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El chisme ajeno que terminó siendo mío - Capítulo 11

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  3. Capítulo 11 - 11 Un silencio que duele
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11: Un silencio que duele 11: Un silencio que duele No existía razones suficientes para creer en ese ridículo momento de un beso en la azotea y una propuesta indirecta, eran adolescentes alborotados nada se tomaba en serio en esa edad tan alborotada, el silencio fue notorio que incomodo a Marco.

Rebecca se alejo un poco mirando el horizonte desde la azotea.

—Tenemos que irnos—dijo Rebecca  —Acaso es tu única respuesta  —Que más esperas  —No se talvez una mirada dulce y tierna como demostrando algo de sentimiento —No existe un sentimiento  Marco frunció el ceño y la miro, en sus ojos solo vio una gélida brisa helada sin emoción alguna, suspiro pesado, no se esperaba esa reacción ante su broma de un posible noviazgo pero ahora que lo pensaba bien.

¿Conocía a Rebecca?

La respuesta era obvia apareció como una ráfaga de viento y tal cual estaba actuando, como alguien que minimizaba las cosas incluso la persecución de una bala.

Marco soltó una pequeña risa.

—Vámonos—dijo adelantando su paso despacio directo a la puerta, soltó un suspiro pesado al momento de abrir la puerta y salir.

Rebecca imito su acción, no tenia más que decir, aquel beso dejo miles de peguntas en su cabeza cayendo en cuenta de la más importante.

¿Sentía algo por Marco?

Ni siquiera ella lo sabía, solo que de un momento a otro tenerlo como una simple misión se volvió complicado, no era simple, nada simple, todos sus pensamientos tenían miles de dudas.

Siguió a Marco atrás de el.

El guardaba silencio y le resulto muy incomodo, en primer lugar Marco no es el típico hombre callado, más bien es un metiche sin título.

Bajaron las escaleras en silencio.

Solo se escuchaban sus pasos.

Y el eco.

Pero justo antes de salir al pasillo Marco volteo y la miro directamente a los ojos, la tensión era palpable pero Rebecca se negó a seguirle el juego.

—Oye.

Rebecca lo miro.

—¿Qué?

—No me arrepiento.

Rebecca se sorprendió, se quedo quieta durante un segundo, no duro mucho antes de recomponerse y encogerse de hombros como si no le importara, pero Marco no estaba dispuesto a tolerar su cambio de actitud por un beso en la azotea.

—Así digas que no hubo nada de por medio por que…..

—Marco solo fue un beso y una propuesta mal escrita, no hagas un drama  —Una propuesta mal escrita…

—Somos jóvenes que buscan sus aventuras en miles de acciones, así tengamos algo no durara  —Es verdad somos jóvenes inexperto que buscan emoción en cada página una mas desesperante que otra, amor, tristeza, un príncipe, un cuento de hadas, aventuras como de película…

Rebecca lo miro desafiando sus palabras con su mirada.

—Te lo dije verdad, me gustaría tener una historia llena de tensión y un amor que me haga superarme a mi mismo.

Marco se dio vuelta dejándola sola en medio de las escaleras, Marco desapareció en el pasillo sin darle oportunidad de hablar y eso la enfadaba.

¿Qué es el amor?

Es la pregunta que escribió Marco en su cuaderno de apuntes de matemática con un profesor explicando ecuaciones sin sentido, Rebecca sin siquiera mirarlo y un ambiente aburrido en el salón, miraba a Rebecca queriendo encontrar la respuesta a esa pregunta, formulo su propia ecuación.

Primer encuentro – choque  Segundo encuentro – el árbol mas un secreto rebelado  Tercer encuentro – el hombre extraño del patio  Cuarto encuentro – secuestro, una bala y una persecución Quinto encuentro – risas y un beso en la azotea Todo marcaba a una historia sin sentido, donde puede haber romance en encuentros sin sentido, una extraña nueva en el salón queriendo saber de ella por curiosidad, solo porque es un chismoso con título y ahora estaba tan confundido por lo rápido de las cosas.

Antes de darse cuenta, las clases, la escuela, terminó.

Marco no podía seguir pensando en una respuesta coherente, quería conocer sus propios sentimientos, su corazón latir por algo que ni siquiera tiene pies o cabeza.

Entonces la vio irse, como si nada importara, como si nada sucediera, Rebecca caminaba a paso tranquilo mientras el corría atrás de ella.

—¡Oye!

Rebecca se detuvo.

—¿Siempre huyes o soy alguien especial?

Rebecca lo miró y luego suspiro.

—Tengo prisa  —Genial, porque yo igual…

pero es complicado  —Habla de una vez  —Rebecca.

—¿Qué?

—¿Te gusto?

Rebecca formo una mueca con sus labios, como si Marco nunca haya superado lo de la azotea y ahora un simple beso era amor o un simple gustar.

—¿Qué?

—Es una pregunta que me gustaría saber…

—No—interrumpió ella  Marco levantó una ceja, sin saber que decir, esperaba duda en su mirada o un tartamudeo que le daba la sospecha de algo nuevo, algo que se podía sembrar y cosechar pero entendió que el amor o ese sentimiento similar es muy diferente a un simple campo de cultivo donde las verduras eran deliciosas.

—Eso sonó muy falso.

—No lo fue.

—Entonces me quedo tranquilo.

Rebecca lo miró de reojo.

Marco la miro de igual forma, el latido de su pecho era un completo descontrol sin entender como es que termino en esa duda tan grande, esta vez no escuchaba nada, ni a las chicas emocionadas por ver al chico que les gusta o a las parejas empalagosas del instituto, eta vez solo el latido de su corazón era el único sonido en us oídos.

