Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. El Alma que la Muerte Rechazó
  3. Capítulo 29 - 29 Sujeto de Prueba
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

29: Sujeto de Prueba 29: Sujeto de Prueba Ya es hora de dormir, pero hay un problema.

Les dije a esas dos mocosas que se podían quedar en mi habitación; estaban cansadas y se fueron hace rato, así que ya deberían estar dormidas.

Sin embargo, no sé si confiar.

Aunque ahora parezcan un poco más amables, antes intentaron matarme porque al “Patrón” no le agradaba mi presencia.

¿Y si lo del supuesto casamiento es mentira?

¿Y si solo están fingiendo?

No creo que alguien cambie de bando así como si nada.

Voy a entrar con cautela, dispuesto a pelear.

Me acerqué.

La noche estaba muy oscura y en el palacio siempre ha habido pocas luces.

Avancé poco a poco con los nervios de punta; por alguna razón, tenía miedo.

Llegué hasta la puerta y la abrí lentamente, con el corazón palpitando como loco, esperando lo peor.

Entré y…

no pasó nada.

Estaban dormidas en una cama al lado de la mía.

Hasta parecían un par de angelitos.

“Menos mal”, pensé mientras me secaba el sudor.

De pronto, una estaca de madera rompió la ventana y atravesó la habitación; iba directo a mi cabeza.

Por puro instinto, la esquivé.

El estruendo despertó a las pequeñas de golpe.

—¿Qué pasó?

—preguntó una de ellas, todavía somnolienta.

—Nada, tranquila —le respondí, intentando calmarlas.

—Yo creo que el cucaracho pervertido nos quería tocar mientras dormíamos —soltó la otra, recuperando su veneno habitual en segundos.

—¡¿Así que tú eres el que secuestró a mis pequeñas?!

—rugió una voz femenina desde afuera.

Era una voz grave y poderosa; definitivamente no era Janeth.

—¡Madre Karlota está aquí!

—gritaron las gemelas al unísono.

¿Madre Karlota?

¿Cuántos personajes hay en este mundo?

Primero el “Patrón” y ahora esta.

—¿Quién es Madre Karlota?

—pregunté, sintiendo que la situación se me escapaba de las manos.

—Es nuestra cuidadora —respondieron, y de pronto, ambas se abalanzaron sobre mí y me abrazaron con fuerza—.

Ella es mala con nosotras…

¡No dejes que nos lleve!

¿Cómo era posible que estas dos niñas, que hace poco se comportaban como psicópatas, estuvieran tan asustadas?

¿Qué clase de persona era esa tal Karlota para inspirar un terror que ni Janeth logró provocarles?

—¡Suelta a mis niñas, maldito pervertido!

—rugió Karlota desde el exterior.

De inmediato, comenzó a lanzar una lluvia de estacas.

Tomé a las pequeñas por los hombros y me escondí con ellas debajo de la cama.

Sentí algo húmedo corriendo por mi brazo; era sangre.

Al parecer, una de esas cosas me había rozado.

¿Por qué siempre me pasa todo a mí?

Solo soy un animal feo en un mundo de locos.

—Quédense escondidas aquí —les ordené a las mocosas.

—¡No!

—una de ellas me sujetó del brazo con una fuerza desesperada-.

Promete que volverás.

—Lo prometo —le dije, intentando sonar más valiente de lo que me sentía.

Me soltaron y salí de debajo de la cama para dar la cara.

Pero antes de que pudiera decir una palabra, una cuerda se enredó en mi cintura con la precisión de un látigo y me jaló violentamente hacia la ventana rota.

Les recuerdo que mi habitación está a unos cuarenta metros de altura…

y ahora mismo, me encontraba suspendido en el aire, balanceándome hacia el vacío.

—¡Me cago en la puta!

¿Qué hago?

¡No soy Spider-Man para columpiarme!

—me quejé mientras caía al vacío a toda velocidad.

Miré hacia abajo y el suelo se acercaba de forma aterradora.

Quizás en otro tipo de mundos alguien aparecería para salvarme en el último segundo, pero aquí no llegó nadie.

¡PLAF!

Me estampé contra la tierra.

