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El Archivo del Trauma - Capítulo 97

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Capítulo 97: Capítulo 34: La Familiaridad de la Sombra

Después de bañarme y cambiarme por ropa nueva y considerablemente más cómoda, me escoltaron a mi habitación. Era espaciosa, aunque sin llegar a ser lujosa; algo bastante estándar dentro de los parámetros de esta estructura. A mis compañeros también les asignaron dormitorios, aunque la mayoría se vio obligado a compartir el espacio.

Caminé por el pasillo, probando la movilidad de mis articulaciones con el nuevo tejido de la ropa, hasta que me encontré con Caelum. Se veía exhausto.

—¿Tú compartes cuarto? —pregunté sin preámbulos.

—Sí, con mi hija —respondió, dejando escapar un suspiro de alivio.

—Ya veo.

—Tú tienes un cuarto solo, ¿no? —preguntó él, con una pizca de curiosidad.

—Privilegios.

Él sonrió ligeramente, relajando la tensión de sus hombros por primera vez en horas.

—Bueno, me iré a bañar. Ya vuelvo.

Asentí y seguí mi camino. Mientras exploraba el ala de dormitorios, me topé con uno de los cazadores que nos habían traído. Su postura era relajada, pero sus ojos seguían teniendo ese brillo depredador.

—¿Ya te acomodaste, niño? —preguntó, apoyándose contra la pared.

—Más o menos. ¿Por qué no me enseñas el lugar?

—No jodas —bufó, desviando la mirada—. Estoy ocupado con mis cosas.

—¿En serio? —Lo miré fijamente, ladeando un poco la cabeza—. Podría mencionárselo al dueño de este lugar para ver si su concepto de ocupado coincide con el tuyo.

Vi cómo se tensaba de inmediato. La mención del jefe fue como un interruptor. El sujeto soltó un suspiro de derrota y se separó de la pared.

—Está bien… te enseñaré el lugar.

—No pasa nada. No quiero ser una molestia —dije, suavizando el tono para bajar sus defensas—. Pero a cambio, quiero saber otra cosa.

—¿Qué cosa…? —preguntó con desconfianza.

—¿Cuánta gente vive aquí? Este sitio es inmenso.

—Ja. Claro que lo es —respondió con una sonrisa arrogante, inflando el pecho—. El señor es muy poderoso y puede mantener este nivel sin sudar. Además, no es solo la mansión.

—Entiendo. Alguien con su influencia debe tener más terrenos bajo su control.

Él asintió, orgulloso de pertenecer a algo tan grande. Mientras hablaba, yo mantenía mis ojos al frente, limitando mis movimientos oculares. Sabía que las paredes tenían oídos, y muy probablemente, ojos. No podía permitirme parecer un espía registrando el entorno.

—Entonces… en este lugar deben vivir unos… ¿diez? —solté el número al azar, tentando su ego.

—¿Diez? —se rio—. Nah, aquí hay mínimo veinte cazadores fijos. Y eso es solo porque debajo de la…

Se detuvo en seco, soltando una tos absurda en un intento torpe de cambiar de tema. Sus ojos delataron un destello de pánico por haber hablado de más.

—Bueno… en pocas palabras, el señor está muy bien protegido.

—Eso parece.

—Oye… tú…

De repente, se acercó a mi rostro, acortando la distancia de forma invasiva. Me escrutó como si buscara una falla en mi diseño.

Mantuve el pulso estable, preparado para cualquier movimiento hostil. Creí por un instante que intentaría sacarme un ojo o probar mis reflejos.

—Deberías cortarte el cabello —soltó al fin—. Deberías tener más estilo, niño. Un cazador debe imponer.

—Ah… ya veré qué hacer con eso.

El tipo sonrió, se apartó y se despidió con un gesto perezoso de la mano antes de alejarse por el pasillo.

Eran sujetos extraños, movidos por el ego y la jerarquía. Pero la charla había sido fructífera. Al menos, ya tenía una cifra mínima de asesinos y la confirmación de que la mansión ocultaba algo en los niveles inferiores.