—¿Por qué?

Marco se encogió de hombros, sonrió como si todo se tratara de un simple chiste pero la respuesta estaba clara, no era una confusión, estaba ahí desde que le dijo por primera vez que confié en el y ella lo hizo, la persona que no lo tomo como un loco.

—Porque si te gustara… estaría en problemas.

Rebecca frunció el ceño.

—¿Por qué?

Marco sonrió esta vez una sonrisa de oreja a oreja, una risa natural como si ya estaba cavando su propia tumba.

—Porque creo que tú sí podrías romperme el corazón.

Silencio.

Rebecca sintió algo raro en el pecho.

Algo que no le gustó.

Algo que no esperaba de Marco, algo que no esperaba.

—No digas tonterías.

—Lo digo en serio.

Ella no respondió y continuo avanzando mientras Marco on una risa energética se despidió, pero Rebecca no volteo.

La noche cayo demasiado rápido, la ciudad estaba en silencio, un silencio que provocaba calma en Marco, la persona que podía llegar a escuchar hasta el chirrido de la puerta, pero esa noche con las manos en los bolsillos caminaba con total tranquilidad por las calles, luego de una persecución que mas podía llegar a pasar.

Llego hasta un parque tomando asiento en una de las bancas disfrutando de la soledad del momento, de ese silencio aunque aun seguía escuchando voces que no lo dejaban tranquilo, voces de la gente que aun no dormía.

Y fue cuando el ruido casi imperceptible de unas hojas secas lo saco de su trance.

—Sal ya  Una figura salió de las sombras.

—Me descubriste  —Siempre lo hago  —Claro que sí  —Llegas tarde.

—Tenía cosas que hacer.

Marco levantó la mirada y en tono burlón soltó —Claro, salvar el mundo, supongo.

La chica se apoyó a la banca con una sonrisa burlona.

—Alguien tiene que hacerlo.

Marco sonrió un poco.

—Qué suerte que no soy yo.

Ella lo observó.

—¿Por qué me citaste hoy?

Marco suspiró.

—Por una sola razón, estoy acabado  —Acaso apareció la damisela en apuros que soñabas de niño  —Al contrario yo soy el príncipe en apuros La muchacha de cabello castaño ojos negros y una piel blanca se sentó a su lado, Marco no espero más a contarle todo, cada detalle, cada encuentro, cada dilema y los problemas en su pecho que aun dudaba sobre la existencia de un sentimiento de por medio.

—¿Te gusta?—pregunto  —No.

La chica frunció el ceño.

—Sí.

Quiero decir es confusa y yo también.

La chica sonrió.

—¿Entonces?

Marco miró al frente, se toco la cabeza lleno de frustración como si todo eso estaba a punto de volverlo loco.

—Con ella… no escucho nada.

La chica se quedó en silencio.

—¿Nada?—estaba sorprendida no esperaba esa respuesta.

—Nada.

Eso sí la preocupó.

—Eso no es normal.

—Lo sé.

—¿Confías en ella?

Marco tardó en responder.

—Quiero hacerlo.

La chica lo miró.

—Eso es más peligroso que confiar.

Marco soltó una risa suave.

—Siempre tan dramática Emma  Ella negó.

—No, Marco, el simple hecho de que tu mundo sea un completo desierto ya es un dilema, imagínate que tu un hombre con antecedentes conceptuales este en un mundo de silencio, bienvenido seas.

Marco la miro como si ahora ella fuera la loca y eso solo causo que ambos se rieran a carcajadas.

Se inclinó un poco hacia él.

—Tú no eliges a la gente por casualidad.

Marco la miró.

—Y la gente tampoco llega a ti por casualidad.

Tu don es especial siempre te lo he dicho.

Marco bajó la mirada.

—Lo sé.

La joven sonrió abrazo a su amigo y se levanto de la incomoda banca realizando una maniobra con las manos digna de una gimnasta talentosa a quien llevaba años practicando.

Mientras tanto Rebecca suspiraba por milésima vez, aun continuaba la pregunta de Marco en su cabeza y de pie frente al edificio que tenía sus luces encendidas y un aura de elegancia no ayudaba en nada al encuentro que estaba a punto de tener.

El ascensor la dejo en el sexto piso, se bajo, era un pasillo silencio, uno elegante, con focos brillantes y alfombras de seda llegando hasta la puerta del cuarto del fondo.

Entró sin tocar.

Un hombre estaba esperándola.

De espaldas en un escritorio de mármol.

—Llegas tarde.

Su voz era fría.

Controlada.

Grave.

Rebecca no respondió.

—¿Lo confirmaste?

—Sí.

—¿Es él?

Rebecca apretó las manos.

—Sí.

—Entonces ya sabes qué sigue.

El corazón de Rebecca se tensó, aun no estaba lista para desafiarse a si misma esos sentimientos que la dejaban de cabeza.

—Sí.

Pero no sonó firme.

El hombre lo notó y finalmente se dio vuelta.

—Rebecca.

Ella levantó la mirada.

—No falles.

—Claro que no—respondió con firmeza.

Pero por dentro… pedía auxilio a gritos.

Porque cada segundo cerca de Marco resultaba difícil, como si la misión ahora la estaba matando porque todos esos momento que paso a su lado fueron una aventura, fuera del lugar, nuevamente el miedo la invadió.

—¿Dónde esta Zack?

—Tiene asunto que atender, pronto aparecerá —Estará a cargo de esto  —No, dijo que era demasiado aburrido encargarse de un adolescente asustado  Rebecca no dijo nada, aun las palabras seguían atoradas en su garganta, no sabia aun que hacer, no cuando por primera vez no estaba segura de querer hacerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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