El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 43
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43: La Subasta 43: La Subasta ¡Pum-pum!
¡Pum-pum!
Yacía acostado, contemplando el rosa azulado del cielo de la tarde, bañado en sangre y vísceras, mientras escuchaba únicamente el latir de mi corazón.
El olor a hierro mezclado con el de las plantas machacadas me resultaba extrañamente agradable.
Con el cansancio en mis ojos me puse de pie y bajé del lomo del cadáver.
¡Tup…
tup…
tup…!
Lentamente caminé hasta su rostro para visualizar mi trofeo; al llegar, simplemente me quedé parado sin inmutarme.
Ya no había alegría ni llanto saliendo de mí, solo una mirada fría y extrañamente triste.
La mandíbula de la bestia se dislocó y se encontraba torcida con la lengua fuera.
Sus dientes se habían clavado en sus propias mejillas y sus ojos permanecían abiertos.
Mi vista se quedó clavada en el cuchillo que estaba en su nariz.
Me acerqué y lo acaricié; en ese estado, el animal me parecía casi tierno.
Su piel era áspera y raspaba como una lija; definitivamente era un veterano.
Posé mi mano en el mango y me quedé paralizado, para luego comenzar a tirar de él con muy poca fuerza.
Poco a poco fui jalando más fuerte hasta que salió.
¡Squelch!
Con el arma ahora en mi posesión, di la vuelta y caminé hacia el costado del cuerpo; me acerqué y toqué su pelaje, que se sentía puntiagudo y grueso.
Pegué mi cara contra él e inhalé su aroma.
Era un olor entre el de un perro doméstico y el de una mierda asquerosa.
Con furia moví mi brazo y clavé el filo para luego rasgar la carne.
¡Sssshik!
Sin palabras ni emoción alguna, comencé a abrir su cuerpo de una manera fría y quirúrgica.
Cuando el agujero en su panza fue lo suficientemente grande, me metí dentro y me senté mirando hacia afuera.
—Definitivamente ya no tengo salvación —susurré con una voz casi inaudible.
Tomé sus entrañas y me arropé con ellas; sentía una tranquilidad que no experimentaba desde hacía años.
Me cubrí hasta la cara, dejando apenas un pequeño espacio para mi nariz.
Lentamente, y sin darme cuenta, me quedé dormido.
Tantos meses cazando sin descanso encontraban, por fin, su recompensa en ese instante.
¡Rrr-ip…!
¡Squelch, crunch…!
¡Grrrrrr!
No sé cuánto tiempo pasó; cuando abrí los ojos, ya todo estaba oscuro.
Cerca de mí se escuchaban varios animales masticando y dándose un festín con mi presa.
Uno se metió donde yo estaba y comenzó a rasgar las entrañas que usaba como sábanas.
Con un movimiento veloz, moví la mano donde sostenía el cuchillo y lo hundí en la cabeza de la criatura.
¡Innn…
innn…!
Dio unos pequeños gemidos mientras agonizaba.
Me moví para quitarme los restos de carne de la cara y pude ver lo que había matado: era un perro demonio.
Al asomarme, descubrí que estaba rodeado por una manada de unos cuarenta.
“Aún no he podido comerme uno de estos; son muy escurridizos”, pensé mientras salía de las entrañas del Shockpinfinder.
Chasqueé la lengua y todas las bestias se pusieron alerta al unísono.
¡Grrr-uaff!
¡Grrr-uaff!
Comenzaron a ladrar y a gruñir, intentando intimidarme con sus fauces manchadas.
Una vez fuera, simplemente adopté una postura de combate.
—¡Vengan aquí!
¡Todos a la vez!
—exclamé, sintiendo cómo la adrenalina corría por mis venas como fuego líquido.
Uno se lanzó al ataque; ¡vaya error del pobre!
Cuando estuvo a punto de rozarme con sus fauces, le propiné un golpe seco que lo mandó a volar por los aires.
Los demás no se quedaron atrás y se lanzaron al unísono.
—¡Jajaja!
¡Eso era lo que quería!
—bramé mientras arremetía contra ellos.
Venían tres de frente, dos por la derecha y cuatro por la izquierda.
Atrapé al que tenía enfrente y le propiné un cabezazo que le destrozó el cráneo.
¡Crack!
Otro por la derecha intentó morder mi brazo; lo esquivé con un salto y clavé mi arma directamente en sus ojos.
