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El Archivo del Trauma - Capítulo 102

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Capítulo 102: Capítulo 39: El Contrato de la Carne

Logré dejar a Elian en su habitación, moviéndome con una eficiencia mecánica que intentaba ignorar el temblor de mis propias manos. Pero, justo cuando intentaba regresar a mi cuarto para procesar el desorden mental que me había dejado verlo así, alguien me cortó el paso.

—Ah… con permiso —solté, intentando esquivarlo sin hacer contacto visual.

Me moví hacia la derecha, pero el sujeto se desplazó con una sincronía irritante, bloqueándome de nuevo. Mis dedos buscaron instintivamente el borde de mi manga, donde suelo esconder el metal.

—Disculpe, pero necesito hablar con usted. ¿Puede seguirme?

—No… —levanté la mirada, manteniendo la distancia—. No tengo idea de quién es usted.

—Oh, no se preocupe. Soy quien permitió que se quedaran bajo este techo —el hombre sonrió de una forma que no llegó a sus ojos—. Quiero hablar sobre Elian con usted. ¿Le parece?

La mención del nombre de Elian fue como un anzuelo. Esto apestaba a sospecha, a una trampa mal disimulada. Pero mi curiosidad, o quizás mi necesidad de saber en qué clase de nido de víboras nos habíamos metido fue más fuerte.

—Está bien. Lo sigo.

—Gracias por aceptar. Por aquí.

El hombre me guio a través de pasillos que se sentían cada vez más estrechos y silenciosos, lejos del resto de las habitaciones.

Nos detuvimos ante una puerta de un rojo tan intenso que parecía advertir del peligro. Adentro, la oficina era un monumento al orden. Cada libro, cada pluma y cada mueble estaban en una posición calculada. Demasiado limpio. Demasiado perfecto.

—Siéntate, por favor.

Me senté en el borde de la silla, rígida, sintiendo el peso de su mirada mientras él se acomodaba frente a mí. Sin decir una palabra, abrió un cajón y extrajo un tablero de ajedrez, colocándolo sobre el escritorio con una delicadeza casi ritual.

—¿Sabes jugar? —preguntó, acariciando una de las piezas talladas.

—Ah… no. No tengo idea de cómo se juega.

—Oh, es una lástima.

Guardó el tablero de inmediato, fingiendo una tristeza que me revolvió el estómago. Entrelazó las manos sobre la madera pulida y clavó sus ojos en los míos, analizándome como si fuera un espécimen bajo un microscopio.

Este sujeto es desagradable. No es solo su presencia, es la forma en que el aire parece estancarse a su alrededor. Cada segundo que paso aquí, mi instinto me grita que este hombre es un depredador que no necesita garras para despedazarte.

—Por casualidad… ¿Elian es tu amigo?

La pregunta quedó suspendida en el aire, densa. Sentí un pinchazo de irritación en la nuca.

—¿Por qué me pregunta eso?

—No tienes que actuar de forma tan defensiva —él hizo un gesto vago con la mano, restándole importancia a mi tono—. Solo quiero saber si tú lo valoras o no.

—¿Qué pasará si respondo?

—Depende de tu respuesta.

Podría hacerlo. Podría activar mi habilidad ahora mismo, reducirlo antes de que parpadee y largarme de esta mansión. Pero si lo hacía, el sacrificio de Elian, todo ese rojo que limpié de su rostro, no habría valido para nada. Atacar al hombre que nos dio asilo, sin pruebas, sería una estupidez táctica.

Si respondía, podía delatarme. Si callaba, él seguiría hurgando.

—Responderé si me dice exactamente qué es lo que busca con esto.

—Como dije, quiero saber si lo valoras.

—¿Y por qué le interesa tanto mi valoración personal?

—Porque si llega a morir… —hizo una pausa dramática, observando sus uñas—, no quiero que estés llorando por los rincones.

—¿Qué? —el aire se me escapó de los pulmones. ¿Morir?

El tipo cerró los ojos un instante, proyectando una confianza tan absurda que resultaba insultante. Parecía disfrutar de mi desconcierto.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó de repente, cambiando el ángulo del ataque.

—¿En serio cree que se lo diré así de fácil?

—No. De todos modos, ya lo sé.

—Qué gracioso.

—¿Crees que estoy mintiendo… Serenne?

Me tensé. Fue apenas un milímetro, un espasmo involuntario en mis hombros, pero para un hombre como él, debió ser como un grito. El nombre vibró en el aire de la oficina como una sentencia.

