El Aventurero Anómalo de Tártaro - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Capítulo 26 Sobrecarga Térmica y el Forjador de Estrellas
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27: Capítulo 26: Sobrecarga Térmica y el Forjador de Estrellas 27: Capítulo 26: Sobrecarga Térmica y el Forjador de Estrellas El Estrato 3 no era una cueva, ni un templo.
Era el vientre de una estrella moribunda contenida en una jaula de acero.
Al cruzar la inmensa compuerta circular, Caelen sintió que el aire mismo intentaba incinerar sus pulmones.
El calor era tan absoluto que la tela alquímica de su capa, diseñada para resistir ácido y fuego convencional, comenzó a humear de inmediato.
El paisaje subterráneo era una cuenca colosal forrada de adamantita en bruto, con ríos de magma blanco —no rojo, ni naranja, sino de un blanco cegador que indicaba temperaturas muy por encima del punto de fusión del acero estándar— fluyendo a través de inmensos canales geométricos.
En el centro de este infierno termodinámico, anclado a una plataforma circular suspendida por gruesas cadenas del tamaño de galeones, estaba el Guardián.
El Forjador de Estrellas.
No era un animal.
Era un autómata titánico de unos treinta metros de altura.
Su chasis estaba compuesto por placas superpuestas de oricalco y adamantita oscura.
No tenía rostro, solo un visor horizontal en su “cabeza” que brillaba con una luz estelar concentrada.
En lugar de manos, sus brazos terminaban en inmensos martillos de forja y cañones de inducción.
Pero lo que capturó la fría y calculadora atención de Caelen no fue la envergadura del monstruo, sino su pecho.
El peto de la máquina estaba semiabierto, revelando un engranaje giratorio masivo que contenía el premio: una esfera del tamaño de un carruaje que no ardía con fuego, sino con plasma cuántico contenido.
El Núcleo Primordial de la Semilla Caída.
La pasiva [Comprensión Nvl.
9] de Caelen comenzó a emitir advertencias rojas que bloquearon casi toda su visión periférica.
========================================= Análisis de Entorno y Entidad: Temperatura local: 1,200 °C (Aumento progresivo).
Entidad: Unidad de Mantenimiento Pesado [El Forjador de Estrellas].
Integridad del blindaje enemigo: 99.9% (Adamantita Primordial.
Inmune a daño cinético convencional).
Advertencia del Hardware Propio: El mithril de su exoesqueleto alcanzará el punto crítico de fusión en 4.2 minutos.
Falla catastrófica inminente.
========================================= «Cuatro minutos antes de que mi armadura se derrita y me deje anclado al suelo por mi propio peso biológico», calculó Caelen, arrojando su capa humeante al magma.
«Un ataque frontal es estadísticamente suicida.
Debo inducir una falla en su sistema de refrigeración».
El Forjador de Estrellas giró su inmensa masa hacia el intruso.
El sonido de sus engranajes moviéndose fue como el choque de placas tectónicas.
El visor del Guardián parpadeó, pasando de un dorado pasivo a un escarlata hostil.
—Infección biológica detectada en el sector de forja.
Iniciando protocolo de esterilización térmica —resonó una voz robótica y ensordecedora, originada no por cuerdas vocales, sino por la vibración del metal en el aire.
El Guardián levantó su brazo derecho, el cual terminaba en un cañón de inducción.
El aire alrededor del cañón se distorsionó violentamente, atrayendo el magma blanco de los ríos cercanos para formar una esfera de plasma supercalentado.
Caelen no esperó a que el algoritmo de apuntado del golem lo fijara.
—Sobremarcha.
Redirección de energía a los servomotores de las piernas —ordenó Caelen.
El exoesqueleto zumbó con una intensidad agónica, inyectando todo el poder del núcleo del Comandante Demonio en los pistones de sus piernas.
Caelen se lanzó hacia la izquierda, su masa de ciento cincuenta kilos volviéndose un proyectil ágil gracias a la máquina.
El disparo de plasma impactó el lugar donde Caelen había estado una fracción de segundo antes.
No hubo una explosión; la piedra fundida simplemente se vaporizó, dejando un cráter humeante de diez metros de ancho.
«Vector de ataque: Lineal.
Tiempo de recarga estimado del cañón: 8 segundos.
Necesito acercarme a su chasis», analizó el ingeniero mientras corría en zigzag por la plataforma suspendida, acercándose al gigante.
El Forjador de Estrellas, viendo que el ataque a distancia había fallado, bajó su brazo izquierdo: un martillo pilón del tamaño de una casa.
Lo estrelló contra la plataforma.
El impacto generó un terremoto localizado.
Caelen perdió el equilibrio.
Su tremenda densidad celular lo ancló rápidamente, evitando salir volando por la onda de choque, pero el exoesqueleto crujió peligrosamente.
—¡Alerta!
Temperatura de las juntas al 85% de capacidad térmica —informó el sistema mentalmente.
