El camino Del último primordial - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 La furia de un Primordial
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34: La furia de un Primordial 34: La furia de un Primordial El ambiente era pesado.
Cada respiración parecía arrastrar consigo la distorsión de la realidad.
Aethernox abrió los ojos lentamente… y la calma que lo rodeaba desapareció en un instante.
Un aura invisible, pero abrumadora, comenzó a expandirse.
El suelo temblaba.
Los árboles se inclinaban.
El aire parecía pesar toneladas.
Seraphyne sintió un escalofrío.
—Está… perdido… —susurró.
Lyra y Kaelis retrocedieron, intentando mantener la distancia, pero el aura los alcanzó antes de que pudieran reaccionar.
El impacto fue inmediato: un dolor invisible recorrió sus cuerpos, dejándolos tambaleantes y con heridas graves.
Elyndor se puso rígido.
—¡Esto… no puede estar pasando!
—exclamó—.
¡Debo recuperar lo que es mío!
Elyndor concentró su poder para intentar extraer las autoridades de Orden y Creación que Aethernox había absorbido.
Sus manos brillaban con fuerza, y todo el espacio pareció reaccionar a su intento.
Pero no hubo resultado.
—¡Imposible!
—gritó, la frustración evidente en cada palabra—.
¿¡Cómo puede contenerlo!?
Aethernox, aunque descontrolado, empezó a recuperar conciencia de sí mismo.
El aura que lo envolvía se estabilizó, suavizándose gradualmente gracias a Seraphyne, que dio un paso adelante, colocando su mano sobre la suya.
—Respira —susurró ella—.
No estás solo.
El aura se retiró poco a poco, y Aethernox abrió los ojos por completo.
Sus amigos, heridos pero vivos, se encontraban ante él, temblorosos.
El impacto había sido suficiente para mostrarles lo imponente de su poder.
Aethernox respiró hondo y se incorporó lentamente, mirando a los presentes.
Por primera vez, su mirada combinó sorpresa y un dejo de desconcierto: —¿Ustedes… cómo llegaron aquí?
—preguntó, con una voz más calmada pero cargada de incredulidad.
Seraphyne se adelantó, ayudando a Lyra y Kaelis a mantenerse de pie.
—No lo planeamos —respondió—.
Pero estábamos aquí para ti… para asegurarnos de que estés bien.
Aethernox bajó la mirada hacia Elyndor.
—Y tú… —dijo con voz firme pero no hostil—.
Intentaste recuperar lo que nunca debiste poseer.
Elyndor tragó saliva, derrotado una vez más.
—No fue suficiente —murmuró—.
Y ahora lo entiendo… otra vez.
Aethernox cerró los ojos, respirando profundamente.
—No necesito… destruirlos —susurró—.
Pero debo protegerlos.
Incluso cuando pierdo el control.
El Primordial miró a su alrededor, evaluando la escena.
Heridas, miedo, tensión, respeto… y curiosidad.
—Mis amigos… —murmuró—.
¿Quién los trajo aquí?
¿Cómo pudieron atravesar un espacio tan caótico y llegar hasta mí?
Seraphyne dio un paso adelante, con una mezcla de firmeza y ternura.
—Porque no podía quedarme fuera.
Porque no importa cuán poderoso seas… tus decisiones también me afectan a mí.
Aethernox parpadeó, sorprendido por la fuerza en sus palabras.
Por primera vez, sintió que su poder tenía un límite real: ellos eran su ancla, su punto de retorno.
El aura desapareció por completo, dejando solo el silencio, la calma y el asombro.
—Gracias… —susurró Aethernox, no solo a Seraphyne, sino a todos—.
Por seguir aquí… por mantenerme humano… incluso cuando lo olvidé.
Lyra y Kaelis intercambiaron miradas, aún atónitos.
Elyndor permaneció en silencio, su expresión mezclaba respeto y frustración.
Pero algo había cambiado: había visto la magnitud del Primordial… y sabía que nunca podría superarlo mientras él decidiera proteger en lugar de destruir.
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