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El Circo entomológico delirante - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 La dieta del carroñero
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14: La dieta del carroñero 14: La dieta del carroñero Tras la función, luego que el falso telón se levantara y los reflectores volvieran a prender, Silas logró ver que estaba arrodillado en el mismo lugar, blando y humeante por el esfuerzo.

Aún lograba escuchar y sentir cada atrocidad que ocurrió en esa especie de pesadilla hilarante, ya se había ensuciado las manos antes, sin embargo esta clase de acciones generaban una especie trasgresión a unas normas inexistentes que hasta el más malo de los malos respetaría.

—Miembros del estimado circo, debo decir que hace mucho que no veía un despliegue de habilidad como la que se ha hecho hoy.

Expresó con su vozarrón el Maestre, dando unos aplausos mientras sus manos no se tocaban.

—Se preguntarán emocionados… ¿Fue acaso está la mejor actuación?

No.

¡No lo fue!

Expresó esto con furia y burla a los individuos que como marionetas desechas recogían a los que tuvieron suerte de volverse comida que era arrastrada a la negrura más allá del escenario.

—Para la próxima quiero que ocurra más dolor, desgracia…¡Emoción!

¿Comprenden lo sencillo que les pido a cambio de darles un lindo lugar para vivir en mi?

Vociferó este mostrando una amplia sonrisa, deteniéndose en una pose como si viera a todos con los ojos inexistentes.

Por su parte Silas trató de respirar, viendo cómo los otros insectos volvían a moverse a su alrededor con una calma de autómata tras la adrenalina de la actuación.

—¿Cuánto tiempo pasó?

Eso fue desagradable.

Mi mente está hecha jirones… El joven dijo para sí, sin lograr formar pensamientos estables fuera de lo que había sido tal espectáculo, en lo que se levantaba, viendo cómo una Mosca, con el rostro vendado, le observaba de frente, babeando con un apetito evidente.

—¿Qué quieres de mí?

¿Te debo dar un premio como a un loro?

¿No tuviste suficiente carne en el acto?

Vociferó Silas a la Mosca, pero esta huyó tras verle un instante con expresión de horror.

El muchacho pensó que lo había asustado, pero aquello que comenzó a cubrir la tenue luz que le iluminaba, era de una silueta colosal, era lo que realmente aterró a ese caníbal sin estabilidad mental.

—Síguenos, fenómeno nuevo.

No tenemos tiempo para lamerte las heridas.

Murmuró una voz femenina, lo cual confundió al joven.

Pero al girarse, lo comprendió al ver una especie de inmenso Carroñero.

A diferencia de los demás, cuyo cuerpo estaba disputado por la transformación, su cuerpo era uno solo, macizo y gordo, una masa corporal increíble que contenía el volumen de varias personas.

Tenía múltiples cabezas que surgían de su cuello ancho.

—¿Qué te pasó a ti en particular?

Te ves inusualmente entero.

Preguntó una de las cabezas de la derecha.

Esta tenía un cabello liso y largo, con el flequillo inclinado y una expresión de curiosidad infantil.

—No, no sé quién eres… Las cabezas parecieron dudar un instante, sin saber si deberían hablar entre ellas o explicarle al muchacho delante suyo.

—Soy un Escarabajo Carroñero.

¿Entiendes?

Somos tu nueva familia.

Ahora síguenos, o te comeremos por la ofensa.

Dijo la cabeza del medio, la líder.

Tenía algunas cicatrices y una mirada cansada y autoritaria.

—Ya veo, es un gusto… Carroñeros.

Comentó Silas con una sonrisa, o lo que él pensaba que lograba mostrar al forzar una sonrisa en un rostro casi vacío.

—Es Carroñero.

Somos uno.

Expresó disgustada la cabeza central, su expresión de profundo odio era palpable.

—Desde luego.

Es un gusto, tu… Carroñero.

Creo que tendremos una buena relación, o al menos eso creo.

Dijo Silas, levantándose y colocándose peligrosamente cerca del lado de la gran mujer.

Esto disgustó a algunas cabezas que se giraban a verle, aunque había otra que mostraba simpatía, salvo la del medio que permanecía seria.

—Así que… ustedes son de mi grupo.

La exhibición de la carne grotesca.

¿No?

Añadió Silas, apurando el paso para no quedar atrás con sus colosales pisadas.

—Les doy una linda carnicería a los dos.

Esbozó una burla en voz baja el Maestre, quien se volteo a ver un par de figuras ilegibles desde la oscuridad.

