El camino Del último primordial - Capítulo 4
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4: Gente peligrosa 4: Gente peligrosa El silencio en la posada no duró.
La joven del bastón fue la primera en romperlo.
Caminó hacia la mesa con pasos seguros, evaluando cada detalle: la postura relajada de Aethernox, la rigidez contenida de Seraphyne, el aire que parecía más pesado a su alrededor.
—No es común ver a alguien con un aura así caminar tranquilamente —dijo—.
Menos aún acompañada de algo que ni siquiera puedo clasificar.
Aethernox la miró.
—Clasificar no es necesario.
Ella arqueó una ceja.
—Oh, definitivamente lo es cuando uno quiere seguir con vida.
El chico de la espada se acercó también, cruzándose de brazos.
—Kaelis —se presentó—.
Y antes de que esto se ponga incómodo… ¿son una amenaza para el pueblo?
Seraphyne abrió la boca, pero Aethernox habló primero.
—No.
Directo.
Sin rodeos.
Kaelis lo sostuvo la mirada.
—¿Puedo confiar en esa respuesta?
—Si no pudieras, ya lo sabrías.
Hubo un segundo tenso.
Y luego, inesperadamente, la chica del bastón rió.
—Me agrada —dijo—.
Poco sociable, pero eficiente.
Soy Lyra.
Se sentó sin pedir permiso.
Kaelis suspiró.
—Lyra… —Relájate —le respondió—.
Si quisieran destruir el lugar, ya estaríamos muertos.
Además —miró a Seraphyne con interés— ella no huele a maldad.
Seraphyne parpadeó.
—¿Huele?
—Larga historia.
Lyra apoyó el mentón en la mano.
—Entonces, chica de ojos carmesí… ¿qué eres?
Seraphyne tensó los hombros.
—Nada especial.
Lyra sonrió con suavidad.
—Eso dicen todos los interesantes.
Kaelis se sentó también, resignado.
—No solemos entrometernos —dijo—, pero hay movimientos raros últimamente.
Sacerdotes, cazadores, rumores de “demonios”.
Seraphyne bajó la mirada.
Aethernox apoyó la mano sobre la mesa.
La madera crujió levemente.
—Ella no será cazada.
Lyra lo observó con más seriedad.
—¿Y tú quién eres para decidir eso?
—El que no pierde.
Silencio absoluto.
Kaelis tragó saliva.
—…Bien —dijo al final—.
Eso fue intimidante.
Seraphyne lo miró con horror.
—¡No tenías que decirlo así!
Aethernox la miró, confundido.
—¿Así cómo?
Lyra se echó a reír.
—Dioses, esto será divertido.
Pidieron más comida.
La tensión se fue diluyendo poco a poco, sustituida por conversaciones incómodas, miradas curiosas y silencios menos pesados.
Lyra habló de rutas, de trabajos ocasionales, de cómo evitar inquisidores sin levantar sospechas.
Kaelis escuchaba más de lo que hablaba, observando especialmente a Seraphyne.
—No te veo peligrosa —admitió al final—.
Eso me preocupa.
Ella sonrió con timidez.
—A mí también.
Cuando el sol comenzó a caer, Lyra se levantó.
—Escuchen —dijo—.
Si van hacia el norte, no es buena idea hacerlo solos.
El mundo no es amable con lo diferente.
Kaelis asintió.
—Y aunque él —miró a Aethernox— pueda borrar montañas… ella no debería cargar con eso.
Seraphyne levantó la vista.
—¿Nos están ofreciendo…?
—Compañía —respondió Lyra—.
Temporal.
Hasta que todo se calme.
Aethernox los evaluó.
No como amenazas.
No como aliados.
Como variables nuevas.
—Acepto —dijo.
Seraphyne lo miró.
—¿Así de fácil?
—No veo razón para rechazar —respondió—.
Además… Miró a Lyra y Kaelis.
—Ustedes no mienten por miedo.
Lyra sonrió, satisfecha.
—Entonces estamos de acuerdo.
Kaelis suspiró.
—Genial.
Un viaje con una chica aterradora, una entidad imposible… y yo.
Seraphyne soltó una risa suave.
Y por primera vez desde que dejó el altar… No se sintió sola.
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