El Archivo del Trauma - Capítulo 89
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Capítulo 89: Capítulo 26: Entropía de una Herramienta
El impacto fue como chocar contra un muro de acero sólido. El Hollow usó dos de sus colas para blindarse, absorbiendo mi golpe con una facilidad insultante y devolviéndome el impulso. Salí disparada hacia atrás, mis botas chirriaron contra el suelo del Cubo mientras intentaba frenar la inercia.
—Maldición… —el quejido escapó de mis labios junto a una bocanada de aire caliente.
No me dio tiempo a recuperarme. El cielo —o lo que quedaba de él— se iluminó con ráfagas de energía oscura que caían como meteoritos. Me obligué a moverme. Derecha, finta, salto. El suelo donde yo estaba hace un segundo se vaporizaba en cada colisión. El calor en mi pecho vibraba, exigiendo una salida, pero mis músculos empezaban a protestar.
Entonces, el Hollow cometió un error táctico… o eso creí.
Una de sus apéndices descendió como una guillotina, pulverizando el concreto a escasos centímetros de mi pie. La vibración me recorrió la columna, pero no retrocedí.
—Ahora… —susurré entre dientes, apretando la mandíbula hasta que me dolieron las encías.
Salté sobre la extremidad sombría antes de que pudiera retirarla. Era fría, asquerosamente fría, contrastando con el fuego que sentía en mis palmas.
Comencé a correr hacia arriba, por el lomo de la bestia. Mis pies golpeaban la oscuridad sólida mientras esquivaba las otras cinco colas que intentaban atraparme en el aire como si fuera un insecto molesto.
—¡Casi… llegué! —grité, más para darme fuerzas que por otra cosa.
Salté de cola en cola, una coreografía suicida a veinte metros de altura. El mundo se volvió un borrón de negro y naranja. Alcancé el punto máximo, suspendida sobre su cráneo deforme. Preparé el puño, concentrando cada gramo de ese calor residual en mis nudillos. Iba a reventarlo desde arriba.
Pero el Hollow abrió lo que parecía ser una boca en medio de su pecho.
—¡¡¡Khraaaaaash!!!
El chillido no fue solo sonido; fue una pared física de presión sónica. Sentí cómo mis tímpanos estallaban y la sangre comenzó a brotar, caliente y constante. La onda de choque me golpeó en pleno vuelo, anulando mi trayectoria y lanzándome hacia atrás como una muñeca de trapo.
—No… ¡ugh! —el aire se me escapó en un gemido sordo cuando una de las colas me interceptó en el aire, golpeándome las costillas con la fuerza de un camión.
Impacté contra el suelo y reboté dos veces antes de detenerme. El sabor metálico de la sangre inundó mi boca de inmediato. Intenté levantarme, pero mi brazo izquierdo no respondió. Estaba enterrada en escombros y el mundo daba vueltas.
—Levántate… —me ordené a mí misma, escupiendo un coágulo de sangre al suelo—. Arma… eres un arma… levántate…
Mis dedos se enterraron en la tierra fría del Cubo, arrastrando mi cuerpo unos centímetros. El brazo izquierdo era un lastre muerto, un cable cortado que mi mente ya no reconocía. El Hollow se alzaba sobre mí, sus seis colas ondeando como banderas de un ejército fúnebre, preparándose para el descenso final.
—Un arma… no siente dolor —susurré, mi voz era apenas un borboteo de sangre entre los dientes—. Un arma… no se detiene.
Me obligué a apoyar la palma derecha. El calor en mi pecho, ese que me había dado fuerza hace un momento, ahora era una brasa agónica que amenazaba con apagarse. Intenté encenderlo de nuevo. Visualicé el motor, la ignición, la orden de ataque.
—¡Levántate! —me grité, y el eco de mi propia voz me sonó patético en ese vacío infinito.
Logré ponerme de rodillas. El mundo se inclinó violentamente hacia la izquierda, pero mantuve el equilibrio. El Hollow tensó sus extremidades. El aire se volvió pesado, cargado de estática antes del rayo.
Esta era mi última oportunidad. Si lograba concentrar todo el calor restante en un solo impulso, tal vez… solo tal vez…
Me lancé. No fue un salto elegante, fue un arrebato de desesperación. Extendí mi puño derecho, rogándole a mi cuerpo que respondiera una última vez. Estaba a punto de tocar la masa oscura del monstruo. El calor quemaba mi piel, estaba ahí, en la punta de mis dedos…
Y entonces, se extinguió.
Como una lámpara que se funde, el brillo naranja desapareció de mi brazo. Mi puño impactó contra la superficie del Hollow sin fuerza, sin poder, con la fragilidad de un cristal chocando contra una roca.
