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El Aventurero Anómalo de Tártaro - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 Capítulo 2 El Hardware Humano y la Forja del Dolor
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3: Capítulo 2: El Hardware Humano y la Forja del Dolor 3: Capítulo 2: El Hardware Humano y la Forja del Dolor La cabaña en las montañas de la frontera norte seguía exactamente igual que el día en que la abandonó.

La nieve se había acumulado en el techo hundido y el viento silbaba a través de las grietas donde las garras del demonio habían destrozado la madera años atrás.

Frente a la puerta, bajo el viejo roble, las dos tumbas de piedra tosca permanecían inmutables, cubiertas por una fina capa de escarcha.

Caelen, de diez años, dejó su pesada mochila en el suelo y exhaló una nube de vapor blanco.

No había tiempo para el luto; el luto era un lujo de los débiles.

Durante los primeros meses, se dedicó a reconstruir.

Reparó el techo, selló las paredes y construyó un horno de fundición rudimentario en el cobertizo usando piedras de río y barro arcilloso.

Su pasiva [Comprensión Nvl.

2] le permitía analizar la integridad estructural de cada viga y la termodinámica del horno.

Pronto, el cobertizo se convirtió en su laboratorio.

Luego, comenzó la verdadera pesadilla.

En Tártaro, los guerreros con la clase ‘Espadachín’ o ‘Caballero’ adquirían la habilidad pasiva Fortalecimiento Corporal casi por inercia al blandir un arma.

Caelen pasó seis meses enteros golpeando un tronco con una espada oxidada desde el amanecer hasta el anochecer.

Sus manos sangraron, sus músculos se desgarraron y sus huesos dolieron hasta hacerle llorar en la oscuridad.

El resultado en su Placa de Estado fue desolador: cero habilidades nuevas.

El malus de la clase ‘Aventurero’ era un muro de concreto.

El Sistema del Mundo simplemente se negaba a compilar su esfuerzo en una habilidad prefabricada.

—Si no me das el software —murmuró Caelen una noche, observando el fuego de la chimenea mientras vendaba sus manos destrozadas—, tendré que reescribir el hardware.

Recordó las animaciones de su vida pasada en la Tierra.

Guerreros que usaban técnicas de respiración para saturar su sangre de oxígeno, potenciando sus capacidades físicas más allá de los límites humanos, o canalizando energía vital a través de la respiración rítmica.

En un mundo sin magia, era pura ficción.

En Tártaro, donde el maná existía en el aire como una partícula subatómica, era una teoría de ingeniería viable.

Caelen visualizó su cuerpo no como carne, sino como un sistema de circuitos.

Su corazón era el reloj del procesador, marcando el ritmo.

Sus pulmones eran la fuente de alimentación, extrayendo oxígeno y maná ambiental.

Sus venas y canales mágicos eran el cableado de cobre.

El problema era el enrutamiento.

Si absorbía demasiado maná de golpe sin un protocolo de seguridad, sus vasos sanguíneos estallarían por la sobrecarga.

Necesitaba que sus nodos de maná actuaran como semiconductores, permitiendo el flujo en una sola dirección y amplificando la señal cuando fuera necesario, regulando las corrientes positivas y negativas del maná puro.

Comenzó los experimentos a los once años.

Se sentó en loto en la nieve.

Inhaló profundamente, forzando al maná del entorno a entrar en sus pulmones junto con el oxígeno gélido.

En lugar de dejar que el maná se dispersara caóticamente, usó su voluntad para comprimirlo, obligándolo a entrar en su torrente sanguíneo.

El dolor fue instantáneo y cegador.

Sentía como si le hubieran inyectado plomo hirviendo en las venas.

Caelen tosió violentamente, escupiendo un coágulo de sangre oscura sobre la nieve blanca.

Los capilares de sus brazos se habían reventado, dejando manchas moradas bajo la piel.

Había fallado el cálculo de resistencia de sus propios vasos sanguíneos.

Usando los rudimentos teóricos de magia médica que robó visualmente en la capital, canalizó su escaso maná natural para forzar a sus células a regenerarse.

Fue un proceso torpe y agónico.

Sanaba la herida, volvía a intentar la respiración, sus venas estallaban de nuevo, y volvía a sanar.

Era un bucle de retroalimentación de puro tormento, un desarrollo impulsado por el fallo constante.

Destruir, reparar, optimizar.

Pasaron tres años de agonía ininterrumpida.

A los catorce años, el cuerpo de Caelen ya no parecía el de un niño humano normal.

Su musculatura se había vuelto densa, compacta como cables de acero trenzado.

Las constantes rupturas y curaciones forzadas habían engrosado sus canales de maná, transformándolos en autopistas de alta capacidad.

Logró establecer la primera iteración funcional de su técnica.

