El Archivo del Trauma - Capítulo 87
- Inicio
- El Archivo del Trauma
- Capítulo 87 - Capítulo 87: Capítulo 24: Cero Absoluto en el Pecho
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 87: Capítulo 24: Cero Absoluto en el Pecho
(PUNTO DE VISTA DE SERENNE AKARI)
Desperté.
No hubo una transición gradual. Simplemente, la conciencia reclamó su lugar en mi sistema biológico. Debí haber cerrado los ojos por un intervalo indefinido. A mi lado, Elian permanece sumergido en un estado de inconsciencia profunda. El silencio en el Cubo es denso, casi sólido, interrumpido solo por las respiraciones rítmicas de los demás.
Las paredes han mutado. El blanco aséptico ha sido reemplazado por el negro cromático del vacío exterior. Pero no es una oscuridad vacía.
Hay cúmulos de luminiscencia… estrellas. Miles de ellas orbitando a nuestro alrededor. Es una vista que no sé cómo etiquetarla. No encuentro los términos técnicos para describir algo que no tiene una función lógica. Es solo… ¿bonito?
Miré a Elian de reojo. Ahora soy la única despierta en este lugar. Y, inevitablemente, los pensamientos del pasado empezaron a aparecer en mi mente.
El día en que lo conocí, me pareció un chico débil, incluso lo vi llorar. Sé que fue una respuesta inducida por mi propia habilidad, pero en medio de su colapso, registró un nombre. Si mi memoria no presenta fallos… pronunció… Amélie.
Ese recuerdo es el que me causa un nudo en la garganta, algo que no debería estar ahí. Mi habilidad no suele fallar, y aquellas lágrimas… parecían auténticas.
Sus dedos intentaron aferrarse al aire, con una desesperación que no se puede fingir, como si buscara tocar a un fantasma. Lo que sea que estuviese viendo en su mente… realmente lo deseaba.
Es por eso que no logro entenderlo. Ha sacrificado a Ava sin pestañear. Me utiliza como si yo fuera una herramienta de precisión. Me manipula. Pero… luego se desintegra por proteger al resto. Y su único objetivo parece ser… ¿esa chica?
Amélie. Tiene nombre de hermana, o de alguien que perdió hace mucho. Es una contradicción andante. Un monstruo capaz de fingir una agonía humana para que Caelum caiga en su red… pero que, en la intimidad de su dolor, llora de verdad por alguien que no está.
Al final… ¿Qué es Elian Vane? ¿Es una máscara que ha aprendido a simular el trauma para controlarnos? ¿O es solo un chico roto que se obliga a ser una máquina para que el mundo deje de… dolerle?
¿Qué debería pensar yo sobre esto? Tengo una salida frente a mí. Podría ignorar todo lo que está pasando, atravesar estos muros de galaxias y huir hacia un lugar donde nadie me dicte órdenes. Podría ser libre. Pero… mirar su rostro ahora mismo… me detiene. Siento una presión en el pecho que no tiene una explicación lógica.
No lo entiendo. No entiendo por qué… me quedo.
Me puse de pie y me acerqué a él. Incliné mi rostro sobre el de Elian hasta que la distancia se volvió mínima, casi inexistente. Podía percibir el ritmo constante de su respiración contra mi piel. Solo quería observarlo… desglosar sus facciones: la línea de sus ojos, la curva de su nariz, el gesto de su boca en reposo.
Me alejé bruscamente y comencé a caminar por el lugar. No tenía sentido. Es solo un chico. ¿Debería simplemente dejarlo atrás? Solo quiero… nada.
Un arma no tiene deseos. Ese era el mantra que grabaron en mi sistema a base de repetición. Recordé mi posición. Soy un instrumento, una herramienta capaz de todo. No necesito a nadie.
Me detuve frente al muro galáctico. Estaba a un solo paso de cruzarlo, a un solo movimiento de dejar este lugar y no volver a mirar atrás.
Levanté el pie. Fue un gesto decidido, cargado con toda mi voluntad de marcharme. Pero, al intentar dar el paso hacia el vacío, mi rodilla se quedó rígida. No era cansancio ni un calambre, era como si el aire frente a mí se hubiera vuelto denso, una barrera invisible que me impedía avanzar.
Es molesto. Realmente molesto.
Obligué a mis músculos a tensarse, presionando contra el suelo para impulsarme, pero mi cuerpo simplemente se negó a seguir mis órdenes. Mis dedos se cerraron en puños con tanta fuerza que las uñas se me clavaron en las palmas, buscando ese dolor que me devolviera el control.
No debería dudar. Solo debo… salir.
Intenté empujar mi peso hacia adelante una vez más, pero mi respiración se volvió pesada, entrecortada. Sin poder evitarlo, mis ojos se desviaron hacia atrás. Solo por un segundo.
Ahí estaba él. Elian, inmóvil, ajeno a la guerra que yo estaba librando conmigo misma.
Volví a mirar el umbral, el camino libre hacia mi libertad. Pero mi pie seguía ahí, suspendido en el aire, negándose a cruzar la línea. Era como si una parte de mí, una que no conocía, hubiera decidido que…
—¿Te sientes mal?