Sentí cómo mis huesos se resquebrajaban bajo el impacto.

¡CRACK!

Un intenso sabor metálico invadió mi boca y comencé a escupir sangre.

Mi nariz se hizo pedazos al impactar de cara; mis brazos habían quedado doblados hacia atrás en un ángulo imposible.

El aire se me escapaba y me empezó a faltar la respiración.

¿Por qué no morí en el acto?

Este dolor es simplemente insoportable.

—Ay, mierda…

—gemí, intentando arrastrarme por el suelo mientras la vista se me nublaba.

—¡Tú no vas a ninguna parte!

—rugió la voz de Karlota, acercándose como una depredadora—.

Te haré sufrir por haberte llevado a mis niñas.

Sin previo aviso, usó la cuerda para sujetar mis brazos y, con un tirón seco y despiadado, los encajó de vuelta en su lugar.

—¡¡AAAAAAAAAAAH!!

—El grito me desgarró la garganta, pero a ella no pareció importarle.

—¡Así me gusta!

¡Sufre!

Ignorando mis alaridos, me amarró a una piedra gigante, estirando mis extremidades con las cuerdas hasta dejarme en tensión.

—Te voy a matar lentamente —sentenció con una lentitud escalofriante.

Ya no podía ni gritar; el pecho no me daba para más.

Sentía cómo mi propia sangre empezaba a ahogarme por dentro.

Entre espasmos, pude ver a esa maldita loca: tenía el cabello extremadamente largo, pelaje en los brazos y la cara oculta tras una tela.

Lo único que destacaba en su siniestra figura eran sus zapatos rojos.

Lanzó una de sus estacas y la clavó directamente en mi pierna.

¡SHLUCK!

—¡¡MMMMMMMPH!!

—El grito se quedó ahogado en mi garganta, atrapado por la sangre.

No podía ver sus ojos ni su sonrisa tras esa tela, pero sabía que lo estaba disfrutando.

Mi visión empezó a teñirse de un rojo denso por la sangre que bajaba de mi frente, nublándolo todo.

—Si te dejo así, colgado, vas a morir en una agonía lenta.

Es justo lo que mereces por intentar llevarte a mis pequeñas —sentenció con frialdad.

Lanzó otra estaca a mi otra pierna.

¡SHLUCK!

—¡¡MMMMMMMPH!!

Luego una a mi brazo…

¡SHLUCK!

—¡¡MMMMMMMPH!!

Y, por último, otra al brazo restante…

¡SHLUCK!

—¡¡MMMMMMMPH!!

Me había clavado a la roca como si fuera un insecto en un muestrario.

Una vez terminó su “obra”, la loca simplemente se dio la vuelta y se marchó, sus zapatos rojos perdiéndose en la oscuridad.

Mientras la conciencia se me escapaba, alcancé a escuchar el eco de un caos absoluto proveniente de mi habitación, allá arriba.

Solo espero que Janeth o el Rey puedan controlar la situación…

porque yo ya no puedo más.

Todo se desvaneció en un negro profundo y silencioso.

—¡Esa tipa te dejó bastante jodido!

—una voz infantil me habló desde la nada—.

Esos malditos quieren tu cabeza desde que declinaste su oferta.

Recuperé el aliento de golpe y abrí los ojos.

Me encontraba en un lugar completamente distinto, algo así como una especie de jardín infinito.

Al mirarme las manos, el corazón me dio un vuelco: eran humanas.

En este lugar ya no era Samuel el Liva; volvía a ser Frido, el humano.

—¿Qué es esto?

—pregunté mientras me llevaba las manos a la cabeza.

Me dolía todo, una jaqueca insoportable me martilleaba las sienes—.

¿Dónde estoy?

—¡Estás en mis aposentos!

—respondió la voz infantil con un tono bastante alegre—.

Soy DyTPo, un gusto.

Frente a mí, sentado con total naturalidad, había un niño.

Estábamos en medio de lo que parecía una especie de picnic, rodeados de una paz que resultaba casi insultante comparada con el dolor que sentía hace apenas unos segundos.

—Yo antes estaba…

—De pronto, el recuerdo físico de la tortura recorrió mi cuerpo como una descarga eléctrica—.

