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El Archivo del Trauma - Capítulo 62

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Capítulo 62: Capítulo 62: La Partitura de la Niebla

(PUNTO DE VISTA DE VALIETH VEILMOOR)

Crucé el umbral del refugio con los pulmones ardiendo y cerré la puerta de inmediato, dejando que el metal pesado sellara el horror que quedaba fuera. No pude avanzar más de dos pasos; mis piernas cedieron y me dejé caer contra el suelo, sintiendo el impacto del cemento como un alivio.

Jamás creí encontrarme con semejante horda. La cantidad de Hollows en ese sector era abrumadora, una marea de vacío que parecía succionar la luz y el aire. Había sido demasiado, incluso para alguien con mi entrenamiento.

—¡V-Valieth! —Un grito rompió el zumbido de mis oídos.

Levanté la vista con esfuerzo. Uno de los compañeros del refugio corrió hacia mí y me sostuvo por los hombros antes de que mi cabeza golpeara el suelo. Me dolía cada fibra, cada músculo gritaba por la tensión acumulada; en ese momento, la idea de fundirme con el suelo era lo único que deseaba.

—Gracias… —logré articular, con la garganta seca.

—¿Qué demonios pasó allá afuera? Estás destrozada.

—No te preocupes —respondí, apartando su mano con una debilidad que me enfurecía—. Solo… solo debo descansar.

—Pero, Valieth, tus heridas…

Me obligué a ponerme en pie, ignorando las protestas de mi cuerpo, y comencé a caminar con pasos erráticos en dirección a mi cuarto.

—Solo descansaré. Gracias por la ayuda —corté la conversación, sin fuerzas para dar explicaciones que ni yo misma tenía.

—Como digas… —escuché su voz perderse a mis espaldas, cargada de una mezcla de lástima y desconcierto.

Recorrí el pasillo apoyándome en las paredes, cada metro sintiéndose como un kilómetro. Al llegar a mi habitación, ni siquiera intenté alcanzar la cama. Me desplomé sobre el suelo frío, dejando que la temperatura del cemento aplacara la fiebre de mi agotamiento. Estaba vacía. No lo había encontrado por ninguna parte. Un día entero de búsqueda sistemática y el resultado seguía siendo un cero absoluto. Era un fastidio, una humillación que me roía por dentro.

—Ah… ¿dónde estás, Elian…?

Cerré los ojos, rindiéndome finalmente. Dejé que el cansancio me ganara, no como una derrota, sino como una tregua necesaria para poder levantarme con más fuerzas después. Necesitaba salir nuevamente, necesitaba peinar el siguiente cuadrante, pero mi mente ya no procesaba. Tal vez dormir un poco me sirviera para pensar con claridad al despertar.

Sin más resistencia, dejé que la oscuridad del sueño me invadiera, esperando que el mañana me devolviera el rastro que el hoy me había negado.

Valieth… recuerda tu misión. Proteger a Elian Vane es tu único propósito.

Te lo dejo a cargo.

Yo cumpliré con mi parte, y tú harás lo mismo.

Cuando logres tu objetivo, si cumples al pie de la letra mis instrucciones, tarde o temprano nos volveremos a ver.

Confío en ti, Valieth.

Una mano cálida acarició mi cabeza en la penumbra de mi memoria. Maestra…

Desperté de golpe, intentando incorporarme en la oscuridad de mi habitación. Ese sueño de nuevo. Se sentía como un reproche, una herida abierta en mi consciencia que me recordaba que estaba fallando. Estaba haciendo todo mal; no estaba cumpliendo con el objetivo por el cual me habían encomendado la vida. Qué desastre.

—He tomado una decisión… —susurré para las paredes vacías.

Me dirigí al baño. El agua fría impactó contra mi piel, recorriendo mi cuerpo y entumeciendo cada músculo dañado. Dejé que el frío me devolviera la lucidez, permitiendo que el agua acariciara las cicatrices de la última batalla para forzar una recuperación acelerada. Me niego a perderlo. No puedo defraudarla a ella.

