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El Circo entomológico delirante - Capítulo 12

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  3. Capítulo 12 - 12 los payasos aburridos
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12: los payasos aburridos 12: los payasos aburridos Silas avanzó, sin tener el menor deseo de mirar atrás o averiguar qué era lo que no era un insecto que provocó el grito, ya que él estaba acostumbrado a la violencia en el día a día pero no tanto a la locura aquí presente, menos si algo llega a trastornar a quienes están cómodos en la locura de estos pisos sombríos.

Incluso la misma Valeria estaba inmutable, con el rostro de piedra, sin cotorrear un sinfín de cosas.

La amenaza de la Langosta o lo que fuera había roto su locuacidad.

Llegaron a donde parecía un vestidor, ya que este era un espacio desaliñado, mal iluminado y, sin embargo, frenéticamente ajetreado.

Cada insecto se movía de un lado a otro, maquillándose con pinturas gruesas y vistiéndose con harapos brillantes.

Procuraban tener cada cuchillo afilado, soga bien amarrada.

Una gran variedad de voces surgían, dando acordes que desafiaban con rasgar sus gargantas, pero tras un instante de esfuerzo doloroso, no se quedaban ahí y seguían con las siguientes canciones, una orquesta de la locura.

—Esto sin duda parece… la antesala del infierno marino.

Comentó Silas, algo confundido por el caos que evocaban estos hombres para estar listos para el momento de su presentación.

—Un circo.

¿No?

Valeria por fin volvió a sonreír.

Silas asistió, aunque la broma no pareció generar gracia por las miradas de furia y desprecio entre los otros insectos.

—Sí, pero no… Iba a decir que parecía un cardumen siendo perseguido por tiburones… ¿Entiendes?

El pánico constante impregna el ambiente.

Comentó Silas, pero Valeria simplemente mostró una cara inexpresiva y dio un sonido extraño, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

—Eso sí fue bueno, deberías aprender más del nuevo insecto.

¿No lo crees, Chillona?

Comentó un hombre alto.

Su piel agrietada y rasgada parecía no contener sus grandes músculos como bolas de cañón.

Al estar expuestos, se estaban tornando en tonos oscuros que anunciaban malos augurios, una clara señal de descomposición forzada.

—Muy simpático, Taurus, pero es mejor que tú y el otro Escarabajo se pongan a llevar esas cajas para cuando los Payasos deban hacer la pirueta fallida.

Las palabras de Valeria atrajeron los reclamos de las Pulgas y las incoherencias de las Moscas, quienes saltaban y corrían, ofuscados por la terrible verdad de que morirían en escena.

—¿Por qué se alteran?

¿Morir es parte del acto?

Silas preguntó al hombre fuerte, Taurus, pero este lo ignoró, dejándolo solo.

Lentamente, algo lo abrazó por detrás, de manera suave y delicada, pero con un agarre anormal, imposible para un humano.

—Verás, pequeño insecto.

Cuando uno falla el acto, es fallarle al Circo y a las expectativas del Anfitrión.

Si esto es premeditado, significa que morirán.

Quieran o no.

Es el contrato.

La voz del hombre era melodiosa, juguetona, al igual que sus manos, que danzaban, inspeccionando al joven con destreza casi quirúrgica.

—¡Qué crees que haces?!

¡Mejor apártate tú!

Sí, tú… ¿Mariposa?

Se apartó bruscamente para defenderse del acosador.

Pero terminó sin poder expresarse con claridad, ya que quien le hablaba era alguien vestido de Mariposa, pero con una altura anormal, donde su cuerpo estaba seccionado por partes desiguales, unidas por horribles uniones de carne y hueso que hacían dudar de su origen.

Parecían muchas cosas, menos humano.

—Es gracioso que me confundas con ellos.

Soy un Insecto Palo.

Puedes llamarme como desees… él o ella.

Como tú desees… mi identidad es tan flexible como mis articulaciones.

Habló de forma placentera, moviéndose suave y sensualmente, frotando sus monstruosas uniones.

—Bueno… Estrella de Mar.

No hay problema.

La respuesta de Silas dejó inmóvil al Palo.

Este se mantuvo sin reacción hasta que se volvió a mover.

—Como tú desees… la estupidez es tuya, no mía.

Repitió lentamente, marcando su sonrisa que formaba una expresión temible en su rostro fragmentado.

—Supongo que tú estás aquí hace mucho.

Dime… ¿Cuánto tiempo llevas aquí, Estrella de Mar?

Preguntó Silas.

Este actuó avergonzado por la pregunta.

—Eso no se le dice a una dama.

Bueno, si te soy sincero, no sé qué parte de aquí sería la más vieja… Si lo cuentas por partes, tendré meses.

Pero si lo consideras por edad de cada parte, ahí el asunto cambia.

Este insecto tenía tendencias de desvarío entre varias personalidades.

Silas se dio cuenta de ello.

Si quería tratar con un loco anormal, debía hacerlo con sumo cuidado, ya que era prácticamente una bestia con algo de conciencia humana.

—Oh, pero es algo súper interesante, aunque recuerda que no nos queda mucho tiempo.

Deberíamos averiguar qué insecto soy y cómo puedo ayudar, antes de que ese Maestre nos corte las cuerdas.

Silas no titubeó.

Tratar con gente que ha perdido la razón era parte del día a día en los barrios bajos.

—Claro que sí, lo podemos hacer ahora mismo.

