El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 35
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
35: El Enviado 35: El Enviado ¿Ahora qué hago?
Todos me están viendo fijamente.
¿En este mundo qué hacen con los reencarnados?
Tengo un poco de miedo.
Janeth se puso tensa y también tiene la mirada fija en mí; nunca me ha gustado tanta atención.
—¿Es un enviado?
—preguntó alguien al fondo.
—¿Los enviados son los que vienen de otro mundo, no?
—preguntó también una voz joven.
—Se dice que hace más de cinco mil años no llegaba ninguno a Priya —dijo el hombre musculoso.
—Ahora todo tiene sentido.
Por eso es que, siendo un Liva, puede hablar y razonar como nosotros.
¿Tú eres el Liva que se enfrentó al rey?
—exclamó Antonella.
Estaba sentado en el regazo de la gigantona, sentí cómo se preparaba para pelear en cualquier momento.
—¿Las leyendas no dicen que los enviados son superpoderosos?
Él se ve normalito —bramó una persona joven que estaba sentada a mi lado.
—Vieja Mona, ¿estás segura de lo que dices?
—le preguntó la mujer mayor a Mona.
—Él estuvo a punto de morir; en ese momento lo salvé y vi su alma.
Estoy muy segura —respondió la anciana.
—Samuel estuvo en el palacio de la capital durante aproximadamente un mes; lo tuvimos como invitado porque a su majestad le dio curiosidad que un bichito le aguantara varios golpes —comenzó a hablar Janeth mientras levantaba la mano—.
Allí, él escuchó sobre el problema que tienen aquí con la comida y se dispuso a crear una solución.
Ahora tiene sentido que, de la nada, empezara a diseñar una estructura para mantener los alimentos frescos.
Doy fe de que es alguien con conocimientos externos.
Todos se calmaron un poco después de la explicación.
—A ver, ¿estás diciendo que solo sabe construir cosas?
¿Qué tiene de especial que alguien aguante varios golpes de su majestad?
—exclamó el joven a mi lado.
—Les recuerdo que el rey Zoran destruyó una montaña de un golpe durante la guerra, y este bichito en mi regazo aguantó varios de esos —replicó Janeth.
Ahora sí, a todos se les fueron las dudas.
—¿Qué sabes hacer aparte de construir?
—me preguntó la jefa de Bigue.
Nervioso, me puse de pie en el regazo de Janeth y luego me subí a la gran mesa.
—Primero que nada, me presento: soy Samuel, el Liva.
Y la señora Mona tiene razón: soy alguien que viene de otro mundo.
Tengo conocimientos avanzados para crear diferentes cosas; no digo que sea muy fuerte, pero me defiendo —anuncié, manteniendo la calma.
—¿Qué tipo de conocimientos tienes?
—volvió a preguntar la jefa.
—A ver…
Diría que de alquimia, herrería, mecánica y, quizás, magia.
Todos se alteraron en cuanto terminé la frase.
—¿Magia?
Hace mucho que nadie sabe usarla; la última fue la madre de su majestad —dijo el hombre musculoso.
¡Mierda!
¡Estoy jodido!
Dije eso sin pensar; no sé ni un poco de magia.
Pensé que sería bueno decirlo ya que sé cómo funciona la electricidad, pero esto es otro nivel.
—Dije que quizás sepa algo de magia; no prometo nada —repliqué.
—¿Y eso cómo ayudará con la guerra que se nos viene encima?
—preguntó de nuevo la jefa.
—Por alguna extraña razón, en las leyendas siempre se dice que los enviados son muy inteligentes.
Tanto que crean armas de destrucción masiva como si nada —respondió Mona.
“¡No pongan tantas expectativas en mí!
Con suerte sé programar.
¿Qué clase de personas han venido a este lugar?”, pensé aterrado.
—Pero esos enviados de las leyendas eran traídos por los dioses.
Él simplemente apareció y ninguna deidad lo anunció —explicó Antonella.
Esa chica tiene razón: a mí me lanzaron a este lugar convertido en piedra.
Ninguna diosa hermosa y exuberante me habló ni me dio habilidades.
¿Por qué todo es tan diferente conmigo?
¿Tal vez no debería estar aquí?
—Ella tiene razón; ni yo mismo sé qué hago en este mundo.
Quizás fui traído por algo o alguien que no conozco.
Lo único que tengo claro es que quiero devolver el favor de acogerme a Janeth y a Zoran —dije contundentemente.
—Vale, ¿y qué propones para salvar al rey Zoran?
—preguntó la jefa, siempre con sus dudas.
—Si fuera por mí, deberíamos ser cuidadosos.
El enemigo es bastante fuerte; logró secuestrar al rey y quedarse con el castillo y la capital —comencé a caminar en círculos mientras hablaba—.
La verdad es que tengo información sobre el enemigo.
Augusto es tan fuerte porque está siendo ayudado por algo más: por un ser despreciable y un poco inmaduro.
—¿Quién es exactamente?
Dinos todo lo que podría ser de ayuda —me preguntó el hombre musculoso.
—No sé el nombre; solo sé que es una deidad.
Y hay que tener cuidado: el poder que tiene el “patrón” lo hace prácticamente inmortal.