Decidí que ya había recolectado suficiente información por el momento y regresé a mi habitación. A pocos metros de la mía, pasé por la puerta del cuarto asignado a Serenne y Knox. El hecho de que les tocara compartir espacio era una ventaja táctica. Los tendría cerca ante cualquier eventualidad.

Calculé que Serenne seguiría sumida en una inconsciencia profunda por el desgaste, y que Knox estaría ocupado intentando procesar el cambio de entorno. No tenía interés en confrontarlos en este estado de vulnerabilidad.

Sin embargo, justo cuando estaba por pasar de largo, el ambiente cambió. Sentí un movimiento fluido, una sombra que se desprendió del marco de la puerta con una velocidad y un silencio que mis alarmas apenas pudieron registrar. Un brazo firme rodeó mi cuello, aplicando una presión precisa sobre la carótida.

Dejé que me arrastrara al interior de la habitación, escuchando el clic sordo de la puerta cerrándose detrás de nosotros.

No puse resistencia. En este lugar, una pelea en el pasillo sería el fin de nuestro asilo. Además, solo por la técnica de agarre y la temperatura de su piel, supe de inmediato quién era.

Me sorprendió que su metabolismo se hubiera recuperado tan rápido.

—Oye, ya puedes quitar tus brazos de mi cuello.

—Mmm, ¿y si no quiero? —su voz sonó juguetona, pero cargada de esa fuerza latente que solo ella poseía.

—¿Tienes idea de dónde estamos?

—Mmm, me da igual —respondió con total desdén—. Ya estuve en sitios así cuando formaba parte de la misma organización que Malrec.

Me quedé en silencio un segundo. Si el hombre que es dueño de este lugar aún no ha identificado el pasado criminal de Serenne o Caelum, eso debería significar buenas noticias. Significaba que su red de información tenía grietas. O tal vez… espera un segundo.

—Serenne, déjame ir. Necesito verificar algo.

—Nop. Te quedarás conmigo hasta que me expliques qué hacemos aquí. Aunque, realmente, no me importa demasiado.

—A veces envidio tu apatía.

—¿Qué?

—Nada.

Traté de zafarme del agarre con un movimiento técnico, buscando levantarme para salir de allí y procesar mi nueva teoría. Pero Serenne fue más rápida. Sus brazos volvieron a cerrarse en una llave perfecta, bloqueando mi salida y recordándome quién tenía la ventaja física en este espacio cerrado.

—Oye…

—Tú no te vas hasta que me expliques lo que hiciste con el Hollow —susurró cerca de mi oído.

—Ah… ¿justo ahora?

—Sip. Justo ahora.

¿Debería intentar noquearla? No, sería un desperdicio de energía. Haré esto rápido.

—Está bien, te lo diré. Pero presta atención, lo repetiré solo una vez.

Ella me soltó por fin y se sentó en el suelo, cruzando las piernas con una sonrisa satisfecha. Me senté frente a ella y comencé a desglosar la manipulación de frecuencias que apliqué sobre el Hollow.

Sin embargo, mientras mi boca soltaba tecnicismos, mi mente trabajaba a un nivel mucho más profundo en segundo plano.

Si este sujeto no nos estuvo observando directamente mediante cámaras… ¿cómo supo de nuestra existencia? Las probabilidades de un encuentro fortuito en la inmensidad del Archivo eran nulas. El Administrador nos buscaba por Serenne. Malrec también. Pero este lugar era distinto.

Repasé los detalles: la disciplina, el estilo de la emboscada y, sobre todo, la actitud de Caelum. Desde que entramos, Caelum se había movido con una familiaridad inquietante, como si conociera los ángulos de los pasillos o el peso del aire en este edificio. Él no compartía el terror puro de Knox, compartía una resignación pesada.

Si Serenne reconocía la estructura como algo similar a lo de Malrec, y Caelum se movía aquí como si estuviera recuperando su sombra…

Un escalofrío lógico recorrió mis terminales nerviosas al conectar los puntos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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