El camino Del último primordial - Capítulo 32
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- Capítulo 32 - 32 La llegada al sueño del Primordial
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32: La llegada al sueño del Primordial 32: La llegada al sueño del Primordial El grupo avanzaba con cautela, siguiendo a Elyndor.
Cada paso era un desafío: el suelo se ondulaba bajo sus pies, los árboles parecían desplazarse solos, y fragmentos de cielo flotaban entre ellos como si la gravedad misma estuviera indecisa.
—Esto… —dijo Seraphyne, con los ojos muy abiertos— no es un bosque.
No es un plano.
Es… otra cosa.
Lyra asintió.
—Es… como si el mundo se hubiera olvidado de cómo existir.
Kaelis apretó los puños.
—Y Elyndor parece no importarle.
Elyndor escuchó y rió, un sonido seco y frío.
—No me importa, pero tampoco puedo dejar que se pierdan en esto.
Si la realidad colapsa antes de tiempo, incluso yo sufriría las consecuencias.
—¿Tú sufres?
—preguntó Lyra, con cierto descaro—.
Siempre pensé que te gustaba tener todo bajo control.
—Eso era antes —replicó Elyndor—.
Ahora solo intento sobrevivir… y ustedes me complican la existencia.
Finalmente, llegaron a un claro que parecía no pertenecer a ninguna lógica.
El aire era denso, casi líquido, y una luz suave y cambiante bañaba todo alrededor.
Fragmentos de cielo y tierra flotaban en capas que no se tocaban, como páginas de un libro abierto al azar.
—Estamos aquí —dijo Elyndor—.
Más allá de esto… está él.
El grupo contuvo la respiración.
No había forma de anticipar lo que verían.
Seraphyne fue la primera en avanzar.
—Aethernox… Nada respondió.
Solo silencio.
El espacio parecía respirar a su alrededor.
Cada segundo pesaba más que el anterior.
Entonces lo vieron.
Aethernox estaba tendido en un plano vacío, inmóvil, rodeado por fragmentos de luz que parecían sostener el mundo mismo.
Su rostro era sereno, pero su respiración era profunda y medida, como si cada inhalación controlara el flujo de la realidad.
Lyra no pudo evitar susurrar: —Nunca lo había visto así… Seraphyne dio un paso más cerca.
El corazón le latía con fuerza.
—Está… dormido.
Kaelis apretó los dientes.
—Dormido… pero sosteniendo todo esto.
Elyndor los observó de reojo, con una mezcla de irritación y algo que nadie esperaba: respeto.
—No lo toquen.
Ni un gesto en falso y todo esto colapsa.
Cada paso que daban hacia Aethernox hacía que la realidad se tornara más inestable.
El suelo desaparecía y aparecía en otro lugar.
Árboles gigantes flotaban de lado.
Fragmentos de cielo se separaban como espejos fracturados.
—Es… demasiado —murmuró Seraphyne, avanzando con cuidado—.
¿Cómo puede sostener esto solo?
Elyndor bufó.
—Él no lo sostiene solo.
Ustedes no pueden comprenderlo… y ni siquiera yo puedo anticiparlo todo.
Pero si seguimos con cuidado, podemos atravesarlo sin que se rompa del todo.
Lyra rodó los ojos.
—Tu actitud de “no me importa” empieza a parecer cooperación.
—No me importa —dijo Elyndor con frialdad—.
Solo… no quiero que esto explote mientras camino con ustedes.
Cada paso se sentía como caminar sobre cristales rotos que podían moverse y romperse en cualquier momento.
El grupo entendió que no solo buscaban a Aethernox, sino que sobrevivían a la manifestación de su poder inconsciente.
Seraphyne sintió un escalofrío.
—Si despierta y ve esto… todo puede desbordarse.
Kaelis miró a Elyndor.
—¿Qué pasa si pierde el control?
Elyndor suspiró.
—Entonces todos estaremos muertos.
Pero al menos, hasta ese momento… tengo la ventaja de guiarles por este laberinto.
Finalmente, alcanzaron un punto donde la luz se acumulaba formando una especie de halo que sostenía la figura de Aethernox.
Todo lo que lo rodeaba parecía congelado, salvo la respiración que emanaba ondas sutiles de poder.
—Ahí está —dijo Elyndor, señalando—.
No lo toquen, no hablen, no respiren demasiado fuerte.
Seraphyne respiró hondo, con el corazón acelerado.
—Estoy aquí… Aethernox… Lyra y Kaelis la rodearon, tensos, alertas, conscientes de que ese instante marcaba el límite entre el mundo tal como lo conocían y el caos absoluto.
Y mientras permanecían allí, inmóviles y en silencio, la distorsión de la realidad se convirtió en un recordatorio constante: el poder de un Primordial dormido no conoce límites, y el mundo que sostenía estaba al borde de romperse… en cualquier momento.
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