—Eso ya nos lo dijo Lady Janeth el día que llegó.
Dinos algo nuevo —exclamó el joven sentado al lado de Janeth.
—A eso voy.
Quizás haya una manera de romper el vínculo entre el hermano del rey y esta deidad rastrera.
La cosa es que no sé cómo, pero tengo algo que podría servir.
Denme unos días y lo verán.
—Está bien.
En unos días volveremos a hacer otra reunión.
Los líderes de las aldeas que no han sido conquistadas vendrán en una semana.
Tienes hasta entonces para presentar tu plan —dictaminó la jefa—.
La reunión se da por finalizada.
Todos se levantaron de sus asientos y procedieron a salir del edificio.
Me senté en la mesa donde estaba parado; la tensión era demasiada.
El hombre musculoso se me acercó.
—Tienes muchas agallas, pequeño Liva.
Venir acá y plantarte delante de nosotros así —me ofreció su mano—.
Soy Difo, el jefe del ejército aquí en Bigue.
Le apreté la mano.
—Será un placer trabajar con usted —le respondí.
Luego de un rato, me quedé solo en la sala; estaba procesando todo lo que había prometido.
Debo ir a donde Uuk lo más rápido posible; sin él será muy difícil tener ventaja.
La cosa es que no sé si él me quiera ayudar: es muy vago.
Me levanté y fui a la salida; apenas di un paso fuera, una voz femenina gritó: —¡Te estaba esperando!
—la chica llamada Antonella se me acercó y me agarró como si fuera un gato—.
De cerca eres mucho más tierno.
¡Qué lindo!
—empezó a frotar su cara con la mía.
Si no fuese un animal, esto sería muy raro, pero la verdad es que se siente bien recibir algo de cariño.
De cerca pude detallarla mejor: como todos en esta aldea, parecía una supermodelo.
Tenía la piel azul clarito y unos rasgos felinos, aunque su expresión era más amable que la del resto.
Lo que más resaltaba era su cabello negro, un gran contraste frente al blanco dominante en la zona.
Hacía mucho tiempo que nadie me abrazaba y, siendo ella tan atractiva, ¿qué más le podía pedir al destino?
Debo aprovechar al máximo esta forma adorable.
—¡Ejem!
—Janeth estaba mirando todo—.
¿Puedes soltar a mi mascota?
—¡No soy una mascota!
—le reclamé mientras Antonella me apapachaba.
—Vamos —la gigantona me tomó por la nuca y me sacó de los brazos de la chica.
—¡Adiós!
—se despidió ella mientras me llevaban.
Mientras andábamos, me sentó en su hombro.
¿Desde cuándo esta gigantona amargada es tan amable conmigo?
Esto es realmente extraño; siempre me insulta o me menosprecia.
¿Qué cambió en este tiempo?
—¿Por qué estás tan pensativo?
—Janeth interrumpió mis delirios—.
No me digas que te gusta esa chica.
Aunque sería raro que una demonio y una alimaña como tú terminaran casados.
—No es eso; solo pensaba en que te has vuelto más amable conmigo.
Noté cómo se ruborizó un poco.
—Solo sigo las órdenes de su majestad: vigilarte y ayudarte en lo que pueda.
Eso es todo —replicó ella, desviando la mirada.
—Claro, no soy tonto.
Sé que te importo un poquitito.
—Hablando de otra cosa…
—desvió ella la conversación—.
¿Exactamente qué planeas hacer para derrotar a Augusto?
—Eso lo deberíamos hablar en privado; no sabemos quién podría estar escuchando —miré hacia todos lados, un poco paranoico.
—Está bien.
Janeth me llevó hasta su choza.
Una vez dentro, me bajé de su hombro y me acomodé sobre la cama.
—Tengo una idea para derrotar a ese monstruo.
Será muy arriesgada, porque requiere romper el vínculo entre un dios y un mortal —Janeth se sentó a mi lado, escuchando con seriedad—.
Investigué y vi que para hacer eso necesitamos la ayuda de otro dios y, bueno…
no confío mucho en ellos.
—¿Entonces qué propones?
—cuestionó la gigantona.
—Tengo un amigo al que no veo hace meses.
Desde que llegué al reino demoníaco no sé nada de él.
Es un animal muy grande, con escamas que parecen metal; es muy imponente.
—¿Hablas de un Gondra?
—preguntó ella.
—¿Qué es eso?
—La bestia que describes se asemeja a un Gondra.
“¿De verdad?
¿Dragón al revés?
¿No se les ocurrió otro nombre?
Supongo que Uuk es un Gondra.
El que lo inventó es un flojo”, pensé para mis adentros.
—Supongo que sí.
Debemos ir a buscarlo al lugar donde nací; creo que está por los alrededores de Honoriria.
Escuché que hay un bosque gigante en medio de la montaña por esa zona.
—Vale, mañana partimos.
Les diré a las gemelas que nos acompañen —Janeth se levantó—.
Descansa mientras tanto.
Salió de la choza y me dejó solo.
Al menos ya tengo un plan: debo buscar a mi compañero pseudo dragón y convencerlo de que venga a ayudar.
También tengo que encontrar la forma de destruir el vínculo del “patrón” y ese dios imbécil.
Como siempre, nada será fácil.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com