—No lo veas… No lo veas… El muchacho ignoró los susurros como la expresión de los hombres o el hecho de que algunos se taparon las bocas o los ojos para negar cualquier forma de emoción que enfureciera a la colosal mujer.

—Toma distancia, enano.

No sabes con quién te metes ni lo que somos capaces de hacer… Una de las cabezas gruñó ante la cercanía de Silas, pero este trató de manejarse simpático con alguien que parecía ser su guardián.

—Oh, disculpa.

Me alegra poder encontrar a alguien que pueda ser cortés.

El resto actúa muy raro, son demasiado dramáticos.

Comentó Silas, tratando de esmerarse con su carisma, pese a verse como una versión suya muerta.

—Es verdad, sin duda que todos son exagerados en este lugar.

Digo, no es malo.

Respondió una de las cabezas del lado izquierdo, la que ante la ocurrente forma de hablarles se había olvidado de su actuar, trayendo la confusión a las demás.

—Lo mismo digo, es raro a estas alturas complicarse tanto por nimiedades.

El joven trató de ser lo más locuaz y respetuoso que no había sido en años, ya que si esa cosa estaba de su lado, podría tener alguna oportunidad.

—Sigue así y te aseguro que acabarás peor de cómo te ves.

En cambio, una de las cabezas le mostró los dientes y gruñó como un gran depredador ante una pequeña rata.

—Disculpa por su mal humor.

Ella finge ser ruda.

La verdad no queríamos venir, sin embargo nos encargaron hacerlo… bueno obligaron pero eres simpático y hueles mucho mejor que la carne vieja de los otros Fenómenos… La cabeza que parecía no odiarlo habló.

Pero fue irrumpida por el reclamo de las otras tres cabezas, que le recriminaban su comportamiento descuidado.

—¡Señoritas, por favor!

¡No peleen por mi!

Todas son hermosas, y el que peleen entre ustedes no llevará a nada.

Es mejor que todos nos queramos… Silas aprovechó de usar una de las frases que usaba en el burdel para calmar a las mujeres cuando la situación se mostraba algo tensa.

—¡Ven!

¡Es simpático!

¡Se los dije!

Además, qué divertido fue eso.

No es necesario comerlo todavía.

Comentó la cabeza que estaba a su favor, aunque sus palabras le produjeron un escalofrío.

Pese a caerle bien, él seguía estando en el menú.

—Me sorprende que les resulte tan apetitoso.

No estoy tan gordo.

Comentó Silas, riendo, lo que disminuyó las cabezas que le odiaban.

—¿Qué tratas de decir con eso, mocoso?

¿Estás presumiendo de tu carne?

Preguntó una con su cabello trenzado, la cual lo observaba como una especie de juez, aunque parecía más como un verdugo a estas alturas.

—Nada, nada, solo que una Garrapata Hembra no me comió, las Moscas, la Langosta con algunas más me quería comer, alguien me comió cuando estaba desmayado y… no me he desvanecido aún.

Silas se detuvo un instante para pensar en lo que decía, sin saber si era estupido por decir que nadie lo quería comer o si era tan asqueroso que nadie lo había comido aún.

—Si esas son todas, creo.

Sin contar los jirones de carne y alguien con la intención pero que no lo revelara.

Terminó de comentar Silas, mirando las caras, estas tratando de fingir desinterés.

—Qué aburrido.

Pero me gustaría saber por qué la Garrapata no te comió… por la Garrapata, no por ti.

Dijo la cabeza que parecía odiar al muchacho.

Silas comprobó que esta parecía ser de las más interesadas, provocando en el chico confianza.

—Entiendo, Tiamtum.

Solo puedo decir que no lo sé.

Me dijeron que era cuestión de tiempo.

Silas miró de reojo, pero los diez ojos lo observaban inquisitivos, como si hubiera realizado el acto más nefasto de todos.

—¿Pasó algo?

Es… Silas dudó al sentir una tensión arremolinarse a su alrededor, pero no alcanzó a hacer nada más cuando fue alzado por la mano colosal, que lo comprimió con furia.

—¡No me vuelvas a llamar así!

¡No soy ella!

¡No me parezco!

¡¿Oíste, gusano?!

Rugió al unísono, y lo arrojó al suelo furiosa, donde el joven golpeó fuertemente.

El impacto fue mortal, crujiendo su cuerpo deforme contra el suelo al punto de agrietarlo, pero a diferencia de anteriores veces, parecía asimilar los reiterados golpes o heridas mortales.

Eso no quitaba el dolor que le hacía retorcerse como un gusano de anzuelo.

—¡Qué rayos!

