El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 36
- Inicio
- El Alma que la Muerte Rechazó
- Capítulo 36 - 36 Viaje al Bosque de Honoriria
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
36: Viaje al Bosque de Honoriria 36: Viaje al Bosque de Honoriria Al día siguiente nos levantamos temprano, tanto que apenas se veía el destello del amanecer.
Me levanté y preparé todo lo necesario, así que procedí a salir de la choza; a pocos metros ya me estaban esperando las gemelas, quienes se veían muy somnolientas.
—¡Buenos días!
¿Listas para la aventura de hoy?
—saludé con alegría.
—¡Ya llegó el cucaracho pervertido, señora Janeth!
—avisó Petra a la gigantona.
—Vale, ya es hora de irnos entonces —dijo Janeth saliendo de su choza.
No llevaba su ropa habitual, que era una túnica de batalla con un corsé rígido; esta vez vestía algo más ligero, un simple vestido de campesina.
Las gemelas también llevaban algo similar.
—¿Sí sabes que no me gusta ese apodo que me pusiste?
—le recriminé a Petra.
—No es un apodo; es que eres un pervertido que tomó a dos niñas indefensas por la fuerza —respondió Petra.
—¡Ustedes fueron las que sacaron eso del casamiento!
—le respondí furioso.
—Es verdad.
Es que en nuestra aldea tenemos la costumbre de que, si alguien te gana en batalla, debes jurar lealtad en el caso de los hombres, y las chicas nos debemos casar —explicó Anastasia.
—Eso ya lo habían explicado antes; igual, yo no pedí eso —respondí.
—¡Eso no importa!
Debes cumplir para mantener nuestro honor —exclamó Petra.
—Me niego.
—¡Aaaaaaah!
¡Maldito cucaracho pervertido!
—Petra se acercó y me dio un golpecito.
Se veía tierna, como un niño pequeño haciendo un berrinche.
—¡Ya dejen de pelear!
Debemos irnos lo más rápido posible.
El carro nos espera en la entrada de la villa —interrumpió Janeth.
—¡Sí, señora Janeth!
—exclamaron las mocosas al unísono, mientras se llevaban la mano a la frente en un saludo militar.
Con eso dicho, fuimos a la entrada, donde sorprendentemente estaba el viejo Siro esperando sobre el carruaje, listo para partir.
Me alegraba que hubiera sobrevivido al ataque en la capital.
Nos montamos y salimos; el viaje duraría tres días de ida y tres de vuelta.
Hacía ya tres meses que no estaba en ese lugar.
Allí pasé tres años con mis padres Liva, hasta que llegó alguien que los mató y se hizo pasar por ellos para secuestrarme, dejándome luego a mí a mi suerte con esos demonios de las penumbras.
—Bueno, yo me voy a dormir.
Me despiertan si pasa algo —dije mientras me acomodaba.
La madera estaba dura y fría; esta sería mi cama durante casi una semana.
La demonio amargada y púrpura estaba a mi lado.
De repente, tomó mi cabeza; pensé que quería golpearme o algo, pero me acomodó en su regazo.
¿Ahora por qué actúa así?
Hasta las gemelas, sentadas enfrente, se quedaron boquiabiertas.
—¡No digas nada, maldita alimaña!
¡Solo disfruta y descansa!
—exclamó Janeth.
Se veía bastante ruborizada.
¿Será que le gusto?
No creo; yo soy algo así como una mascota para ella.
La verdad es que no me mira con ojos de enamorada, sino más bien como quien acaricia a un gatito.
Ya entiendo: al parecer, mi ternura está a otro nivel.
¡Solo tuve que pasar dos meses en coma para que empezara a tratarme bien!
Increíble.
Mientras sentía la suavidad de las piernas de la gigantona, me quedé dormido enseguida.
No sé cuánto tiempo habrá pasado; solo sé que las gemelas me despertaron.
—Despierte, señor Samuel —Petra me daba palmaditas en la cabeza mientras yo abría los ojos—.
Mire esto.
Me levanté y miré por la ventana del carro.
Pude observar a un grupo numeroso de demonios caminando cabizbajos; se veían desnutridos.
Se dirigían en dirección contraria a nosotros, buscando refugio en Bigue.
La mayoría eran niños, ancianos y mujeres.
