Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Archivo del Trauma - Capítulo 78

  1. Inicio
  2. El Archivo del Trauma
  3. Capítulo 78 - Capítulo 78: Capítulo 15: Osciloscopio Humano
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 78: Capítulo 15: Osciloscopio Humano

Le ordené a Serenne que explicara al resto del grupo lo que me había revelado. Aunque la timidez pareció atenazarla por un instante, terminó cediendo bajo el peso de mi mirada. Pronto, el Cubo se convirtió en un laboratorio de ensayo. Todos, sin excepción, intentábamos replicar lo que ella dominaba con una naturalidad insultante: la frecuencia.

Yo lo intenté con una disciplina casi obsesiva. Busqué el centro de mi gravedad, traté de vaciar mis pensamientos y mantenerme en una calma absoluta. Mi mente, acostumbrada a procesar miles de variables por segundo, no se desesperaba —la desesperación es una ineficiencia que no me permito—, pero era innegablemente desalentador no registrar ni un solo avance cuantitativo.

Estudiaba el concepto, lo diseccionaba en busca de una lógica que lo hiciera encajar con las leyes de la termodinámica o la cinética muscular, pero nada servía. Solo estaba ahí: una estatua de pie, con los ojos cerrados, concentrándome en un vacío que se negaba a responder.

—¿Aún nada? —preguntó Serenne. Su voz sonaba más cerca de lo que esperaba.

—Dijiste que debo sentir una especie de calor rodeando mi cuerpo, ¿cierto? —respondí sin abrir los ojos, tratando de localizar ese supuesto flujo térmico en mis extremidades.

—Así es. Una pulsión que nace desde el pecho y se expande hacia afuera.

—Entonces estoy en cero. Mi temperatura corporal es constante y mis terminaciones nerviosas no reportan anomalías.

Abrí un ojo. El silencio prolongado de Serenne me resultó curioso, casi sospechoso. Al hacerlo, me di cuenta de que me estaba observando con una intensidad extraña, una mezcla de fascinación y algo que casi parecía… burla.

—¿Pasa algo? —inquirí.

—Bueno, creo que el genio no lo es tanto —murmuró ella con una sonrisa casi imperceptible.

—No soy un genio —sentencié, volviendo a cerrar el ojo.

—¿No? ¿Tú crees?

—Realmente lo creo. Los genios suelen tener destellos de intuición irracional. Yo solo soy un hombre que aplica la lógica. Y ahora mismo, la lógica me dice que me falta una variable.

Traté de volver a sumergirme en la concentración. Cerré los ojos y seguí esperando ese calor que se sentía como una promesa vacía. Ese primer día fue solo el inicio de una espiral de fracasos que se extendió por otros cuatro.

A decir verdad, el tiempo se me pasó volando; la dilatación temporal de este lugar no solo afectaba a los relojes, sino a la percepción de mi propio fracaso.

Pasaron lo que mi conciencia registró como cinco horas. Sin embargo, la realidad física dentro de este lugar dictaba una sentencia distinta: habían transcurrido ciento veinte horas. Cinco días de desgaste condensados en una tarde percibida.

La dilatación temporal es un concepto fascinante sobre el papel, pero vivirla es una experiencia disociativa. Mis cálculos indicaban que, tras cinco días de entrenamiento ininterrumpido y esfuerzo metabólico, mi organismo ya debería haber colapsado por inanición o deshidratación. No obstante, aquí seguía, de pie.

Según Serenne, el Cubo al ser una fuente de energía tan densa, operaba como un sistema de soporte vital pasivo; nuestras células absorbían la frecuencia ambiental por ósmosis, compensando el gasto calórico de forma artificial. Era como si el aire mismo nos mantuviera en un estado de preservación forzada.

Pero esa ventaja tenía un límite biológico. El Cubo te ayuda a no morir, pero no te mantiene al cien por ciento indefinidamente.

Al llegar a lo que serían las ciento veinte horas de funcionamiento interno, el efecto de saciedad del Cubo finalmente se resquebrajó. El hambre no llegó de forma gradual; me golpeó como un muro físico que de pronto recuperaba su peso.

Fue un recordatorio brutal de que, aunque el espacio-tiempo se doblara a nuestro favor, seguíamos atrapados en envases de carne y hueso con necesidades finitas.

Comimos, agotando las raciones que nos quedaban, y dormimos bajo el cielo de galaxias proyectadas. Finalmente, despertamos en el quinto día —el quinto para el reloj del Cubo, el quinto para nuestras raciones—.

Las provisiones se habían terminado.

