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El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 25

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25: Ingeniería de otro Mundo 25: Ingeniería de otro Mundo Y así pasé una semana, yendo al pueblo todos los días para explorar e investigar; Janeth siempre me seguía a todos lados.

En uno de esos viajes, me enteré de que este reino se llama Divon y que está conformado por cuatro pueblos: la Villa entre Acantilados (cerca del palacio), Bigue, que es una aldea en las costas; Honoriria, situada en las montañas, y Futoterra, que se encuentra cerca del bosque donde aparecí.

Aún no sé nada acerca de la dichosa rebelión de la que me advirtió la voz femenina; quisiera saber cómo se llama para no dirigirme más así hacia ella.

Esto está siendo complicado y el rey Zoran no ha vuelto desde que me dieron cobijo en el palacio.

¿Cómo se supone que voy a ayudar?

Tal vez pueda ir a las demás aldeas para investigar; la cosa es que la gigantona amargada, no creo que me deje.

Me siento incómodo porque siempre me está vigilando.

Transcurrieron tres días más y por fin el rey apareció.

Por lo que me enteré, su ausencia se debió a que estaba atendiendo una crisis en Bigue: al parecer, el alimento se estaba pudriendo.

En este lugar no existen refrigeradores, así que es normal.

Quizás pueda sugerir una forma de conservar los alimentos y así lograr que me lleven allá para investigar.

El problema es que apenas recuerdo cómo funcionan las neveras, y están descartadas por la falta de electricidad y materiales.

Podría intentar algo con hielo; sé que en la antigua Persia un emperador ideó una forma de mantenerlo fresco en medio del desierto.

Si lograra recordar cómo se hace, esa podría ser mi siguiente jugada.

Fui a la sala del trono y pedí una audiencia con el monarca.

—Buenos días, su majestad —saludé a Zoran.

—¿Pediste una audiencia?

¿Para qué exactamente?

—preguntó el rey con curiosidad.

—Escuché que están teniendo problemas en Bigue por la comida que se les pudre y creo tener la solución.

El gigante se quedó pensando en silencio.

—¿Qué propones?

—se veía serio.

—¿Sabe lo que es el hielo?

—pregunté.

—Sí, es el cristal que se genera en lo alto de las montañas.

¿Por qué lo preguntas?

—Si lo sabemos usar, esos cristales servirían para mantener la comida fresca.

—Podría ser, sin embargo se derrite al sacarlo de la montaña —dijo el vikingo.

—En eso tiene razón, pero hay una solución para mantenerlo sólido y que no se derrita —anuncié con entusiasmo.

—Tienes toda mi atención, Samuel.

—Podríamos construir una estructura que mantenga el frío; allí guardaríamos el hielo junto a los alimentos para preservarlos.

—Tiene sentido —concedió el monarca—.

El problema es transportar los cristales desde las cumbres sin que se echen a perder.

—Tiene razón, su majestad.

De momento no sabría cómo conservar el hielo durante el transporte.

Deme algunos días y le traeré el plan totalmente pulido —prometí.

—Está bien, espero que me sorprendas.

Salí de allí y volví a mi cuarto; ahora tenía un reto entre manos.

Sé que soné muy confiado, pero no sé cómo carajos transportar hielo sin que se derrita; la vida moderna me convirtió en un completo inútil.

Debí haber estudiado ingeniería en vez de quedarme haciendo videojuegos.

Menos mal que la historia siempre me gustó; gracias a eso recuerdo muchas cosas útiles.

Si quiero que no se derrita, necesitaré algo que lo mantenga frío todo el viaje…

algo así como un aislante térmico.

A veces, mientras estaba acostado viendo mi teléfono, me salían videos de la India donde las personas vendían helado en la calle sin la necesidad de un congelador.

Metían hielo en un recipiente de metal y le agregaban sal…

¡Eso es!

Quizá eso ayude.

También recuerdo que compraban los bloques en un carrito donde estaban cubiertos de aserrín.

¡Eso tiene que ser!

Gracias, India, por vivir en el pasado.

La ventaja es que, como Bigue es una aldea costera, será fácil conseguir la sal.

El verdadero reto es el aserrín.

Tal vez se pueda sustituir con paja o telas, pero primero voy a volver al pueblo; recuerdo haber visto lugares donde trabajan la madera.

No será fácil convencer a la gigantona de que me deje hurgar entre los desechos de los carpinteros, pero es mi única oportunidad.

Si logro que este plan funcione, no solo salvaré la comida de Bigue, sino que tendré el pase de salida que tanto necesito para investigar la rebelión.

Con un plan en mente, al día siguiente fui a la Villa entre Acantilados.

Apenas llegué, me dirigí hacia las carpinterías; entré en una y, para mi sorpresa, había un señor trabajando con herramientas de hierro.

Eso era nuevo, ya que muy pocas personas tienen ese material aparte del rey.

—Buenos días, mi señor —saludé al trabajador.

—Hola.

¿Qué desea?

—respondió un poco cortante.

—Oiga, ¿podría ver dónde lanzan los desechos de la madera?

El tipo me miró raro; supongo que es normal, soy un animal que habla.

—Detrás de la tienda; allí tiramos todo para luego usarlo como combustible —respondió.

Salí y fui a la parte de atrás.

Allí me encontré con un montón de retazos de madera y algo parecido al aserrín.

“Quizás esto funcione”, pensé.

—¿Ahora qué tramas, pequeña alimaña?

—La voz de Janeth se hizo presente.

—Estoy haciendo ciencia, señorita.

—Escuché que te ofreciste para solucionar el problema en Bigue —dijo la chica con cautela.

—Tienes razón, esto ayudará con ese problema.

En vez de hacerme un interrogatorio, ayúdame con esto.

Extrañamente aceptó y, al cabo de un rato, ya tenía todo en el castillo.

Ahora tocaba idear cómo hacer la estructura y el transporte; todo avanzaba poco a poco.

Esa misma noche, pensé en cómo hacían el material de las paredes para que el aire frío no se filtrara.

Debieron usar algún tipo de resina o aislante; no existía el plástico, así que debieron sacarlo de la naturaleza.

Tal vez de los animales…

¡Eso es!

El pelo y la piel de los seres vivos normalmente segregan aceites para mantenerse protegidos.

Allí estará la solución.

Debo conseguir barro, pelo de animal y creo que ya estará todo listo.

Me siento todo un ingeniero.

Creo que vi una historia parecida antes: era un tipo que renació como yo, pero él, al menos, apareció en un mundo con humanos.

¡Qué ironía!

Voy a ser el primero en hacer una nevera; me siento muy feliz e inteligente.

¿Cómo es que alguien tan inútil puede cambiar al mundo?

Esa es la ventaja de venir de un lugar tan próspero como el mundo moderno.

Al menos, de momento solo tengo que lidiar con problemas pequeños; no quiero ni imaginar cómo será todo en un futuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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