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El Aventurero Anómalo de Tártaro - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 Capítulo 3 Bienvenidos a Oakhaven y la Sonrisa del Demonio
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4: Capítulo 3: Bienvenidos a Oakhaven y la Sonrisa del Demonio 4: Capítulo 3: Bienvenidos a Oakhaven y la Sonrisa del Demonio La ciudad fronteriza de Oakhaven no tenía el brillo pulcro ni las calles adoquinadas de la capital de Aethelgard.

Olía a tierra mojada, a cerveza barata, a sudor y a hierro oxidado.

Era un asentamiento construido con madera oscura y piedra volcánica, levantado en la garganta de un valle que servía como última línea de defensa antes de los Bosques del Lamento.

Caelen cruzó las puertas de la ciudad bajo el cielo gris del atardecer.

Su capa oscura, desgastada por el viaje, ocultaba su equipo mecánico.

A sus dieciséis años, no era especialmente alto, pero su postura carecía de aberturas; caminaba con la eficiencia calculada de un resorte listo para saltar.

Su pasiva [Comprensión Nvl.

6] analizaba instintivamente el entorno: la tensión en los músculos de los guardias corruptos que cobraban sobornos, la profundidad de los surcos de las carretas en el barro que indicaban cargamentos de minerales pesados, y los callejones oscuros donde la escoria esperaba a los incautos.

Su destino era el edificio más grande y ruidoso de la ciudad: el Gremio de Aventureros de Oakhaven.

Empujó las pesadas puertas de roble de doble hoja.

El estruendo en el interior lo golpeó como una ola física.

Docenas de mercenarios, magos con túnicas raídas y guerreros con armaduras abolladas bebían, gritaban y se peleaban por el botín.

El ambiente estaba saturado de humo de tabaco y testosterona.

Cuando Caelen entró, un par de miradas se posaron en él, evaluándolo.

Al ver a un joven solitario sin insignias de clan y con equipo aparentemente mundano, perdieron el interés y volvieron a sus jarras.

Caelen se abrió paso entre las mesas, evitando charcos de cerveza y vómito, hasta llegar al largo mostrador de madera pulida.

Allí, contrastando violentamente con la mugre y la brutalidad del salón, estaba ella.

—¡Bienvenido al Gremio de Aventureros de Oakhaven!

—saludó una voz cantarina y cálida.

Era una joven de una belleza etérea.

Tenía el cabello largo, lacio y de un blanco inmaculado que caía en cascada por su espalda, y unos ojos grandes y azules que irradiaban una amabilidad genuina.

Vestía un uniforme de recepcionista oscuro con un delantal blanco y pulcro, y sostenía una jarra de cerveza que acababa de limpiar.

Su sonrisa era tan dulce y maternal que, por un microsegundo, Caelen bajó la guardia.

—Vengo a registrarme y tomar misiones —dijo Caelen, colocando su fría Placa de Estado sobre el mostrador.

La joven, que llevaba una pequeña etiqueta con el nombre Elianor, tomó la placa con manos delicadas.

Al ver la clase “Aventurero” y el “Nivel 1”, sus cejas se fruncieron levemente con genuina preocupación, no con el desprecio que Caelen estaba acostumbrado a recibir.

—Oh, vaya…

Eres muy joven para venir solo a la frontera —murmuró Elianor, acercándose un poco más en un tono confidencial—.

Y tu clase…

¿Estás seguro de esto?

La frontera es implacable.

No tienes que forzarte a pelear si no…

—¡Oye, niña de nieve!

—rugió una voz áspera a espaldas de Caelen.

Un guerrero enorme, con la clase ‘Berserker’ claramente visible por los tatuajes rúnicos en sus brazos del tamaño de troncos, apartó a Caelen de un empujón.

Caelen redirigió la energía cinética del empujón hacia sus botas, deslizándose un metro sin perder el equilibrio, calculando instantáneamente el peso del hombre: unos ciento treinta kilos.

—Deja de perder el tiempo con este huérfano inútil de Nivel 1 y tráeme otro barril —exigió el Berserker, golpeando el mostrador con un puño acorazado que hizo saltar las astillas—.

¡Y más te vale que lo traigas rápido, que soy un Rango Plata!

Caelen tensó los músculos de sus piernas.

El maná comenzó a acumularse en sus pulmones, listo para iniciar la Respiración de Flujo Áureo y destrozarle la rodilla al gigante.

Pero no fue necesario.

Elianor no dejó de sonreír.

Su expresión dulce no cambió en lo más mínimo.

Sin embargo, la temperatura del salón cayó en picado.

Caelen sintió que el aire se volvía plomo puro.

Su [Comprensión] le lanzó una alerta roja en su cerebro.

La densidad de maná que de repente emanó del cuerpo delgado de la recepcionista era monstruosa.

