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El Aventurero Anómalo de Tártaro - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 Capítulo 7 Cuello de Botella y el Protocolo de Falla Segura
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8: Capítulo 7: Cuello de Botella y el Protocolo de Falla Segura 8: Capítulo 7: Cuello de Botella y el Protocolo de Falla Segura El rugido unificado de diez Demonios de la Ceniza hizo vibrar los cimientos de las casas en ruinas.

Al ver el cuerpo decapitado de su Comandante y la aguja de miasma inactiva, la horda perdió cualquier rastro de táctica militar y se entregó a una furia primitiva.

Caelen estaba a treinta metros de ellos, de pie en el centro de la plaza.

Su brazo izquierdo colgaba inerte; los pistones hidráulicos de su guantelete estaban reventados, goteando un fluido aceitoso que se mezclaba con su propia sangre.

Sus canales mágicos ardían, advirtiéndole que otro uso de la Sobrecarga del Núcleo freiría su sistema nervioso.

Cualquier “Héroe” invocado por la capital habría alzado su espada brillante y lanzado un grito de guerra para enfrentar a la horda en campo abierto.

Caelen, por el contrario, dio media vuelta y corrió en dirección opuesta.

«Regla fundamental de la seguridad desde el diseño», pensó, su mente procesando la crisis con una frialdad matemática mientras sus botas mecánicas lo impulsaban sobre los escombros.

«Nunca dejes que una vulnerabilidad dicte el campo de batalla.

Si el servidor no puede soportar el tráfico masivo, fuerzas un cuello de botella para limitar el ancho de banda».

Se adentró en un callejón estrecho flanqueado por dos edificios de piedra y madera pesada que alguna vez sirvieron como herrería y almacén.

El espacio apenas permitía el paso de dos hombres hombro con hombro.

Los demonios, cegados por la sed de sangre, mordieron el anzuelo y se precipitaron tras él, atascándose en la entrada del callejón, gruñendo y pisoteándose unos a otros para alcanzar al humano.

El ancho de banda se había reducido.

Ya no enfrentaba a diez; enfrentaba a dos a la vez.

Caelen se detuvo a la mitad del callejón, giró sobre sus talones y adoptó una postura de guardia baja.

Se desabrochó las correas del guantelete izquierdo destrozado con los dientes y lo dejó caer al barro para eliminar el peso muerto, ajustando instantáneamente su centro de gravedad.

Respiración de Flujo Áureo: Tercera Forma – Refrigeración.

En lugar de hiperpresurizar el maná para ganar fuerza explosiva, Caelen modificó el flujo para que actuara como un disipador térmico.

Inhaló despacio y exhaló una densa niebla blanca y gélida que enfrió la sangre hirviente de sus venas, estabilizando sus órganos internos que amenazaban con colapsar.

La adrenalina no le quitaría el dolor, pero esta técnica evitaría que entrara en shock.

Los primeros dos demonios se abalanzaron, lanzando estocadas desordenadas con sus lanzas de hueso.

Caelen desvió la primera lanza con el plano de su espada, dio un paso corto hacia la derecha, cerrando la distancia, y deslizó la hoja por el cuello del monstruo en un corte limpio.

Sin detener el movimiento, usó la rotación de su cadera para asestar una patada contundente en la rodilla del segundo demonio, haciéndolo tropezar hacia adelante, justo en la trayectoria de un tajo ascendente que le partió el cráneo.

Dos muertos.

Quedaban ocho.

Los cadáveres en el suelo estrecharon aún más el callejón, convirtiéndose en obstáculos para los demonios que venían detrás.

El tercero saltó sobre los cuerpos, blandiendo un látigo de nervios llameantes.

El látigo restalló en el aire, envolviéndose alrededor del brazo derecho de Caelen, quemando la manga de cuero endurecido y mordiendo su piel.

El dolor fue agudo y punzante.

Caelen no intentó tirar hacia atrás; eso habría sido un forcejeo inútil contra la fuerza bruta de un demonio.

En su lugar, tiró de la cuerda hacia adelante, desequilibrando a la criatura.

Apretó el gatillo de su vaina al nivel más bajo.

¡CLACK!

La hoja salió disparada una fracción de segundo, lo suficiente para seccionar el látigo inflamable.

Caelen giró la espada mecánica en su mano y, con un movimiento de apuñalamiento inverso, perforó el pecho del demonio, buscando el núcleo mágico y destrozándolo.

Pero la pausa le costó cara.

El cuarto demonio logró flanquear el cadáver y rozó el costado derecho de Caelen con una daga de obsidiana.

La cota de malla oculta bajo su ropa resistió el corte profundo, pero el impacto fracturó al menos dos costillas y rasgó la carne.

Caelen escupió sangre, retrocediendo tres pasos.

Su respiración vaciló.

«Protocolo de falla segura», se recordó a sí mismo.

No había entrado en este callejón solo porque fuera estrecho.

Lo había elegido porque, antes de iniciar el ataque a la plaza, había inspeccionado la integridad estructural de la aldea.

Los demonios restantes, viendo al humano herido, aullaron de triunfo y empujaron hacia adelante, apilándose en el fondo del callejón.

Caelen levantó su espada, pero no apuntó a los monstruos.

Apuntó a la viga principal de soporte del almacén en ruinas a su izquierda, la cual ya estaba agrietada por el paso del tiempo y el miasma.

Presionó el gatillo de la vaina hasta el fondo.

Las compuertas lógicas de mithril brillaron.

¡BOOOOM!

El impulso cinético máximo liberó una onda de choque que impactó contra la madera podrida.

La viga estalló en mil pedazos.

Sin su soporte principal, el techo de piedra y pizarra del almacén de tres pisos colapsó con un estruendo ensordecedor.

Caelen se lanzó hacia atrás, rodando por el barro para evitar ser aplastado.

Toneladas de escombros, vigas de roble y polvo asfixiante cayeron directamente sobre el grupo de demonios.

Gritos desgarradores fueron silenciados bruscamente bajo el peso de la piedra.

El callejón quedó sepultado bajo una nube de polvo gris.

Caelen se puso en pie a duras penas, tosiendo, apoyándose en su espada como si fuera un bastón.

Su cuerpo estaba al límite.

La herida en su costado ardía, y su visión se nublaba en los bordes.

Forzó a su maná a concentrarse en la habilidad [Curación de Tejidos Forzada], sellando cauterizando la herida internamente con magia cruda para evitar desangrarse.

Fue una agonía que lo hizo apretar los dientes hasta casi partirlos.

El polvo comenzó a disiparse.

Bajo los escombros, la sangre negra formaba charcos espesos.

Seis demonios habían sido aplastados.

Sin embargo, el sonido de piedras removiéndose le advirtió que no había terminado.

Un último demonio, el más grande de la infantería, emergió de entre las ruinas.

Le faltaba un brazo y la mitad del rostro estaba destrozada, pero su odio lo mantenía en pie.

Cargó contra Caelen con un bramido suicida.

Caelen no tenía energía para desviar ni para esquivar.

Se quedó inmóvil.

Calculó la distancia.

Cinco metros.

Tres.

Uno.

Justo cuando las garras del demonio estaban a centímetros de su garganta, Caelen soltó la empuñadura de su espada.

Dejó que el arma cayera libremente, y con su mano derecha libre, extrajo de su cinturón un pequeño cilindro de bambú que le quedaba de su arsenal de trampas.

Lo metió directamente en las fauces abiertas de la criatura y, con un movimiento fluido, golpeó el percutor del cilindro contra la mandíbula inferior del monstruo.

Caelen se dejó caer de espaldas al barro.

La mina direccional detonó dentro de la boca del demonio.

La cabeza de la bestia voló en pedazos, lloviendo ceniza y fragmentos de hueso sobre el callejón.

El silencio absoluto cayó finalmente sobre la aldea de Oakhill.

Caelen permaneció tumbado en el barro durante varios minutos, mirando el cielo púrpura a través de los restos del techo colapsado.

Lentamente, la nube de miasma comenzaba a disiparse, revelando el azul pálido del amanecer de Tártaro.

La aguja de la plaza había dejado de funcionar sin el Comandante para canalizarla.

Caeliendo sangre, el joven aventurero se incorporó lentamente.

El dolor era absoluto, una sinfonía de músculos desgarrados y huesos fisurados.

La placa de estado metálica en su bolsillo se calentó.

La sacó con dedos temblorosos.

========================================= Nombre: Caelen Clase: Aventurero Nivel: 1 (Bloqueo de experiencia por anomalía de clase) Atributos Base: Fuerza: 135 (+15) Vitalidad: 160 (+10) Agilidad: 145 (+5) Magia: 215 (+15) Resistencia: 195 (+15) Habilidades Derivadas (Anómalas): [Respiración de Flujo Áureo Nvl.

6] (+1) [Estilo de Combate Cinetico Nvl.

3] (+2) [Curación de Tejidos Forzada Nvl.

5] -> Evoluciona a -> [Gestión de Daños Internos Nvl.

1] (¡Nueva!) Habilidades Pasivas: [Comprensión Nvl.

7] (+1) ========================================= Caelen soltó una risa ronca que rápidamente se convirtió en un ataque de tos sanguinolenta.

—Aún…

nivel 1 —susurró, guardando la placa.

El sistema de Tártaro era como un sistema operativo testarudo que se negaba a reconocer software de terceros, pero los parches que Caelen instalaba a base de esfuerzo y dolor seguían funcionando.

Su nueva habilidad indicaba que su cuerpo estaba aprendiendo a optimizar el uso de recursos para mantenerse con vida incluso con fallas catastróficas.

Con un esfuerzo hercúleo, caminó de regreso a la plaza principal.

Ignoró los cadáveres de los esbirros y se dirigió directamente al Comandante de Obsidiana.

Usando su espada —cuya hoja de mithril seguía impecable gracias a las aleaciones que forjó—, abrió el pecho acorazado del gigante.

Extrajo el núcleo mágico.

Era del tamaño de un melón pequeño, denso, negro como la brea y pulsaba con una energía que le erizaba el vello de los brazos.

Una batería de grado industrial.

Un tesoro que valía docenas de monedas de oro en el mercado negro, y que en las manos de Caelen, se convertiría en el motor de armas que Tártaro jamás había visto.

Lo envolvió en la tela de su capa y lo guardó en su mochila.

Recuperó su equipo reutilizable, miró una última vez la aldea desierta y comenzó a caminar hacia el oeste, arrastrando los pies.

Tenía más de veinte kilómetros por delante hasta Oakhaven, con costillas rotas y canales mágicos fritos.

Necesitaba llegar al gremio.

Necesitaba el té de miel de Elianor, y sobre todo, necesitaba que la terrorífica recepcionista le cubriera las espaldas mientras él entraba en estado de reparación y mantenimiento.

El engranaje no se había roto.

Solo necesitaba aceite y sangre nueva.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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