El Archivo del Trauma - Capítulo 98
- Inicio
- El Archivo del Trauma
- Capítulo 98 - Capítulo 98: Capítulo 35: El Filo de la Ignorancia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 98: Capítulo 35: El Filo de la Ignorancia
Después de desglosar la física del Hollow para una Serenne que parecía más divertida que impresionada, me dirigí al despacho del hombre que movía los hilos de este lugar. Quería analizar su lenguaje corporal sin el tablero de ajedrez de por medio, pero al entrar, la habitación estaba vacía. El horizonte infinito seguía allí, tras el cristal, pero el trono de cuero estaba desierto.
Regresé a mi habitación buscando silencio para procesar mi teoría, pero la paz duró poco. Serenne y Knox entraron casi de inmediato. En serio, por momentos, estos dos parecen niños incapaces de gestionar su propio tiempo.
—¿Por qué no van a su cuarto? —pregunté, recostándome en la silla con un suspiro.
—No hay nada que hacer allá. ¿Verdad, Knox? —Serenne se tiró sobre mi cama como si fuera dueña del lugar.
—Ajá, ajá —asintió Knox, revisando los estantes de mi habitación con una curiosidad nerviosa.
Por suerte, en una de las paredes de la estancia había un cronómetro digital de alta precisión.
Lo configuré para medir el paso del tiempo en este nuevo entorno. Desde que inicié la cuenta, habían transcurrido exactamente dos horas. Fueron los ciento veinte minutos más terriblemente aburridos de mi estancia en el Archivo.
—Oye, Serenne. ¿Sabes cortar el cabello? —pregunté, recordando el comentario invasivo del cazador.
—Mmm, yep. Soy buena en eso —respondió ella, sentándose de golpe con un brillo peligroso en los ojos.
—Eres buena en todo…
—¿Qué dijiste?
—Nada.
Knox se acercó y se posicionó detrás de mí. Para mi sorpresa, comenzó a masajear mis hombros con una fuerza que, aunque innecesaria, resultó ser extrañamente efectiva para liberar la tensión acumulada en mis trapecios.
No lo detuve. Que se tomara el tiempo que quisiera si eso ayudaba a calmar su propia ansiedad.
—Ya veo… Elian, quieres cortarte el cabello, ¿cierto? —preguntó Knox, mientras sus manos seguían trabajando.
—Algo así.
—Puedo ayudarte con eso —insistió Serenne, poniéndose en pie y buscando algo afilado en su equipo.
—Oye, no quiero quedarme calvo —advertí, viendo cómo examinaba el filo de una daga pequeña—. Solo quiero un estilo simple. Funcional. Nada más.
—Jeje.
—No te rías. Me da escalofríos cuando haces eso.
Knox también soltó una carcajada. En ese momento, rodeado por un masajista improvisado y una asesina con delirios de peluquera, llegué a una conclusión lógica: había sido una mala idea abrir la boca.
—Knox —dije, interrumpiendo el ritmo de sus manos sobre mis hombros—. Quiero hacerte una pregunta.
—Dime.
—Nunca antes te habías acercado tanto a nosotros. Ni física ni personalmente. ¿Puedo saber por qué el cambio repentino?
Se tensó por un segundo, la presión de sus dedos se volvió rígida sobre mis trapecios y luego soltó un suspiro largo, como si estuviera soltando un lastre que llevaba meses cargando.
—E-es que… me dabas miedo, Elian. Mucho miedo.
—¿Yo? ¿Miedo? —Ladeé un poco la cabeza.
—Sí… me dabas miedo —repitió con más seguridad—. De hecho, sigues dándome miedo. Pero verte inconsciente en el suelo, tan vulnerable… y ver cómo eres ahora, intentando procesar todo esto, me hace pensar que, al final del día, sigues siendo solo un chico joven. Un chico que carga con demasiado.
Me quedé en silencio. Esa era una variable que no solía incluir en mis ecuaciones: la percepción humana sobre mi edad biológica.
—Ah… ya veo.
—Knox es bueno —intervino Serenne, que ya estaba probando el filo de la daga contra un mechón de su propio cabello—. Él… me dio comida cuando estabas inconsciente. Aunque también es extremadamente molesto. Es muy insistente cuando se propone algo.
—¿Eh? ¡Claro que no! —protestó Knox, volviendo al masaje con un poco más de energía de la necesaria.
—Claro que sí.
Ignoré sus comentarios banales. Mientras el murmullo de su discusión llenaba la habitación, mi mente volvió a la fría realidad de la negociación en el despacho. Aún no les había dicho cómo fue que terminaron vivos y con una habitación privada en lugar de una fosa común.
¿Debería decirles que, para comprar su salvación, he vendido mi capacidad analítica para convertirme en un asesino institucional? No. No creo que sea necesario cargar sus conciencias con el precio de su seguridad. Por ahora, que sigan creyendo en esta paz momentánea está bien. Es más eficiente así.
Serenne se quedó petrificada un segundo, la daga a medio camino de mi nuca. Luego, se volteó lentamente hacia nosotros con una expresión indescifrable.
—¿Qué pasó? —preguntó Knox.
—Yo… ¿acaso acabo de admitir que Knox era bueno?
—Sí. De hecho, confirmaste que te dio de comer mientras no podías valerte por ti misma.
Se giró de inmediato, clavando los ojos en el suelo para evitar nuestro contacto visual. Me pregunté qué clase de cortocircuito emocional estaría experimentando su mente.
La actitud de Serenne se sentía… diferente. ¿Qué habría pasado realmente entre ellos mientras yo estaba sumido en la oscuridad de mi inconsciencia? Es una pregunta que requiere una recolección de datos posterior.
—Bien —suspiró ella, recomponiéndose y ocultando su turbación tras una máscara de falsa autoridad—. Ven aquí. Voy a hacerte ese estilo simple.
Miré a Knox con una súplica silenciosa en los ojos.
—Knox. Ayúdame.
—Jaja… —Él se rió nerviosamente, soltando mis hombros y dando un paso atrás—. Bueno, no creo que sea tan mala con las manos, ¿verdad? Ánimo, Elian.
Sentí que Serenne me tiraba de la mano, obligándome a sentarme en una banqueta frente al espejo.
Está bien, acepto mi destino. No tengo otra opción lógica en este momento. Supongo que este es el precio que debo pagar por abrir la boca y subestimar el ocio de mis compañeros.
—Veamos… por dónde empezar —murmuró ella, evaluando mi cabello como si planeara una incisión quirúrgica.
Mientras sentía el primer contacto del metal frío cerca de mi oreja, mi mente se desconectó del entorno.
Prefiero que se mantengan en esta ignorancia. Llegará el momento en que la curiosidad los venza y se pregunten cómo es que siguen vivos, cómo llegamos a este refugio de mármol y qué sucedió realmente en el despacho del hombre sin nombre.
Para cuando ese momento llegue, espero haber encontrado una respuesta que no los destruya. O al menos, una que puedan procesar sin que su estabilidad se quiebre.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com