Era un miasma oscuro, pesado, casi asfixiante, diametralmente opuesto a su apariencia angelical.

Una sombra parecía haberse proyectado detrás de ella, dilatándose sobre el mostrador.

El silencio en el Gremio fue sepulcral.

Hasta el aventurero más ebrio se paralizó, con el terror pintado en el rostro.

—Señor Garek —dijo Elianor, su voz seguía siendo un dulce y alegre tintineo, pero con un eco subyacente que helaba la sangre—.

Estoy atendiendo a un nuevo cliente.

Además, acaba de abollar mi mostrador recién pulido.

Si vuelve a levantar la voz, me veré en la penosa necesidad de usar sus intestinos para trapear el piso.

¿Entendido?

El Berserker, pálido como un cadáver y sudando a mares bajo la presión mágica que casi le aplastaba los pulmones, asintió frenéticamente y retrocedió tropezando consigo mismo.

Elianor parpadeó, la presión aterradora desapareció tan rápido como llegó, y el aire volvió a fluir.

Volvió a sonreírle a Caelen, juntando las manos.

—Disculpa la interrupción.

Los ánimos se calientan mucho por aquí.

¿En qué estábamos?

¡Ah, sí!

Tu registro.

Caelen se quedó mirándola fijamente.

«Nivel de amenaza: Incalculable.

Esconde la letalidad de un demonio de clase desastre detrás del rostro de una santa.

Anotar: Jamás hacerla enojar», pensó Caelen, adoptando una política de extremo respeto.

Elianor procesó su placa.

Por ley del Gremio, un Nivel 1 solo podía tomar misiones de Rango F (recolección, limpieza).

Un oficinista de aspecto grasiento y mirada astuta, que supervisaba las misiones en una mesa contigua, le arrebató la placa a Elianor.

—Clase Aventurero.

Nivel 1.

Carne fresca —murmuró el oficinista con desdén—.

Toma, chico.

Te doy tu primera misión.

Recolección de Hierbas Lunares en la periferia de los Bosques del Lamento.

Elianor frunció el ceño.

—Señor, esa zona ha tenido reportes de avistamientos de Goblins del Fango.

Es demasiado peligroso para un Rango F en solitario.

—Son solo rumores, Elianor.

Además, si el mocoso quiere ser aventurero, que lo demuestre —sonrió el oficinista, sellando el pergamino y arrojándoselo a Caelen—.

Ve, chico.

Trae diez hierbas.

Caelen tomó el pergamino.

Su mente unió los puntos al instante.

El oficinista no creía que él pudiera completarla; lo estaba enviando como cebo barato, probablemente para limpiar la periferia alimentando a los monstruos con novatos inútiles y así ahorrarle el trabajo a los aventureros de mayor rango que le pagaban comisiones.

El sistema del gremio también estaba podrido.

—Lo haré —dijo Caelen.

Se giró hacia Elianor y asintió con leve gratitud por su intento de defenderlo—.

Gracias por la atención, señorita Elianor.

Bosques del Lamento – Dos horas después El dosel de los árboles era tan espeso que apenas dejaba pasar la luz de la luna.

El suelo estaba cubierto de un barro denso que apestaba a descomposición.

Caelen no caminaba por el suelo; se movía por las ramas bajas, usando las suelas de impacto de sus botas para saltar silenciosamente, como un depredador acechando.

Había recolectado las diez Hierbas Lunares en los primeros veinte minutos, usando su pasiva para identificar la estructura química fosforescente de las plantas en la oscuridad.

Ahora, estaba cazando.

Ocho Goblins del Fango.

No eran las criaturas torpes y cómicas de los cuentos.

Eran humanoides encorvados, del tamaño de niños grandes, pero con músculos fibrosos, piel cubierta de un limo tóxico que derretía el metal común, y portaban lanzas de hueso serrado.

Estaban devorando el cadáver de un ciervo mutado.

A la cabeza de la manada, un Hobgoblin de dos metros de altura masticaba el cráneo del animal.

Caelen se agachó en una rama a diez metros sobre ellos.

Calculó el viento, la humedad del barro que reduciría la tracción, y la velocidad de reacción promedio de esas criaturas.

«El limo ácido derretirá el acero ordinario en tres segundos.

Mi espada tiene una aleación de mithril en el filo, pero no debo prolongar el contacto.

Golpes letales y rápidos.

Entrar, matar, salir», analizó con frialdad matemática.

Cerró los ojos.

Inhaló profundamente.

El oxígeno hiper-saturó sus pulmones.

Su corazón dio un latido de tambor.

El maná puro inundó sus gruesas venas, fluyendo como corriente de alta tensión, recubriendo sus células y acelerando su sistema nervioso a niveles sobrehumanos.

Una tenue neblina dorada escapó de sus labios al exhalar lentamente.