Es un placer jugar con carne fresca.

Este levantó su traje para mostrar parte de su cabeza.

Pareció dudar un poco, rascando la división de su cabeza que separaba el cabello y tonos de piel.

—Qué bien, entonces… ¿Dime qué se hace?

¿Debería practicar con…?

Silas trató de preguntar, pero vio cómo este se estiró y dio un golpe seco en el estómago del muchacho.

El golpe rompió los huesos inexistentes como disolvió los órganos que estaban en su camino.

—¡Eso es interesante!

¡Cuerpo modificado, pero la resistencia es alta!

Con esto descartamos muchos insectos… Este miró su mano que había quedado húmeda tras golpear al muchacho, mientras Silas vomitaba entre el dolor y las arcadas.

—¡Sardinas enlatadas!

¡¿Todas las pruebas tratan de golpes?!

Bramó Silas desprendiéndose de no devolver sus órganos con el impacto.

—Desde luego que no, pero no tienes velocidad, pero debo reconocer que sí tienes una resistencia anormal.

Aunque tampoco destaca la fuerza en ti.

Además, creo que no eres muy listo, corazón.

El Insecto Palo dio una risa suave y delicada.

—Entonces… ¿Qué clase de… miembro del Circo crees que soy?

Silas dudó en sus palabras para no ofender a este fenómeno con una fuerza desagradablemente inhumana.

—Oh, muchacho.

Si lo dices así, hay muchas cosas que te dejan en un punto muerto en la tabla de clasificación.

Habló de forma grave el Palo.

—¿Qué quieres decir con eso?

¿Acaso debo cambiar en algo más?

¿Hay otra etapa de transformación?

Silas preguntó, temiendo mientras señalaba su pierna y torso, aunque estos estaban con la deformación más extendida.

—No pienses en eso, la adaptación de tu cuerpo resulta ser mejor de lo esperado.

Muchos que son tratados vivos, no tienen oportunidad alguna… Expresó el insecto palo, observando con su ojo, mientras el otro giraba hasta terminar enfocando al muchacho.

Varios golpes en su cabeza lo colocaron en un estado de aturdimiento hasta que su conciencia no fue nada más que un recuerdo fugaz.

—Verás, joven.

Los pacientes deciden en seis etapas, cada una que presiona al organismo desde… La voz calmada del insecto se detuvo.

Este se estiró y acertó un golpe fulminante, una mano gigante sobre la cabeza de Silas.

—¡Qué rayos…!

Silas trató de defenderse, tratando de dar algún golpe, pero de por sí, el palo con su cuerpo alargado le era más fácil acertar.

Pero en un desliz Silas logró sujetarlo de su cuello antes que este se apartará y le diera más golpes.

—Fascinante demostración de un instinto primitivo.

Sin embargo creo que… Expresó inmutable el palo, viendo a su vez sus manos y donde el muchacho había tocado.

Su piel ya no estaba como su carne que se desprendía, al igual que su cuello con su capacidad de habla.

La oscuridad fue salpicada, combinando el hedor ambiental con el frescor, mientras el Insecto Palo olfateaba sus estiradas manos.

—Interesante.

Según mi diagnóstico, este individuo fue modificado en vida, conservando gran parte de sus rasgos, pero es inútil seguir tratando con los cueros de esta forma… Ellos están condenados a ser gusanos… yo en su lugar usaría otros especímenes.

Con su voz ronca y espasmódica, una voz que no provenía de este, empezó a analizar fríamente el resultado de su prueba, tratando de limpiar su mano que estaba empezando a tener llagas.

—Muy bien, Representante de los Balmaceda.

Se te acabó tu tiempo, a no ser que quieras gastar más en ese mocoso.

Gruñó una voz desde las sombras, aproximándose con múltiples pasos resonantes, resguardando al propietario que hablaba con arrogancia.

—Estimados, si desean continuar con sus negocios, que sean fuera de la oscuridad.

El personal del Circo está preparándose para la función, y ni el Anfitrión ni el Maestre de Ceremonias aceptarían un retraso en su agenda.

Comentó una voz femenina desde la oscuridad.

Se formó la silueta andrajosa y carcomida de Andrea, la Mosca Maravilla, que apareció primero desde la nada.

Esta mujer escoltaba, junto a otros hombres, a Azai, quien se mostraba prepotente y asqueado ante la criatura.

—Yo… creo que tengo… algo, pero.

¿Qué es lo que tengo?

El Palo divagó, sujetando su cabeza con angustia.

—No puede terminar así.

Apenas he podido hacer algo, debo investigar mi condición… ¡Estoy incompleto!

Este se arrodilló de dolor, consumido en la amargura de no poder comprender por qué estaba incompleto y el cuerpo suturado comenzaba a romperse lentamente.

—Andrea.

Puedes hacer los honores.

Me resulta vergonzoso algo así, incluso siendo alguien que no está vinculado a mí… solo en mi presencia es una ofensa.

Azai lo dijo despectivamente.

Su movimiento de manos provocó la reacción inmediata de Andrea, que removió de forma implacable la cabeza del Insecto Palo con un golpe limpio.

—Tráelo.

Creo que puedo conseguir un buen precio por su representante defectuoso como carne de cañón.

El joven Azai se marchó, seguido por su escolta, dejando ambos cuerpos.

No apreció que Silas se movía lentamente, apenas una leve contracción.

Era observado por las Moscas que reían ante la escena, que parecía ser producto de su mente rota.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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