El Archivo del Trauma - Capítulo 103
- Inicio
- El Archivo del Trauma
- Capítulo 103 - Capítulo 103: Capítulo 40: Autonomía Bajo Vigilancia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 103: Capítulo 40: Autonomía Bajo Vigilancia
No supe qué responder. El peso de sus palabras sobre la utilidad de Elian y su naturaleza asesina me habían dejado sin defensas. Bajé la mirada, sintiendo cómo el nudo en mi garganta apenas me dejaba articular lo primero que se me ocurrió para escapar de aquella oficina.
—Un día… —mi voz sonó pequeña, lejana—. Quiero pensarlo. Deme un día.
El hombre se recostó hacia atrás en su asiento de cuero, que crujió bajo su peso. Tras una sonrisa apenas visible, asintió con una parsimonia irritante.
—Está bien. Te daré un día. Pero bajo una condición —su mirada se volvió de acero—. Te prohíbo ver a Elian.
—¿Qué? —levanté la cabeza de golpe, la sorpresa superando mi letargo—. ¿Por qué?
—Está claro, niña. Él es una influencia que no necesito en este proceso. Debes decidir por ti misma, sin que sus cálculos nublen tu juicio. ¿O es que acaso eres incapaz de dar un paso sin su permiso? ¿Dependes tanto de él?
—C-claro que no… —respondí demasiado rápido, y mi tartamudeo me delató.
—Entonces decide por ti —sentenció, señalando la puerta con un gesto despectivo—. Ya vete a tu cuarto. Nos vemos mañana a esta misma hora. Y recuerda: ni una palabra, ni una visita.
—Sí…
En un principio, mis piernas no respondieron. Se sentían como plomo fundido. Pero, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no mirar a nadie y dejando que mi cabello cayera sobre mi rostro como una cortina de sombras, me levanté lentamente.
Salí de la habitación sintiendo la mirada del Señor y de su sombra en mi espalda. Caminé directo a mi cuarto, evitando los pasillos donde pudiera cruzarme con la realidad de Elian.
(PUNTO DE VISTA DE LUCIEN VOSS)
En cuanto el pesado marco de la puerta roja se cerró tras ella, dejé escapar un suspiro cargado de una satisfacción casi infantil. El aire en la oficina pareció volverse más ligero, menos denso.
—Señor, ¿cree que funcionará? —la voz de mi subordinado rompió el silencio, emergiendo de las sombras laterales.
—Siempre cuestionándome… —musité, ajustando los gemelos de mi camisa.
—¡N-no es eso! —se apresuró a decir, con ese tono servil que tanto me aburre—. Es solo que… me resulta difícil imaginar que todo salga de forma tan impecable.
—No te preocupes. Sé exactamente qué hilos tirar y con qué fuerza —me recosté en mi asiento, entrelazando los dedos—. Todo estaba tan meticulosamente planificado que tocar sus fibras más sensibles fue un ejercicio de rutina. Ahora, aislada en su cuarto, macerándose en su propia duda y sin contacto externo, es solo cuestión de tiempo. Se romperá por las costuras que yo mismo elegí.
—¿Cómo fue que… logró que aceptara el primer anzuelo de forma tan directa? —preguntó él, acercándose un paso.
—El infiltrado de su grupo me proporcionó la cartografía exacta de sus debilidades —respondí, saboreando el secreto—. Me dio toda la información necesaria para desmantelar su confianza.
—¿No existe la posibilidad de que nos esté mintiendo?
—No puede —sentencié, y sentí una delicia eléctrica recorrer mi paladar—. Sabe que, si intenta jugar en mi contra, el precio que pagaría por su traición sería… exorbitante.
Hablaba con una calma que rozaba el éxtasis. Hacía tiempo que no sentía este tipo de anticipación.
—Entonces, mañana… tendrá a una cazadora nueva —comentó mi interlocutor, pensativo—. Pero si ella se une a nosotros, tarde o temprano se reencontrará con el chico. ¿Qué hará cuando la lógica de él choque con la suya?
