El Archivo del Trauma - Capítulo 88
- Inicio
- El Archivo del Trauma
- Capítulo 88 - Capítulo 88: Capítulo 25: La Singularidad en el Pecho de un Arma
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 88: Capítulo 25: La Singularidad en el Pecho de un Arma
El Hollow desplegó su cuerpo y, de la masa de oscuridad corrupta, brotaron seis colas. No eran extremidades orgánicas; parecían látigos de sombra sólida que azotaban el aire con una violencia antinatural. De repente, emitió un chillido. Eso no era un grito, fue una frecuencia distorsionada que penetró en mi cráneo.
Caelum y los demás se reagruparon a nuestro alrededor, con los rostros pálidos bajo la luz mortecina de las estrellas.
—Hay que salir de aquí —sentenció Caelum, con la mano firme en su arma.
—Espera. Si salimos y esa cosa nos sigue, será el fin. Se alimentará de cualquier rastro de energía que encuentre afuera. Se volverá imposible de contener.
—¡Demonios!
La bestia se lanzó al ataque. Sus colas golpearon el suelo del Cubo, resquebrajando la realidad misma. Me moví por puro instinto, ignorando el zumbido en mis oídos, y llegué hasta Elian.
Tenía que sacarlo de la trayectoria de impacto. Lo cargué, sintiendo su peso muerto sobre mis hombros, un lastre que mi cuerpo se negaba a soltar. Caelum ordenó a Knox y a otro chico que me cubrieran mientras retrocedíamos.
—¡Rápido, muévanse!
Una de las colas barrió el aire hacia nosotros. El impacto era estadísticamente inevitable. Logré soltar a Elian en una zona protegida por los escombros, pero no fui lo suficientemente veloz para esquivar el golpe.
El impacto me dio de lleno en el costado, lanzándome contra una formación rocosa con una fuerza que me vació los pulmones.
Quedé atrapada bajo un bloque de concreto y ceniza. Solo pude soltar un suspiro entrecortado mientras el dolor en mi abdomen estallaba en punzadas eléctricas. Tenía un poco de sangre en la boca. Debía salir de esta trampa antes de que el Hollow terminara de demoler el lugar.
—¡Serenne! ¡Dame la mano!
Pude ver a Knox esforzándose por llegar hasta mí. Él también cojeaba; el ataque lo había alcanzado, pero su mirada seguía fija en mi posición.
Estiró su mano, temblorosa pero decidida. Por un segundo, la duda me paralizó. Mi programación me decía que debía salir por mi cuenta, que depender de otros era una debilidad que un arma no podía permitirse.
Pero miré su mano. Y la tomé.
Me sujeté con una fuerza desesperada y él tiró de mí, sacándome del escombro justo antes de que otra cola pulverizara el lugar donde estaba mi cabeza.
Ignoré fácilmente el ardor abrasador de mi pierna y comencé a correr. Elian ya no estaba a la vista, se lo habían llevado. Solo quedábamos Knox, Caelum y yo en el epicentro del caos.
—¡Vamos! ¡Rápido! —rugió Caelum desde la distancia.
El Hollow no nos daría tregua. Una de sus colas se elevó, apuntando directamente hacia mi espalda con una precisión letal. En ese instante, dejé de luchar contra el miedo. Me concentré. Relajé cada músculo, cada fibra de mi sistema, dejando que el ruido del mundo se desvaneciera.
—¡Serenne! ¡¿Qué haces?! —el grito de Knox sonó lejano, casi distorsionado.
Lo ignoré. Cerré los ojos mientras mis pies seguían golpeando el suelo, sintiendo cómo el tiempo empezaba a dilatarse, cómo cada partícula de polvo se ralentizaba en el aire. El dolor de mi pierna desapareció, reemplazado por una frialdad absoluta.
Entonces, logré acceder.
El calor brotó desde el centro de mi pecho, expandiéndose como una onda de choque hasta envolver cada centímetro de mi cuerpo. Me detuve en seco. Giré sobre mis talones justo cuando la cola del Hollow estaba a punto de desintegrarme.
Abrí los ojos y lo vi, una masa de oscuridad a escasos milímetros de mi rostro.
Cerré el puño con una fuerza que hizo crujir mis nudillos, sintiendo cómo esa temperatura abrasadora se concentraba en mi mano. Entonces, golpeé.
No fue un impacto sordo, fue una explosión seca. En el momento del contacto, la cola salió disparada hacia atrás, repelida por una fuerza que el monstruo no pudo predecir. El Hollow lanzó un chillido estridente, un sonido de pura agonía que hizo vibrar las paredes del Cubo.