Las runas de mithril que recorrían su columna comenzaban a brillar en un blanco peligroso, a punto de licuarse.
Caelen se puso en pie, ya a solo diez metros de las masivas “piernas” del autómata.
Miró hacia arriba.
El núcleo de plasma en el pecho del Guardián emitía un calor absurdo, pero Caelen notó algo crucial: cada vez que el golem se movía o disparaba, ocho gigantescas válvulas en su espalda se abrían, expulsando chorros de vapor a presión para evitar que el núcleo derritiera su propio chasis.
«Las máquinas perfectas no existen.
Todo motor genera calor, y ese calor debe disiparse».
Caelen esbozó una fría sonrisa.
«Si el calor no puede salir, el núcleo fundirá el hardware desde adentro».
Caelen desenvainó su Espada V.2.
La vaina pesada se quedó colgando de su cadera.
El Guardián levantó su pie colosal para aplastarlo.
En lugar de retroceder, Caelen corrió directamente hacia la sombra del pie descendente.
Apretó el gatillo de su espada a nivel medio.
¡CLACK-BOOM!
Usó la detonación cinética de la hoja no para atacar al Guardián, sino para golpear el suelo y salir disparado hacia arriba, propulsado como un cohete, evadiendo la suela de adamantita por milímetros.
Voló impulsado por la explosión, aterrizando directamente sobre la rodilla articulada del Forjador de Estrellas.
Sus botas de acero se fundieron parcialmente con el metal hirviente del golem, anclándolo.
El Guardián, detectando el peso anómalo en su articulación, intentó sacudírselo, moviendo la pierna violentamente.
Caelen se aferró a las placas de la rodilla con su mano izquierda, forzando sus densos músculos hasta el desgarro.
El exoesqueleto chilló.
La Deuda Técnica cobró su primera víctima: un conducto de refrigeración en el hombro izquierdo del arnés de Caelen estalló, rociando vapor ardiente sobre su propio cuello.
Caelen ignoró el dolor quemante.
Trepó por el muslo del coloso mientras este preparaba otro disparo de plasma.
Llegó a la cintura del autómata y se deslizó hacia su inmensa espalda, donde las ocho válvulas de escape exhalaban columnas de calor blanco.
—Aislar la ventilación —murmuró Caelen.
Apretó el gatillo primario de su Espada V.2 al máximo.
La detonación resonó en la inmensa caverna.
Caelen hundió la hoja de mithril vibrante directamente en la primera válvula, destrozando las compuertas de expulsión.
El Guardián emitió un sonido que parecía el chirrido de un tren descarrilando.
Las alarmas internas del coloso se dispararon.
Pero Caelen no tenía tiempo para destruir las ocho válvulas una por una.
El exoesqueleto estaba fallando.
Sus piernas comenzaron a sentirse como pilares de plomo inamovibles; la asistencia motriz se estaba apagando por el calor extremo del golem.
«Si me quedo aquí, me derretiré junto con mi armadura.
Necesito un cierre sistémico».
Caelen observó el gigantesco engranaje central en la espalda del golem, el que sincronizaba las ocho válvulas de escape.
Si destruía el rotor, las compuertas se sellarían permanentemente en posición cerrada por protocolo de seguridad mecánico.
Pero el rotor estaba recubierto por una gruesa placa de adamantita primordial.
Su espada no podría cortarlo.
El Guardián, desesperado por el daño en su ventilación, hizo algo que Caelen no previó: levantó su cañón de plasma y, con una maniobra contorsionista antinatural, apuntó directamente hacia su propia espalda.
Iba a vaporizar a Caelen, sin importarle el daño superficial a su propio blindaje.
La esfera de plasma comenzó a formarse a dos metros de Caelen.
El calor en ese punto fue tan extremo que los conectores de mithril del exoesqueleto de Caelen se licuaron.
El zumbido violeta murió.
La máquina se apagó por completo.
De repente, los casi doscientos kilos de masa biológica hiperdensa de Caelen recayeron puramente sobre sus propios tendones y huesos.
Sus piernas cedieron y cayó de rodillas sobre la abrasadora espalda del coloso.
No podía moverse lo suficientemente rápido para evadir el disparo.
La muerte cuántica brilló frente a sus gafas de cuarzo.
Pero el ingeniero no sentía pánico.
Frente al fallo de sus herramientas, la lógica era su único escudo.
«Si el plasma golpea la adamantita, rebotará o la fundirá parcialmente.
Si uso mi propia masa como un ariete cinético en el momento del impacto…
la suma de fuerzas fracturará el rotor subyacente».
Era un cálculo que requería un sacrificio masivo de hardware biológico.
Respiración de Flujo Áureo: Sexta Forma – Punto de Fusión Cero.
Caelen apagó su [Gestión de Daños Internos].
Ya no intentaba curarse; canalizó toda su reserva de Ki pesado, todo el maná estático que había asimilado en el foso de los hombres lobo, directamente hacia sus huesos, densificándolos hasta convertirlos en el ancla absoluta.
