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El Archivo del Trauma - Capítulo 69

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Capítulo 69: Capítulo 6: El Cebo en el Centro del Cosmos

Cruzar el umbral del cubo fue como atravesar una membrana entre dos planos de existencia. Dentro, el mundo era radicalmente distinto. Estábamos rodeados de paredes de un blanco inmaculado que parecían proyectar efectos de galaxias lejanas; nebulosas de un violeta profundo y destellos estelares que daban la ilusión de un espacio infinito.

Sin embargo, el suelo contaba una historia diferente: estaba sembrado de rocas y escombros, como si aquel santuario cósmico hubiera sido el escenario de combates o entrenamientos brutales en el pasado. Alguien más había estado aquí, dejando sus cicatrices en el entorno.

Me acerqué a Caelum. No podíamos permitirnos el lujo de la contemplación; el tiempo fuera de estas paredes seguía corriendo a favor de nuestros cazadores.

—Caelum, es hora de que te cuente todo —dije, manteniendo el tono bajo.

—Ah, claro —respondió él, sacudiéndose el asombro del rostro—. Ahora sí, dime.

—Pero… vamos a un lugar más apartado.

Caelum asintió y dio la orden de que el grupo se mantuviera unido y en alerta. Nos alejamos unos metros, donde el eco de la “galaxia” amortiguaba nuestras voces. Allí, solté el lastre. Le hablé de los rastreadores, de la Fase Dos del plan y de la certeza matemática de que Malrec y su equipo nos estaban pisando los talones. No omití la brutalidad de lo que venía.

Al principio, se quedó helado. Se notaba que le costaba procesar tanta información de golpe. Es normal; cualquiera se moriría de miedo sabiendo que unos psicópatas están a la vuelta de la esquina. Mi plan no era perfecto, y sabía que tal vez no era lo que él esperaba escuchar de un chico de mi edad, pero era lo único que teníamos. Al final, que yo le contara esto justo ahora fue algo que él decidió. Fue la mejor decisión.

—Chico… —murmuró Caelum, rascándose el brazo como si pudiera sentir el metal bajo su piel—. ¿Qué tan seguro es hacer algo así? ¿De verdad va a funcionar?

—Para ellos, no será nada seguro —le respondí, intentando darle una mirada de confianza—. Solo confía en mí. Vamos a salir vivos de esta.

Serenne me había contado todo lo que sabía sobre estos sitios. Fue honesta, o al menos lo fue dentro de los límites de su propia experiencia. Sin embargo, mientras la escuchaba, hubo un detalle, una pequeña grieta en su explicación que me guardé deliberadamente para este momento. Es un riesgo suicida, pero si mi teoría es correcta, tendremos la oportunidad de escapar de ellos para siempre.

Aunque, siendo sincero, escapar jamás ha sido mi verdadero norte. Si mi deseo hubiera sido simplemente huir, lo habría hecho hace tiempo. Mi objetivo es otro: quiero desmantelar este sistema desde la raíz. Y para lograr esa demolición, primero necesito que esos sujetos dejen de respirar.

Dejé que Caelum se encargara de organizar a todos. Era mucho más eficiente delegar esa labor en él; su voz tenía el peso del mando que yo prefería no malgastar en trivialidades logísticas. Mientras él daba instrucciones, me moví en silencio hacia donde estaba Serenne, que descansaba sobre una roca lisa, con la mirada perdida en las galaxias artificiales de las paredes.

—¿Te molesta la zona de la cirugía? —le pregunté, bajando el tono.

—Un poco —admitió ella, sin mirarme—. Pero nada que no pueda controlar.

—Durante el camino noté que te esforzabas demasiado en no mostrar dolor. Por dentro estás sufriendo, ¿no?

Serenne soltó un suspiro cansado.

—Ah, no importa. Mientras siga siendo útil para ti…

—No es eso. Realmente me preocupo —respondí. Mi voz sonó suave, casi humana.

—Ah… eres raro —murmuró ella, girándose apenas para observarme con extrañeza.

