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El Archivo del Trauma - Capítulo 64

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Capítulo 64: Capítulo 1: Prólogo — Monólogo de Serenne Akari.

La perfección es una forma de borrado.

Desde que tengo memoria, mi existencia fue una sucesión de imperativos. Debía ser la mejor, la más rápida, la más impecable. Durante un tiempo, el cansancio se veía mitigado por una ilusión infantil: el orgullo de mi madre. Pero cuando la enfermedad la reclamó y el silencio ocupó su lugar, la calidez de esa mentira se extinguió. Con ella, murió mi última conexión con la palabra familia.

Aquel hombre me adoptó como quien adquiere una propiedad con potencial. En mi nuevo hogar, las expectativas no se triplicaron; se transformaron en algo quirúrgico. Ya no bastaba con la estética o el decoro. Pronto comprendí que mi cuerpo no me pertenecía; era un laboratorio.

Me obligaron a profanar mi propia carne, a abrir caminos en mi piel para que el dolor dejara de ser un intruso y se convirtiera en un inquilino. “Acostúmbrate “, decían. “Anula la sensación hasta que el sistema nervioso se rinda “. Querían que el dolor fuera inexistente para que yo pudiera ser inquebrantable.

Me diseñaron como un arma polivalente: inteligente, seductora, letal. Fui educada entre las cuatro paredes de un cuarto blanco, bajo una luz cenital que jamás permitía sombras, despojada de cualquier vestigio de infancia. Sin juguetes, sin amigos, sin distracciones. Me dieron lo necesario para que mis funciones biológicas no fallaran, pero me negaron el derecho a vivir.

Fue en ese aislamiento donde alcancé una epifanía: el ser humano no es más que un esclavo de sus propias pulsiones. Descubrí que los adultos, cuando poseen el poder suficiente, no conocen límites para materializar sus fantasías más abyectas. Mi realidad se convirtió en un espejo de los deseos ajenos; yo era el lienzo donde ellos proyectaban sus necesidades.

Quizás por eso, cuando vi el cadáver del hombre que me adoptó, no hubo rastro de emoción en mí. En su funeral, mi mente fue un páramo estéril. Ni tristeza, ni ira, ni alivio. Simplemente la confirmación de que el arma seguía intacta, mientras que el usuario había expirado.

Entonces, fue cuando llegó este mundo fragmentado. Manifestar mi habilidad fue el acto final de mi metamorfosis. Fue irónico: yo, que había sido el reflejo de las fantasías de otros durante años, ahora tenía el poder de atraparlos en las suyas.

Al mostrarles eso, se convertían en esclavos de sus deseos, esclavos de sus fantasías absurdas. Era una ironía cruel, pero que no iba a desaprovechar. Una herramienta que podía usar para controlar a los demás. En lo más profundo de mi ser, creo que comenzaba a sentir desprecio y repugnancia por mi propia especie. Comencé a aborrecer a los seres humanos.

Observar cómo los hombres se arrodillan ante sus propios anhelos proyectados es un espectáculo de una ironía deliciosa. Se vuelven esclavos de sus quimeras, marionetas de su propia avaricia emocional. Al principio me fascinaba; ahora, solo me produce una repugnancia metódica.

He aprendido a aborrecer a mi propia especie, no por lo que nos han hecho, sino por lo que estamos dispuestos a desear cuando creemos que nadie nos mira.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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