—No seas ingenuo. Para cuando ese encuentro suceda, yo ya habré movido la siguiente pieza del tablero —una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios—. Esta es solo la fase de apertura. Deberías sentarte y disfrutar del espectáculo.
—Sí… hace mucho que no lo veía tan… emocionado.
—Eso es porque no todos los días te encuentras con piezas de este calibre. Hay alguien ahí fuera con el potencial para convertir nuestra organización en una potencia absoluta —hice una pausa, mirando hacia la puerta por donde Serenne se había ido—. No, me corrijo. Tenemos a dos.
Tarde o temprano, ambos estarán bajo mi control absoluto. Y cuando eso pase, el mundo entero conocerá el significado de la palabra orden.
(PUNTO DE VISTA DE SERENNE AKARI)
Entré en mi habitación y cerré la puerta de un golpe sordo, como si quisiera dejar fuera todo el veneno que acababa de tragarme. Caminé con los hombros caídos y me desplomé en la cama, enterrando el rostro en la almohada para ahogar un grito de frustración.
Esto se había vuelto… una pesadilla.
—Demonios… ¿qué se supone que debo hacer?
Me quedé ahí, con la mirada perdida en la textura de las sábanas, sin saber hacia dónde dirigir mis pensamientos.
Solo quería dormir, desconectarme del mundo y despertar cuando todo esto fuera un mal recuerdo. Pero, al voltear y ver el cronómetro en la pared, el segundero parecía martillarme las sienes. El tiempo de gracia se estaba escapando.
Me obligué a sentarme, apretando los puños sobre el colchón. Tenía que pensar. Tenía que ser el arma lógica que me enseñaron a ser.
Veamos. Elian ya era un monstruo, ¿verdad? Los hechos estaban ahí.
Sacrificó a Ava sin pestañear y me usa según sus conveniencias. Pero… la imagen de él desplomándose sobre mí, arriesgando su vida para que Knox y yo llegáramos a este refugio, no encajaba con la descripción de una máquina sin alma.
¿Es un monstruo que nos protege por utilidad, o es simplemente un chico roto que no sabe cómo ser humano?
—Ah… ¿qué eres realmente, Elian? —susurré al vacío de la habitación.
Me tiré de espaldas nuevamente, clavando la vista en las molduras del techo. Probablemente me quedaría así el día entero, atrapada en este limbo, hasta que el plazo se agotara.
¿Por qué me prohibió hablar con él? Esa era la fisura en su argumento. Si Elian es realmente ese asesino despiadado, ¿qué miedo tiene de que hablemos? Me está ocultando algo, eso es seguro. Pero la amenaza sigue ahí. Si no decido correctamente, ¿qué le harán a él mientras está inconsciente?
—Debería… hablar con Knox —la idea cruzó mi mente como un relámpago.
No lo he visto desde que se encerró en su habitación, supongo que el agotamiento también terminó por alcanzarlo.
Ahora que el silencio me obliga a escarbar en mis propios recuerdos, una imagen difusa golpea mi mente. Recuerdo haberme despertado apenas un segundo durante el trayecto, en medio de la niebla y el frío. Elian lideraba el paso con una determinación gélida, abriendo camino, pero yo no sentía el suelo.
Era Knox. Él me llevaba mientras yo estaba inconsciente, cargando con mi peso sin soltarme ni una vez pese al peligro de los Hollows.
¿Por qué se toma tantas molestias? Sigue siendo ruidoso y molesto, pero ese gesto…
Si solo soy un arma, podrían haberme dejado atrás para correr más rápido. Podría pedirle…
—No —me corté a mí misma, enderezando la espalda—. Yo puedo decidir por mí misma.
Ese sujeto me toma por tonta. Pero se equivoca. Voy a desmenuzar cada una de sus palabras, voy a analizar cada posibilidad y tomaré la mejor decisión. No por ese tipo, ni siquiera por Elian. Por mí.
Eso es lo que haré.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com