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El Archivo del Trauma - Capítulo 72

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Capítulo 72: Capítulo 9: La Estafa de la Fe

—No te voy a mentir, Ava. Puede que lo pases muy mal cuando te atrapen de nuevo. Por eso, voy a jugar mi última carta.

—¿Qué? ¿Qué carta?

—Dijiste que yo era inteligente, ¿no? Toda esta situación la he creado yo. Que ellos estén ocupados ahora mismo y que los demás puedan escapar es gracias a mi plan… y gracias a ti.

—¿Yo…? Pero si yo no he hecho nada…

—Ava, escúchame bien —le dije, bajando el tono para que mis palabras se grabaran en su mente—. Diles que te usé. Diles que Elian Vane te utilizó como un simple peón para poder escapar, y que ahora estoy manipulando a Serenne para huir lo más lejos posible. Diles que soy un cobarde que solo busca salvar su propio pellejo.

—¿Qué? —susurró ella, retrocediendo mentalmente—. ¿Quieres que… que diga todo eso?

—Si intentan hacerte algo, diles que revelarás todo lo que sabes a cambio de que te perdonen la vida. Te lo dije antes: a Malrec le fascina sentirse superior. Si le das ese poder, si te muestras rota por mi traición, te dejarán en paz. Tienes que odiarme, Ava. Tienes que sentir una repugnancia absoluta por mí.

—Yo… yo no podría odiarte —murmuró, bajando la mirada.

Con que no, ¿eh? Aproveché su distracción para evaluar la situación a nuestras espaldas. La batalla estaba llegando a su fin; el monstruo gigante empezaba a colapsar bajo los ataques desesperados de los cazadores. Malrec estaba visiblemente herido y su compañero se movía con torpeza, debilitado. Los tiempos cuadraban. Era el momento de cerrar la trampa emocional.

—Tú me rescataste… me dejaste ir contigo y ahora confías en mí —continuó ella, con la voz temblorosa—. Creo que me estás sobreestimando, Elian. No soy tan fuerte.

—Para nada. Realmente tengo fe en ti —respondí, dejando que el peso de mis palabras hiciera efecto.

Un leve rubor asomó en su rostro. Mis palabras estaban perforando su resistencia, tal como lo había previsto. Estaba tocando las fibras correctas de su corazón.

—¿De verdad debo… debo soportar esto? —preguntó, buscando una última salida.

—Te prometo que volveré para rescatarte —sentencié, clavando mis ojos en los suyos con una determinación inquebrantable.

—Otra vez… rescatarme —repitió ella con una sonrisa triste—. Debo ser una carga enorme para ti, ¿verdad?

Ya cayó. La pieza estaba en su lugar.

—Claro que no. Volveré por ti, Ava. Y te juro que destruiré a cualquiera que se haya atrevido a tocarte. Me volveré más fuerte en poco tiempo, lo juro. Pase lo que pase, regresaré.

Apreté sus manos con fuerza y, en un movimiento que desafiaba mi propia lógica, agaché la cabeza y me arrodillé ante ella. Fue mi último acto de fe. Me quedé allí, en silencio, sin atreverme a mirarla.

—Por favor… déjame confiar en ti —supliqué.

Sentí que ella también se agachaba. De pronto, sus manos, cálidas y temblorosas, rodearon mi rostro. Me obligó a levantar la cabeza para que la viera directamente.

—No llores —dijo con una sonrisa melancólica—. Es la primera vez que te veo así.

¿Llorar? Solo entonces fui consciente de la humedad en mis mejillas. Lágrimas reales se deslizaban por mi rostro. Resultaba curioso y, a la vez, extremadamente conveniente. Mi cuerpo estaba respondiendo al estrés de la situación, dándome la herramienta perfecta para terminar de convencerla.

—Lo siento, yo no quería…

—Tranquilo —me interrumpió ella—. Déjame hacerlo. Quiero hacer algo por ti también. Has hecho demasiado por mí, por todos nosotros. Me siento inútil, pero si me prometes que vendrás por mí… entonces volveré con esos tipos. Haré lo que me pides.

—Ava… perdóname…

—No pasa nada. Aunque no pueda odiarte de verdad, lo intentaré. Les haré creer que te desprecio y les daré toda la información que me pediste.