No se veían hombres por ningún lado.
¿Quizás los tomaron como prisioneros o esclavos?
¿O tal vez murieron defendiendo a sus familias?
Había un grupo de unos veinte niños caminando sin compañía; algunos lloraban, pero solo uno se veía firme, marchando al frente del grupo.
También vi a una anciana con la cara quemada que llevaba una tela que apenas la cubría.
Había personas sin extremidades y otras cargando enfermos, heridos o incluso cadáveres.
¡Ese maldito Augusto!
Lo haré pagar; voy a encontrar la manera.
Nosotros seguimos; de momento, solo puedo rezar para que lleguen a salvo y los ayuden.
¿Qué puedo hacer para interrumpir el vínculo del “patrón”?
Debe haber una forma de matar a alguien que se regenera, pero no se me ocurre nada.
Podríamos quemarlo vivo o tirarlo en ácido…
¿pero de dónde mierda saco esas cosas?
Esto es muy complicado.
Si no consigo alguna solución, voy a tener que hacer un pacto con una deidad.
De verdad que no quiero hacer eso, esos infelices no son confiables.
Pasaron varias horas; a todos en el carruaje se nos bajaron los ánimos.
No dijimos ni una palabra hasta que paramos.
—¡Es hora de comer!
—el viejo Siro bajó y nos abrió la puerta.
—¡Eso es!
Muero de hambre; salimos sin probar bocado —traté de cortar la tensión.
Todos nos bajamos y nos sentamos en unos troncos que estaban posicionados alrededor de una fogata apagada.
—Aquí antes había muchos viajeros; esta parada era muy famosa.
Supongo que por la guerra la joven que atendía aquí se tuvo que ir —dijo Siro mientras señalaba un puesto de comida quemado—.
Comamos algo y después seguimos.
Luego del breve descanso, retomamos el camino.
Durante los tres días de trayecto, vimos un montón de cosas inauditas: asentamientos reducidos a cenizas y, en otra ocasión, pilas de cuerpos arrojados en una zanja como si no valieran nada.
También nos cruzamos con otro grupo de niños que la estaban pasando mal; lo único que pudimos hacer por ellos fue darles algo de comida.
Finalmente, llegamos a nuestro destino.
El carruaje se detuvo justo en la entrada del bosque.
Al parecer, esos malditos aún no habían llegado hasta aquí; es comprensible, pues se dice que Honoriria está escondida y es casi imposible de encontrar sin un guía local.
Menos mal que no nos dirigimos allá; yo solo vengo a buscar a Uuk.
Pasé mucho tiempo aquí y nunca vi rastro de civilización; de verdad que esos tipos están bien escondidos.
El problema ahora es que no recuerdo cómo llegar a mi antiguo hogar ni a la cueva de hierro a la que me llevó mi amigo el Gondra.
Nunca había salido de esta zona; solo recuerdo que estaba cerca de la montaña.
Desde aquí se alcanza a ver, pero está muy lejos, y la arboleda se extiende hasta allá.
Creo que nos espera, al menos, un día entero de caminata.
—¿No me digas que no recuerdas cómo llegar?
—cuestionó Janeth con sospecha.
—Claro que sé cómo llegar, aquí nací —respondí, aunque los nervios me traicionaban.
—Eso quiere decir que el cucaracho pervertido no se acuerda de nada.
Menudo esposo inútil —comentó Petra con sorna.
—¡Qué no soy su esposo!
—reclamé indignado.
—Vamos con calma.
¿Recuerdas más o menos cómo se veía el lugar?
—interrumpió el viejo Siro para calmar las aguas.
—Estaba en la base de la montaña; yo calculo que es como un día de caminata.
—Estás de suerte, mi amigo Liva: soy explorador y rastreador.
Conmigo al mando, llegaremos en medio día —dijo Siro, presumiendo sus habilidades—.
Así que salgamos rápido; aprovechemos lo que queda de luz.
Nos internamos en el bosque y el olor de la vegetación inundó mi nariz; todo era tal como lo recordaba.
Las flores coloridas, las hojas verdes y la tierra húmeda…
nada había cambiado.
Al instante me subí a un árbol; estaba en mi elemento.
El cuerpo de los Liva está hecho para andar entre las ramas; caminar erguido ya me estaba volviendo loco.