Me tomó por sorpresa, lo admito. Si este sujeto ya sabía quién era yo… ¿todo este interrogatorio era solo un juego sádico para ver cómo me rompía?

—Sabes… Elian no los protege por amor. Lo sabes, ¿no?

Sus palabras fueron como pequeñas astillas hundiéndose en mi confianza.

—¿Y?

—Bueno. Alguien como él no se movería por un sentimiento tan primitivo. Lo hace por utilidad.

—¿A qué quiere llegar con todo esto?

—Dime qué habilidad tienes —su voz perdió la falsa cortesía, volviéndose tan afilada como un bisturí—. Dime qué posees para que ese chico se arriesgue tanto por protegerte. ¿Qué te hace tan necesaria?

Él inclinó su cuerpo hacia adelante, invadiendo mi espacio personal. Instintivamente, mis pies retrocedieron un paso, chocando contra la silla.

Maldición. Intenté manipular la conversación y me salió mal. Mis ojos buscaron frenéticamente una salida, un punto ciego en esa habitación perfecta.

—No lo sé. Tal vez simplemente le gusto —solté, desviando la mirada hacia una mancha inexistente en el suelo.

—¿Eh? ¿Gustar?

El tipo soltó una carcajada seca que me hizo tensar cada músculo de la espalda. Luego, con una lentitud exasperante, se recostó en su asiento de cuero.

—Vamos, Serenne. ¿Tú de verdad crees que Elian es capaz de sentir amor? ¿Crees que alguien con su arquitectura mental te ama?

—Ah… yo… no me importa.

Algo andaba mal. Las palabras se me trababan en la garganta. No estaba respondiendo correctamente. Debía calmarme, recuperar mi centro de gravedad, pero había algo tóxico en la presencia de este sujeto que anulaba mis defensas.

—Dime, Serenne. ¿En verdad crees que él te ama? ¿Quieres que te proteja para siempre?

Sentí su peso casi encima de mí. Aunque físicamente seguía tras su escritorio, su aura me aplastaba contra la pared. Mi respiración se volvió pesada, errática. No entendía por qué mis pulmones se negaban a funcionar. Estaba perdiendo el control. Yo… yo…

De pronto, una presión fría se posó en mi hombro. El espasmo de terror me hizo girar lentamente para encontrarme con el rostro de un hombre que no había visto antes. Apareció de la nada, como una sombra más de la oficina.

—Señor, creo que ya tenemos nuestra respuesta —dijo el recién llegado, con una voz desprovista de emoción.

—Sí. La pobre está sufriendo.

—¿De qué… de qué hablan? —pregunté, sintiendo que el suelo se inclinaba bajo mis pies.

—Serenne, te propongo algo.

—¿Qué… qué es lo que quiere de mí?

El sujeto sonrió con una parsimonia que me dio escalofríos. Cogió un lápiz de su escritorio y dirigió la punta hacia mi pecho.

—Conviértete en nuestra cazadora —sentenció—. Obtén los privilegios que conlleva el título. Te daremos los recursos para que seas la guerrera formidable que estás destinada a ser.

—¿Qué…? —parpadeé, tratando de procesar la oferta.

—No me digas que estar aquí, encerrada entre cuatro paredes sin hacer nada, no es aburrido —continuó, y su tono se volvió peligrosamente cercano—. En este mundo, Serenne, el pan se gana con trabajo duro. Es decir, matando.

Intentó ocultar una risa, pero el brillo de sus ojos lo delataba.

—Vamos, no pongas esa cara. Elian ya es un cazador. Él ya es un asesino —soltó la bomba con una naturalidad aterradora—. De hecho, acaba de eliminar a tres personas. ¿No lo viste llegar herido y bañado en sangre por pura casualidad?

—Espera un segundo… —el aire se volvió gélido en mis pulmones—. Quiere decir que él…

—Así es. Él aceptó convertirse en asesino porque su naturaleza es esa. Ser una máquina eficiente. No tiene los conflictos morales que te frenan a ti.

Me quedé petrificada. Las palabras golpeaban mi cerebro como martillazos.

¿Elian? ¿Cazador? ¿Asesino? Nada de lo que decía tenía sentido, pero la imagen de Elian desplomándose sobre mí, empapado en ese carmesí espeso, encajaba perfectamente con su relato.

¿Acaso Elian se estaba transformando en alguien como Malrec? ¿Un ejecutor sin alma? No… no podía pensar con claridad.

—Vamos, Serenne. Únete a nosotros. Ayuda a Elian a ser el mejor cazador de todos. No lo dejes solo en la oscuridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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