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El Archivo del Trauma - Capítulo 90

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Capítulo 90: Capítulo 27: La Apertura del Rey

(PUNTO DE VISTA DE ALISTAIR KNOX)

Mis pulmones ardían. Cada bocanada de aire en este Cubo maldito sabía a muerte. Me moví lo más rápido que mis piernas me permitían, pero era como correr a través de melaza. El Hollow no era un enemigo, era una catástrofe natural con seis colas que se movían con una geometría que mi cerebro no lograba procesar.

—¡No te rindas, Knox! —el grito de Caelum llegó a mis oídos, ahogado por el estruendo de los escombros.

Lancé un puñetazo cargado de ese calor naranja, buscando un punto débil, una grieta, lo que fuera.

Nada. Mis nudillos impactaron contra una superficie que se sentía como brea congelada, absorbiendo toda mi inercia y devolviéndome una vibración que hizo crujir mis huesos.

Caelum y los demás disparaban desde la distancia, sus ráfagas trazando líneas de luz inútiles en la oscuridad.

Al no dominar la frecuencia interna, no tenían la resistencia sobrehumana para acercarse, morirían de un solo golpe de esta cosa. Una de las extremidades del Hollow barrió el suelo con un silbido letal, obligándolos a retroceder en una maniobra desesperada.

—¡Maldición, jefe, cuidado! —gritó uno, viendo cómo una lluvia de ceniza negra casi sepultaba a uno de los chicos.

El pánico me apretó la garganta. Si una de esas colas los tocaba, se acabó. Sus cuerpos no eran como el mío o el de Serenne, ellos se romperían como cristal bajo una prensa hidráulica.

Me impulsé hacia la cabeza del monstruo, concentrando cada gramo de frecuencia que me quedaba en mi brazo derecho.

—¡Muere de una vez!

—¡¡¡Khraaaaaash!!!

El chillido no fue un sonido, fue un mazo invisible que me golpeó en pleno vuelo. La onda sonora comprimió mi pecho, expulsando todo el aire de mis pulmones. Mis ojos se pusieron en blanco por un segundo y, antes de que pudiera recuperar el sentido, una de las colas me interceptó.

El impacto me mandó directo contra el suelo.

—Tsk… ah… —el dolor irradió desde mi costado hasta mi columna. Escupí una mezcla de saliva y sangre, clavando las uñas en el pavimento frío.

Lo sabía. En el fondo de mi mente, la lógica resonaba como una burla.

No soy fuerte. No estoy a la altura de esta cosa.

Pero… ¿qué más se supone que deba hacer? ¿Ver cómo desintegran a Serenne? ¿Ver cómo borran a mis amigos del mapa?

—Prefiero luchar y morir… —apreté los dientes con tanta fuerza que sentí que se romperían—, ¡que morir sin haber hecho una maldita cosa!

Me lancé de nuevo. Mis músculos gritaban, el calor en mi cuerpo parpadeaba como una lámpara vieja a punto de fundirse. Apunté otra vez a ese cráneo deforme, a ese epicentro de pesadillas. Estaba a metros. Estaba tan cerca…

Y entonces, el Hollow volvió a abrir su fauce de sombras. El aire empezó a vibrar de nuevo, preparando esa onda sónica imposible de atravesar.

—Demonios… no otra vez…

Entonces, antes de que el chillido sónico me pulverizara los tímpanos, sentí un tirón violento. Alguien me agarró por la solapa del uniforme y me arrastró a una velocidad que mis ojos no pudieron seguir, estampándome contra el suelo, lejos de la trayectoria de la onda.

Era Serenne.

—¿Qué haces? —le grité, intentando zafarme mientras el polvo nos cubría—. Estás herida. Déjame pe—

—No —su voz era un hilo cortante, desprovisto de su habitual frialdad—. Morirás. Solo… morirás.

La vi desplomarse a mi lado. Apenas lograba mantenerse sobre sus rodillas, con los brazos temblando como cables a punto de reventar.

Sus piernas debían estar sufriendo un estrés atroz por ese último arranque de velocidad. Estaba pálida, con la mirada fija en el suelo, derrotada por su propio cuerpo.

—No es justo —golpeé el suelo con el puño, sintiendo las lágrimas de rabia mezclarse con la sangre—. No puedo hacer nada… ¡No sirvo para nada!

—Yo tampoco… creo poder hacer algo ya —confesó ella.

El Hollow se giró lentamente hacia nosotros. No era solo un monstruo, era una presencia que me hacía retroceder por puro instinto. Era una sensación horrible, como si el aire a su alrededor estuviera infectado.

Sus seis extremidades se retorcieron, apuntando directamente a nuestras cabezas. Miré de reojo: Caelum estaba en el suelo, herido, tratando de levantarse sin éxito. Los demás chicos estaban dispersos o inconscientes.

Solo quedábamos nosotros dos frente a una deidad de sombras, lista para borrarnos de la existencia.

El Hollow no dudó. Lanzó una de sus extremidades hacia nosotros con la fuerza de un rayo negro. Serenne seguía en el suelo, su cuerpo era una carcasa vacía sin capacidad de respuesta.

Al menos… la protegeré a ella.

No tenía lógica. No tenía sentido. Pero levanté mis brazos temblorosos en un gesto desesperado, intentando interceptar un ataque que me desintegraría en un milisegundo. Cerré los ojos con fuerza. No quería ver cómo la oscuridad me desgarraba la carne, no quería sentir el final.

Pero el impacto nunca llegó.

En su lugar, un estallido seco fracturó el aire, seguido de una ráfaga de viento tan violenta que casi me arranca del suelo. El calor inestable de mi cuerpo se apagó de golpe, reemplazado por una presión gélida y absoluta.

Abrí los ojos.

Delante de mí, una figura se alzaba como un muro infranqueable. Su gabardina negra, sucia y dañada, ondeaba con furia bajo el viento generado por el choque.

Serenne, a mi lado, soltó un jadeo entrecortado. Sus ojos se abrieron de par en par, reflejando una mezcla de terror y una esperanza que no se atrevía a nombrar.

—¿E-Elian? —susurró. Su voz era rota, pequeña, como la de una niña perdida en la nieve.

Él no se molestó en voltear. Permaneció de espaldas a nosotros, con una mano levantada.

Sin esfuerzo aparente, simplemente había detenido la cola de la bestia. Con un movimiento seco de su muñeca, expulsó la extremidad del Hollow hacia atrás, mandándola a volar como si fuera una brizna de paja.

El silencio que siguió fue aterrador. El Hollow retrocedió, sus seis colas vibrando ante una presencia que, por primera vez, parecía superarlo.

—Serenne —habló Elian. Su voz era plana, desprovista de emoción, pero cargada de una autoridad que hizo que hasta mi propia sangre se congelara—. Necesito que hagas algo por mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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