugar blanco cubierto de niebla.
Hacía tres años que no sabía nada de este sitio.
Caminé hasta encontrarme con la misma cabaña de la última vez.
—¡Aquí estás, mi pequeño Frido!
—era la voz femenina que me dio la misión.
—¿Qué hago aquí otra vez?
Aún no he completado la misión —respondí.
—Eres un maleducado.
Te saludo y tú ya empiezas con tus preguntas.
—Lo siento por mi mala educación.
¿Cómo ha estado?
—Así me gusta.
Te preguntarás qué haces aquí —la chica puso una voz intensa—.
Tengo otro favor que pedirte.
—¿Ahora qué quieren?
—cuestioné.
—No seas tan amargado, es algo pequeño: ayuda al Rey Zoran a calmar la rebelión que está por comenzar.
Así también podrás completar la misión secundaria.
—¿Una rebelión?
¿Cómo se supone que voy a ayudar yo?
—dije confundido.
—Sé que podrás hacerlo; confío en ti.
Cuídate, hay mucha gente que te odia en este reino.
Te quiero.
Todo se desvaneció de repente y sentí como me tiraban para abajo.
Desperté en el mundo real, me dolía un poco el cuerpo.
—Estos tipos solo piden cosas y no ayudan.
Al menos denme una pista o algo útil —murmuré fastidiado—.
Odio tener visiones raras; cada vez que visito ese lugar, todo empieza a cambiar.
La cosa se estaba poniendo complicada.
Al parecer, tendría que intervenir justo cuando lo único que quería era volver a mi árbol y prepararme para el Leviatán.
Pero en este mundo, nada es tan fácil.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com