El camino Del último primordial - Capítulo 26
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26: El precio de seguir existiendo 26: El precio de seguir existiendo El encuentro no fue anunciado.
Aethernox apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando la realidad se comprimió sobre sí misma y fue arrojado lejos, como si el propio espacio lo rechazara.
—Así que aquí estabas.
La voz de Elyndor no traía burla.
Traía furia contenida.
—¿Vienes a reclamar algo que nunca fue tuyo?
—respondió Aethernox, incorporándose con dificultad.
Elyndor no contestó.
Avanzó.
Y el primer impacto fue suficiente para hacerle entender algo a Aethernox: esta vez, no estaba usando todo su poder para defenderse.
El antagonista descargó golpe tras golpe, no con técnica, sino con años de obsesión acumulada.
—¡MÍRAME!
—exigió—.
¡SIEMPRE PUDISTE DETENERME!
Aethernox cayó de rodillas.
No activó ninguna autoridad.
No alteró el tiempo.
Aceptó cada embate.
—Entonces dime —gruñó Elyndor— ¿por qué no me mataste?
El silencio se volvió insoportable.
Aethernox levantó la mirada.
—Porque si mueres… ella también desaparece.
Elyndor se quedó inmóvil.
—Los dos Primordiales dentro de ti —continuó— Orden y Creación.
Eres el ancla que mantiene este mundo estable.
Respiró hondo.
—Matarte habría sido… destruir todo lo que intenté proteger.
La rabia de Elyndor se transformó en algo más oscuro.
—Entonces soy indispensable.
—No —corrigió Aethernox—.
Solo eras tolerado.
Eso fue lo que lo hizo atacar de nuevo.
—¡ENTONCES DEFIÉNDETE!
Aethernox se incorporó lentamente.
—Ya tomé mi decisión.
Extendió la mano… no hacia el cuerpo de Elyndor, sino hacia su esencia.
El mundo se estremeció.
Dos presencias antiguas emergieron, arrancadas de lo más profundo del antagonista.
Orden.
Creación.
Elyndor gritó, no por dolor físico, sino por pérdida.
Aethernox las absorbió.
El peso fue inmediato.
No poder… responsabilidad.
Cuando todo terminó, Elyndor cayó al suelo, exhausto, vacío.
—¿Por qué… —susurró— aún me dejas vivir?
Aethernox lo observó largamente.
—Porque ella me enseñó algo —dijo—.
Que acabar con alguien… no siempre es justicia.
Se dio la vuelta.
—Y porque ahora ya no eres una amenaza.
Mientras se alejaba, una grieta invisible comenzó a abrirse en su interior.
Absorber esas autoridades tenía un costo.
Uno que pronto… alguien más sentiría.
Muy lejos de allí, Seraphyne llevó una mano a su pecho.
—Algo… cambió —murmuró.
El cielo no tembló.
Pero el mundo acababa de perder su equilibrio original.
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