Tras cerrar la llave, me vestí con movimientos mecánicos y me dirigí a la habitación de Marcus. Al entrar, él dormía con una tranquilidad que yo ya no poseía. Su cuerpo aún no se recuperaba, y sabía que no lo haría en mucho tiempo. Me quedé observándolo un segundo, sabiendo que esa sería la última vez que lo vería. Cerré la puerta sin hacer ruido y me alejé.

Regresé a mi cuarto, agarré una mochila y metí todo lo esencial: munición, raciones, suministros médicos. Si mis cálculos eran correctos, la marea estaba casi en su punto máximo; eso explicaba la horda de Hollows con la que choqué antes. Sería un suicidio encontrarme con más en mi estado, pero esta vez no pelearía. No iba a limpiar las calles; iba a cruzarlas.

Tenía que alejarme de este lugar. El refugio se había convertido en una jaula de estancamiento.

Esperé a que el silencio en los pasillos fuera absoluto, confirmando que todos se habían rendido al sueño. Entonces, caminé como una sombra por los corredores hasta encontrar la puerta que daba al exterior. El aire gélido me golpeó el rostro al abrirla, pero no retrocedí.

Justo cuando puse un pie fuera, sentí un pequeño y familiar tirón en mi ropa desde atrás.

—¿Eh? ¿Mia? —me giré, sorprendida—. ¿Qué haces despierta?

La niña me observaba con esa expresión de curiosidad imperturbable que siempre me resultaba difícil de leer.

—¿A dónde vas? —preguntó en un susurro.

Suspiré, rompiendo mi concentración para dedicarle un último momento.

—Probablemente no regrese en un buen tiempo, Mia. Tengo que buscar algo… a alguien.

—¿Te refieres a ese chico? ¿El que te dijo mi nombre?

—Ah… sí, ese mismo —sentí una punzada de amargura—. Debo encontrarlo.

—Entiendo. Entonces si era lo que pensaba —dijo ella, ladeando la cabeza—. ¿Es tu novio?

—N-no. Para nada —repliqué, sintiendo un calor repentino en las mejillas a pesar del frío—. Pero es imperativo que lo traiga de vuelta.

Me quedé un segundo dándole la espalda al exterior. La neblina afuera era densa y oscura, una sopa de ceniza donde los Hollows acechaban en silencio. Era absurdo estar allí, debatiendo mi vida privada con una niña mientras el peligro respiraba a pocos metros, pero no podía simplemente ignorarla.

—Escucha, Mia. Probablemente mucha gente se enojará cuando noten que me fui. ¿Puedo confiar en que mantendrás esto en secreto?

—¿Un secreto? —Se encogió de hombros—. Bueno, no tengo razones para hablar.

Sabía que, tarde o temprano, terminaría diciéndolo. Era inevitable; todos en el refugio acabarían enterándose de mi partida. Aun así, extendí mi mano y acaricié su cabeza. Sentí su cabello enredarse entre mis dedos por última vez, una sensación de calidez humana que estaba a punto de perder en favor del frío acero y la soledad de la zona muerta.

—Ya me voy. Cuídate, ¿sí?

—Está bien.

Ella retrocedió hacia la seguridad del refugio, pero antes de cerrar la pesada puerta, me dedicó unas últimas palabras con una pequeña chispa de travesura en los ojos.

—Este… Valieth… buena suerte encontrando a tu novio.

La puerta se cerró antes de que pudiera replicar.

—¡Ya te dije que…! —me quedé con la palabra en la boca, bufando ante el metal sellado—. Como sea.

Me moví rápido, alejándome antes de que la nostalgia me jugara una mala pasada. Nunca sentí un verdadero apego por aquel lugar, o eso creía; no pensé que dejarlo me causaría este extraño vacío en el pecho.

Pero mi camino estaba trazado. Debo dirigirme a ese sector primero. Una vez que me reúna con ellos dos, les pediré que me acompañen. Serán útiles y, lo más importante, no estaré sola en esta cacería. Con su ayuda, todo volverá a equilibrarse.

Solo un poco más… espérame un poco más, Elian.

Me interné en la niebla, dejando atrás la seguridad para convertirme, una vez más, en el arma que él necesitaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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