Respiración de Flujo Áureo.

Caelen se dejó caer de la rama.

No usó magia para amortiguar la caída, sino que usó la gravedad a su favor.

Aterrizó justo en el centro del grupo de goblins.

Las suelas de sus botas mecánicas absorbieron el impacto y liberaron una onda de choque cinética que levantó el barro, cegando temporalmente a las tres criaturas más cercanas.

Antes de que el primer goblin pudiera gritar, Caelen llevó su mano a la empuñadura de su espada en la cintura.

Apretó el gatillo oculto.

¡CLACK-BOOOOM!

El mecanismo de presión impulsado por la piedra de maná en la vaina detonó.

La hoja salió disparada a una velocidad supersónica, guiada por el brazo de Caelen, que soportó la enorme fuerza de retroceso gracias a sus músculos endurecidos y fortalecidos por la técnica de respiración.

Fue un desenvaine Iaijutsu impulsado por ingeniería termodinámica.

Un relámpago negro y plateado trazó un arco horizontal.

Las cabezas de tres goblins rodaron por el barro antes de que la sangre ácida tuviera tiempo de brotar de sus cuellos cauterizados por la fricción del aire.

El Hobgoblin rugió, levantando un garrote de madera dura envuelto en miasma.

Los otros cuatro goblins chillaron y se abalanzaron sobre él con lanzas estocando desde múltiples ángulos.

Caelen no retrocedió.

Su mente procesaba todo a cámara lenta.

Esquivó una lanza girando sobre su talón izquierdo.

Sujetó el brazo del segundo goblin que pasaba de largo y, usando el impulso del propio monstruo, activó el pistón hidráulico de su guantelete izquierdo, destrozándole el codo y usando a la criatura como escudo humano contra la tercera lanza.

El Hobgoblin descargó su garrote en un golpe vertical diseñado para aplastarlo contra el lodo.

Caelen soltó su escudo de carne.

Flexionó las rodillas y saltó en diagonal hacia arriba y hacia adelante, directamente hacia el área de guardia abierta del monstruo gigante.

La hoja de su espada, vibrando con maná, cortó limpiamente la muñeca del Hobgoblin en el ascenso.

La bestia bramó de dolor, pero Caelen ya estaba a la altura de su rostro.

Giró en el aire, canalizando la energía cinética de su rotación hacia su bota derecha, y le asestó una patada de hacha directamente en la sien.

El sonido del cráneo fracturándose resonó en el bosque en silencio.

El cuerpo del Hobgoblin se desplomó como un saco de plomo.

Los dos goblins restantes retrocedieron, el terror primitivo superando su sed de sangre al ver a su líder masacrado en menos de diez segundos por un humano que parecía no tener nivel.

Intentaron huir hacia la maleza.

Caelen aterrizó suavemente, levantó su espada y apuntó a la espalda de uno.

Presionó un segundo gatillo en el lomo de la hoja, expulsando la punta metálica conectada a un cable de acero impregnado en maná, que atravesó el corazón del goblin fugitivo como un arpón de alta precisión.

Tiró del cable con fuerza sobrehumana, recuperando el filo y dejando que el último goblin escapara para advertir a la colmena.

Era una táctica de terror calculada.

Caelen detuvo su técnica de respiración.

Sus músculos protestaron levemente, una leve quemazón en sus tendones por la sobrecarga, pero el flujo áureo retrocedió, sanando los microdesgarros al instante.

Sacó su Placa de Estado para comprobarla a la tenue luz de la luna.

========================================= Nombre: Caelen Clase: Aventurero Nivel: 1 Habilidades Derivadas (Anómalas): [Respiración de Flujo Áureo Nvl.

5] (+1 Nivel) [Sinergia Estructural y Mecánica Nvl.

3] [Estilo de Combate Cinetico Nvl.

1] (¡Nueva!) ========================================= Caelen esbozó una media sonrisa fría.

El Sistema seguía negándole la experiencia general por no usar “magia estándar” ni clases reconocidas, manteniéndolo en el vergonzoso Nivel 1.

Pero sus habilidades, fruto de su propio sufrimiento e ingenio, seguían evolucionando.

Mientras cortaba las orejas de los goblins como prueba adicional y extraía los pequeños núcleos mágicos cristalizados de sus pechos, su mente volvió al oficinista del Gremio.

El mundo entero conspiraba para aplastar a los débiles.

Usaban a los novatos como cebo, a los huérfanos como carne de cañón, mientras invocaban héroes dorados para la gloria.

—Si el sistema es corrupto —murmuró Caelen para sí mismo, limpiando la sangre ácida de su hoja con la capa de un goblin muerto—, entonces me convertiré en un virus que lo devore desde adentro.

Regresaría a Oakhaven no como el cadáver que esperaban, sino como la pesadilla silenciosa de la que no podrían escapar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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