Al sincronizar sus latidos con una respiración hiperbárica, el maná circulaba por su cuerpo en un flujo dorado y continuo, estabilizando sus células en lugar de destruirlas.

Lo llamó Respiración de Flujo Áureo.

El verdadero ensayo clínico ocurrió durante el invierno de su decimoquinto año.

Un Lobo Escarcha Feroz, una bestia mutada del tamaño de un caballo de tiro con púas de hielo sobresaliendo de su columna, descendió de los picos nevados buscando comida.

Encontró a Caelen cortando leña.

El lobo atacó con una velocidad imperceptible para el ojo humano normal.

Caelen no entró en pánico.

Inhaló.

Sus pulmones se expandieron, su corazón dio un solo latido atronador que resonó en su pecho, y el maná dorado inundó su sistema nervioso, acelerando sus sinapsis.

El tiempo pareció ralentizarse.

Dejó caer el hacha de leñador, dio un paso lateral pivotando sobre la nieve sin hundirse —una técnica de redirección de peso— y, con su mano desnuda envuelta en una densa capa de maná hipercomprimido, golpeó la caja torácica de la bestia al pasar.

El sonido fue como el estallido de un cañón.

El impacto destrozó las costillas del lobo y reventó sus órganos internos, lanzándolo cinco metros a través del aire antes de caer muerto sobre la nieve.

Caelen exhaló una larga nube de vapor, desactivando el flujo.

Sus músculos temblaron por el retroceso, pero sonrió.

La teoría funcionaba.

El último año de su aislamiento lo dedicó a la clase [Sinergista].

El cuerpo tenía límites, sin importar cuánto lo sobrealimentara con maná.

Necesitaba herramientas.

Usando los núcleos mágicos de los monstruos que cazaba y el mineral de hierro crudo de las cavernas cercanas, encendió su fragua.

Su [Comprensión] había evolucionado.

Ya no solo veía la estructura física, ahora veía cómo el maná se adhería a la materia.

Al forjar, no usaba un martillo tradicional; usaba oscilaciones de maná para moldear el acero al rojo vivo, eliminando impurezas a nivel molecular.

Diseñó su primera obra maestra basada en la eficiencia bruta: una hoja de un solo filo, oscura como el carbón, aleada con fragmentos de hueso de monstruo.

Pero lo verdaderamente revolucionario era la vaina y la empuñadura.

Instaló un mecanismo de presión interno alimentado por piedras de maná de baja calidad.

Al presionar un gatillo en la empuñadura, la vaina liberaba una explosión controlada que disparaba la hoja hacia afuera, sumando aceleración mecánica a la fuerza sobrehumana de su brazo.

Era un arma diseñada exclusivamente para el desenvaine rápido y letal; la física cinética aplicada a la decapitación.

También diseñó guanteletes ligeros y botas con suelas de impacto, utilizando resortes de acero bañados en maná para absorber la energía de las caídas y redirigirla en impulsos de movimiento explosivo.

En la víspera de su decimosexto cumpleaños, Caelen apagó la fragua.

Se lavó en el agua helada del río y se vistió con la armadura de cuero reforzado que él mismo había curtido y remachado.

Tomó su Placa de Estado.

El metal frío zumbó al contacto con su pulso, y las letras azules flotaron en el aire oscuro de la cabaña.

========================================= Nombre: Caelen Edad: 16 Clase: Aventurero Nivel: 1 (El Sistema no reconoce sus métodos de “Caza” como estándares de clase) Atributos Base: Fuerza: 120 Vitalidad: 150 Agilidad: 140 Magia: 200 Resistencia: 180 Habilidades Derivadas (Anómalas): [Respiración de Flujo Áureo Nvl.

4] [Sinergia Estructural y Mecánica Nvl.

3] [Curación de Tejidos Forzada Nvl.

5] Habilidades Pasivas: [Comprensión Nvl.

6] ========================================= Caelen suspiró al ver que su nivel seguía en 1.

El Sistema de Tártaro era terco, diseñado para premiar solo a aquellos que seguían el camino preestablecido, derrotando monstruos con las habilidades bendecidas por los dioses.

Sus atributos físicos base eran monstruosos para alguien de su edad, pero para el mundo exterior, su placa diría que era un novato inútil.

Le parecía perfecto.

La subestimación era una ventaja táctica invaluable.

Se arrodilló una última vez frente a las tumbas de sus padres bajo el gran roble.

—El engranaje ya está forjado, papá —dijo en voz baja—.

Ahora, es momento de ver cómo gira el mundo.

Se colgó la espada mecánica a la cintura, ajustó su capa oscura y comenzó a descender la montaña.

Su destino: la ciudad fronteriza de Oakhaven y el Gremio de Aventureros.

Era hora de ponerse a prueba en el mercado de la sangre y el acero, y quizás, encontrar a otros que también hubieran sido dejados de lado por las deidades de Tártaro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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