Aprovechando la inercia de esa energía, sujeté a Knox y lo cargué sobre mi espalda en un solo movimiento fluido.
—¿Q-qué estás haciendo? —balbuceó él, aferrándose a mis hombros por puro instinto.
—Salvándote.
Flexioné las rodillas, sintiendo la presión del poder acumulado en mis fibras, y salté. Salí disparada por el aire, cruzando el espacio en un parpadeo hasta aterrizar pesadamente al lado de Caelum. Él me miró con una expresión de desconcierto absoluto.
—¿Dónde están los demás? —pregunté, sin perder un segundo.
—Sígueme —reaccionó él, sacudiendo la cabeza para recuperar el foco—. No podemos salir del cubo como mencionaste, entonces nos esconderemos cerca.
No tuve otra opción más que seguir sus pasos. Pero, a medida que la adrenalina empezaba a estabilizarse, sentí el peso de Knox sobre mí.
—Ya puedes bajarte.
—Ah, claro… sí.
Knox se deslizó de mi espalda, aún aturdido por la velocidad del rescate, y ambos comenzamos a correr detrás de Caelum.
Sin embargo, seguir corriendo en línea recta iba a resultar imposible. El Hollow no se limitaba a perseguirnos, estaba desatando una lluvia de ataques que impactaban en cada rincón del lugar, demoliendo la estructura misma de nuestra realidad.
Fue entonces cuando, gracias a la adrenalina, me fijé en un detalle perturbador: el Cubo se había expandido. Las paredes de galaxias se alejaban, creando un coliseo infinito de oscuridad. Eso significaba que el monstruo era demasiado fuerte, su mera presencia estaba alterando las dimensiones del dominio. Vencerlo aquí, bajo sus reglas, era una tarea suicida.
De un salto, me posicioné delante de Caelum y Knox. Bloqueé el impacto de una cola que descendía como un mazo y, con un giro de cadera, logré mandarla a volar de un golpe seco.
—Váyanse. Rápido —ordené, sin girarme.
—¿Qué? No pensamos dejarte sola —protestó Knox, con la voz cargada de frustración.
—Me estorban —solté, usando mi tono más gélido—. Necesito pelear sin tener organismos que proteger a mi espalda. Muévanse.
Vi de reojo cómo Caelum ponía una mano en el hombro de Knox, convenciéndolo con un gesto silencioso. Knox bajó la mirada, apretando los dientes, pero terminó por ceder.
—Ya váyanse —repetí—. Los alcanzaré después.
Pasaron a mi lado a toda velocidad. Caelum se detuvo un milisegundo para susurrarme la posición exacta de su escondite. Eso facilitaba las cosas, ahora el área estaba limpio.
La bestia lanzó otro latigazo que neutralicé con el antebrazo, devolviendo el golpe con una fuerza que me hizo retroceder un par de metros. Estaba funcionando, pero el “calor” en mi pecho empezaba a pasarme factura; me sentía cada vez más agotada.
—Serenne, me encargaré de que Elian despierte —gritó Caelum mientras se alejaba—. Él sabrá qué hacer.
—No es necesario —respondí entre dientes—. Deja que descanse.
—No. Ya ha descansado suficiente. Nadie más va a morir hoy. Ya hemos perdido a demasiados.
—Hah… como quieras.
El Hollow pareció estabilizarse por un momento. Se quedó estático, observándonos con sus cuencas vacías, como si estuviera calculando nuestra resistencia.
—Vete de una vez.
—Volveré con refuerzos —aseguró él, emprendiendo la carrera definitiva.
En ese instante, el Hollow detectó su huida y lanzó una ráfaga de poder puro en su dirección. Me impulsé con lo último que me quedaba de energía y detuve el disparo con mis antebrazos cruzados.
El impacto fue brutal, de puro milagro y con los tendones al límite, logré desviar la energía hacia el techo del dominio, provocando una explosión de luces estelares sobre nosotros.
Logré mantenerme en pie, aunque mis piernas temblaban. Delante de mí se alzaba una bestia colosal, una pesadilla de seis colas que irradiaba una intimidación asfixiante. Pero, extrañamente, ese miedo ya no me paralizaba.
Ahora estaba sola. Yo contra el Hollow. Debía derrotarlo como fuera, aunque la lógica me dictara que era una misión imposible de cumplir.
Ajusté mi postura, sentí el último resto de calor en mis puños y me lancé hacia el epicentro de aquel horror.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com