¡Solo dije mar!

Tiamtum es una forma antigua de decir mar.

¡No pretendía insultarte!

El joven exclamó molesto pero sobrecogido por el terror de la fuerza de este fenómeno.

—…

Pero… No… ¿No adoras al mar?

¿O sabes de… la Antigua Deidad del Océano?

Las cabezas parecían perder su orden, volviéndose una maraña de semitonos y murmullos en pánico.

—¿Adorar al mar?

¿Qué clase de tonta idea es esa?

Soy porteño, sé cosas tanto de la tierra como del océano… Además, con tanto religioso, ¿Piensas que estaré hablando tonterías alabando el mar?

¡Es un lugar de trabajo!

Refunfuñó el joven, tratando de recuperar la postura, sin embargo su comportamiento recibió un golpe que lo volvió a golpear el suelo, el cual perdió unos pequeños fragmentos en el proceso.

—¡No me hables así!

¡O tendré que golpear un pequeño gusano hasta que sea polvo!

Rugió la cabeza principal, perdiendo su expresión de tranquilidad.

Esto hizo que las demás cabezas le miraran con preocupación.

—¡Adelante, qué más da!

¡Mátame de una vez!

Alzó la voz Silas de forma temeraria, aunque el temor no le abandonaba.

El Carroñero dudó.

—Renacuajo Insensato, no te daré ese gusto… No me harás violar las reglas del Anfitrión por tu deseo de muerte.

La mirada de las cabezas se centró con sorpresa ante el joven, sin darse cuenta que estaban bajo ciertas reglas.

—No me distraigan, debemos seguir… Comentó la cabeza del medio de forma seria.

Sin embargo, de pronto, en la oscuridad, la gran figura del Carroñero tropezó, desvaneciéndose.

Silas no entendió, a lo que se acercó para averiguar, pero sus pasos siguieron de largo hacia abajo, donde en la oscuridad se escondía una escalera.

Tropezó y rodó en total oscuridad hasta que cayó sobre dos grandes montículos que estaban entre lo que parecía una pierna gruesa.

—¡Salte, gusano!

¡Maldita sea!

Protestó la gran Carroñera, golpeando al muchacho y sujetándose la entrepierna de dolor.

—¡¿Qué?!

No me digas que aterricé sobre tu… ¡Maldición!

Gruñó Silas, respondiendo, afirmándose donde fue golpeado.

—¡No lo digas!

¿Crees que los Fenómenos están libres de la división de género?

¡Somos ambos!

Rugió la cabeza del medio.

—Es que tienes cabeza de pez luna… ¡Explícame por qué pareces mujer si te ofendes por lo que te ofendes!

Refunfuñó Silas, a lo que las cabezas de los extremos miraron a la central, murmurando sutiles reclamos.

—Yo soy hombre, ellas son mujeres.

Todos somos hermanos que compartimos este cuerpo, ¡y somos un hombre-mujer!

Respondió furioso.

—¿Puedes dejar de pensar en mí?

Comentó una de las cabezas que había estado callada.

Esta parecía avergonzada.

—Claro, dejaré de pensar… Digo, no lo hacía.

Espero que podamos hablarlo luego.

Digo… soy un bacalao torpe… Silas se vio avergonzado sin entender por qué, pero de todos modos, extendió su mano para tratar de ayudarle a pararse.

Pero este le miró como si fuera un chiste el gesto.

El Carroñero se levantó solo, con una fuerza volcánica.

—Gracias, pero sigamos.

Debemos llegar aún a las jaulas, donde están los verdaderos bichos.

Este comentó, mirando a la lejanía en dirección opuesta a la que se movían.

—¿Nos siguen?

Preguntó Silas, lo cual extrañó al coloso.

—Me imaginaba.

Viene desde hace rato siguiéndole.

Yo esperaba que no fuera a mí, no sé qué es.

Pero prefiero no averiguarlo.

Comentó el muchacho, adentrándose a paso rápido, seguido por el gigante, que dio una expresión de odio a la oscuridad.

—¡Lárguense, asquerosos Anunnakis!

¡Este no es su territorio!

Esas palabras hicieron eco, perdiéndose.

Pero el ambiente no quedó quieto.

La oscuridad solo le regresó el gesto, doblando sus huesos, desgarrando la carne en un movimiento solo percibido por el silencio de la oscuridad más decadente.

Para aquellos que sabían cómo era la oscuridad del abismo, los Anunnaki eran tan solo un vestigio del pasado que se negaba a desaparecer en el dominio del vacío.

Una amenaza más antigua que el propio Circo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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