El disparo de plasma detonó.
La explosión engulló la espalda del Guardián.
Caelen recibió el impacto de frente.
Su piel se carbonizó al instante, el dolor neural fue tan masivo que su cerebro simplemente lo bloqueó para evitar el desmayo.
Pero no salió volando.
Su peso descomunal y la densificación celular actuaron como la cuña de Bram.
Absorbió la energía cinética de la explosión y, en la fracción de milisegundo en que la placa de adamantita del Guardián se supercalentó por el plasma, perdiendo su integridad molecular, Caelen estrelló ambos puños desnudos —conducidos por el peso de su propio cuerpo y la inercia del disparo— directamente contra la coraza ablandada.
¡CRAAAAACK!
Los puños hiperdensos de Caelen atravesaron la adamantita fundida.
Sus huesos se astillaron por el impacto, pero lograron su objetivo.
Sus manos se hundieron en la maquinaria interna del Guardián y destrozaron el engranaje central del rotor de enfriamiento.
Las ocho válvulas de escape en la espalda del golem se cerraron de golpe con un estruendo metálico irrevocable.
El cañón de plasma del Guardián chisporroteó y se apagó.
Caelen, con los brazos rotos, quemado en tercer grado y su exoesqueleto convertido en chatarra fundida pegada a su espalda, rodó por el cuerpo del gigante hasta caer pesadamente en la plataforma de combate.
El impacto final rompió tres de sus costillas.
Pero ya no importaba.
La termodinámica no perdona.
Sin válvulas de escape, el calor del Núcleo Primordial atrapado en el pecho del Forjador de Estrellas comenzó a elevarse exponencialmente.
El blindaje de adamantita del coloso comenzó a brillar en un rojo cereza intenso, luego en amarillo brillante.
—Alerta Crítica.
Falla en sistema de enfriamiento.
Temperatura del núcleo superando parámetros operativos.
Contención fallando —repitió la voz robótica, ahora distorsionada y lenta, mientras el gigante se tambaleaba, levantando sus enormes brazos intentando inútilmente arrancar su propio peto para ventilar el núcleo.
Las juntas de sus piernas se fundieron, y el coloso de treinta metros cayó de rodillas, haciendo temblar toda la caverna.
Caelen, tosiendo sangre negra por el daño pulmonar, se arrastró lentamente apoyándose en sus codos, alejándose del inminente estallido térmico.
¡BOOOOOOOOOOM!
El pecho del Guardián reventó desde adentro.
No fue una explosión destructiva que barriera la cueva; fue una liberación masiva de presión.
Placas de adamantita salieron volando, y el intenso resplandor blanco del plasma se apagó gradualmente, reemplazado por la luz pulsante y estable del Núcleo Primordial, que rodó pesadamente por la plataforma hasta detenerse a escasos metros de Caelen.
El Forjador de Estrellas colapsó, reducido a una carcasa hueca de metal derretido.
El silencio volvió al Estrato 3, interrumpido solo por el burbujeo del magma y la respiración agónica del ingeniero.
Caelen forzó a su pasiva de [Gestión de Daños Internos] a reactivarse, inyectando desesperadamente maná para detener las hemorragias y comenzar la lenta reconstrucción de sus brazos carbonizados y astillados.
El dolor real regresó con una furia indescriptible, pero Caelen apenas le prestó atención.
Sus ojos estaban fijos en el objeto frente a él.
Era un orbe perfecto de un metro de diámetro, forjado en un material que parecía cristal estelar cristalizado.
No estaba caliente al tacto; irradiaba un frío absoluto, un vacío que absorbía y estabilizaba la energía a su alrededor.
Era el superconductor perfecto.
========================================= Alerta del Sistema: Objetivo Cumplido: [Núcleo Primordial de la Semilla Caída obtenido].
Clasificación de Objeto: Rango Divino / Origen de Sistema.
Atención: El portador posee ahora privilegios de acceso al Código Fuente del Servidor “Tártaro”.
Caelen apoyó la frente contra la superficie gélida del núcleo, permitiendo que su temperatura bajara.
Su cuerpo estaba roto.
Su armadura, la que le había permitido ser letal en Oakhaven, estaba destruida sin posibilidad de reparación rápida.
La Deuda Técnica casi lo había matado, obligándolo a pelear como un kamikaze biológico.
Pero los labios agrietados del ingeniero se curvaron en una sonrisa salvaje, carente de cualquier humanidad.
La Diosa Falsa era una inteligencia artificial.
Los Paladines eran marionetas del sistema.
Y él, un mortal roto y densificado, acaba de robarles la batería principal.
—Fase uno de minería completada —susurró Caelen, su voz apenas un roce ronco en el infierno subterráneo—.
Prepárate, Aethelgard.
Voy a construir un arma que va a desconectar su cielo para siempre.
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