Asentí con lentitud, evitando su mirada. Era increíble ver cómo aquella chica aceptaba el papel de sacrificio, convencida de que lo hacía por voluntad propia y por amor a una causa que yo mismo había inventado. Ella se levantó y me tendió la mano. La tomé con gratitud.

—Bien —dijo ella, armándose de valor—. Voy a hacerlo.

—Ava, escúchame bien —insistí, bajando la voz mientras el estruendo de la batalla a nuestras espaldas se intensificaba—. Debes decirles que nos dirigimos al este de la ciudad, incluso más allá de los límites. Si les das ese rastro falso, ellos perderán tiempo buscándome en la dirección equivocada. Eso me dará el margen que necesito para hacerme fuerte y regresar por ti. Es lo más ideal para ambos.

Ella asintió, con la mirada fija en mis labios, moviéndolos casi imperceptiblemente como si estuviera grabando cada una de mis palabras en su memoria.

—Pero hay algo más —continué—. Mientras Malrec y su equipo estén obsesionados con mi persecución, tú estarás cerca de ellos. Necesito que abras los ojos. Consigue información, memoriza mapas, identifica lugares clave… cualquier cosa que nos sirva para entender cómo funciona este mundo. Necesito que seas mis ojos allí dentro. ¿Puedes hacerlo?

—Entiendo… información, mapas, el este de la ciudad —susurró ella, repitiendo la secuencia con una concentración absoluta, tratando de memorizar cada instrucción mientras yo las pronunciaba—. Lo haré, Elian. Seré útil para ti.

—Confío en ti —sentencié.

Comencé a caminar hacia el umbral, el punto donde nuestras realidades se separarían, posiblemente para siempre. Me quedé observando la salida mientras las explosiones de la pelea en el fondo hacían que todo el cubo se estremeciera. Pero no avancé. En el último segundo, me detuve y me di la vuelta para mirarla una última vez.

—Ava, yo…

Iba a decirle algo más, una última instrucción o quizás una mentira final para asegurar el perímetro de su voluntad, pero ella se me adelantó. Sentí un ligero tirón en mi brazo y, al bajar la mirada, me di cuenta de que había tomado mi mano. Cuando volví a mirarla a los ojos, las lágrimas corrían libres por sus mejillas.

—L-lo siento —susurró, con la voz rota—. Es que… tengo mucho miedo y… quería tomar un poco de tu valor.

Aquello me tomó por sorpresa. Por un instante, el engranaje de mis pensamientos se detuvo ante la pureza de su terror. Era lógico; estaba tomando la decisión de sacrificarse, de entregarse a los lobos. Podía sentir su temblor transmitiéndose a través de nuestra unión. Apreté su mano con una suavidad calculada, pero que se sintió extrañamente real.

—Soy un cobarde por hacerte esto —dije, y por primera vez, no estaba seguro de si esa frase era parte del guion o una chispa de lucidez—. Pero confío en que todo saldrá bien.

—No lo eres, Elian —respondió ella, forzando una firmeza que no tenía—. Has cargado con demasiado tú solo. Así que… déjame cargar con un poco de tu peso esta vez, ¿sí?

—Ava… Gracias.

—Ya vete, rápido —dijo ella, soltando mi mano con lentitud, como si se desprendiera de su única ancla—. No hagas que mi sacrificio sea en vano, jeje.

Esa pequeña risa nerviosa al final fue como un estilete. Intenté secarme las lágrimas que aún empañaban mi visión, pero, por alguna razón biológica que no lograba procesar, seguían brotando más. Me di la vuelta, dándole la espalda para que no viera mi confusión, y pronuncié mis últimas palabras.

—Prometo que volveré por ti. Te rescataré cueste lo que cueste, te lo juro.

—Está bien. Estaré esperando —su voz sonó pequeña, perdiéndose entre los ecos de las explosiones del fondo—. Yo… daré lo mejor de mí.

Asentí en silencio. Sin mirar atrás, crucé el umbral del cubo y sentí cómo la membrana de la dimensión se cerraba tras de mí. En ese instante, mientras caminaba hacia la oscuridad del exterior, una certeza gélida se instaló en mi pecho: probablemente jamás la volvería a ver.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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