¡Shluck!
Uno más se acercaba por la izquierda; me incorporé con rapidez y lo plaqué contra el suelo para luego morder su nariz e inyectar mi veneno.
Desde otra perspectiva, parecía que yo era el depredador y ellos, las presas.
Poco a poco, y sin compasión, una masacre se fue gestando en aquel lugar.
Tras una hora de combate, me encontraba con dos cabezas cercenadas entre las manos mientras masticaba los sesos de una de las criaturas.
El panorama era repugnante, una escena sacada de la película de terror más sangrienta.
A mi alrededor yacían los cuerpos molidos, desmembrados y agonizantes de los seres que se atrevieron a retarme; estaban irreconocibles.
[El usuario ha obtenido una nueva habilidad: Pensamiento de Manada.
Ahora puedes domesticar bestias que te seguirán hasta la muerte].
—¡Ja!
Y eso fue solo por devorar el cerebro de uno…
—exclamé con una sonrisa bañada en gris—.
¡Ahora me daré un festín con el resto!
Me senté allí mismo y comencé a devorar la carne cruda que podía alcanzar con facilidad.
¡Rrrip-aff!
[El usuario ha obtenido una nueva habilidad: Garras de Perro Demonio.
Ahora puede desplegar garras más resistentes de las que ya posee].
¡Ñam, ñam, ñam!
[El usuario ha obtenido una nueva habilidad: Asimilación de Manada.
Cada vez que el usuario suba alguna estadística, los seres asignados a su manada también lo harán].
¡Schluck!
[El usuario ha obtenido una nueva habilidad: Visión de Manada.
Ahora el usuario podrá ver a través de la perspectiva de cualquier miembro de su manada].
¡Squelch!
[El usuario ha obtenido una nueva habilidad: Sombra de Manada.
El usuario o cualquier miembro de su manada podrá desplazarse a través de las sombras de los demás integrantes].
[Nota: la manada solo puede albergar a diez miembros] Tras comer todo lo que pude, aún me quedaba el mayor de los tesoros: el Shockpinfinder.
Me acerqué a él y, sin remordimientos, me lancé a devorarlo.
Cuando estuve a punto de reventar, una ráfaga de notificaciones del sistema comenzó a brotar ante mis ojos.
[El usuario ha cazado a un miembro de una raza tipo: Desastre Natural].
[Todas las estadísticas han aumentado exponencialmente].
[Fuerza: 20>60 | Salto: 20>60 | Velocidad: 15>45 | Visión: 10>30 | Olfato: 9>27 | Maná: 0>5 | Percepción: 5>30 | Control de espíritus: 0>1 | Control de armas: 25>75 | Control de herramientas: 30>90].
[Evolución: La habilidad ‘Manada’ ha pasado a ser ‘Reino’ (Nivel 2)].
[Nuevas habilidades obtenidas]: [Rey de la selva: Tu presencia intimida a los seres inferiores a ti] [Voluntad de Shockpinfinder: tu fuerza incrementa si eres tú el que inicia el ataque] [Resistencia de Shockpinfinder: tu piel ahora tiene más dureza] [Resistencia a los venenos] [Garras mejoradas] [Llamado del rey] —¡Ahora esto sí parece una historia de reencarnación!
-reía a carcajadas, contagiado por una alegría histérica—.
Ahora solo me falta un grupo de chicas tetonas.
Estaba regocijado.
Ahora, por fin, tenía la fuerza necesaria para enfrentar al Leviatán y, quién sabe, quizás ayudar al Reino Demoníaco.
¿Cómo estarán aquellas personas?
—Bah, no me importa —murmuré, desechando el pensamiento como si fuera una brizna de hierba.
En ese momento se me había olvidado todo lo demás: las gemelas, Uuk, los dioses; todo.
Solo quería seguir matando y obtener más habilidades.
Dentro de poco voy a morir; al menos seré invencible antes de hacerlo.
Pasaron varias horas más y toda la alegría se había esfumado.
Me encontraba otra vez recostado encima de los cadáveres restantes; por cierto, los amontoné todos y me hice una cama.
Comencé a hacer malabares con los huesos y a lanzar los cráneos lo más lejos posible; con mi fuerza actual, los mandaba a perderse en el horizonte.
Le arranqué la cabeza al Shockpinfinder y limpié el hueso de cualquier rastro de carne, dejando solo el cráneo blanco.