Esa voz rompió el hilo de mis pensamientos. Me giré con rapidez, encontrándome con la mirada de Knox.
—¿Por qué dices eso? —pregunté, recuperando mi tono neutral.
—Me desperté y te vi ahí parada. ¿Quieres salir? —Se encogió de hombros con esa confianza natural que siempre tiene—. Supongo que te asfixia estar aquí encerrada. A mí también me pasa.
—No es eso.
—Ah, ¿no?
—Ah… olvídalo. No he dicho nada.
Le di la espalda. No quería que me viera, no quería que leyera nada en mi rostro. Todo habría sido más fácil si él siguiera durmiendo, habría cruzado ese umbral sin que nadie se diera cuenta.
—¿Quieres que salgamos juntos? —insistió él.
—¿Qué?
—Quiero respirar aire que no sea sintético. Aunque hay que tener cuidado ahí fuera. Si quieres venir, vienes. Si no, no importa.
Sin esperar respuesta, Knox caminó hacia la pared y la atravesó sin dudarlo. Al menos ya no estaba frente a mí. Ahora… ahora debería irme en la dirección opuesta. Pero, siendo sincera conmigo misma, no vendría mal oxigenar mis pulmones antes de tomar una decisión definitiva.
No quiero seguirlo. Pero, supongo que no tengo otra opción.
Atravesé el umbral y el mundo distópico me recibió de golpe. Afuera, el escenario era una oda al pesimismo.
—Oye, al final sí viniste —dijo Knox desde la distancia, con una sonrisa ligera.
—Tú me obligaste.
—¿Qué? Yo no… bueno, da igual. Vamos a caminar, pero mantente alerta, hay monstruos merodeando.
—Lo sé —respondí, dejando que mi instinto de combate tomara el control—. Yo podría protegerte sin problemas.
—Qué bueno. Eso me deja más tranquilo.
Lo seguí, dejando que el aire gélido del exterior entrara en mis pulmones, quemando un poco. Solo caminaré un momento. Solo un momento más… y luego me iré.
—Oye… ¿tú quieres salir de este mundo? —preguntó, rompiendo el hilo de mis pensamientos.
—¿De este mundo? —repetí, como si la frase careciera de sentido lógico.
—Sí. Me refiero a si quieres volver al mundo real. A lo que había antes.
—Eso… es imposible. No hay forma de salir de aquí.
Era una realidad que mi sistema ya había procesado y aceptado. Una vez que cruzas el umbral del Archivo, la salida deja de existir. Es simple: no hay una llave, no hay una puerta, no hay un código que descifrar. Simplemente te acostumbras a que tu existencia se reduzca a este mundo distópico.
—Nah —soltó él con ligereza—. Creo que debe existir una forma. Si hay una entrada, tiene que haber una salida. Por pura simetría.
—No siempre es así.
—¿Tú crees?
—Sí… eso pienso.
Su seguridad casi me hace dudar, una pequeña oscilación en mis parámetros de certeza. Pero me obligué a recuperar la firmeza, estaba segura de que no había escape.
Seguimos caminando un poco más, manteniendo el Cubo siempre a la vista, como un ancla en medio de la nada. El silencio que se extendió entre nosotros era como el aire frío: no pesaba, no molestaba. Era de una forma extraña que no supe clasificar.
Dimos media vuelta para regresar. Mi plan seguía intacto: al entrar, lo noquearía con un golpe preciso en la base del cráneo y lo dejaría en un lugar seguro dentro del Cubo. Luego, tomaría una mochila con suministros y me marcharía.
Durante mi tiempo en la organización, aprendí datos que Elian ignora: existen aldeas, asentamientos remotos donde es posible desaparecer. Me iría lejos. Muy lejos.
—Llegamos, Serenne.
—Tengo ojos, Knox. Puedo verlo.
—Jeje, cierto.
Al cruzar el umbral, me posicioné estratégicamente detrás de él. El ángulo era perfecto, mi mano estaba lista para actuar. Pero… me detuve. No porque me faltara voluntad. Fue porque mis pulmones se olvidaron de cómo succionar aire.
Dentro del Cubo, el espacio que debería ser nuestro refugio había sido profanado. Una masa de oscuridad corrupta se alzaba hasta tocar el techo.
—Oye… ¿por qué hay un… Hollow gigante…? —la voz de Knox salió pequeña, rota.
Sentí un espasmo violento en mis dedos; mis manos empezaron a temblar con una intensidad que no podía controlar.
El aire se volvió espeso, cargado de un olor a carne quemada que me revolvió el estómago. Mis pupilas se dilataron tanto que me dolió la vista. No era solo miedo, era una respuesta biológica ante un depredador que superaba cualquier cálculo de defensa.
—No lo… sé —susurré.
El sudor frío me bajó por la nuca mientras el monstruo emitía un sonido que no era un grito, sino un vacío vibrante que hacía vibrar mis huesos. Elian seguía allí, inconsciente, a pocos metros de esas fauces.
Mi plan de huida se desintegró en un segundo, reemplazado por un terror primario que me mantenía clavada al suelo, con el corazón golpeando mi pecho como si quisiera escapar de mi propio cuerpo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com