—No… —mis ojos se dilataron mientras el impacto me devolvía a la realidad de mi propia debilidad—. Por favor… ahora no…
El Hollow ni siquiera se inmutó. Una de sus colas se movió con un simple latigazo lateral, un gesto de desdén, y me mandó a volar de regreso al suelo. Mi cuerpo golpeó el concreto con un sonido seco, un crujido que me recordó que yo no era de metal.
Me quedé allí, tendida boca arriba, mirando las estrellas artificiales que empezaban a borrarse por la sangre que me nublaba la vista.
Has fallado, me repetí. El mantra de mi entrenamiento resonó en mi cabeza como una sentencia de muerte. Un arma que falla es chatarra. Un arma que no cumple su función no merece ser reparada.
—Lo siento… —murmuré, aunque no sabía a quién le pedía perdón. Tal vez a Elian, por no ser la herramienta perfecta que él necesitaba. O tal vez a mí misma, por haber creído que podía ser algo más.
Cerré los ojos, esperando el impacto de las seis colas que ya descendían para borrarme de la existencia. Estaba lista para el silencio. Estaba lista para dejar de fallar.
—¡Serenne! ¡No mueras!
Esa voz… era la de Knox. El sonido rasgó el silencio de mi propia derrota. Con un esfuerzo que me hizo ver estrellas de dolor, logré girar la cabeza. Mis ojos, nublados por la sangre, lo buscaron entre los escombros.
No estaba solo. Caelum y los demás estaban allí, firmes, desafiando la inmensidad del Hollow con armas que parecían juguetes frente a esa masa de oscuridad. Caelum disparó, el destello de su arma iluminó el Cubo por un instante, impactando en el torso de la bestia solo para llamar su atención.
—¡Escúchenme todos! —rugió Caelum, su voz resonando con una autoridad suicida—. ¡Debemos derrotar a esa cosa! ¡No nos esconderemos más!
La bestia emitió un rugido que hizo vibrar mis huesos. Las seis colas se detuvieron a milímetros de mi cuerpo, girando con una lentitud depredadora hacia el nuevo grupo. Toda su sed de exterminio se centró en ellos.
—Son unos… tontos —susurré.
El sabor amargo de la impotencia era peor que el de la sangre. Eran humanos, frágiles, destinados a ser aplastados en segundos, y aun así habían vuelto. ¿Por qué? ¿Por un arma defectuosa como yo?
Intenté ponerme en pie. Clavé las uñas en el suelo, obligando a mis pulmones a succionar el aire pesado, pero mis piernas no respondían. Eran cables muertos. Mi mente gritaba órdenes de combate que mi sistema biológico ignoraba por completo.
Levántate. Muévete. Haz algo.
El calor en mi pecho se había vuelto una ceniza fría.
No iba a cerrar los ojos. Me negaba a permitir que mi mente se apagara mientras veía cómo el Hollow se preparaba para masacrarlos por mi culpa. Tenía que haber una forma, una fisura, un error de cálculo en la realidad que pudiera usar.
—No se acerquen… —intenté gritar, pero de mi garganta solo salió un gemido ahogado.
Vi cómo una de las colas se elevaba, cargándose de esa energía oscura que lo desintegra todo. Knox estaba en la trayectoria. Caelum estaba recargando. Iban a morir. En tres segundos, el mapa de este mundo se quedaría sin ellos.
—¡Serenne! —el grito de Knox cortó el aire, cargado de una confianza que me dolió—. ¡Recuerda que yo también dominé la frecuencia interna! ¡Haré lo mismo que tú y lo venceré!
Sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con el Hollow. Sí… era cierto. Él había logrado acceder a la frecuencia en el entrenamiento, pero esto era absurdo.
Apenas la dominaba, era un principiante intentando controlar una supernova. Era terriblemente ingenuo si pensaba que podría vencer a una deidad del vacío solo con eso.
Desde mi posición en el suelo, observé cómo de su cuerpo comenzaba a brotar ese calor naranja, pero era tenue, inestable. Vi cómo se colocaba en pose de combate, con los músculos tensos y la mirada fija, preparado para una batalla que la lógica dictaba que no iba a ganar.
No lo entiendo. Mi sistema procesaba la escena y solo encontraba fallos. Deberían esconderse. Deberían huir mientras yo servía de distracción. Es absurdo, es estúpido… es tan humano que me daban ganas de gritar.
Pero mi voz estaba rota. Solo podía quedarme ahí, como una espectadora en primera fila, viendo cómo caerían uno por uno sin que yo pudiera mover un solo dedo para evitarlo.
De pronto, Knox soltó un rugido de esfuerzo y saltó.
Su figura se recortó contra la oscuridad del Hollow, un pequeño destello de calor desafiando a un sol de sombras. Lanzó un golpe cargado con toda su voluntad, iniciando una batalla que no era más que un suicidio anunciado.
Cerré los puños contra la tierra, sintiendo cómo el primer impacto de la cola contra Knox hacía temblar el Cubo entero. Iba a morir. Y estaba ocurriendo justo frente a mí.
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