¡¡AAAAAAAAAH!!

Grité con todas mis fuerzas.

Por alguna razón, el dolor había vuelto con la misma intensidad que en los árboles.

¿Sería una especie de estrés postraumático o mi alma aún estaba ligada a ese cuerpo destrozado?

DyTPo reaccionó rápido; me agarró la mano y, al contacto, el tormento se esfumó por completo.

Me sentía como nuevo, con una claridad mental que no recordaba haber tenido nunca.

Al fin pude observarlo mejor.

No era un niño común; su cuerpo era totalmente oscuro, una silueta que parecía un agujero negro viviente.

No tenía rasgos, a excepción de una sonrisa que brillaba con un blanco intenso y constante.

—Mejor, ¿verdad?

—dijo, sin que su sonrisa flaqueara—.

No puedes morir todavía, Frido.

Sería un desperdicio después de todo lo que hemos planeado para ti.

—¿”Hemos”?

—pregunté, echándome para atrás—.

¿Quién eres y qué quieres de mí?

—Soy lo que los humanos llaman Dios —respondió con naturalidad.

Dio un chasquido con sus dedos oscuros y, al instante, el jardín infinito se desvaneció para dar paso a un vacío blanco absoluto—.

¿A que no esperabas que fuese así?

Se levantó con la agilidad de un niño y se sentó en una elegante mesa de té que apareció de la nada, flotando en medio de esa blancura cegadora.

—Toma asiento, por favor —pidió con esa voz inocente que no terminaba de encajar con su apariencia.

Me levanté, todavía un poco aturdido por la transición, y tomé asiento frente a él.

Mis manos humanas temblaban ligeramente sobre la mesa.

—¿Cómo que eres Dios?

—pregunté, incapaz de procesar la información.

—A ver…

¿cómo explicarlo?

No me gusta el nombre de “Dios”, pero en concepto lo soy.

Algunos incluso dicen que soy el más poderoso de todos —su sonrisa se ensanchó de una manera tétrica, revelando que detrás de esa cortesía había algo mucho más antiguo y peligroso.

—¿Eso quiere decir que tú creaste todo?

¿Como dicen las Antiguas Escrituras?

—pregunté, todavía tratando de asimilar que estaba frente a la supuesta entidad más poderosa de la existencia.

—Eso de las escrituras antiguas es una mierda.

Las inventaron los Altos Mandos para que ustedes vivieran con miedo y no buscaran el verdadero poder —soltó con una tranquilidad que me heló la sangre—.

Pero eso da igual ahora.

No estamos aquí para una clase de teología.

Te traje acá porque esos tipos están muy ensañados contigo.

DyTPo tomó una taza de té que no parecía contener nada más que oscuridad pura y me miró fijamente.

Su sonrisa blanca era lo único que cortaba el vacío de su rostro.

—Ahora sí, a lo que te traje —continuó, dejando la taza sobre la mesa con un tintineo sutil—.

Al parecer, hace unos años declinaste dos veces la oferta de una deidad, y eso no le sentó nada bien.

Tomó otro sorbo, disfrutando de mi confusión.

—Como pudiste apreciar en carne propia, te tienen en la mira.

Solo te traje aquí para advertirte; no quiero que mi sujeto preciado se rompa antes de tiempo.

—Recuerdo eso…

fue cuando el Shockpinfinder me estaba persiguiendo.

No pensé que decir que no iba a ser tan desastroso, pero es que no podía confiar —dije, sintiendo el peso de mi error caer sobre mis hombros humanos.

(Capítulo 12) —Bueno, se acabó el tiempo.

Los Altos Mandos se molestarán si sigues aquí —DyTPo dio un aplauso seco que resonó en todo el vacío blanco—.

Adiós, Frido.

Y cuídate mucho de Diva.

さようなら La paz de aquel sitio blanco se desvaneció, dejándome con una vorágine de más preguntas que respuestas.

Cuando abrí los ojos, seguía clavado en aquellla roca; el resplandor del sol chocaba contra mi cara.

El dolor infernal volvió y, por alguna razón, seguía vivo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo