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El camino Del último primordial - Capítulo 23

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23: El error que no se puede corregir 23: El error que no se puede corregir La noche no trajo descanso.

Trajo recuerdos.

Aethernox no dormía, pero esta vez tampoco vigilaba.

Estaba… recordando.

Y los recuerdos de un Primordial no llegan como imágenes.

Llegan como realidades completas.

—Elyndor no nació villano —dijo Aethernox al fuego apagado.

Lyra levantó la mirada de inmediato.

—Eso nunca es buena señal.

Kaelis permaneció en silencio.

Seraphyne escuchaba, atenta.

—Fue un erudito —continuó—.

Un humano obsesionado con entender por qué el mundo sufría ciclos de destrucción.

Seraphyne frunció el ceño.

—¿La Guerra del Origen…?

—Exacto —asintió Aethernox—.

Elyndor fue uno de los pocos que vio fragmentos de ella sin perder la cordura.

Lyra chasqueó la lengua.

—Siempre son los inteligentes.

Aethernox no reaccionó.

—Descubrió restos de poder primordial —prosiguió—.

No completos.

Ecos.

—Y decidió usarlos —murmuró Kaelis.

—No —corrigió Aethernox—.

Decidió entenderlos.

Seraphyne sintió un escalofrío.

—¿Y los fragmentos de Orden y Creación…?

Aethernox cerró los ojos.

—No lo eligieron.

Pero tampoco lo rechazaron.

Silencio.

—Elyndor sobrevivió a algo que debía haberlo matado —continuó—.

Y desde entonces… el mundo se estabilizó a su alrededor.

Lyra lo entendió primero.

—Él cree que está salvando la realidad.

—Sí —dijo Aethernox—.

Y esa es la peor clase de villano.

No tardaron en llegar las consecuencias.

Un mensajero apareció al amanecer: una ciudad cercana había levantado barreras defensivas.

—¿Contra monstruos?

—preguntó Lyra.

—Contra ustedes —respondió el mensajero, temblando.

La ciudad creía que matar a Seraphyne estabilizaría la región.

Que eliminar al Primordial evitaría el colapso futuro.

Elyndor no había ordenado nada.

Solo… había dejado circular la idea.

—Si entramos —dijo Kaelis— morirá gente.

—Si no entramos —respondió Lyra— morirá ella.

Seraphyne tragó saliva.

—Yo puedo ir sola.

—No —dijo Aethernox de inmediato.

—Aethernox —insistió—.

Si esto escala… Él negó.

—No volveré a elegir sacrificarte.

Y esa fue la primera grieta.

Entraron.

La ciudad los recibió con miedo.

Gritos.

Armas levantadas.

Hechizos preparados.

—¡No se acerquen!

—gritó alguien—.

¡Ella es la calamidad!

Seraphyne dio un paso atrás.

Aethernox avanzó.

—Deténganse —ordenó—.

No hemos venido a luchar.

Una flecha voló.

No iba dirigida a él.

Iba dirigida a Seraphyne.

El mundo se congeló.

No en el tiempo.

En intención.

Aethernox actuó.

No destruyó la ciudad.

No borró a todos.

Eligió precisión absoluta.

El espacio se plegó… y la torre desde donde dispararon desapareció.

No colapsó.

No explotó.

Simplemente dejó de existir.

Con ella… las personas dentro.

Silencio.

Un silencio que no gritaba… acusaba.

Seraphyne cayó de rodillas.

—¿Qué… hiciste?

Aethernox miró su mano.

—Elegí mal —dijo.

La ciudad no atacó.

No huyó.

Miró con terror puro.

Lyra temblaba.

—Eso… eso no fue contención.

Kaelis apretó los dientes.

—Fue eficiente.

Seraphyne se levantó lentamente.

—Dijiste que no destruirías por mí.

Aethernox la miró.

—Dije que aprendería.

No que siempre acertaría.

Eso dolió más que la muerte.

Ella retrocedió un paso.

—Ellos tenían miedo… no maldad.

—Lo sé —respondió—.

Y aun así… Silencio.

La decisión estaba hecha.

No había forma de corregirla.

Desde lejos, Elyndor cerró los ojos.

No celebró.

No sonrió.

—Ahí está —murmuró—.

El primer error verdadero.

Abrió los ojos, sereno.

—Ahora sí eres peligroso, Aethernox.

No por tu poder.

Sino porque amas lo suficiente como para equivocarte.

Esa noche, nadie durmió.

Seraphyne no se acercó a Aethernox.

Lyra no bromeó.

Kaelis no habló.

El mundo seguía intacto.

Pero algo esencial se había roto.

No una ciudad.

No una torre.

La ilusión de que podían avanzar sin dejar cadáveres atrás.

Y por primera vez… Aethernox entendió qué significaba no poder deshacer una decisión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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