Busqué por los alrededores ramas, hojas, flores y hasta un panal de avispas para decorar mi nuevo altar.
Abrí la mandíbula de la bestia, la sostuve con dos palos y allí dentro lo metí todo.
—¡Admiren mi obra de arte contemporáneo!
—hice una pose dramática para la cámara imaginaria—.
¿A que está lindo?
Lo sé, soy un artista.
—La subasta comenzará en este instante.
¿Quién da cien dólares?
—guardé silencio, como si otra persona hablara—.
¡El señor del bigote chistoso sentado a la derecha ha ofrecido cinco mil dólares!
¿Alguien da más?
—¡El hombre del fondo ofrece cuarenta mil!
—señalé un punto vacío entre los árboles—.
¡La chica de hermosas curvas ha subido a doscientos mil dólares!
—¡La dama de la primera fila ofrece dos millones!
¡Vendido a la una…
vendido a las dos…
y vendido a las tres!
—exclamé golpeando un hueso contra el suelo—.
¡La señora se lleva la obra titulada “El cráneo de un oso imbécil, estúpido e inútil” por dos millones de dólares!
Espero que la disfrute.
En ese instante miré al cielo, los rayos del alba me recordaron que seguía allí.
—¡AAAAAAAAAAAH!
—grité con todas mis fuerzas, dejando salir todo el veneno que llevaba dentro.
Caí de rodillas aún mirando hacia arriba; mi cuerpo cedió hasta que mis codos me sostuvieron.
Bajé la mirada al barro de sangre seca y hundí la cara en él para soplar con violencia.
Saqué la cabeza rápido y lo hice de nuevo.
Una y otra vez, hasta que la acción se transformó en golpes secos de mi frente contra el suelo.
¡PUM!
¡PUM!
¡PUM!
¡PUM!
¡PUM!
Una y otra y otra vez, sin descanso.
No me importó que estuviera sangrando; de forma lenta, mi visión se fue volviendo borrosa hasta que me detuve en seco.
—Jejeje…
¡Jajajajaja!
—reí de nuevo, con una histeria que me raspaba la garganta.
—¿A que soy un buen actor?
—dije, mientras un chorro de sangre brotaba de mi frente y me manchaba aún más.
La baba caía de mi boca y mis ojos, completamente perdidos, buscaban a su público inexistente.
—Frido…
—escuché un pequeño susurro que pareció nacer del aire mismo.
—Genial.
Ahora estoy escuchando voces —mascullé, sin dejar de reír-.
Ahora se supone que tengo esquizofrenia.
¿Qué sigue?
¿Amigos imaginarios?
—¡F̶R̶I̶D̶O̶!̶ W̵H̵K̵W̵K̵+̵!̵#̵(̵#̵8̵2̵+̵3̵:̵2̵7̵+̵$̵:̵3̵!̵@̵9̵1̵9̵8̵{̵✓̵̵=̵̵§̵€̵÷̵°̵|̵✓̵¢̵}̵~̵×̵}̵~̵✓̵€̵✓̵|̵=̵|̵{̵|̵°̵|̵✓̵’̵}̵~̵∆̵~̵}̵.̵D̶̶✡̶0̶̶✡̶G̶L̶I̶T̶C̶H̶✡̶̶V̶O̶I̶D̶✡̶̶ h̶̶̶̶̶̶✡̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶6̶̶̶̶̶̶6̶̶̶̶̶̶6̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶✡̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶✡̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶̶ ̷̷̷✡̷M̷U̷E̷R̷T̷E̷✡̷̷̷̷✡̷̷̷̷✡̷̷̷̷✡̷̷̷̷ ✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶ X̷̷X̷̷X̷✡̷̷✡̷̷✡̷̷✡̷̷✡̷̷✡̷̷X̷̷X̷̷X̷ ▓̶▓̶▓̶✡̶̶✡̶▓̶▓̶▓̶̶✡̶̶▓̶▓̶▓̶✡̶̶✡̶▓̶▓̶▓̶ $̶✡̶$̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶✡̶̶ ✡̴✡̴✡̴̴̴̴✡̴✡̴✡̴̴̴̴✡̴✡̴✡̴̴̴̴✡̴✡̴✡̴̴̴̴ █̶║̶▌̶║̶█̶║̶▌̶̶✡̶̶█̶║̶▌̶║̶█̶║̶▌̶̶✡̶̶ ✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸̸✡̸
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