—¡Qué lindo!
—Janeth soltó el cumplido y de inmediato se tapó la boca—.
Digo…
¡qué tonto!
Las gemelas la vieron raro.
Yo me fui balanceando por las copas; era tan rápido que a veces tenía que quedarme esperándolos un rato.
El viejo Siro tenía razón: al cabo de unas horas, llegamos a la base de la montaña.
No se veía por ningún lado el refugio de mis padres, así que anduve por los alrededores hasta que, por fin, encontré el nido que fue mi casa.
—¡Ya llegamos!
—grité.
Los demás se acercaron.
El lugar estaba descuidado y la mitad del piso se había caído.
No sé por qué, pero los extraño.
Eran como mascotas para mí, pero aún me duelen sus muertes.
Rezaré por su descanso; este mundo es un infierno.
—¿Y ahora qué, señor Samuel?
—preguntó Anastasia.
—Tranquilos, esperen aquí; yo iré a buscarlo.
Los dejé descansando y me dirigí a donde Uuk.
El camino no había cambiado y solo estaba a unos veinte minutos, así que llegué en un santiamén.
Me sentía nervioso; hacía mucho que no lo veía y la última vez él simplemente desapareció.
No sabía si había tenido algo que ver con el incidente, así que debía ir con calma.
Su hogar estaba protegido por árboles gigantes que servían de techo y paredes naturales.
Entré.
—¡Hola!
¿Hay alguien en casa?
—grité.
De pronto, sentí un temblor mientras algo colosal se movía en el fondo.
—¿Quién se atreve a irrumpir en mis aposentos?
—una voz antigua y magistral retumbó en el lugar.
—¿No me recuerdas?
Escuché cómo inhalaba aire profundamente.
—No hueles a nada familiar, pequeña criatura —respondió.
—¿Eres Uuk, verdad?
—¿Cómo sabes mi nombre, ser inferior?
Solo se lo he dicho a mis semejantes y a un pequeño amigo que murió hace poco —anunció con pesadumbre.
—Soy Samuel.
El suelo volvió a vibrar.
Él se puso de pie y se acercó; sus ojos carmesí parecieron mirarme hasta el alma.
—¿De verdad eres el pequeño Samuel?
¿No moriste cuando el títere vino?
—preguntó—.
Supuse que ese bicho te había matado, igual que a tus padres.
“¿Títere?
Supongo que se refiere a la cosa que se hizo pasar por mis padres”, pensé.
—Digamos que me secuestró y logré sobrevivir.
Aquí estoy de vuelta, viejo amigo.
—¿Por qué hueles diferente?
—soltó Uuk, entrecerrando sus enormes ojos carmesí—.
Hay algo oscuro en tu rastro.
—Ahora soy un Liva demoníaco; ha pasado mucha mierda desde la última vez —respondí, dejando que el viento del bosque agitara mi pelaje púrpura.
—¡¿Comiste carne de esos engendros?!
—rugió, haciendo que las hojas de los árboles gigantes vibraran—.
¡Eso pudo haber reclamado tu alma!
¡Podrías haber muerto de la forma más dolorosa imaginable!
—Es una larga historia, viejo amigo.
Todo empezó cuando…
Me senté en una raíz gruesa y le solté todo.
Durante dos horas, el único sonido en aquel refugio de árboles fue mi voz narrando las traiciones, la pelea contra el Rey Demonio y cómo la capital de Divon terminó reducida a cenizas.
Uuk escuchaba en un silencio pesado, exhalando un aliento que olía a metal caliente.
—Interesante…
—murmuró al terminar—.
Así que el pequeño Samuel ahora carga con el destino de un reino.
Supongo que volviste para pedir mi fuerza, ¿no?
—Estás en lo correcto.
Necesito que equilibres la balanza.
La enorme criatura se irguió, sacudiendo la tierra bajo mis pies con una seguridad que no admitía dudas.
—Te ayudaré —sentenció—.
Siempre se ayuda a un amigo, y más si tiene una historia tan loca que contar.
Solté un suspiro de alivio que no sabía que estaba reteniendo.
Con él de nuestro lado, la guerra contra Augusto ya no parecía una misión suicida.
Ahora solo quedaba volver con los demás y prepararnos para lo que se avecina.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com