Me pregunté por un instante si aquellas palabras que le acababa de decir eran auténticas o simplemente otro engranaje de mi simulación. Pero no importaba; ya tenía lo que necesitaba. Con esa respuesta, ella se había delatado. Sé exactamente cómo piensa: su valor personal está ligado a su utilidad, y mientras yo refuerce esa conexión, tendré su lealtad absoluta.

—Sé que estás cansada, pero tenemos que poner el plan en marcha —sentencié, cambiando el tono a uno más ejecutivo—. Debes ir ahora e invocarlo de algún modo.

—Puede ser peligroso —advirtió ella, poniéndose en pie con dificultad—. Este cubo es gigante, y si cuando lo invoque la estructura se expande… estaremos en problemas.

—Debemos hacerlo justo en el momento en que ellos lleguen. Ni un segundo antes, ni un segundo después. Si fallamos, moriremos todos.

—Bien —asintió ella con una sumisión gélida—. Haré lo que pides.

La vi alejarse. Ahora, solo quedaba esperar a que Malrec o su equipo dieran con nosotros. En mi mente, una pregunta seguía parpadeando como una luz de advertencia: si logran llegar hasta aquí, ¿será por pura intuición? ¿O será porque el rastreador dentro del cuerpo de Ava sigue emitiendo una señal que no pudimos silenciar?

La traje a este lugar deliberadamente para probar esa hipótesis. Sí, es un movimiento suicida. Es usar una vida humana como un test de laboratorio. Pero es un riesgo que vale la pena correr para obtener certezas. Primero, veamos si son lo suficientemente astutos como para cruzar el umbral.

—Ah…

Solté un aire pesado. Tuve que apoyar la mano en la roca fría para no tambalearme. Sentía una ansiedad que jamás había experimentado, una presión en el pecho que amenazaba con nublar mis cálculos.

Era lógico; nunca había orquestado algo de esta magnitud. El peso de tantas variables moviéndose al mismo tiempo me estaba consumiendo.

Respiré hondo y repasé mentalmente la secuencia que había diseñado. En mi cabeza, el escenario se desplegaba con una precisión matemática. Si todo salía según lo planeado, el resultado sería este: los psicópatas quedarían neutralizados y ocupados, dándonos el tiempo suficiente para escapar hacia el siguiente cubo. Pero el éxito tenía un precio que ya había aceptado pagar. Uno de nosotros tendría que quedarse atrás. Un sacrificio necesario para que el resto del mecanismo siguiera girando.

Era un costo que ya había asimilado. Si todo salía como yo quería, ese sería el final de la Fase Dos.

Solo logré memorizar la ubicación de dos cubos en aquel mapa que el Administrador nos dejó ver antes de todo este desastre. Sin embargo, había algo más que me rascaba la conciencia, un detalle que me llamaba la atención por encima de todo lo demás. ¿Acaso en este mundo devastado todavía existían ciudades funcionales? Era una posibilidad absurda, pero el mapa no mentía.

Guardé esos pensamientos en un rincón de mi mente para más tarde. Todo estaba quedando en orden; las piezas estaban colocadas y el escenario listo para el acto final. Solo quedaba esperar a que cayera el telón de esta fase.

Pero me sentía raro. Había algo… cierto. Debía hacer algo antes de que el caos estallara.

Caminé hacia donde estaba Ava. Estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en una roca y la mirada perdida en el suelo de escombros. Me detuve frente a ella y, por un momento, decidí actuar como un chico normal. Pedir permiso antes de invadir su espacio.

—¿Puedo? —pregunté, señalando el lugar a su lado.

Ava levantó la vista, un poco sorprendida por mi presencia.

—Claro —respondió en un susurro, haciéndose un poco a un lado.

Me senté junto a ella. El silencio en el interior del cubo era pesado, casi sólido, roto solo por el murmullo lejano del grupo de Caelum. Miré mis manos, tratando de decidir cuánta de mi máscara iba a usar en esta conversación. Después de todo, ella era el cebo, la pieza que confirmaría si nos estaban rastreando, pero en este momento, solo parecía una chica asustada en medio de una galaxia artificial.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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