Me quedé mirando el último envoltorio vacío, sintiendo un vacío similar en mis progresos. Ni una chispa, ni un rastro de calor externo, nada. Estábamos en una cámara que aceleraba el tiempo, y lo único que yo estaba logrando era quedarme sin recursos.

Si no descifraba la frecuencia pronto, este entrenamiento no sería una evolución, sino una lenta sentencia de muerte por inanición.

Esto se estaba volviendo, objetivamente, una carrera contra nuestra propia biología.

—Elian. Iré a buscar suministros con cuatro de nuestros compañeros. Esto podría volverse feo si nos quedamos aquí sin nada —dijo Caelum, rompiendo el silencio del Cubo.

—Hah… está bien… es lo mejor para todos —respondí, sin despegar la vista del vacío.

—Bien, ya volvemos.

Por suerte, Caelum se ofreció voluntario para la logística. Yo no habría sido de mucha ayuda en mi estado actual; el agotamiento mental era absoluto, casi físico. No lograba encontrar la variable faltante, esa llave maestra que me permitiera acceder al poder que Serenne manejaba con tanta soltura.

—Mmm, ¿todavía no? —preguntó ella, acercándose con pasos silenciosos.

—¿Cómo lo conseguiste tú, Serenne? —la miré, dejando traslucir por primera vez una grieta de frustración—. Se está complicando más de la cuenta. No hay lógica que lo sostenga.

—Está bien, te diré un truco —respondió ella, ladeando la cabeza.

—¿En serio?

—Primero, quítate esa gabardina.

Me pregunté qué relevancia tendría mi vestimenta en un proceso energético, pero obedecí. Al deshacerme del peso de la prenda, me sentí extrañamente vulnerable, pero más ligero. El aire del Cubo, cargado de estática, rozó mis brazos.

—Cierra los ojos —ordenó ella.

—Está bien…

—Imagina esas curvas que suben y bajan. Esas que se usan para representar gráficamente las frecuencias.

Lo hice. En la oscuridad de mis párpados, proyecté un osciloscopio mental. Imaginé ondas sinusoidales, picos y valles erráticos que representaban mi estado actual.

—Imagina que, poco a poco, vas estabilizando eso. Que la frecuencia inestable logre un equilibrio, casi formando una línea recta en el medio, sin que nada la perturbe.

Me concentré en el gráfico. No busqué “sentir” nada, simplemente manipulé la imagen mental. Poco a poco, sin apresurarme, forcé a los picos a descender y a los valles a subir. Busqué la armonía del sistema, eliminando el ruido blanco de mis pensamientos. En el momento en que la línea en mi mente se volvió perfectamente horizontal, el mundo cambió.

—Oh, lo lograste —susurró Serenne.

De repente, un calor intenso brotó desde el centro de mi pecho, expandiéndose como una deflagración controlada. En cuestión de segundos, una envolvente térmica rodeó mi cuerpo, una armadura de energía invisible que vibraba con una potencia contenida. Abrí los ojos, asombrado por la nitidez con la que ahora percibía el entorno.

—¿Qué…?

—Ten cuidado —advirtió ella, retrocediendo un paso—. Ahora mismo eres energía pura. Solo intenta tocar el suelo con un dedo.

Extendí la mano derecha. No apliqué fuerza muscular; simplemente dejé que la frecuencia hiciera el trabajo de penetración. Al rozar el suelo blanco del Cubo, mi dedo lo perforó como si fuera mantequilla caliente, hundiéndose en la estructura aséptica sin ofrecer la más mínima resistencia. Era increíble. La física convencional acababa de ser reescrita ante mis ojos.

—Muy bien. Nada mal —dijo Serenne con un rastro de orgullo.

Me puse en pie, pero en el instante en que mi concentración flaqueó, el calor desapareció de golpe. La caída fue brutal. Un impacto de cansancio sistémico me golpeó, obligándome a hincar una rodilla en el suelo. El sudor frío comenzó a brotar de inmediato.

—Eso fue… abrumador —jadeé, tratando de recuperar el aliento.

—Vas por buen camino.

—Ya veo. Gracias, Serenne.

—De nada.

Era desconcertante. Había pasado días buscando una respuesta compleja cuando la solución era tan simple como imaginar una gráfica en equilibrio. Supongo que Serenne no me lo dijo antes porque quería que mi mente se agotara, que dejara de intentar “entenderlo” para simplemente “ejecutarlo”.

A partir de ahora, dejaría de lado la lógica convencional para estos asuntos. Después de cinco días de estancamiento, finalmente había logrado un avance. No desaprovecharía esta ventaja.

Debía fortalecer este control lo antes posible; solo así cumpliría mi promesa de traer a Ava Whitlock de vuelta a esta realidad, sin importar cuántas leyes de la física tuviera que romper en el proceso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo